PRI-Verde, una alianza de engaños

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+ La Coalición, de dientes para afuera

 

Hoy, si algo tienen en común el PRI y el Partido Verde en Oaxaca, es la devastación y la derrota. Por si esto fuera poco, la relación entre esos dos institutos políticos se encuentra en uno de sus peores momentos. Por eso, el convenio de coalición que formalizaron este fin de semana ante la autoridad electoral, parece más un “matrimonio forzado” que la unión de fuerzas que, en los hechos, es sólo aparente, de sospechas y reservas comunes, y de mucha mala gana.

En efecto, el Verde es un partido que no existe en Oaxaca. A lo largo de los últimos años, y a pesar de la protección y la vida artificial que le dieron los gobiernos priistas, fue palpable que el PVEM nunca pudo tener más de 500 militantes activos en la entidad. El gran mérito de las sucesivas dirigencias del Verde consistía únicamente en respaldar incondicionalmente al gobierno tricolor en turno, en estar siempre dispuesto a ser un satélite del priismo y en alimentar la apariencia de fuerza invencible que tenía el PRI en la entidad para intimidar a sus adversarios políticos.

Así pudo sobrevivir la dirigencia del Partido Verde durante todo el último gobierno priista de la entidad, a pesar de que era en el PRI y en el gobierno, y no en las instancias del propio Verde, en las que se resolvía el rumbo y las definiciones políticas de ese partido. En eso se explica que desde el día en que fue defenestrada Ana Luisa Zorrilla como dirigente del PVEM, y se dispusiera el nombramiento de Rogelio Enríquez Palma como su sucesor, comenzara una batalla estéril dentro de ese partido para conseguir una definición que ciertamente no les pertenecía y que tampoco abonaba a su frágil estructura y cohesión interna.

¿Qué pasó? Que al ser impuesto Enríquez por el entonces dirigente priista, Jorge Franco Vargas, el grupo que acompañaba a Zorrilla se inconformó a tal grado que desde entonces iniciaron una serie de batallas legales por la definición legal de la dirigencia pevemista, que hasta hoy se encuentra inconclusa. ¿Cuál fue el resultado de ello? Que el Verde “invirtiera” su poquísimo capital y militantes en librar esas batallas sin sentido, y que por ello dejaran totalmente descubierto el trabajo político que debían realizar para atraer a nuevos simpatizantes, registrar a nuevos militantes y captar más votos en los sucesivos procesos electorales.

En todo eso fracasaron estruendosamente. En los comicios de 2010, a pesar de todas las inercias y las ventajas que aparentemente tenían al ir en coalición con el partido gobernante, y de tener como candidato a un abanderado relativamente bien posicionado, como lo era Eviel Pérez Magaña, el Partido Verde no obtuvo más de 20 mil votos en toda la entidad. Esto lo llevó a la devastadora situación de no conseguir una sola diputación de las que le habían tocado como cuota por mayoría relativa, a no alcanzar el porcentaje mínimo de votación como partido local, y a perder la representación legislativa que pudiera haberle tocado por la vía de la representación proporcional.

Aún así, sus batallas internas continuaron. Y esa crisis se agravó al pasar del tiempo, cuando la dirigencia del Verde se distanció del tricolor; cuando el mismo PRI perdió la ruta del orden y la disciplina interna, y se enfrascó en batallas terribles por los despojos de su propia dirigencia; y cuando finalmente el grupo que se había quedado con el membrete del Partido Verde terminó estando más cerca del PAN que del PRI apenas en los comicios federales del año pasado.

 

LA ÚLTIMA TRAICIÓN

Esta historia de débitos y pagos, y de coaliciones forzadas, es ampliamente conocida en Oaxaca, y de ella hemos dado cuenta ya en otras entregas. Es ampliamente sabido, por ejemplo, que Rogelio Enríquez Palma llegó a la dirigencia estatal del Verde respaldado no por su larga militancia en la región de la Cuenca, sino gracias a los favores que en su momento recibió del otrora poderoso priista, Jorge Franco Vargas.

Todos en Oaxaca saben, también, que antes y después de la sustitución de Rogelio Enríquez por Ana Luisa Zorrilla, el Verde no ha alcanzado a tener más que un pequeño puñado de afiliados; que antes y después de aquel cambio, los cargos de elección popular (legislativos y municipales) que obtuvo la dirigencia fueron por cuotas y negociaciones, pero no porque los ganaran en las urnas. Y que antes y después de ese cambio, el Verde ha sido un membrete en Oaxaca, en el que no han parado las pugnas internas entre los dos grupos que se sienten dueños del partido.

De ese débito entre Enríquez y Franco parten las desavenencias actuales con lo que queda del PRI local. Apenas el año pasado, Franco Vargas trabajó de cerca con Diódoro Carrasco Altamirano como candidato del Partido Acción Nacional al Senado. A éste, le vendió la engañosa idea de que pondría a su disposición las estructuras y el control político que aún mantenía del priismo —cuestión que demostró lo aparente del poder de Franco. Y lo más que pudo conseguir (contante y sonante) fue la declinación a favor de Carrasco, de Joaquín Ruiz Salazar, a la sazón candidato a Senador por el PVEM. Esto, claro, con la anuencia de Enríquez Palma, que necesariamente debió aprobar el apoyo a Carrasco, y que lo hizo por la presión, por el apoyo o por el débito que tenía con Franco Vargas por haberlo llevado, desde 2008, a la dirigencia del Verde.

Por todo eso, este fin de semana los dirigentes del PRI y Verde fueron al IEEPC más obligados por las circunstancias que convencidos de que nuevamente tendrán que ir juntos. Las cúpulas nacionales de ambos partidos traen un acuerdo de gran calado, que rebasa a la posibilidad de decisión que exista en Oaxaca.

Por eso, aquí armaron su alianza en un ambiente de confrontación y frialdad; por eso hablaron de no permitir imposiciones antes que de estar seguros de los triunfos o de la viabilidad de su unión. Por eso esta coalición será sólo aparente: todos se adhirieron de dientes para afuera. Y lo único que es seguro es que no harán ni ápice de trabajo conjunto, porque hoy son más los recelos y las desavenencias que los intereses comunes (no necesariamente encaminados al interés público, sino a sus propias ambiciones) que en otros tiempos los unieron.

 

QUÉ DIFERENCIA

Este es un signo más del resultado electoral que se avecina: la coalición PAN-PRD-PT logró superar sus diferencias y arreglarse para ir juntos. Pero el PRI, que ni dirigente tiene, no ha hecho más que alimentar sus disputas internas, y ahora pelearse con su único aliado. Una verdadera lástima.

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