PRI:¿hay algo que sí les preocupe?

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+ Peleas, por el poder que no tienen

 

Más allá de los intereses personales y de grupo que vigorizaron las estruendosas inconformidades que generó el cambio de dirigencia en el Comité Directivo Estatal del PRI en Oaxaca, existen cuestiones que son las que verdaderamente debían tener a la militancia y la cúpula del tricolor en un verdadero estado de incertidumbre. Aunque falta menos de un año para los comicios estatales, en la entidad no hay estructuras electorales, ni trabajo territorial, ni representaciones del tricolor oaxaqueño (ni nada). Y es que a la incertidumbre por la dirigencia estatal se ha sumado la sorna y el desinterés con el que los sectores y las organizaciones de ese partido han realizado el “trabajo partidista” en los últimos dos años.

En efecto, desde los aparentes tiempos lejanos del 2010 se decía que la verdadera elección que volvería a poner a cada partido en su exacta dimensión en Oaxaca, sería la intermedia de 2013. Como ya se sabía que el PRI había perdido la gubernatura y la mayoría en el Congreso, y se veía sólida la alianza de partidos que habían llevado a Gabino Cué Monteagudo a la gubernatura, era fácil prever el escenario para los años siguientes.

En 2012 las fuerzas de derecha y de izquierda irían solas por razones que rebasaban el ámbito estatal, y realmente el resultado de los comicios federales sería poco trascendente para Oaxaca por estar también dominado por factores externos, y porque además éstos no ponían en riesgo la gobernabilidad y la estabilidad del régimen gobernante.

En el caso específico de los comicios federales de julio pasado, se sabía que estarían determinados por la fuerza que lograran tener los candidatos presidenciales. En el caso oaxaqueño, específicamente, había la claridad de que Andrés Manuel López Obrador le haría el trabajo electoral a la gran mayoría de los que pretendían ser diputados o senadores, y que finalmente el resultado de la elección para legisladores federales en la entidad, no sería sino un espejo de los comicios presidenciales. Así fue. Y por eso el PRD ganó casi todas las posiciones legislativas.

Por eso todas las miras estaban puestas en 2013. Desde 2010 y hasta ahora, el PRI se había engallado y había asegurado que, según ellos, los malos resultados de la administración de Gabino Cué como Gobernador, serían determinantes para que en los comicios intermedios la gente volviera a dar su voto al PRI. Sin embargo, cuál ha sido la sorpresa que en estos dos años los partidos que cogobiernan han demostrado que sí tienen gran capacidad de organización electoral, que también tienen fuerza y que son capaces de disputar el poder y de conservarlo cuando ya lo tienen en las manos.

Empero, ¿qué ha pasado con el priismo? Que aunque lo lógico debiera ser que en estos dos años como fuerza de oposición, el PRI debiera haber tenido el tiempo, el orden y la paciencia para organizarse milimétricamente para disputarle el poder al gobierno y su coalición, lo cierto es que todo este tiempo lo ocuparon en pelearse, en disputarse un poder que ya no tienen, y en continuar en una lucha intestina que no los ha llevado a nada. Lo más grave, es que el tiempo invertido en sus batallas internas es directamente proporcional al nivel de devastación que existe en sus estructuras electorales.

 

DISPUTAS E INDIFERENCIA

Uno de los cuestionamientos de fondo que, objetivamente, más pesó sobre Jorge Esteban Sandoval Ochoa como delegado presidente del PRI en Oaxaca, es que nunca tuvo tiempo o disposición para recorrer el estado y hacer todo el trabajo territorial que, necesariamente —y hasta por tradición política— debe hacer todo líder priista en nuestra entidad.

Si esa práctica nació de copiar al Presidente en turno, que viaja constantemente a las entidades federativas para refrendar políticamente el pacto federal que nos une como nación, en Oaxaca existe una tradición muy arraigada de que el Presidente del PRI debe recorrer constantemente la entidad para refrendar —aunque sólo sea de palabra— el compromiso y la cercanía de la dirigencia del PRI con su militancia y con sus representaciones en las regiones del Estado.

Si lo vemos fríamente, ese refrendo podría ser asumido incluso como una mera pose. Sin embargo, todo aquel que conoce de verdad el trabajo territorial del PRI, sabe que la gira de un Presidente Estatal viene necesariamente antecedida por el trabajo de los delegados del Partido. Un Líder priista no llega a un municipio si antes no había sido preparado un evento, si no se había conformado ya un Comité Municipal, y si no existiera un conjunto de personas dispuesto a recibirlo. Por eso, la decisión de recorrer el Estado tenía siempre implícita la tarea de conformar estructuras regionales, o evaluarlas, o simplemente refrendarlas.

Nada de eso ocurrió con Sandoval Ochoa. Éste, independientemente de sus amplias credenciales como estratega político, parece que no tuvo interés, o no pudo entender que el trabajo territorial por el Estado es parte de las necesidades “tradicionales” del priismo oaxaqueño. Por eso su labor siempre era la de lograr los acercamientos con las cúpulas, con las disidencias y con las expresiones en rebelión, pero siempre en la entidad oaxaqueña, y siempre dejando a un lado a la militancia priista que, al menos aquí, siempre quiere ver quién es su líder y siempre necesita escuchar la línea que se debe de seguir.

Esa indolencia de Sandoval fue, además, seguida por los dirigentes de todos los sectores, que tampoco hicieron lo que les correspondía. Por eso, si el CEN del PRI tuviera interés en hacer una evaluación real de la situación de la militancia y sus estructuras, desprovista de pasiones e intereses políticos, se daría cuenta fácilmente que una y otras se encuentran totalmente sueltas, y que hoy la dirigencia del PRI oaxaqueño no tiene ningún tipo de control ni mapa actualizado de cuál es su fuerza real, ni de cuáles son sus posibilidades de triunfo.

 

ELECCIONES DE EVALUACIÓN

En 2010 el PRI decía que en 2013 se recuperaría capitalizando los errores del gobierno. Hoy queda claro que la coalición se aprovechará de la situación de devastación del priismo local. La “evaluación” que se hará de los partidos, es cierto, cobrará las facturas de los no pocos errores que se han cometido desde el poder; pero también hará eso mismo con el PRI ante el descuido continuado de su militancia, ante el abandono del trabajo territorial, y ante las disputas, que sólo han provocado la dilapidación total del capital electoral con que contaban hace apenas dos años.

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