Magisterio: ¿nadie los puede detener?

+ La violencia anunciada… nunca se evita

Uno de los aspectos “curiosos” por los que la Revolución Mexicana es conocida mundialmente es porque ha sido la única que ha tenido fecha y hora de inicio, y que a pesar de eso nadie hizo algo para evitarla. Algo más o menos similar podemos afirmar que ocurre en Oaxaca con la Sección 22 del SNTE, quien a pesar de anunciar con fecha y hora la violencia para la recuperación de una institución educativa, nadie parece tener capacidad de hacer algo para evitar que esto ocurra. Ello no es un problema sólo de las acciones recientes del magisterio, sino de la larga historia de debilidad institucional, y permisividad hasta la ignominia, por la que han transitado los grupos de lucha social en Oaxaca.
En efecto, ayer nuevamente se desbordó la violencia en la comunidad de San Pedro Mártir, Ocotlán. Profesores de la Sección 22 habían anunciado con toda oportunidad que irían a recuperar las instalaciones de una escuela que se encontraba en poder de los padres de familia y profesores de la Sección 59 del magisterio. Desde temprana hora se sabía que el punto de inicio de las hostilidades sería a las 14 horas del jueves. Y a pesar de ello las provisiones políticas y policiacas fueron insuficientes para contener un brote de violencia que en este caso no benefició a los profesores de la 22.
¿Qué ocurrió? Que como la recuperación de la institución educativa fue emplazada con fecha y hora, los profesores de la 59 y padres de familia tuvieron todo el tiempo para armar la resistencia. El gobierno estatal hizo presencia con elementos de seguridad pública destinados a la disuasión. Pero a pesar de todo eso, y de los llamados de la propia Secretaría General de Gobierno para evitar la violencia, fue imposible detener el avance de los profesores democráticos y la resistencia de quienes se apoderaron de la instalación educativa desde el momento del paro indefinido por la reforma educativa.
Así, producto de la trifulca, los profesores de la Sección 22 que intentarían la toma fueron replegados por quienes resistieron el ataque. En ello intervino la Policía Estatal, quien también se vio irremediablemente inmersa en la confrontación. En este caso los maestros democráticos no tuvieron capacidad para aguantar la resistencia de los padres. Y finalmente se fueron a bloquear la carretera que comunica a esas localidades con la capital oaxaqueña, argumentando que los elementos de seguridad pública los habían reprimido.
En Oaxaca estamos acostumbrados a esos escenarios. Sin embargo, al margen de lo que a nosotros ya se nos ha hecho común, ¿podemos imaginar que en una sociedad civilizada, democrática y con Estado de Derecho, una disputa violenta pueda anunciarse con fecha y hora de inicio, en un sitio determinado, a plena luz del día, y que a pesar de todo eso nadie sea capaz de hacer algo para detener la confrontación? ¿Podemos imaginar también que ello puede ocurrir en un clima de imperio de la ley? Claramente ambas respuestas son negativas. El problema es que todo eso ocurre todo el tiempo en Oaxaca. Y que a pesar de lo que se diga nadie ha podido generar una situación distinta para resolver problemas como los del magisterio, que hoy en día ya los quiere solucionar tomando la violencia en sus manos.

AUTORIDAD REBASADA
En Oaxaca ya nos parece un lugar común que cualquier grupo organizado, numeroso o no, tenga capacidad y maña para secuestrar autobuses del transporte público, cerrar hasta las arterias viales más importantes de la capital, y conseguir con ello la atención de la autoridad para satisfacer una demanda, que casi siempre es de un grupo determinado, pero que no incumbe a toda la ciudadanía. Nos parece cosa de todos los días, porque ya nos acostumbramos a que a pesar de todo eso, la autoridad sea paciente, tolerante y consecuente, y que omita tomar la fuerza para restablecer el orden público que se ve quebrantado con esas acciones.
¿De verdad la autoridad debe ser siempre así? Lo cierto es que no. Todavía hasta hace no tantos años, el cierre de una arteria vial (tomemos como ejemplo el famoso crucero de la VW) era noticia porque desquiciaba el tránsito vehicular y generaba tensión en la autoridad, porque ello ni era común, ni era tampoco algo que la autoridad pudiera tolerar cualquier día, de cualquier grupo. Quien se atrevía a hacerlo posiblemente fuera escuchado si su capacidad numérica era importante o si su demanda fuera muy muy específica. Pero en la mayoría de los casos el cierre de una calle o la toma de oficinas públicas eran tomados como una afrenta a la autoridad y ésta decidía en no pocos casos utilizar la fuerza antes que mostrar debilidad y permitir un chantaje por parte de grupos sociales.
El problema es que todo eso se relajó hasta límites insospechados. Hoy en día la autoridad toma con laxitud los actos de presión de cualquier grupo, que en Oaxaca ya vieron que es fácil emprender un cierre de calles o la toma de edificios, e incluso escalar a la violencia si la necesidad lo amerita.
En ese sentido, el caso de la Sección 22 es particular porque ellos van varios niveles arriba de los demás, y ellos ya tienen capacidad de anunciar actos violentos sin que alguien pueda o quiera hacer algo para evitarlos. Oaxaca se convierte en noticia internacional cada que ocurre un enfrentamiento como ese. Pero el problema es que también la autoridad parece estar acostumbrada a que ello pase, y a no demostrar ninguna posibilidad de enmendar lo hecho o de asumir consecuencias por esos actos.
Lo más grave es que en las condiciones actuales no parece haber una salida distinta a la que vemos de forma recurrente. La autoridad parece haber perdido, en sentido global, la noción de orden que debía hacer valer en todo momento. Por eso aquí pueden haber episodios indefinidos como el de ayer, y de todos modos seguir ocurriendo porque no hay decisión para comenzar a actuar en contrario.

YERROS LEGISLATIVOS
Un lector agrega otros yerros de la Mesa Directiva de la LXII Legislatura, en relación a nuestra entrega de ayer jueves. Dicen, con razón, que el dictamen de la Comisión de Estudios Constitucionales fue presentado con fecha 16 de diciembre, cuando se supone que se dictaminó y entregó el día de la sesión, que fue el martes 17; y que dicho dictamen iba firmado por el diputado Ericel Gómez Nucamendi, quien gozando del don de la ubicuidad, no había pasado lista al inicio de la sesión, ni estaba presente al momento de la entrega del dictamen… porque tampoco se encontraba en las instalaciones del Congreso del Estado. ¿Qué tal?