Brasil: las protestas son, sorpresivamente, por su éxito económico

 

+ Esa es una respuesta que aquí no conocemos

 

Acostumbrados a las protestas, quizá muchos de nosotros pensemos que las multitudinarias concentraciones —que incluso llegan a la violencia— que están ocurriendo en varias ciudades de Brasil en los últimos días, tiene como origen el querer derrocar a un gobernante o los caprichos de un gremio. Incluso, en los últimos días nos han vendido la idea de que las protestas tienen como base el incremento al precio del transporte público. Nos causaría mucha sorpresa —y sí debe provocárnosla— enterarnos de que esa protesta tiene como base la cara no vista del relativo éxito de Brasil como potencia económica del sur del continente.

En efecto, quizá por algo tan fútil como Copa Confederaciones, mucha gente en México se ha enterado que en Brasil ocurren protestas multitudinarias en contra del gobierno. Eso mismo quizá esté pasando en otros países que están comenzando a virar la atención hacia aquella nación por la cercanía del Mundial de Futbol y los Juegos Olímpicos, que se celebrarán en 2014 y 2016 en aquella nación. De entrada sorprende porque en general no tenemos una imagen preconcebida de Brasil en esas condiciones, y más bien al hablar de ese país pensamos en otros temas como el futbol, la samba, el baile, la belleza de sus habitantes o incluso otros temas como la violencia criminal o las favelas. No tenemos registrado por qué ocurren protestas.

En estos días la televisión y los medios de comunicación en general han intentado dar una respuesta. Esto, han dicho, tiene que ver con el hecho de que el gobierno decidió incrementar el precio del transporte público, lo cual lesiona a los sectores más pobres de la población. En muchos casos, han sido los corresponsales deportivos los que han tenido que dar las primeras explicaciones sobre lo que ocurre en aquella ciudad en el marco de la Copa de Futbol, y hasta muchos días después de que la atención del gran público volteó hacia Brasil están saliendo los que intentan dar una explicación más organizada y centrada sobre el tema.

En este sentido, es claro que una protesta de todo un país no puede surgir porque hayan incrementado el precio del pasaje en el transporte público. Eso no movilizaría a tantas personas en tantas ciudades. Esa, más bien, tendría que haber sido la causa determinante pero no la de fondo a por qué están ocurriendo esas protestas multitudinarias. Lo cierto es que Brasil está reflejando de forma violenta e intempestiva, todos aquellos asuntos que voluntariamente ha dejado de ver de su propia agenda y, como en México en 1994 (cuando el gobierno aseguraba que entraríamos al Primer Mundo, y que temas como la pobreza no eran sino meros “mitos geniales”), enseñarle al mundo que la prosperidad no es tan perfecta como algunos intentan hacerlo creer.

 

EL OTRO BRASIL

Carl Meacham, director del Programa Internacional del CSIS en Washington, aseguraba este viernes en un artículo titulado “Brazil: Can Someone Explain What’s Going on Down There?” (Brasil: ¿Puede alguien explicar lo que está ocurriendo?), y publicado en el diario español El País, que en el fondo esta crisis es una de las respuestas ineludibles al sistema económico de Brasil, que sí es exitoso, pero que aun así no ha alcanzado a llenar las expectativas de los ciudadanos.

“Una vez más —señala Meacham, en el texto que puede ser consultado en http://bit.ly/16TWVEt—, la audiencia de EE UU se vio sorprendida, habiendo oído hablar de Brasil como el ejemplo del éxito en Latinoamérica, el país con una creciente economía y un sistema político estable cuya influencia global y regional sólo podía crecer y que podría demostrarlo al celebrar los próximos Juegos Olímpicos y Mundial de Fútbol.

“Pero ahora Brasil cada vez parece más a Chile, cuyo éxito económico y fiscal de la última década cada vez está más ensombrecido por el movimiento de protestas en aquel país. Si acaso, lo que el movimiento chileno nos ha enseñado es que el crecimiento no es una panacea para los problemas de un país, sino lo contrario. Mientras que el éxito económico de un estado permite a un gobierno responder a problemas domésticos, ese mismo éxito aumenta la presión sobre los líderes políticos para que hagan precisamente eso. En Brasil, como en Chile, la presión se ha traducido en una mayor demanda de servicios: infraestructuras, salud, educación y programas sociales.

“Un vídeo en YouTube grabado por una joven brasileña demuestra el alcance de esas demanda. La mujer explica que el éxito económico de su país vino acompañado de grandes esperanzas sobre la capacidad del país para asistir a sus ciudadanos. Y, mientras que el Gobierno ha invertido 14.000 millones de dólares en las infraestructuras del Mundial de Fútbol y los Juegos Olímpicos, aumentaba la impaciencia de los ciudadanos por la reticencia de las autoridades a emplear ese dinero en ayudar a una población necesitada desesperadamente de mejores escuelas y un sistema de ayudas sociales.

“En cierto modo, quizás Brasil sea víctima de su propio éxito económico. Parece que los brasileños que se han echado a las calles a favor del cambio no piden más que un gobierno que emplee sus recursos para proporcionar a sus ciudadanos los servicios que tanto les faltan. Toda la sorpresa con la que han reaccionado los estadounidenses ante las manifestaciones carece así de sentido. Aunque los norteamericanos quieren saber qué ocurrirá ahora. Los protestantes han dejado claras sus preocupaciones y su presencia en el escenario internacional crece cada día.

“Ahora, Estados Unidos, espera con curiosidad para ver cómo responderá la presidenta Rousseff. Con suerte, podrá movilizar a su propio gobierno y sus amplios recursos para cumplir y gestionar las expectativas de la población brasileña. Lo que ella sabe sin duda —y lo que muchas veces olvidan los manifestantes— es que el cambio político y social es inevitablemente un proceso constante. Esperamos que pueda sumar a él a los protestantes.”

 

VÍCTIMAS DEL ÉXITO

Ante tales aseveraciones, muchos nos quedamos sorprendidos. Los brasileños, pues, no parecen estar protestando en contra de un gobernante o a favor de una dádiva. Más bien, lo que exigen, y con razón, es trato y servicios que puedan equipararse al nivel de crecimiento que tiene su país. A ellos les preocupa tener tan malos servicios de salud o educativos, pero que el gobierno esté gastando tanto en los eventos deportivos. Allá ya aprendieron a protestar. Aquí lo hacemos no por la convicción de mejores servicios, sino por insignificancias.