Reforma educativa: pierde el “todo o nada”

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Finalmente la noche del domingo se llevó a tribuna, se discutió y se votó favorablemente el contenido de la Ley General del Servicio Profesional Docente. Este, que por varias razones fue un acto sin precedente, deja también un cúmulo de lecciones que a partir de ahora deben ser asumidas y puestas en práctica por todos los actores y grupos que se encuentran alrededor de la reforma educativa. Estos son, a nuestro parecer, puntos esenciales que ahora deben ser tomados en cuenta.
1. La derrota del “todo o nada”. Por un lado, el magisterio de Oaxaca y de la CNTE estaban acostumbrados a dialogar y negociar con gobiernos estatales, fundamentalmente débiles. Su capacidad de movilización, su organización y su superioridad numérica en cada protesta, les permitía siempre suplantar la propuesta por la presión. Por eso, ubicándose en el otro extremo el magisterio fue derrotado en el campo de la argumentación. Es decir, no pudieron convencer a nadie (mucho menos al gobierno federal y a los legisladores de los partidos integrantes del Pacto por México, que ya iban predispuestos a favor de la reforma) de por qué era necesario no para ellos, sino para el país, que se derogara el nuevo contenido de los artículos 3 y 73 constitucionales, y que no se siguiera adelante con las leyes secundarias.
2. La CNTE fue derrotada por su falta de propuestas. Por años, el magisterio democrático ha asegurado que las leyes educativas buscan “privatizar la educación”. Eso mismo fueron a decir a la Ciudad de México. El problema es que nunca pudieron explicar, con argumentos serios, el contenido de sus denuncias. Ellos, en el fondo, fueron también derrotados porque en los espacios de diálogo que sostuvieron con el gobierno y el Congreso, nunca pudieron explicar, en concreto, qué era lo que ellos exigían, y en qué estaban dispuestos a ceder a cambio de que se incluyeran sus propuestas en la nueva legislación educativa.
3. Las victorias son efímeras si no se construyen sólidamente. Quedó claro en esta movilización magisterial, que el gobierno se ofuscó mucho más de lo que demostró, y que en eso se centró la crisis por la que atravesó en los últimos diez días. El problema es que la CNTE no aprovechó “su momento” para elevar de verdad la negociación. Nos explicamos: en menos de una semana, cuando el magisterio paralizó la Ciudad de México y retó a los Poderes, éstos detuvieron la discusión de las reformas y abrieron espacios de diálogo, como un mecanismo natural de contención de la crisis. Cuando eso ocurrió, la CNTE pensó que había ganado, sin calcular que su arrogancia sería el acicate para que el gobierno y los partidos, al sentirse débiles, decidieran apostar su resto a favor de una reforma que remediara el tema y reivindicara la potestad de los poderes del Estado.
4. La debilidad de la CNTE no es gracias al gobierno. Luego de la aprobación de las reformas, no falta quien asegure que el albazo de la Ley General del Servicio Profesional Docente y la falta de respuesta del magisterio, es gracias a que “el gobierno” dividió a la CNTE y les restó capacidad de respuesta. Eso es mentira. Su debilidad real la construyeron ellos solos, a pulso, ante una ciudadanía capitalina que es mucho menos tolerante que la de Oaxaca a los abusos de los luchadores sociales, y que está mucho menos dispuesta a sacrificar su bienestar en aras de una lucha que tampoco entienden por qué es democrática y por qué les beneficia. En ese sentido, ayer apuntábamos que en la Ciudad de México la Sección 22 y la CNTE se están nutriendo del apoyo de otros gremios para aparentar que son “el pueblo” y que son la mayoría, pero que en realidad ha sido prácticamente nulo el apoyo ciudadano espontáneo que han recibido, o bien porque la ciudadanía no se identifica con sus aseveraciones, o bien porque ellos mismos minaron ese apoyo con las afectaciones que han causado con sus movilizaciones.

¿EL GOBIERNO CEDERÁ?
Esta es una victoria que apenas puede ser declarada para el gobierno. Ahora debe considerar, de cara a la sociedad, cómo va a resolver algunos temas que son prioritarios:
1. El gobierno debe informar cómo abordará el proceso de evaluación magisterial en concreto, y cuánto tardará en hacerlo en todo el país hasta que esta reforma rinda frutos. La duda no es ociosa: en México, en los últimos años, se han invertido recursos millonarios para evaluar a todos los elementos de corporaciones policiacas en el país (municipales, estatales y federales), y dicho proceso no ha podido ser concluido a pesar de que se supone que todos los Estados, y la Federación, trabajan de forma coordinada para la evaluación y certificación de sus corporaciones policiacas y el total de policías en el país no rebasa los 600 mil elementos. En este caso, en México hay más de un millón y medio de maestros (más del doble que los policías). Y por eso sería bueno saber cómo, y en qué tiempo, harán posible el cumplimiento de los procesos de evaluación de esa Ley del Servicio Profesional Docente.
2. En ese sentido, es fundamental que la Federación blinde a las entidades federativas reasumiendo más responsabilidades en el manejo educativo. Es claro que de no hacerlo lo que terminará pasando es que los maestros volverán a refugiarse en la debilidad de los gobiernos estatales, y los seguirán presionando para que sean ellos quienes les den los recursos que no les otorga la Federación, y los siga solapando (por la vía del chantaje, la presión y todas las acciones de las que siempre han hecho gala) en sus resistencias por ser evaluados, por ser sometidos a la ley, o por tener que cumplir con ciertos parámetros con los que ellos no están de acuerdo.

OLVIDAR A OAXACA
3. El caso de Oaxaca será paradigmático. Esta es la cuna de la insurgencia magisterial y, posiblemente, se convierta en el último foco de resistencia de los trabajadores de la Coordinadora que se resistan a ser evaluados. ¿La Federación tiene un plan, o por lo menos lo ve, para rescatar no al gobierno, sino al pueblo de Oaxaca de esas resistencias? Lo peor que podría pasar es que de nuevo olvidaran a nuestra entidad, y que por ende aquí se siguieran fermentando todas las prácticas nocivas de las que ahora se sorprendieron en la capital del país. Oaxaca no puede quedar en el olvido de la Federación. Y es responsabilidad de ésta que, para que funcione la reforma que tanto les ha costado, aborden estos temas que son prioridad no sólo para nosotros los oaxaqueños, sino para todo el país.