Oaxaca de Juárez: termómetro de partidos

 

+ Diputaciones y alcaldía, cereza del pastel

 

Estamos a pocos días de que comiencen las definiciones de los partidos y coaliciones rumbo a los comicios intermedios del presente año. Como nunca antes, tanto la presidencia municipal, como las diputaciones por los dos distritos de Oaxaca Centro, serán un termómetro del nivel de tolerancia y participación de los partidos o, en sentido contrario, de los acaparamientos y el privilegio a las decisiones cupulares que ahí puedan darse. Basta hacer un pequeño recuento para corroborar lo anterior.

En efecto, en Oaxaca se enfrentan hoy dos posiciones claras: una, la que intenta que prevalezca el interés cupular en los partidos; y la otra, que razonadamente pretende que, al menos en las zonas urbanas, exista un ambiente de mayor inclusión a diversas corrientes, y que las definiciones políticas se construyan a través de procesos más democráticos. Entienden estos últimos, que estos ya no son momentos de imposiciones o de engaños a la ciudadanía, porque los tiempos del voto duro y de las “cargadas” en los partidos se encuentran más lejos que nunca.

Sin embargo, los intentos por la cargada, por la imposición y por el avasallamiento siguen siendo parte del día a día en los partidos políticos. Veamos si no, en el Revolucionario Institucional existe todo un aparato político trabajando a favor de la candidatura de José Escobar Gómez. Es algo así como el “candidato oficial” del grupo del ex gobernador Ulises Ruiz, que fallidamente intenta posicionarlo ante la ciudadanía, y que ahora pretende colocarlo como el candidato inminente a la alcaldía de la capital oaxaqueña.

Esto, en sí mismo, es un error. Pues además de que Escobar carece de los méritos y el trabajo político que debiera ser carta de presentación para una candidatura como esta, es evidente que dentro mismo de ese partido el orden ya no es vertical, y que por tanto existen diversas expresiones que corren en distintas bandas respecto a aspirantes, aspiraciones y proyectos políticos, y que ponen como primera condición para el juego democrático que haya competencia, que gane la candidatura el más aventajado, y que se evite incurrir en la tentación de generar una imposición para después tratar de que todos se sumen a esa candidatura.

Hoy mismo, en el PRI, existen diversas expresiones importantísimas que, de ser desdeñadas, generarían rompimiento que seguramente gangrenaría otras estructuras del priismo. Pues además de Escobar, existen muchos personajes que también aspiran a la Presidencia Municipal de la capital oaxaqueña, y que independientemente de su estatura o capital político, deberían ser tomados al menos moralmente en cuenta.

¿Qué pasará, por ejemplo, si en esa “competencia interna” dejan fuera a Javier Villacaña? ¿Qué pasará si finalmente cierran la competencia por la candidatura a Villacaña y Escobar, y dejan fuera a otros personajes (pensemos en Martín Mathus, por ejemplo, que también ha externado su deseo de ser tomado en cuenta como aspirante a la alcaldía) que, les guste o no, también representan un sector del priismo, y constituyen expresiones de militancia que necesariamente deberían ser tomadas en consideración? ¿En esas condiciones podrían hablar de democracia? ¿Sería “democrático” pensar que el PRI en Oaxaca de Juárez se reduce a únicamente Villacaña y Escobar, sin considerar que hay una gama enorme de nombres y reputaciones que debieran ser parte del juego democrático?, ¿sería lógico pensar, esencialmente, a que Oaxaca se reduce a dos personajes?

Esa tentación autoritaria particularmente por las definiciones en la capital oaxaqueña, tiene una causa: pretenden ser parámetros para lo que ocurrirá dentro de tres años, cuando se definan candidaturas como la del próximo Gobernador del Estado. Por eso, aquí en particular existe una disputa franca por las candidaturas, pero claramente sin pasar por la democracia o la competencia limpia, sino más bien por los intentos de avasallamiento o de imposición, como en los viejos tiempos.

 

DIPUTACIONES…

El caso de las diputaciones por la capital oaxaqueña es asimismo particular. Ahí también hay quienes intentan ganar una candidatura simplemente por el abolengo o los falsos capitales políticos, sin considerar que la capital requiere mucho más que simples ganas de ser diputado. Además de todo, en la capital el escenario puede ser tan adverso que por eso las opciones se cierran a unos cuántos personajes.

Uno de los personajes que intenta llegar, por el PRI, a una candidatura a diputado, es el regidor Joel Castillo Pérez. Éste ha tenido un pálido desempeño como concejal de la capital oaxaqueña, aunque ciertamente acumula el liderazgo y control que aún tiene sobre amplios sectores del sindicato de burócratas al servicio del gobierno estatal. Si este personaje pretende llegar a ser candidato, es claro que no le falta capital político, sino más bien una mayor definición sobre su proyecto y los planteamientos que ya debiera tener para la capital oaxaqueña, tomando en cuenta que él representa a un sector social, el de la clase media trabajadora, que no ha sido atendida ni por gobernantes ni por legisladores en los últimos años.

Otro de los personajes que, por el PRI, intenta llegar a una de las dos candidaturas a diputado por los valles centrales, es Rubén Tenorio Vasconcelos, que sin hacer mayor aspaviento parece tener claras un conjunto de necesidades para la construcción de una zona metropolitana entre la capital de Oaxaca y los erróneamente denominados “municipios conurbados”. ¿Qué le falta? La atención y el apoyo de su partido para considerar esos temas como electoral y políticamente prioritarios. Y después para abrir las candidaturas a causas y no sólo a acomodos de grupo.

Fuera de eso, no parece haber más. Si, de nuevo, las definiciones no se convierten en imposiciones, este bien podría ser un experimento para un partido que ya no sólo debe defender proyectos de grupo, sino abanderar causas que pueden ser perfectibles. Si optan por los manotazos del pasado estarán desperdiciando la posibilidad de mostrarse a la ciudadanía como algo más que camarillas que buscan irracionalmente el poder.

 

EN LA OTRA ACERA…

¿Qué harán en los partidos que integran la coalición para abrir sus procesos internos a la democracia y a la participación ciudadana? El reparto no es buena opción. La imposición, tampoco. La postulación de impresentables, menos. ¿De verdad tienen un as bajo la manga? Hugo Jarquín no es un buen antecedente sobre eso…