PAN: la alcaldía lo pone a prueba

 

+ Militancia o ciudadanía, el dilema

 

La decisión sobre quién será el candidato de la Coalición Unidos por el Desarrollo debe darse antes de la mitad de la semana, y la decisión final se encuentra en la cancha del Partido Acción Nacional. Posiblemente nunca antes como ahora, el panismo se enfrenta a una decisión que tiene la apariencia de compleja, pero que en realidad, y por razones sustanciales, debe ser definido en función no de atavismos, sino del pragmatismo que ha caracterizado a la coalición gobernante en Oaxaca.

En efecto, cuando se estructuró la nueva coalición que habría de ir a los comicios intermedios en Oaxaca, se estableció una división territorial que, como cuotas, fue literalmente entregada a los partidos integrantes de la alianza. En ese conjunto de definiciones, se estableció que las fuerzas que ya gobernaban en los municipios, y que tenían representación en los distritos electorales, tendrían la preferencia en el establecimiento de candidatos. El reparto, de hecho, se centró en los municipios donde la coalición es oposición, y en los que le correspondían a Movimiento Ciudadano, que para esta elección decidió participar solo. Por esa razón, la capital oaxaqueña quedó en las manos de Acción Nacional.

Todo eso, sin embargo, no era en sí mismo garantía de nada. Pues como ocurre en todos los partidos, el PAN no es una fuerza homogénea, y además porque en una definición de esa magnitud también debía participar la opinión determinante del grupo gobernante no municipal, sino estatal. Ahí es donde todo entró en una dinámica de jaloneos, negociaciones y amenazas de rompimiento, de la cual sólo podrán salir a través de decisiones salomónicas. ¿Por qué?

Porque, en primer término, el panismo estableció como método de selección de candidatos la designación por parte del Comité Ejecutivo Nacional. El PAN le apostó a postular candidatos de unidad, pero sin cerrar la puerta a la ciudadanía. Por eso, su convocatoria establecía que podrían inscribirse no sólo militantes panistas, sino también ciudadanos con deseos de participar. Esto, que tiene una razón lógica de ser, en realidad se convirtió en el elemento de enrarecimiento de esta pugna interna por la postulación del candidato a la alcaldía citadina.

Esto porque, dentro del PAN oaxaqueño, los militantes tradicionales exigieron a la dirigencia estatal que la candidatura por la capital oaxaqueña fuera entregada a un militante, y no a “advenedizos”. El problema es que el panismo de cepa no reconoce por lo menos dos circunstancias determinantes: primera, que ellos solos nunca han ganado una elección y menos una tan competida como la de Oaxaca de Juárez; y segunda, que en esta elección no sólo tienen cabida las opiniones y la participación de la militancia panista (que tiene un peso específico muy relativo), sino también de la ciudadanía. Y que, en ese tenor, es determinante el interés del grupo gobernante por incidir en quién será el postulado.

Si desmenuzamos bien esas dos razones podremos entender el panorama actual del PAN, y también ver las sombras y luces que tiene la definición de su candidato.

 

CLAROSCUROS

El panismo nunca ha ganado una elección municipal en Oaxaca de Juárez: lo han hecho siempre ciudadanos que compiten electoralmente bajo las siglas de Acción Nacional. Si revisamos la historia de las elecciones municipales del panismo en la capital oaxaqueña, nos daremos cuenta que es cíclica en cuanto a la postulación de candidatos ciudadanos ganadores; en cuanto a los intentos de la militancia por imponerse en las candidaturas sólo cuando ven que pueden ganar; e incluso en las maniobras fallidas que han hecho varios de los alcaldes emanados del PAN por imponer a sus sucesores. ¿A poco no? Veamos.

Pablo Arnaud fue el primer gobernante de alternancia en Oaxaca. Ganó bajo las siglas de Acción Nacional, a pesar no sólo de no ser panista, sino incluso de tener en su contra a muchos de los militantes de Acción Nacional. Éstos no reconocían sus debilidades políticas y tampoco la presencia testimonial que tenían ellos como militancia panista. Desde el primer momento de Arnaud como gobernante, el panismo fue para él más un lastre que una ayuda. Pero continuaron postulándolo a partir de la fuerza y la aceptación electoral que tenía el PAN gracias a Arnaud, y no al revés como luego intentaron aparentarlo.

Después, el PAN fue a sacar de quién sabe dónde al malogrado munícipe Alberto Rodríguez González, que a fuerzas trató de imponer como candidato a su delfín, el ahora también desaparecido de la vida pública, Miguel Ángel Guerrero. Luego, cuando perdieron todas sus posibilidades de participar, a principios de la década pasada, el panismo desapareció y hasta perdió el interés por seguir siendo parte de las definiciones municipales. Fue hasta 2009 cuando reapareció integrando a Luis Ugartechea, otro ciudadano, a sus filas, y presentarlo como candidato a diputado federal por el distrito que comprende toda la capital oaxaqueña.

Ugartechea perdió esos comicios pero demostró tener capacidad para competir electoralmente. Por eso, el PAN lo presentó como candidato a alcalde citadino por la coalición PAN-PRD-PT-Convergencia. Y lo paradójico es que aun sin hacer campaña, ganó cómodamente la elección municipal. Hoy, de nuevo, Ugartechea intenta imponer a Francisco Reyes como candidato. Pero se enfrenta no sólo al panismo tradicional, que exige la candidatura para sí sólo ahora que están en condición de aparente ventaja, sino también al hecho de que el grupo gobernante (que es quien finalmente inyecta los recursos y la fuerza política que tiene toda la coalición rumbo a los comicios de julio próximo), que también quiere opinar, y tener ventaja, en la determinación del candidato por la capital oaxaqueña.

 

A MEDIANO PLAZO…

El trasfondo no es sencillo. Quien sea alcalde citadino se pondrá en la primera línea de la participación en el relevo estatal de 2016. Por eso al grupo del gobernador Cué le interesa perfilar a uno de los suyos, y no a un panista, como candidato a Edil citadino. No es un asunto menor. Y por eso los panistas de siempre, y los “ciudadanos”, y todos, rondan incansablemente la sede panista. Sólo que la decisión difícilmente podrá estar donde ellos creen. Estará en las más altas cúpulas del panismo y del gobierno. Y será ahí, en función de sus intereses, como definan esta candidatura. Hay quienes no lo ven. No alcanzan a entender este escenario en su contexto y fallan en el análisis y en la medición de fuerzas que intentan hacer al interior del PAN oaxaqueño.