Arreglo S-22/Gobierno: ¿de nuevo lo esconderán?

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+ Ciudadanos inconformes: sólo es queda el desdén

Sistemáticamente, el gobierno oaxaqueño ha cometido un error criminal, ante las protestas del magisterio oaxaqueño: desde 2006 en que se desató la protesta y la revuelta magisterial, siempre han tratado de arreglarse y de dar todo a los profesores para evitar el recrudecimiento de sus acciones de protesta. Sin embargo, con tal de conseguir la paz y mantener la gobernabilidad, han desdeñado la atención que también merece la ciudadanía, a quien como no protesta y no chantajea, la han dejado desatendida de todo arreglo que, en esencia, debía ser parejo y democrático. Esto no debe repetirse ante los hechos ocurridos el miércoles en la Villa de Mitla.
En efecto, si revisamos la forma en que el gobierno de Oaxaca ha buscado siempre el arreglo con los profesores de la Sección 22, fácilmente encontraremos que la constante ha sido la del arreglo desigual entre maestros y gobierno, y el total olvido de unos y otros a la ciudadanía, que es quien resiente todos los perjuicios que provocan las discordancias entre unos y otros. Así ha sido siempre. Y se corre el riesgo de que eso mismo se repita ahora.
En 2006 la crisis magisterial hizo blanco en quienes nada tenían que ver en este asunto. El problema que desató la revuelta magisterial y popular fue estrictamente político, y sin embargo quien pagó todas las consecuencias fue la ciudadanía, que lo mismo fue víctima de las acciones de lucha de los profesores de la Sección 22, que de los hechos de violencia, e incluso, y sobre todo, de los más de siete meses en los que más de un millón 300 mil niños y jóvenes oaxaqueños se quedaron sin clases.
En aquel primer momento el gobierno pactó su arreglo con los violentos, pero se olvidó de resarcir a quienes sí habían pagado las consecuencias. Por eso, al año siguiente de la revuelta, en 2007, cuando ya el gobierno federal había otorgado la rezonificación salarial, el Gobierno del Estado se arregló con el magisterio a través de la cancelación de órdenes de aprehensión, aseguramiento de impunidad sobre ciertos hechos y respecto a ciertos personajes, indemnizaciones económicas nunca reconocidas, y sobre todo, el restablecimiento de una relación que desde entonces fue sólo tácita, porque nunca más el gobierno de Ulises Ruiz y el magisterio volvieron a reconocerse públicamente su calidad mutua de interlocutores.
En todo eso dejaron al margen a la ciudadanía. La economía local se devastó con el conflicto magisterial, y sin embargo nadie se acordó de generar las condiciones para que la economía local se enderezara. Cientos de miles de alumnos perdieron tiempo valioso por los paros de labores, y nadie se ocupó de que recuperaran ese tiempo de clase en las aulas; y en general, los oaxaqueños que habían quedado en medio de la crisis política y de gobernabilidad, sólo tuvieron como consuelo el regreso de la paz. Todos, de la reparación del daño percibido, sólo vieron las promesas.
Ese “parámetro” se vino replicando en cada ocasión en que los profesores y el gobierno tuvieron diferencias. De hecho, en esos arreglos que unos y otros pactaron, nunca hubo posibilidad de cuando menos escuchar a la ciudadanía y hacerla parte de la nueva forma de relación, o de conocer si estaba o no conforme con las cosas que se estaban realizando. Por eso, el hartazgo acumulado, combinando con las efervescencias y los intereses aviesos de algunos, generan la combinación explosiva que vimos el pasado miércoles en el enfrentamiento ocurrido entre pobladores y maestros en la Villa de Mitla.

ARREGLOS MARGINALES
¿Por qué el gobierno estatal siempre tiene interés en arreglar las cosas con la Sección 22, y nada más? Porque en su lógica de la simple inmediatez, siempre asumen que en cualquier conflicto en que se encuentre involucrado el magisterio democrático, éste es el factor de inestabilidad. Por eso, ante cualquier eventualidad, de inmediato instalan mesas de trabajo, establecen interlocutores de primer nivel, prometen justicia y reparaciones, e incluso amagan con la posibilidad de utilizar a la fuerza pública para restablecer el orden.
Eso fue lo que pasó en Mitla. De hecho, el Gobierno del Estado sabía con antelación que los profesores irían a tratar de recuperar un módulo educativo en poder de los profesores de la Sección 59, sabía también que bloquearían la carretera que comunica a aquella y otras poblaciones con la capital del Estado, y seguramente pudieron saber con toda oportunidad —se supone que para eso tiene la Segego sus pomposas, y costosas, coordinaciones regionales— lo que ocurriría.
Y según se vio, cuando se desató la violencia a todas las instancias y funcionarios involucrados se asustaron porque vieron en la ira magisterial, la posibilidad de que se desatara un conflicto de otras proporciones, que pusiera en peligro la gobernabilidad, y por ende el sustento del régimen gobernante. Sólo por eso acudieron a negociar hasta el lugar de los hechos, y tácitamente dieron por concluida la crisis cuando consiguieron que los profesores entregaran a los rehenes que tenían en su poder, a cambio de que los pobladores hicieran lo mismo.
Todo lo demás no importó. No resultó importante que los pobladores de Mitla tuvieran ira desbordada; tampoco que en su intento por detener a los profesores toda una población se uniera; tampoco los llamaron a un arreglo en igualdad de condiciones. E incluso, lo más probable es que por el arreglo con la Sección 22, finalmente el gobierno disponga que harán todo lo posible porque la 59 entregue el módulo educativo que tiene en su poder, para cedérselos a los profesores de la 22, para que éstos trabajen a placer sin la sombra y el cuestionamiento de nadie.
Por eso, todos los arreglos entre el gobierno y la 22 son dilatorios. No hay soluciones ni integrales ni de fondo, porque ello implicaría tomar en cuenta a todas las partes y decidir en función de todos. Lo que sigue será esperar a que cualquier día de éstos ocurra otro hecho similar al de Mitla para que de nuevo se vuelva a pactar con la Sección 22, aunque los ciudadanos queden volando como si no contaran en este asunto.

ARREGLO INÚTIL
Tan poco útil es el arreglo, que los oaxaqueños no sabemos a cambio de qué los maestros decidieron desmovilizarse momentáneamente. Pero independientemente de lo que haya sido pactado, lo que sí sabemos es que de todos modos sirvió de poco. Hoy vuelven a la carga con marchas, bloqueos y más daños a una ciudadanía que está harta de ser la eterna víctima de estas disputas.

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