En Oaxaca, el régimen no tiene proyecto sucesorio

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+ Carencia de liderazgos, causa del “reciclamiento”

 

Se dice que en política, el gobernante debe estar pensando, en cada paso que da, en los mecanismos que tiene a su alcance para preservar y transmitir el poder a la persona que elija. La ausencia de esta noción, y de las personas idóneas para esta necesidad, implica la decadencia prematura del grupo que gobierna. ¿Le estará pasando esto al actual régimen gobernante en la entidad?

La pregunta no es menor. Porque aún cuando el grupo en el poder está moviendo libremente más piezas de las tradicionales en el actual proceso electoral, es claro que ninguna de ellas tiene una perspectiva clara no sólo de detentación presente de los espacios de poder, sino sobre todo de la irremediable necesidad de transmisión que habrá del Poder Ejecutivo del Estado.

Y es que, tradicionalmente, en Oaxaca ha operado desde hace décadas la “costumbre” política de que desde el Senado de la República se construyen las candidaturas a Gobernador. Aunque con distintos contextos, la Cámara Alta ha sido la tribuna de impulso de los últimos cinco Gobernadores, que a partir de la ascendencia de tal cargo han reclamado su derecho a aparecer como aspirantes potenciales a la gubernatura del Estado. No basta más que con repasar sus nombres, para corroborarlo.

Aunque el grupo gobernante impulsa, por distintas vías partidistas, las candidaturas de Benjamín Robles Montoya y de Diódoro Carrasco Altamirano al Senado de la República, queda claro que ninguna de estas opciones implica el perfilamiento de un proyecto sucesorio que pueda comenzar a construir los escenarios del 2016, cuando el gobernador Gabino Cué Monteagudo deba dejar su cargo. ¿Qué impide a ambos personajes la posibilidad de encabezar esos posibles proyectos de sucesión?

Comencemos por el lado panista. Porque aún cuando el ex gobernador Diódoro Carrasco Altamirano está bien afianzado como candidato a Senador de la República, es evidente que su fortaleza se encuentra únicamente en la elección actual, pero no en un posible proyecto de sucesión. La razón es simple. Él ya detentó el cargo de Gobernador Constitucional del Estado entre 1992 y 1998. Y tanto el artículo 116 de la Constitución de la República, como la particular del Estado, impiden de manera absoluta que quien ya ocupó ese cargo con la calidad de constitucional (es decir, electo por la mayoría en comicios ordinarios), pueda volver a desempeñarse como tal.

La situación, políticamente hablando, no es menor. Durante la gestión actual, el ex Gobernador ha demostrado tener una influencia determinante tanto en los asuntos públicos como en la forma en que se establecen los equilibrios dentro del equipo que gobierna. En todas las ocasiones ha quedado claro que él no sólo tiene la gracia y la venia de quien detenta el poder, sino que incluso ha también demostrado que tiene capacidad de incidir en las decisiones más importantes, y que es lo suficientemente fuerte como para reafianzarse no sólo como un tipo de “patriarca”, sino como un personaje con potencial político específico. Su candidatura al Senado, y sus posibilidades de triunfo, así lo demuestran.

Sin embargo, con todo y eso, el proyecto político que representa el sector panista del ex gobernador Carrasco, sirve de poco para las necesidades sucesorias (que si no las ve ahora, sí deberá hacerlo después) del gobernador Cué. Al no poder ser nuevamente Gobernador, el proyecto de Carrasco Altamirano se vuelve terminal para estos efectos.

Y entonces, lo que es evidente es que, o ese grupo genera un nuevo liderazgo en el corto plazo, y ese liderazgo tiene la capacidad como para crecer lo suficiente hasta convertirse en un potencial candidato a gobernador en 2016; o que, aún con la fortaleza que pueda llegar a acumular, no tendrá más remedio que aliarse con otras fuerzas para impulsar a un nuevo candidato afín. Y eso (ceder o compartir el poder), según parece, no es la mejor opción para todos aquellos que están en política.

 

PROYECTO TRUNCO

Por la otra vía, la de los llamados “partidos de izquierda”, también parece un proyecto viable. Porque aún cuando la Constitución del Estado no prohíbe que sea Gobernador una persona que no es originario de la entidad oaxaqueña, políticamente este se vuelve siempre un cuestionamiento de fondo en nuestra praxis política. Hay abundantes ejemplos de aspirantes a gobernador, e incluso de ex gobernadores, a los que no se les termina de cobrar la afrenta de pretender gobernar la entidad no habiendo nacido en ella.

En este sentido, aún cuando el artículo 68 de la Constitución del Estado autoriza a que pueda ser Gobernador alguien que sólo ha tenido residencia efectiva de cinco años, aunque no sea nativo del estado, es evidente que este será un primer escollo grava para quien, como Benjamín Robles Montoya, está claramente identificado como oriundo del Estado de Michoacán.

Y si ese ya es de por sí una cuestión grave, lo es mucho más las heridas que comienza a generar en los intentos por imponerse, por la vía de la fuerza, como abanderado de las izquierdas, y por ser un empecinado captador de todos los rencores y las afrentas que se vienen generando en los demás partidos y fuerza política.

Así, aunque hoy tiene una ascendencia importante en el grupo gobernante, queda claro que eso no le garantiza, bajo ninguna perspectiva, ser primero el elegido del Gobernador para sucederlo, y después tener la capacidad y el peso específico para ganar una elección determinante como la que será la de 2016.

Al final, todo esto demuestra una cuestión más, que no deja de ser grave: el grupo gobernante carece de más liderazgos, que éstos dos, que parecen ser meramente terminales. Aún se encuentran a tiempo de construir vías distintas para tratar de sacar adelante su proyecto de sucesión, y para poder dar viabilidad al imperativo esencial que tienen todos los grupos políticos con el poder en las manos, que es el de conservarlo.

Si no lo hacen, estarán entonces sólo a la expectativa de los movimientos que hagan grupos paralelos a ellos, y al final tendrán que sumarse. El binomio perfecto radicaría, sin embargo, en lo contrario. Pero no se ve por dónde.

 

¡FELICIDADES OAXACA!

Día a día, nuestra ciudad nos demuestra su grandeza, cuando se impone a todos los conflictos que enfrenta. A pesar de todo, y a veces de nosotros los mismos oaxaqueños, esta ciudad es majestuosa, viva y radiante. Esto, a pesar de que podría parecer una persona de edad avanzada. Sin embargo, sus primeros 480 años, son apenas nada. ¡Felicidades, Oaxaca!

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