Campañas: nada se oferta en Oaxaca

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+ Partidos: de nuevo, al todo por nada

 

El viernes iniciaron formalmente las campañas proselitistas, y con ello arranca también un auténtico vía crucis de promesas irrealizables, y de constatación del trabajo no hecho por los partidos políticos en Oaxaca, desde y frente al poder. Cualquiera que sea el contenido publicitario de las campañas, de todos modos resulta brutal una evaluación no respecto a las promesas, sino a los resultados de las principales fuerzas políticas estatales en los últimos 20 meses en la entidad. Nadie se salva de la inoperancia, ni de la demagogia.

En Oaxaca ocurre un raro desentendimiento de las responsabilidades políticas. Ha quedado claro que desde el cambio de administración, el único que asumió obligadamente el cargo, los derechos y las responsabilidades, fue el gobernador Gabino Cué Monteagudo. Fuera de él, nadie, ni los partidos oficialistas, ni los opositores, e incluso tampoco el suyo propio, asumieron los roles que les correspondían, y sus militantes se desentendieron también de los roles que, respectivamente, le tocaba jugar a cada uno de ellos. Por eso, en estos tiempos de campaña, nadie tiene calidad ni capacidad para asumir lo hecho previamente como una bandera real para atraer el voto de la ciudadanía.

En este sentido, por un momento los oaxaqueños debiéramos dejar de pensar en que esta es una campaña electoral presidencial, y debíamos voltear los ojos a los cargos que, no por ser menos elevados, son menos importantes no sólo para la República, sino para nosotros. Junto con las campañas presidenciales, iniciaron también su labor todos aquellos que aspiran al Senado de la República, y casi en conjunto quienes desean ser diputados federales. Todos ellos, son esenciales para la vida pública de nuestro estado, pero reciben las encomiendas como si fueran sendos cheques en blanco.

Por eso, lo primero que tendríamos que ver con detenimiento, es qué ofrece cada uno de los partidos políticos en Oaxaca al verdadero interés de la colectividad. Es lamentable el hecho de que todos asuman las campañas políticas como periódicos “borrones y cuenta nueva” frente a los electores, y que pidan el voto en base a propaganda, publicidad y dádivas de cooptación, pero sin si quiera preocuparse porque sus propuestas tuviesen algo de contenido, y también tomando en consideración el trabajo previo hecho aquí mismo, como para suponer que de nuevo merecen tener el voto y la confianza de los ciudadanos al momento de votar.

En ese punto, todos los partidos se ubican en un verdadero brete. ¿Por qué? Porque todos asumen que su única obligación es la de “hechizar” a los electores para que les regalen su voto. Sí, hechizarlos o hipnotizarlos para que se los ofrenden sin ningún tipo de remordimiento o cuestionamiento.

Y es que si un regalo se da incondicionalmente (es decir, a cambio de nada), los partidos y sus candidatos quieren siempre que los ciudadanos les concedan su voto, pero sin llevar a cabo un verdadero proceso de evaluación de lo hecho (desde el poder o como oposición) en favor de la colectividad, y sin hacer tampoco planteamientos específicos sobre lo que pretenden hacer si es que de nuevamente consiguen llegar a los cargos a los que aspiran. Ese es el problema de siempre.

Ese es uno de los graves problemas de nuestra democracia doméstica. Pero es también un riesgo enorme, porque en gran medida de las definiciones que se den hoy, dependerán las que se ocurran dentro de uno o varios años, cuando se renueve el Congreso del Estado, la representación de Oaxaca en la Cámara baja federal y, en el punto cúspide, la gubernatura del Estado en 2016. ¿Ya se vio esa perspectiva? ¿Y se entiende, desde ahí, por qué decir que es tan importante que el voto se otorgue a cambio de algo más que la incondicionalidad?

 

CANDIDATOS DETERMINANTES

Los ciudadanos debiéramos exigir cuentas, por ejemplo, a Eviel Pérez Magaña, no sólo como militante y ex dirigente de un partido, sino también como servidor público, e incluso como oaxaqueño. ¿Por qué? Porque es claramente visible su intención de llegar al Senado de la República como un trampolín para luego colocarse en la ruta de volver a ser candidato a Gobernador del Estado por su partido.

Ante ello, los ciudadanos conscientes debiéramos preguntarnos: ¿Y por qué votar por él? ¿Por su imagen? ¿Por su desempeño como servidor público (en el cual nunca lució como alguien digno de ser diferenciado positivamente)? ¿Por su buen desempeño como candidato (si hizo lo que hacen todos: tratar de hipnotizar al electorado)? ¿Por el papel que hizo como líder del PRI durante más de un año (valiosísimo año perdido para el PRI como oposición en Oaxaca)?

Algo similar debiéramos hacer con Ángel Benjamín Robles Montoya, porque su intención es exactamente la misma que la de Pérez Magaña: llegar al Senado como parte de la ruta política necesaria para luego aspirar a la Gubernatura del Estado. Y, bueno, en este caso, lo primero que debiéramos cuestionar a Robles es el hecho de que ni siquiera es oaxaqueño, y que su paso por la vida pública de la entidad no ha sido ni el más destacado ni el más coherente ni tampoco el más confesable.

E incluso, al hacer cuestionamientos como esos a nuestros flamantes candidatos, antes debiéramos hacer otro, que nadie hace: ¿Exactamente para qué, quieren llegar al Senado de la República? Pues queda claro que ellos ven la Cámara alta federal como un trampolín para otras aspiraciones. Pero más allá de la corta visión que tienen en realidad, la importancia que tienen los Senadores de la República tanto para el régimen federal, como para las entidades federativas en específico, es fundamental.

Sin embargo, hasta el momento no se responde ni la pregunta de en qué resultados o aportaciones a la vida pública fundamentan sus aspiraciones, ni para qué quieren llegar al Senado. No lo contestan, primero porque no saben, y segundo porque esperan convencer al electorado para que les dé un cheque en blanco con su voto, y para que a partir de ello puedan usar su escaño como un trampolín, como una baranda o como una tabla de salvación, que les dé movilidad y que les permita seguir haciendo “grilla” en Oaxaca.

 

TODO POR NADA

Todo eso es verdaderamente lamentable, en una entidad que tiene tantas necesidades de liderazgo, tantos problemas que bien debieran ser abordados por los representantes populares, y tantas carencias que bien podrían ser atendidas por los altos niveles del poder, como el Senado de la República.

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