Magisterio de Oaxaca, con sus cercos están cercados

+ S-22 no encuentra apoyo de otros tiempos

Hoy, en el escenario de las protestas magisteriales, es claro que la Sección 22 parece haber dejado descuidados ciertos aspectos que, sobre la marcha, le están provocando problemas que ellos no previeron. Mientras ellos protestan en la capital del país, y mantienen el paro indefinido de labores en Oaxaca, aquí sus adversarios les están generando inconformidades por la vía de la “operación hormiga”. Y en la Ciudad de México, a pesar del estruendo de sus acciones de protesta, el magisterio democrático parece estar más aislado que nunca. Esto revela que, por cuidar sus cercos, ellos mismos quedaron cercados.
En efecto, en la Ciudad de México muchos están sorprendidos por la disciplina, por la capacidad de movilización y por lo bien organizado que está el magisterio de Oaxaca en eso de organizar protestas. A muchos se les hace multitudinaria la presencia de 10 o 15 mil maestros oaxaqueños en la capital de la República, y no hay quien sigue sorprendiéndose por verlos a todos juntos marchar, obstruir vialidades, cercar edificios públicos y acampar libremente en la Plaza de la Constitución, allá en la Ciudad de México. Esa “sorpresa” que provocan, está siendo manejada por el magisterio para generar una visión artificial del respaldo ciudadano que en realidad no tienen. ¿De qué hablamos?
De que, en Oaxaca, el magisterio de la Sección 22 se acostumbró a que la ciudadanía se convertía en aliada permanente de su lucha democrática, y que derivado de esa identidad muchos ciudadanos espontáneos salían a las calles a marchar con ellos, los apoyaban en sus manifestaciones e incluso les proveían de alimentos, espacios e insumos cuando protestaban. Incluso, en el pasado reciente, las llamadas megamarchas que organizaba el magisterio durante el conflicto del 2006 llegaron a aglutinar a cientos de miles de personas que los apoyaron incondicionalmente. Todo eso, hoy quieren aparentar que lo tienen en la Ciudad de México, aunque realmente no es así.
Y es que si observamos cómo se está desplegando la acción magisterial de la CNTE en la ciudad de México en contra de las reformas, veremos que, allá, ellos se están recargando y reforzando de lo que otros gremios les están proveyendo (gente, insumos, etcétera), pero no de lo que la ciudadanía pueda o quiera darles para que continúen manifestándose. Por eso, hasta el momento el magisterio de la Sección 22 se ha hecho fuerte en su intento por demostrar fuerza: Se ha valido de esos apoyos de otros grupos bien organizados (el SME, otras secciones magisteriales, y algunos otros sindicatos), y del orden y capacidad que ellos mismos demuestran en sus manifestaciones. Pero es imposible que digan que ese apoyo es de ciudadanos que respaldan su lucha.
¿Qué actitud asumen en realidad los ciudadanos de la capital del país frente a las protestas magisteriales? En los hechos, parece claro que los ciudadanos de a pie del Distrito Federal, lo que han asumido es que esas movilizaciones sí afectan sus derechos y por esa razón se resisten ya no digamos a apoyar a los maestros, sino incluso a tolerarlos. Allá, los ciudadanos parecen tener un concepto mucho más restringido de lo que es la tolerancia frente a las afectaciones. Y por eso son aislados, mínimos e irrelevantes para la lucha magisterial, aquellos que siguen anteponiendo las banderas políticas a las afectaciones y salen a marchar o a protestar junto con los maestros. La mayoría real no ha hecho sino repudiar esas acciones.
Frente a todo esto, habría que ver con una perspectiva menos desbocada lo que ocurre en la capital del país. Pues, de nuevo, es una minoría ruidosa la que organiza las protestas y las encabeza para tratar, en el fondo, de aparentar que ellos son la mayoría. En este caso, en la capital de la República, a la Sección 22 le cuesta mucho más trabajo generar esa apariencia, pues desde la ciudadanía real, los apoyos son mínimos y las resistencias son muchas.
Eso comenzará a acelerar su proceso de debilitamiento, si en el futuro cercano no encuentran cauces para continuar su lucha por otras vías que no sean las calles. Aunque quién sabe si su radicalismo y sus grupos de mayor confrontación les permitan abrir esos espacios que les eviten más desgastes y los pongan en una nueva ruta para continuar vigentes.

EL CERCO DE LA 59
No deja de llamar la atención que mientras el magisterio oaxaqueño está entretenido protestando en la capital del país, aquí en Oaxaca sus adversarios de la Sección 59 del SNTE les están haciendo labor de zapa para alimentar la inconformidad, y levantar a los padres de familia en contra de los “democráticos”. Como en política nada es casualidad, queda claro que las inconformidades de los paterfamilias no son del todo espontáneas, y que en esto tiene mucho que ver la mano de los viejos adversarios de la Sección 22 del SNTE.
Y es que, si vemos en un contexto más amplio las recientes inconformidades de padres de familias porque no inicia el ciclo escolar, podremos ver que eso es lo mismo que ha pasado en otros momentos cuando la 22 deja las aulas y de inmediato llegan sus contrapartes a meterles presión con los padres de familia. Eso, en condiciones muy similares, fue lo que ocurrió el año pasado en las comunidades de Mitla y Tlacolula, y sus alrededores, en donde incluso hubo un enfrentamiento violento en Mitla, en el que padres de familia se enfrentaron con profesores, dañaron sus vehículos y los obligaron a regresar a las aulas o a aceptar que fueran expulsados de las escuelas y de las comunidades para darle paso a los de la 59.
Eso es lo mismo que ocurre hoy en día en docenas de lugares en donde los padres de familia dicen estar buscando a los maestros de la 59 para que vayan a dar clase, aunque es muy posible que los de la 59 los hayan buscado primero a ellos, para abrirles el caminito hacia las inconformidades y para meterle más presión a la Sección 22 que se resiste a iniciar el ciclo escolar en Oaxaca.

RESPALDO DEVASTADO
En estos dos escenarios, es claro que el magisterio ha venido desgastando, al grado de la devastación, los grandes apoyos que tenía en la ciudadanía y en los padres de familia. Cuando su lucha fue verdaderamente democrática, en ellos se recargaban para continuar adelante y exigir mejores condiciones sindicales y salariales. Hoy, ese apoyo está extinto. ¿Por qué? Porque, sin ayuda de nadie, ellos se encargaron de echarse en contra a la ciudadanía, que es la que siempre le dio sentido y legitimidad a su movimiento.