Oaxaca de Juárez: “mini desilusión” del cambio

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+ Sin proyecto, este es un triste momento definitorio

 

A partir de hoy, los días de esta semana serán cruciales para saber no qué destino político y de gobierno le espera a la capital oaxaqueña, sino apenas para conocer algunas apretadas definiciones dentro de los partidos políticos para establecer quiénes serán sus respectivos candidatos a la alcaldía citadina. Este es un escenario desolador, que pone de manifiesto el fracaso del “proyecto de cambio” que nunca llegó para la ciudad, pero que además revela que nadie —partidos, aspirantes, grupos políticos, etcétera— está preocupado por el destino de Oaxaca de Juárez.

En efecto, la administración municipal de Luis Ugartechea pasará a la historia sin pena ni gloria. A pesar de haber ganado con holgura, y de haber dicho a los oaxaqueños que su gobierno buscaría las soluciones prácticas que necesitaba la ciudad al margen de los rejuegos políticos o los tiempos electorales, lo cierto es que el primer corte de caja hacia su gobierno es devastador: no pudo generar un estado mínimo de satisfacción en el ciudadano, y por esa razón no pudo construir un proyecto de gobierno para el trienio siguiente. Sus intrascendentes resultados, pues, no le alcanzaron para montar un delfín o para asegurar que otra vez la ciudadanía vote por su grupo, o por su partido.

Esto abre un escenario inédito. Pues no pasará mucho tiempo, antes de que veamos en Oaxaca de Juárez cómo la ciudadanía comienza a cobrar las cuentas de un cambio incumplido. En la capital, luego del gobierno de Ugartechea, el panismo no tiene ninguna garantía de volver a ganar. La coalición de partidos (PAN, PRD y PT) le apuesta a anclar como candidato a Edil algún personaje de los más cercanos al grupo del Gobernador del Estado, para que a través de eso se vea obligado a apuntalarlo con recursos económicos y capital político. El problema es que esta elección intermedia no tiene ninguna inercia o fuerza exterior, y por eso necesitan algo más que influencias.

Necesitan, sí, un candidato que vuelva a atraer la simpatía de los votantes sin partido, que hace tres años votaron por Ugartechea pero que seguramente hoy están inconformes con sus deslucidos resultados. Necesitan también una estructura electoral fuerte, pero con la cual no cuenta ninguno de los partidos que integran la coalición.

Necesita también articular un discurso coherente y posible sobre los problemas de la capital y las soluciones, asimismo posibles, que ellos plantean como gobierno. Esta, que pareciera  una “necesidad” redundante, es más bien urgente. Ugartechea —no lo olvidemos— ganó el gobierno municipal sin hacer campaña, sin conocer muchos de los problemas de la ciudad en zonas que él mismo nunca había visitado, y sin tener claro cuál era la nueva perspectiva de solución que su gobierno debía generar, para una ciudad que tiene muchísimos problemas pero —al parecer— nadie dispuesto o preocupado por resolverlos.

En todo esto, la responsabilidad es compartida. Pues finalmente, este fue un gobierno de coalición que, aún con toda su fuerza junta, no fue capaz de resolver uno solo de los problemas más apremiantes que enfrenta la ciudad. PAN, PRD, PT y Movimiento Ciudadano, juntos, no pudieron con el ambulantaje, con la contaminación, con los problemas del transporte, con las vialidades, con los baches, con la inseguridad y con tantos otros temas que, según se supone, debieron haberse enfrentado a partir de la sola existencia de una voluntad conjunta de los representantes populares de los partidos mayoritarios que gobiernan la capital, que tienen en sus manos al Gobierno del Estado, que tienen mayoría en el Congreso, y que tienen una representación importantísima en las cámaras federales, desde donde también se gestionan recursos y se planean acciones para ciudades importantes como la nuestra.

A pesar de tener todo eso, no pudieron con los problemas de Oaxaca. ¿Y qué le irán a ahora a decir a los electores, los concejales citadinos, y quienes aspiran a serlo a través de la coalición? ¿Que no pudieron porque los problemas son muy difíciles? ¿Que no arreglaron nada porque les interesaba más extorsionar al Edil que aportar soluciones? ¿Que el PRI y los ex Munícipes les pusieron el pie para no dejarlos resolver nada?

Aquí en Oaxaca no hay oposición. Y si los coalicionistas dejaron la ciudad tal y como la encontraron (o peor que antes) fue por incapacidad, y no por la existencia de oposición o guerra sucia desde los otros partidos.

 

PRI, PARA LLORAR

Lo más triste es que las definiciones que podrían equilibrar esta indolencia de los coalicionistas, están igual de extraviadas, y en grave riesgo de desvirtuarse por completo, en el Revolucionario Institucional. ¿Por qué? Porque las señales que están mandando sus factores internos, apuntan a que la designación de candidatos a las alcaldías, y particularmente a la de la capital oaxaqueña, va por el más difícil de todos sus escenarios posibles. Veamos si no.

La semana pasada, el diputado Javier Villacaña envió varias señales que demuestran alarma. Denunció la lentitud de su partido para definir candidatos, la insensibilidad de sus dirigentes para llevar a cabo sus encomiendas políticas, y la pérdida de una oportunidad —que dadas las condiciones, era muy necesaria para el PRI— de hacer precampañas y acercarse a la ciudadanía. Además, y por enésima ocasión, dejó ver su inconformidad por la existencia de dados cargados en su contra.

Esto deja en claro que al PRI tampoco le importa la ciudad. Lejos de lo que pudiera pensarse, en el tricolor —y entre sus candidatos— tampoco hay perspectiva de la ciudad y las soluciones que demanda. Si no tienen tiempo para resolver sus pugnas internas, mucho menos lo tendrán para pensar y preocuparse por la ciudad, o para articular el discurso o las propuestas que refuten a los coalicionistas, hablando precisamente de la realidad y de lo que debe hacerse para cambiarla.

 

NO MOLESTEN

Esto, claro, no se lo pregunten a nadie de los que abonan todos los días a que los conflictos internos en el PRI no se arreglen. No le pregunten, por ejemplo, a Juan José Moreno Sada, que no hace sino recibir reproches por conflictos que no provocó, pero por los que sí es responsable al ser el dirigente.  No le pregunten a Alejandro Avilés, que gana y gana con sus “amarres”, y su venta de candidaturas. No pregunten a varios precandidatos, que de la nada se sienten con derecho a ser ungidos como abanderados. No pregunten a nadie si hay proyecto para Oaxaca: todos son intereses. Todas son ambiciones.

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