En Oaxaca las autoridades no tienen vergüenza

+ Sin negligencia, porque no hay responsabilidad

¿Usted se ha preguntado qué pasaría si, independientemente del día, la hora o el lugar, en un hospital público de los Estados Unidos se negara la atención médica a una mujer que está a punto de dar a luz? Lo menos que podría ocurrir es la imposición de una severa sanción a los médicos y personal del hospital, que incluso podría llegar a la pérdida de la patente para el ejercicio profesional de la medicina, la enfermería y las demás actividades realizadas por los involucrados. Pero lo más importante, y lo que más preocuparía a todos, es que al Estado le generaría una fuerte responsabilidad económica tendiente a la reparación del daño y al establecimiento de medidas para que algo así no volviera a ocurrir. ¿Qué se hace aquí ante la negligencia?
En efecto, esa es una pregunta que en Oaxaca, y en nuestro país, parece ya no preocuparnos. Pareciera que, en general, a los mexicanos ya no nos preocupa ni la alta incidencia de actuaciones negligentes por parte de la autoridad, y mucho menos la posibilidad de que esas deficiencias tuvieran las sanciones y las reparaciones correspondientes, así como que se tomaran las medidas para que un asunto similar no volviera a ocurrir.
Sólo a partir de eso podemos explicarnos que frente a un caso tan evidentemente negligente y cargado de responsabilidades, como el de la mujer indígena mazateca Irma López Aurelio, que hace unas semanas dio a luz a su tercer hijo en los jardines del Centro de Salud de Jalapa de Díaz, ante la negativa del personal médico y enfermeras a atenderla por no ser horas hábiles para brindar atención médica a la población. El hecho fue registrado a través de una simple fotografía, que ya dio la vuelta al mundo, y que al margen de la negligencia del personal de la clínica y de la indolencia de las autoridades de los tres ámbitos de gobierno, ha venido a recordarnos que México sigue teniendo hechos propios del llamado Tercer Mundo, aunque las autoridades digan lo contrario.
¿Qué ha pasado frente a ese hecho? Nada. Y cuando se afirma que nada, es nada. Lejos de avergonzarse por el hecho, y por buscar una reparación efectiva tanto a la mujer y el menor directamente involucrados, y por tomar medidas para que un hecho incalificable como ese no vuelva a ocurrir, nunca, en un Centro de Salud rural o urbano, las negligentes autoridades de los Servicios de Salud de Oaxaca han intentado justificarse bajo el argumento evasivo, superficial, e impropio para una situación como ésta, de que a la mujer se le revictimizó con la publicación de la imagen, y que por ende se violaron sus derechos fundamentales.
Si ponderamos los derechos violados, ¿cuál es más lesivo: el de la publicación de una imagen, que permitió que la sociedad conociera el hecho, o el de la negativa en la prestación de un servicio de salud básico, urgente e inherente a la vida, la integridad y la dignidad humana? Si un hecho como éste hubiera ocurrido por negligencia en los Estados Unidos, seguramente las autoridades federales de salud habrían tomado medidas de gran calado tanto para destituir a todos los responsables y castigarlos con todo el rigor de la ley tanto en lo administrativo, como en lo profesional e incluso en lo penal, como también para garantizar que el derecho de las personas a un servicio de salud tan básico como el de la maternidad quedara tutelado de forma total por parte del Estado.
Ahora veamos qué ocurre en México: que lejos de mostrar vergüenza por el hecho, el inepto secretario de Salud estatal, Germán Tenorio Vasconcelos ha intentado justificar la situación, a través de un inaceptable argumento administrativo y de burocracia, que sólo termina de revelar la gravísima situación por la que atraviesan los servicios de salud, y la poca vergüenza y temor que tienen las autoridades por los actos que realizan, y por las consecuencias que pueden tener estos cuando lesionan derechos de terceros.
Si otro fuera nuestro país, el secretario Germán Tenorio, el responsable de la jurisdicción sanitaria de la Cuenca, Carlos Cruz, y todo el personal directamente responsable por el hecho en el Centro de Salud de la comunidad, ya habrían sido separados definitivamente de sus responsabilidades, y se encontraran en proceso de ser sancionados. Pero como en México la función pública no tiene vergüenza, todos esos personajes están preocupados pero por evadir las responsabilidades, por justificar la corrupción y la negligencia, y por sostener su chamba aún a costa de dejar pasar situaciones abominables como ésta.
Y en el fondo, la razón de que nada pase es que el mismo Estado no se ha hecho responsable, ni ha responsabilizado a sus funcionarios, por sus negligencias y errores. Por eso, cual niños malcriados, están acostumbrados a romper, a lastimar, y a ni siquiera tener el pudor mínimo para asumir sus responsabilidades y para ofrecer una disculpa.

OTRO EJEMPLO
Vale reflexionar a partir de otro ejemplo: ¿usted sabe qué pasa en Oaxaca si, por un bache, hoyanco o fosa no reparada en una carretera, las llantas de su vehículo de motor sufren desperfectos? Aquí, a pesar de que eso es responsabilidad de la autoridad y de que la negligencia y la omisión también generan responsabilidad, simplemente no pasa nada.
Si ha pasado por una situación así, haga la prueba: luego del hecho, acuda con la autoridad para que le repare el daño y verá qué le dice: que para que pueda pagarle el daño a su vehículo, necesita primero demandar administrativamente a la autoridad; que el tribunal hace una investigación que –anticipan- es muy compleja, y que en todos los casos similares que han ocurrido en el pasado, ninguno, sí, ninguno, ha culminado con el reconocimiento de que la autoridad es la responsable por no reparar un bache, y que por ende es quien tiene que pagar los daños que esa negligencia provoca a los bienes (los vehículos) de los particulares.

NO TIENEN ESCRÚPULOS
Sí. Con toda la naturalidad del mundo una autoridad puede atreverse en Oaxaca a afirmar lo anterior, porque además de que no tienen responsabilidad, tampoco tienen vergüenza ni escrúpulos. Sólo así puede entenderse que, lejos de asumir su responsabilidad, digan que el único camino que queda libre es el de la denuncia pública. Sí. Denunciar. Aunque sabemos de antemano que como su propia dignidad no les importa, prefieren no leer los diarios ni escuchar lo que opina de ellos la ciudadanía, para simplemente seguir haciendo como que trabajan y seguir haciendo todo sólo por conservar la chamba.