Guelaguetza: hagamos un corte de caja con más realismo

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+ Oaxaca, majestuosa a pesar de todo (y de todos)

No queremos ser aguafiestas, pero es preocupante tanto triunfalismo (oficial, y de la misma ciudadanía) luego de la culminación de la edición 2013 de las fiestas de la Guelaguetza. Preocupa no porque no haya buenos resultados en materia económica y turística, sino porque la falta de una visión autocrítica y sensata no de nuestras tradiciones, sino de todos los servicios y la función pública y privada que se encuentra alrededor de ellos, nos lleva a hacernos una visión inexacta de satisfacción y éxito que nos ha impedido crecer como destino turístico.
En efecto, durante el resto de la semana habrán de concluir las últimas actividades programadas en el marco de los Lunes de Cerro. Cuando esto concluya, las dependencias municipales, estatales y federales, harán el corte de caja de siempre, en el que detallarán la derrama económica que dejó la festividad, y explicarán cuánto se captó por concepto de ocupación hotelera, de servicios turísticos, por los espectáculos y las representaciones culturales y el efecto que tuvo el conjunto de actividades que se programaron en torno a la Fiesta.
Al margen de las cifras, ese corte de caja es siempre incompleto. Esto porque en los últimos años, los tres órdenes de gobierno se han dedicado únicamente a administrar las tradiciones y a incrementar, en alguna medida, las representaciones culturales que se llevan a cabo alrededor de los Lunes del Cerro. Fuera de eso, todo lo demás ha consistido en explotar, explotar, y explotar hasta el máximo posible, el interés y la disposición del turismo nacional e internacional por continuar viniendo a presenciar la Guelaguetza.
Y es que la fiesta de los Lunes del Cerro, hoy se asemeja a la Gallina de los Huevos de Oro. Veamos si no. En los últimos años, esa conmemoración no sólo no ha mejorado, sino que sustancialmente ha venido sufriendo una serie de variaciones que la han metido un proceso de desnaturalización, que hoy es advertido por propios y extraños.
Esto ha tenido un mero afán económico, que inició cuando el gobierno de Ulises Ruiz decidió duplicar las representaciones de la Guelaguetza para iniciar las llamadas “ediciones vespertinas”. Éstas fueron, como era de esperarse, copias alargadas de las ediciones matutinas, que generaban atracción en el público por los vistosos y coloridos fuegos artificiales, la calenda y otros números que se crearon ex profeso para disimular la modificación —y el daño— a dicha representación. Incluso, en esa lógica económica se fueron ideando otras actividades (representaciones folclóricas, conciertos, ferias y demás) que hoy intentan ya convertirse en tradiciones, sin serlo en realidad.
Ahora bien, si vemos todo lo que está alrededor veremos que también el saldo no es tan positivo como parece. La ciudad recibe a los visitantes nacionales y extranjeros en condiciones cada vez más adversas. Esto va desde las condiciones de las calles, la seguridad pública, el cuidado de los espacios públicos y las facilidades, instalaciones y condiciones que ofrece el propio Estado para el desarrollo de esas festividades y otras actividades que, por falta de infraestructura, no se llevan a cabo en Oaxaca. Vayamos a cuestiones más concretas: en Oaxaca, a pesar de las promesas, seguimos sin contar con espacios dignos para la celebración de actividades masivas. No hay verdaderos centros de convenciones, tampoco hay teatros de aforo importante; no hay plazas que soporten eventos de gran concurrencia; e incluso eso se refleja en el poco acceso que tiene Oaxaca por aire y por tierra.
Por ello, si para un solo evento (una convención de profesionistas a nivel nacional e internacional) quisieran llegar a Oaxaca cuatro o cinco mil personas al mismo tiempo, la gran mayoría tendría que hacerlo por tierra. La conectividad y los asientos disponibles en las aerolíneas no soportarían transportar a todas esas personas, ni siquiera a lo largo de una semana completa ocupando todos sus vuelos disponibles. Por eso, ese tipo de eventos se realiza en otros destinos. Y a Oaxaca el turismo está acostumbrado, o a venir por sus propios medios, o a llegar por sus propios medios, o a reservar con muchísima anticipación su medio de transporte ante lo limitado de los medios comerciales disponibles para este destino.

SOCIEDAD ACRÍTICA
A los oaxaqueños nos gusta tanto la Guelaguetza, que por eso terminamos siempre perdonando todos los perjuicios que cometen en su contra. Los Lunes del Cerro, por ejemplo, han variado muchísimo y en realidad es muy poca la gente que se inconforma abiertamente, o que decide “protestar” no yendo al Auditorio Guelaguetza.
Lo mismo ocurre con las pésimas transmisiones televisivas que se hacen de esos eventos. Ante la falta de presentadores experimentados y con conocimientos reales de nuestras tradiciones, la Corporación Oaxaqueña de Radio y Televisión ha optado por esconder sus deficiencias a través de inexpertos jóvenes universitarios, que si bien tienen rostros juveniles y que hacen su mejor esfuerzo, en realidad están lejísimos de poder llenar las expectativas de esa, que debería ser considerada como la transmisión más importante del año para la televisora oficial. Pero aún con todos los errores de los presentadores, con la pésima transmisión, con los cortes a la señal, y con las incuantificables deficiencias de la Cortv, los oaxaqueños no somos capaces de apagar la televisión como una forma efectiva de rechazo ante tanta negligencia.
Así podríamos ir enumerando los errores y las insuficiencias de estas celebraciones, que terminamos tolerando no porque sean irremediables, sino porque no tenemos la decisión para señalarlas, e incluso porque nosotros mismos terminamos rebasados por la emoción de esa celebración que, como sea, esperamos cada año.
Sólo mejoraremos cuando haya un cambio de visión. Por eso afirmamos que no se trata de ser fatalistas, sino de ver con un sentido más crítico lo que podemos mejorar y lo que debemos corregir de esta celebración, que nos da mucho pero que podría darnos mucho más si no fuéramos tan conformistas.

OAXAQUEÑOS, REBASADOS
Oaxaca tiene una magia especial que siempre nos rebasa. En estas fechas, y siempre, Oaxaca se revela grande, magnífica, como una ciudad imponente, cargada de historia y de tradiciones. Eso nos rebasa a todos, incluyendo a nuestras confrontaciones y problemas. Hay razón, parcial, para no preocuparnos. Pero, ¿esperaremos a minar lo mucho que aún tenemos, antes de preocuparnos por eso? No es necesario. No esperemos a entonces.

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