CNTE: si todo cambia, ¿por qué ellos no?

+ Volver a lucha democrática, no a chantaje

 

Para cualquiera que no conozca la historia y el origen de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, o del movimiento magisterial en Oaxaca, fácilmente podría creer que éstos nacieron como lo que hoy son: grupos de presión que abiertamente chantajean al Estado. No obstante, lejos de todo eso se encuentra un origen ciertamente noble y, aunque hoy parezca increíble, de importantes rasgos democráticos. Si la educación debe pasar por un urgente proceso de reencauzamiento, debería ocurrir lo mismo con esos grupos que, además de haber deformado sus objetivos, hoy por eso son los principales obstáculos para una mejor educación.

En efecto, en Oaxaca no es raro que los propios maestros de denominen como “democráticos” y que en esa lucha democrática fundamenten sus acciones y su irreverencia frente al Estado. Sin embargo, hoy en día muchos desconocemos cuál es la razón o la causa por la que se califican como democráticos. Y por eso mismo, se nos hace una enorme contradicción que alguien que se pone ese calificativo, sea también quien cierre las escuelas, quien tome las calles, marche, se plante, proteste y trate de manera permanente de tener arrodillado al gobierno. Ante esto hay dos preguntas esenciales que debemos respondernos: ¿Dónde está ese origen democrático y, sobre todo, por qué es urgente que regresen a él?

Vayamos a responder la primera pregunta. Ayer domingo, en su columna del periódico Excélsior, el periodista Pascal Beltrán del Río aportaba datos valiosos sobre el origen de la CNTE que, hoy en día, no todos conocemos. Retomemos algunos de ellos: “La CNTE surgió en diciembre de 1979, como resultado del I Foro de Trabajadores de la Educación y Organizaciones Democráticas del SNTE. Dicho foro fue convocado por los Consejos Centrales de Lucha (CCL) de Chiapas, Morelos, Tabasco y La Laguna, organismos creados para apoyar la movilización de los maestros chiapanecos contra el retraso de pagos y el alto costo de la vida en ese estado…”

“En pocos meses, la inconformidad magisterial se extendió a los estados de Tabasco y Morelos, así como a La Laguna, donde se formaron los CCL. Y se iniciaron movilizaciones nacionales contra el SNTE, que dirigía Jonguitud, y la SEP. Con motivo de la manifestación del Día del Trabajo de 1980, el magisterio oaxaqueño tomó las calles y desconoció a la dirigencia de la Sección 22 del SNTE, que entonces encabezaba Fernando Maldonado Robles, quien era, a la vez, secretario general del PRI estatal. Durante los meses de mayo y junio de 1980, los profesores de Oaxaca inventaron un nuevo método de lucha: el plantón. Durante semanas, 20 mil maestros se instalaron frente a las oficinas centrales de la SEP en la Ciudad de México.”

Beltrán del Río narraba cómo esa disidencia magisterial tomó rápidamente el control de varias secciones sindicales, particularmente en Guerrero, Michoacán y Oaxaca; cómo a través de la CNTE se constituyó un movimiento opositor efectivo a Vanguardia Revolucionaria, que era la corriente política que dominaba al SNTE a través de Carlos Jongitud Barrios, y cómo Vanguardia enfrentó violentamente a la CNTE a través de asesinatos como el del profesor Misael Núñez, hasta que finalmente en 1989 el presidente Carlos Salinas de Gortari terminó de tajo con la dirigencia de Jongitud, abriendo paso a la era de Elba Esther Gordillo.

¿Qué efecto tuvo eso sobre la CNTE? Dice Beltrán del Río: “Su entonces dirigente, Teodoro Palomino, celebró la caída de Jonguitud como resultado de la presión de los “maestros democráticos” (así se les conocía entonces) y no de la decisión de Salinas”.

Además de esto, y corriendo en carriles paralelos, la CNTE se convirtió en un grupo de presión ya no dedicado a la democratización sindical, sino a la obtención de canonjías. Y todo esto se conjugó a la perfección con el proceso de descentralización educativa iniciada en la década de los noventas, en la que la administración educativa recayó en los gobiernos estatales y éstos, por sus debilidades propias, se convirtieron en blanco de grupos como la CNTE en otras entidades, y como la Sección 22 en Oaxaca.

 

“DEMOCRÁTICOS”, ¿POR QUÉ?

Volvamos al tema de Oaxaca. Pues aunque hoy está extraviado, el origen de la Sección 22 era loable y democrático. Ellos, en la insurgencia magisterial de 1980, se levantaron en contra de su sindicato, del gobierno, y del PRI, para exigir que las decisiones políticas de su sindicato se tomaran en consideración a lo que todos los agremiados preferían, y no desde las cúpulas del tricolor, o del gobierno en turno.

Esa fue una de las razones fundamentales por las que se denominaron como “democráticos” y por la que recibieron un amplísimo apoyo que todavía se vio reflejado en 2006, cuando la sociedad oaxaqueña apoyó ampliamente su movimiento y repudió de manera efectiva al gobierno de Ulises Ruiz que los había reprimido. Si se revisa la historia de ese movimiento (es esencial para ello el libro de Isidoro Yescas y Gloria Zafra, la Insurgencia Magisterial de 1980, que tuvo una reedición por parte del IEEPO hace unos siete años) podrá verse que hubo objetivos verdaderamente democráticos, y que durante casi toda la década de los 80’s su lucha fue siempre cuesta arriba, consiguiendo victorias titánicas frente a gobiernos y administraciones del SNTE que se negaban a reconocerlos y a darles validez como interlocutores.

¿Dónde se perdieron? En el momento en que claudicaron en la lucha democrática, y bajo esa bandera se dedicaron a conseguir victorias ya inscritas en el ámbito de sus intereses económicos y políticos. Haberlos incluido en el IEEPO, por ejemplo, en sí misma no era una mala idea. Pero todo se pervirtió cuando ellos tomaron eso como una victoria y usaron ese poder para fortalecer su movimiento por encima del Estado y de la educación. Lo mismo pasó con los métodos de lucha, que si bien sirvieron para la democratización al inicio del movimiento, luego se convirtieron en armas que apuntaron hacia el gobierno y la sociedad para orquestar verdaderos chantajes.

 

DEBER DE TRANSFORMARSE

Por eso, fuera de todo apasionamiento, debe haber una transformación natural de las formas de lucha del magisterio democrático. Deben volver, aunque suene redundante y hasta contradictorio, a la democracia. Es decir, a la búsqueda del bienestar para las mayorías, pero no a través de la lucha contestataria y radical. Eso sería lo ideal, aunque ciertamente hoy se ve como algo prácticamente imposible.