PAN: Fox, y su historia de colonización

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+ Panismo inexistente; externos, los fuertes

 

No es raro que en las historias de éxito político que a lo largo y ancho del país se han escrito a favor del Partido Acción Nacional, los protagonistas sean personajes que no son panistas. Esta constante se repite como en una especie de leit motiv en la que siempre el partido termina repudiado, en la que los neo panistas, agraviados y ninguneados, terminan abandonando las siglas; y en la que todos se sirven mutuamente mientras es necesario, pero sin ningún tipo de convicción o convencimiento sobre los postulados y las causas que ambos dicen estar defendiendo.

En efecto, si revisamos la historia de éxitos panistas, podremos darnos cuenta de dos cuestiones fundamentales. Primera, que el panismo tradicional nunca ha podido ser competitivo ni numeroso ni fuerte ni convincente ante el electorado. Y, segunda, que en las últimas dos décadas ese partido ha dado cabida a todo tipo de personajes que, puros y conversos, buscan el poder y cuentan para ello con algún tipo de capital político.

Esto ha traído como consecuencia una profunda crisis en ese partido (hoy visible en todos los sentidos posibles), que se refleja en el hecho de que, apenas dos sexenios después de haber alcanzado el poder presidencial está en vísperas de perderlo; y que, salvo excepciones contadísimas, en ninguno de los estados y municipios importantes del país en los que han alcanzado el poder, también lo han perdido en el corto o mediano plazo, en medio no sólo de desánimo, sino también de acusaciones recíprocas (entre el partido y sus candidatos) de traición, de falta de principios, de desapego a los estatutos partidarios, o de apartarse a los dictados de sus dirigencias.

Lo cierto, en todo esto, es que entre el panismo y sus candidatos ganadores nunca ha habido identidad. Durante décadas, el llamado “panismo tradicional” luchó largamente por el poder en los tres ámbitos de gobierno, sin obtener éxito. Y aunque antes de la década antepasada la posibilidad de la alternancia era mínima por el régimen de partido hegemónico que encabezaba el PRI, lo cierto es que fuerzas políticas como el PAN tampoco hacían mucho por ser verdaderamente competitivos, o por ser algo más que clubes de discusión o análisis político sobre temas de oposición, pero que carecían de un arraigo social o identidad ciudadana reales.

Los éxitos panistas llegaron apenas a finales de los años ochentas. De entonces a la fecha, ganaron varias gubernaturas estatales, alcaldías y finalmente en el 2000 ganaron la elección presidencial con Vicente Fox Quesada. Desde Ernesto Ruffo Appel —primer gobernador panista, que primero fue presidente municipal de Ensenada de 1986 a 1989, y luego gobernó Baja California también por las siglas del PAN de 1989 a 1995, pero que se afilió al blanquiazul apenas un año antes de ser postulado como Alcalde—, las grandes historias de hazañas electorales del panismo han sido encabezadas por personajes que no tenían una larga tradición como militantes de ese partido, y que más bien llegaron a él como una forma casi escalafonaria de acceder a los públicos.

Eso explica la crisis actual del panismo. Y si creemos que esa historia sólo se ha replicado en otros escenarios que no son el nuestro, estamos seriamente equivocados. En Oaxaca, las pocas figuras verdaderamente competitivas del panismo (es decir, que han ganado elecciones y que se han convertido en iconos de la oposición y de la toma de posiciones de la ciudadanía en la entidad) resulta que tampoco han sido militantes de ese partido, y que por ende no tienen identidad ni arraigo con sus filas. Por eso, aquí el desencanto entre el panismo, sus abanderados y la ciudadanía, también ha sido recurrente.

 

HISTORIAS PARALELAS

Diódoro Carrasco, aspirante que encabeza la fórmula de candidatos a senadores del PAN por Oaxaca, es un panista sólo por conveniencia. Huberto Aldaz tampoco es un panista que haya alcanzado las posiciones que ha ocupado, gracias a una militancia convincente y decidida.

El primero de ellos, llegó al PAN por una coyuntura particular, en la que un sector del último priismo gobernante (algo así como una parte del zedillismo) terminó refugiado en Acción Nacional por los reacomodos de fuerzas en vísperas de la elección presidencial de 2006, en las que el grupo de Roberto Madrazo acaparó el control y, literalmente, echó del partido a todos los que habían sido parte del gobierno que impulsó a Francisco Labastida Ochoa como candidato presidencial.

El segundo, es también una figura del indigenismo en México, que fue invitado a participar en política bajo las siglas de Acción Nacional (como parte de la cuota indígena de sus diputados federales), pero que a todas luces se ve que no necesariamente comparte por completo la ideología o los principios del panismo, y que incluso tampoco es bien visto por los sectores más recalcitrantes de ese partido.

Y es que si nos vamos a antecedentes más lejanos, podremos darnos cuenta que Pablo Arnaud Carreño tampoco era panista, y por eso, al paso de los años, no tuvo ningún empacho en irse de ese partido, en pronunciarse por otra fuerza política, y en aceptar ser repudiado por los panistas “tradicionales” que siempre le condicionaron su apoyo, pero que también siempre le pusieron trabas y, en esencia, le dieron la espalda.

Arnaud, como todos los que aquí se han mencionado, llegó al PAN impulsado por un grupo ciudadano, y buscando no militancia sino la oportunidad de participar en política. En 1995, el panismo oaxaqueño no pasaba de ser un mero membrete que no aglutinaba más que a unas cuantas docenas de personas, pero que buscaba a figuras competitivas.

Arnaud, desde su calidad de ciudadano comprometido, cumplió todos los requisitos que le puso ese partido (que no eran muchos); gracias a su propio carisma y capital político, ganó la elección municipal para convertirse en el primer Edil opositor de la capital oaxaqueña. Y lo fue para después ser diputado federal y luego precandidato a Gobernador, aunque el panismo nunca lo vio bien, y siempre trató de ser el primero en descalificarlo. Por eso, casi celebran cuando en 2010 se pronunció a favor del PRI.

 

FIGURAS DE ORNATO

Pensemos en figuras como Perla Woolrich. Ella es una panista tradicional, que sin embargo no tiene capacidad para ganar una elección. Los cargos que ha ocupado han sido gracias a la representación proporcional. Panistas así, no sirven porque no son competitivos. Por eso han tenido siempre que buscar afuera. Y siempre les ha ido mal.

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