SNTE: Elba lo hizo tocar fondo; ¿en Oaxaca pasará lo mismo con S-22?

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Fue maestra, mas no fortuita, la forma en cómo, en menos de una semana, el gobierno federal terminó con el absolutismo sindical que ejercía Elba Esther Gordillo en el SNTE. Esto pudo ocurrir por la decisión de autoridad que tuvo el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, pero también por el claro agotamiento de las estructuras magisteriales que, sin titubear, le dieron la espalda a la maestra en un momento en que, según parecía, lo que estaba en riesgo eran los derechos de los maestros y no el liderazgo de la Dirigente. ¿En Oaxaca podemos rescatar algo de todo eso?

En efecto, el liderazgo de la maestra Gordillo era tan totalitario como el que aquí ejerce la Sección 22 sobre los profesores, e incluso sobre el Estado. De hecho, durante las dos últimas administraciones federales, el SNTE se apareció como uno de los más influyentes poderes fácticos del país que fue capaz no sólo de mantener su vertical estructura de mando y sus conquistas, sino que también fue premiado con espacios en el sector público como la Subsecretaría de Educación Básica de la SEP o la Lotería Nacional, y que incluso, en franco desafío a la partidocracia gobernante en México —y en clara violación a la ley electoral, que expresamente prohíbe la creación de partidos a partir del corporativismo sindical—, fue capaz de crear un partido que hoy encabeza su hija que, por si algo faltara, hoy es Senadora. ¿Si la Maestra tiene tanto poder, cómo fue posible que cayera en desgracia total en menos de una semana?

Su debacle puede explicarse en dos vías: la primera, que tiene que ver claramente con el hecho de que su poder se relativizó ante la legitimidad electoral y la aceptación política del nuevo gobierno priista. A diferencia de los dos Presidentes emanados del PAN (para los que la Maestra era política y electoralmente determinante), el presidente Enrique Peña Nieto no necesitó a la Maestra para esos fines; encontró, además, a un liderazgo sindical desgastado por su propia permanencia y por los excesos que había cometido. Y, además, todo esto se combinó con la amenaza que lanzó Gordillo al nuevo gobierno, de bloquear el paso de la reforma educativa, que era el primer gran proyecto político de este sexenio, y que debía constituir la primera batalla ganada de una administración federal que se jactaba de fortaleza.

Por eso, en menos de tres meses descabezó a la dirigencia magisterial. Para lograrlo, garantizó que el golpe se focalizara en la Maestra y no en el Sindicato. ¿Qué hizo? A la par de ejecutar su detención, comenzó el proceso de descalificación mediática, focalizando el mensaje en el uso excesivo y personal que la profesora Gordillo hacía del dinero que se les descuenta a los profesores de su salario por concepto de cuotas sindicales. Luego, envió señales de que el conflicto era con Gordillo pero no con el total de la dirigencia o con los integrantes del Sindicato.

Y finalmente, casi a la par del golpe político, operó el relevo en la dirigencia magisterial, garantizando que el nuevo líder fuera alguien que cuando menos pudiera dar certeza de serenidad, diálogo y reconocimiento al gobierno federal como la máxima autoridad del país, dejando atrás la actitud desafiante que había tenido la maestra en los últimos años, frente a los dos gobiernos anteriores.

¿Cuál es el resultado de todo eso? Que, según parece, operado ese conflicto y hecho el control de daños en la relación con el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, el gobierno federal no tendrá mayor problema en comenzar el proceso de implementación de la reforma educativa. Si en México la mayoría de las grandes reformas han sido prácticamente imperceptibles para el grueso de la población por tener como estrategia de fondo su implementación pacientemente gradual, esta no será la excepción. Con eso garantizarán que, quizá en una década, se aplique a plenitud de la reforma educativa, garantizando, sí, un sector educativo más ordenado y competitivo, pero ahorrándose el choque violento que generan las reformas implementadas de forma intempestiva.

 

¿Y OAXACA?

Para no variar, es claro que —aún con el hartazgo de la ciudadanía por las acciones magisteriales— en nuestra entidad vamos aún varios pasos atrás en la relación política entre el sindicato magisterial y el gobierno estatal. Aquí, es claro que estamos en la etapa del gobierno débil, que necesita la legitimación de un sector fuerte como el magisterial; pero que éste “vende” su apoyo a cambio de espacios oficiales, prebendas y libertades que rayan en el exceso.

El símil es exacto: pues igual que la profesora Gordillo, en Oaxaca la dirigencia magisterial es absolutista y omnipotente. Es decir, nadie tiene control sobre la forma en que manejan los recursos que tienen al alcance. Al igual que la profesora Gordillo, la dirigencia magisterial local les intercambia a los maestros los privilegios por la democracia. Es decir, mantiene a salvo sus derechos, pero a cambio de no cuestionar a su dirigencia.

Pero si todo esto fuera poco, sin ningún rubor la Sección 22 tiene no una Subsecretaría bajo su control, sino a todo el Instituto Educativo de la entidad. Pues exceptuando al Director General del IEEPO (que, para variar, es hoy un espantajo totalmente sometido a los intereses de la 22), todos los cargos directivos de la dependencia son nombrados por el Sindicato.

Quizá por la costumbre ya no nos sorprende. Pero es vergonzoso en extremo el hecho de que públicamente se peleen por coordinaciones como la de Secundarias Técnicas, cuyos cargos debían ser nombrados por un acto de autoridad y no por prebendas al sindicato magisterial. ¿Cuál es el problema de todo? Que el gobierno estatal hoy no tiene capacidad para alejarse del apoyo de la 22, a pesar de que éste le ha hecho perder un enorme capital político ante la ciudadanía con tal de mantener esa costosa alianza.

 

¿Y LA LEGITIMIDAD?

Lo sorprendente de todo es que esta administración en Oaxaca llegó con todo menos con carencia de legitimidad. De hecho, Gabino Cué llegó al gobierno con una victoria abrumadora y con una mayoría legislativa que, sólo con dos votos de la oposición, puede hacer cambios constitucionales. ¿Cuál es el problema? Que el Gobernador no tiene aliados. Sus compañeros de alianza son un conjunto de codiciosos y convenencieros que sólo buscan su beneficio. La 22 es sólo uno de ellos. Pero no puede terminar esa alianza, porque romper con ellos sería romper con todos. Y así, toda fortaleza quedaría diluída.

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