Conflicto magisterial: la justicia, en último plano

Verdad, reducida a dinero, codicias y presupuesto

El 14 de junio es una fecha emblemática en Oaxaca, por el intento de desalojo de la Policía Estatal a profesores de la Sección 22 del SNTE, que en ese entonces se encontraban plantados en el primer cuadro de la capital oaxaqueña. Sin embargo, dadas las condiciones actuales, esa fecha debía ser emblema de algo más que de un solo hecho: debía ser, pues, recuerdo de justicia, de lucha o de congruencia. Lamentablemente, hoy es sinónimo de nada.
En efecto, han pasado ocho años y la realidad, a pesar de las circunstancias, es lamentable. En 2006, el magisterio de la Sección 22 se decidió a luchar en contra no sólo de un gobernante, sino de todo un régimen, por considerarlo (al menos esa era la explicación que daban) anacrónico y nocivo para la democracia en la entidad. Aunque al inicio de sus movilizaciones la 22 determinó buscar la salida del entonces gobernador Ulises Ruiz, en realidad el objetivo de fondo radicaba en quitarle al PRI la hegemonía política de la entidad para darle paso a una alternancia que desmantelara las estructuras de manipulación y corrupción, sobre las que descasaba el liderazgo priista.
Todo eso, visto a la distancia, se cumplió a la perfección… y sin embargo nada cambió. Y decimos que todo se cumplió a cabalidad, porque dejando de lado todas las cuestiones subjetivas que han determinado el incumplimiento de todas las aspiraciones democráticas que se supone que tenían quienes encabezaron la revuelta social, es claro que el proceso de alternancia y supuesta democratización se cumplió a cabalidad en apenas cuatro o cinco años.
Pues si vemos los resultados, corroboraremos que apenas en 2010 (cuatro años después de la revuelta popular), en su mayoría la ciudadanía oaxaqueña avaló tácitamente la lucha de la Sección 22 del SNTE y de la Asamblea Popular del Pueblo de Oaxaca, votando a favor de partidos y candidatos contrarios al interés priista. En los históricos comicios de gobernador y diputados locales de aquel año, el PRI no sólo perdió la Gubernatura del Estado, sino que también perdió la mayoría en el Poder Legislativo, con lo que se supone que se abriría una nueva pauta para buscar el desmantelamiento de las redes del poder priista, y la búsqueda de justicia para todo lo que se había hecho antes, durante y después del conflicto.
La razón era simple: todos aquellos que lucharon juntos en 2006 en contra del régimen priista del gobernador Ruiz, ahora tenían la Gubernatura del Estado y el Congreso. Lo único que hacía falta era voluntad para llevar a cabo todo ese proceso democratizador, y para sentar las bases de lo que sería un nuevo modelo de democracia en Oaxaca. De haber sido exitoso ese proceso, incluso habría sido un modelo de que una revuelta popular bien encauzada sí es capaz de derrocar a un régimen que parece invencible; asimismo habría demostrado ser capaz de generar pautas democráticas y de justicia para todos quienes lucharon valientemente en contra del régimen gobernante.
Lamentablemente, en Oaxaca el resultado de dicho proceso es un conjunto de vergüenzas compartidas por todos los que participaron en esos momentos históricos, pero que no supieron qué hacer con el poder que adquirieron; que ya teniendo recursos e influencia dieron a conocer su verdadera vocación de ambición y codicia; o que simplemente se extraviaron ante la incapacidad de manejar su nueva circunstancia.

JUSTICIA, DERROTADA POR
LA CODICIA Y PRESUPUESTO
Es necesario distinguir a los distintos grupos que se beneficiaron del conflicto magisterial. Por un lado, están los grupos políticos que a través de partidos como el PAN y el PRD capitalizaron los dividendos de la revuelta magisterial y los encauzaron hacia la lucha política, con tal de ganar espacios públicos. Por otro lado se encuentran los grupos de lucha social, que lo que en realidad buscaban era presupuestos, canonjías y beneficios a cambio de dar su respaldo al grupo que buscaba el poder. Y en una tercera facción están aquellos que tienen objetivos políticos e ideológicos más complejos y de fondo, como la Sección 22 del SNTE, quien a pesar de sus alianzas con quienes tomaron el poder en 2010, nunca dejaron su trinchera de opositores. 
Los primeros fueron quienes tomaron formalmente el poder, de la mano del gobernador Gabino Cué Monteagudo. Éste tomó para sí las partes estratégicas del gobierno que le interesaban, y lo demás lo repartió entre los partidos y facciones políticas que lo apoyaron durante sus años de lucha.
A los grupos de lucha social –en donde se encuentran muchos de los que todavía se dicen agraviados por el conflicto del 2006– les dio también espacios y les ofreció justicia en términos abstractos, bajo el argumento de que debían ser ellos quienes construyeran las instituciones y las reglas. Les abrió las llaves del presupuesto, pero también los puso a prueba para que demostraran que tenían capacidad no sólo de denunciar violaciones a derechos humanos, sino también de instrumentar los mecanismos para que esto no volviera a ocurrir.
¿Cuál fue el resultado? Que muchos, la gran mayoría, prefirió la comodidad de gozar de un cargo público –con todas sus comodidades– antes que de mantener la congruencia y la capacidad de demostrar que podían contribuir en la búsqueda de justicia. Eso, en el fondo, era lo que más le convenía al nuevo Gobernante, que antes que la revisión del pasado lo que le interesa es ejercer el poder y asegurar que éste se perpetúe en alguno de los suyos para el futuro.
Mientras, a algunos les dio indemnizaciones discrecionales, que sólo alimentaron la codicia por el dinero y los hicieron olvidarse de la justicia. A otros les cumplió el capricho de crearles una Comisión de la Verdad que sólo existe en la ley. Y a muchos más los metió formalmente al presupuesto para hacerlos orgánicos y evitar cualquier aspaviento futuro, por lo menos hasta que termine el sexenio.

LA JUSTICIA, HASTA NUNCA…
Por eso hoy a nadie preocupa lo que pueda pasar con las promesas de justicia, y con la supuesta vocación democrática. Quienes le arrebataron el poder al PRI únicamente cambiaron la titularidad de las estructuras políticas pero no las desmantelaron. De hecho, hoy ellos las ocupan. Lo mismo pasó con la posibilidad de la no repetición de actos como los del 2006. Ya a todos se les olvidaron las causas que dieron origen a esa crisis. Y en una de esas, vamos enfilados a repetir esa historia.