Cultura en Oaxaca: ¿de veras hay futuro?

+ Sistema institucional de la cultura, muerto

 

A pesar de que en Oaxaca es una garantía constitucional la relativa al acceso y disfrute de los bienes y servicios culturales, lo cierto es que el sistema institucional de la cultura está por completo olvidado, y en los últimos años se ha preferido sustituir por la sola financiación de proyectos que, en esencia, aparentan una acción cultural intensa pero que olvidan las funciones propias del Estado en esa materia, y dejan en grave descobijo a las personas que hoy no tienen medios efectivos, y públicos, para gozar de las garantías culturales que establece la Constitución.

En efecto, para poder corroborar lo anterior no basta sino con hacer un pequeño recuento de lo que es hoy la política cultural en nuestra entidad, y confrontarla con lo que debieran ser las funciones propias del Estado para fomentar la cultura. En una entidad como la nuestra esa discusión se hace relevante no sólo por el hecho de que aquí existe una diversidad cultural mayor a la de prácticamente todo el país, y porque Oaxaca ha sido polo de atracción para los mecenas privados de la cultura, que hoy, sin ninguna contraposición del Estado, son los auténticos capitanes del sector en la entidad.

De entrada, es evidente que el sistema institucional de la cultura está roto por completo en Oaxaca. Ese sistema institucional, era el que, se supone, debía dar armonía y coordinación al trabajo no sólo de una dependencia encargada del fomento cultural, sino de ésta con los demás sectores públicos que también generan cultura. En un sistema institucional interactúan instituciones oficiales de planeación, de fomento y difusión de la cultura, para que trabajar en una misma sintonía instituciones oficiales, los medios de comunicación del gobierno, las instituciones educativas y los centros de fomento a la cultura y las artes. Si eso algún día existió en Oaxaca, hoy es sólo un recuerdo. ¿Por qué?

Porque lo que debiera ser ese gran sistema institucional, fue cambiado por el intento de la dependencia estatal por competir con los promotores culturales privados, y por la sola financiación de proyectos. Así, podemos ver hoy que aun cuando no existen vasos comunicantes entre la Secretaría de Cultura y las instituciones educativas de todos los niveles para efectos de promoción y fomento cultural, sí se financian proyectos de gran fulgor como la Orquesta Sinfónica de Invierno (que tiene una sola presentación anual en el Palacio de Bellas Artes, en la Ciudad de México, y que tiene para el Estado un costo de varios millones de pesos), o la Orquesta Esperanza Azteca, que a pesar de ser un proyecto de Fundación Azteca, tiene financiamiento del Gobierno del Estado.

Estos son sólo dos ejemplos, de muchos, sobre cómo el acceso real a la cultura está inhibido para los oaxaqueños. Además de esto, habría que voltear a ver la red de Casas de Cultura y de Bibliotecas Públicas, aunque sólo para corroborar que están en el total abandono. Éstas, donde existen, quedaron en manos de los gobiernos municipales que, en los hechos, no han tenido ni los recursos ni la disposición para mantenerlas en el decoro. Las Casas de la Cultura reciben mínimos subsidios anuales del gobierno federal que, en los hechos, apenas si alcanzan para pagar los servicios básicos del local en que funcionan, pero no para verdaderamente fomentar la cultura entre sus habitantes.

La situación de las bibliotecas públicas es similar. Éstas —y el mejor ejemplo de ello es la Biblioteca Pública Central— se encuentran en un estado de total abandono, debido a que durante años no han sido un tema de interés central para las autoridades culturales del gobierno estatal, y porque paulatinamente le fueron quitando preponderancia y capacidad de acción a la Coordinación de Bibliotecas Públicas, que hoy es un ente sin ninguna injerencia o capacidad de gestión en la situación de las bibliotecas, que debían ser piedra angular del conocimiento y la cultura en nuestra entidad.

 

CULTURA, ¿DÓNDE?

Hay otros ejemplos concretos. Vayamos a otro: hoy, la Orquesta Sinfónica de Oaxaca está incompleta, y eso parece no preocupar a las autoridades culturales de la entidad. Ésta, en la actualidad, cuenta con menos de 30 integrantes, de los más de 60 que debieran integrar una verdadera orquesta sinfónica. Por eso, cuando necesitan hacer una presentación importante deben subcontratar a músicos traídos de otras entidades del país, a quienes además de salario se les debe pagar viáticos, estancia, transporte y demás, elevando el costo económico de la indolencia por no tener una orquesta sinfónica, completa y propia, del gobierno de Oaxaca.

Del mismo modo, la Secretaría de Cultura prefirió autorizar vacaciones de dos meses a los integrantes de la Orquesta Primavera, ante su imposibilidad por gestionar a tiempo los recursos para el arrendamiento del sitio en el que llevan a cabo sus ensayos. Como la Seculta no pudo resolver ese problema, se les hizo más fácil dar vacaciones prolongadas a sus integrantes, en lo que encuentran la forma de resolver ese problema que es mínimo, pero que resulta de gran adversidad para la administración actual.

Acaso el ejemplo más emblemático es el del Centro de Iniciación Musical de Oaxaca, que desde hace algunos años funciona en un sitio impropio, y en condiciones poco decorosas respecto a lo que debiera ser la institución formativa de las nuevas generaciones de músicos en la entidad. Hoy, lamentablemente, el Gobierno del Estado no tiene dinero ni para reparar las antiguas instalaciones del CIMO, y mucho menos para llevar a cabo el proyecto original, que consistía en construir una nueva sede, que cubriera todas las necesidades de un centro como ese.

Finalmente, el acceso a la cultura está vedado hasta en infraestructura. ¿Podemos creer que la capital mundial de la cultura —como se pretende denominar a Oaxaca— tenga sólo tres teatros, de los cuales dos (El Juárez y el Alcalá) tienen aforos pequeñísimos, y el tercero se está cayendo a pedazos?

 

¿Y LOS MUSEOS?

En Oaxaca están varios de los museos y centros culturales más importantes del país. El problema es que todos son privados. ¿El Estado en dónde queda? En un museo a medias, con el Museo del Palacio, y otro, el Museo de los Pintores Oaxaqueños, en el que hay escasísima obra de artistas oaxaqueños. Por eso, debe replantearse a fondo la política cultural, para rescatar el sistema institucional, para que Seculta deje de ser sólo un cajero, y para hacer efectivo el acceso a la cultura a todos los oaxaqueños.