Debilidad de los estados: Oaxaca es la muestra

S-22: ¿Por qué los municipios se desentienden?

Es terrible que el proceso de armonización de las normas educativas locales con las federales únicamente esté sirviendo, en los hechos, para exhibir a los gobiernos locales —gobernadores, congresos, y poderes judiciales— como débiles e incapaces de hacer cumplir las potestades mínimas del Estado. Este es un fenómeno ominoso, en el que la Federación debía ser parte de la solución, y no del problema. Pues si este conflicto fuera visto y abordado con una perspectiva integral, el propio gobierno federal tendría que estar alentando hoy a estados y municipios a recuperar la legalidad frente a poderes fácticos como la CNTE. Pero nada de eso ocurre.
En efecto, en los últimos meses hemos visto cómo el proceso de armonización de la legislación educativa en Oaxaca, ha sido una tragedia que sigue al pie de la letra el enunciado conocido como la Ley de Murphy. Ese adagio, del conocimiento empírico, dice simplemente que si algo puede salir mal, saldrá mal. ¿No es eso lo que hemos visto? Claro que sí. Razones hay de sobra para afirmarlo.
Todo iba mal desde el principio, porque Oaxaca fue uno de los estados que simplemente dejó correr el tiempo, agravando una situación que debió resolverse en tiempo, pero que se evitó para no agitar al magisterio. De hecho, aunque hoy es un tema irrelevante, las previsiones pesimistas sobre esta ruta de armonización comenzaron desde que el Congreso de Oaxaca evitó —y hasta la fecha— pronunciarse a favor o en contra de la reforma constitucional en materia educativa. La Legislatura nunca dio una razón concreta sobre su silencio. Simplemente se dejó presionar por la Sección 22, y alimentó la visión de que el gobierno era —es— aliado del magisterio, y que por ende no harían nada que los contradijera.
Luego, si ya todo iba mal, la ruta del agravamiento continuó cuando con llegada la fecha límite para llevar a cabo la adecuación de las normas locales a las nuevas leyes federales, en lugar de asumir compromisos de Estado, el gobierno y la Legislatura lo más que lograron hacer fue establecer un pacto político con la Sección 22. Nadie de ellos quiso entender lo que debía pasar. Y por eso los poderes formales legitimaron a los fácticos, pactaron con ellos, y de hecho les obsequiaron la titularidad del poder reformador, para que ellos llevaran la batuta en la elaboración de la nueva norma.
A estas alturas, ¿a alguien le quedaba duda que la 22 haría todo menos actuar de forma responsable? Evidentemente no. Por eso, a pesar de la urgencia, el magisterio se tomó seis meses para elaborar una norma que de todos modos no es, ni puede ser, acorde con la Constitución de la República.
Y la Ley de Murphy se cumplía entonces a cabalidad, cuando a pesar de tener a la vista ese enorme conjunto de señales adversas, todos decidieron seguir adelante, incluida la Federación, que simplemente permitió que este problema se enredara, se pudriera y, hoy, se agusanara. Pues eso que se preveía que podría salir mal —la emisión de una nueva ley educativa local— finalmente terminó saliendo mal, porque nadie hizo algo para que las cosas fueran de forma distinta.

DEBILIDAD TOLERADA
Sólo en un país como el nuestro, un poder puede regodearse, y dejar caer, a otro poder. Esto es lo que pasa entre los ámbitos de gobierno en México, cuando a simple vista se puede apreciar que frente a una amenaza al Estado de Derecho, uno de los poderes permite que el otro se pudra simplemente porque no tiene coincidencias políticas o partidistas con él. No asumen que el Estado de Derecho los involucra a todos, y que en la defensa de la constitucionalidad no deberían existir ni colores partidistas ni fobias políticas.
Eso es lo que pasó entre Oaxaca y la Federación. Hoy, existe una tendencia generalizada en el país de responsabilizar sólo al gobernador Gabino Cué de la situación que prevalece en la entidad, y del sometimiento institucional a las exigencias de un poder fáctico como la Sección 22 del SNTE. Se opta por el camino fácil de buscar al primer responsable que se tenga a la vista, y cargarle toda la responsabilidad del problema, sin distinguir que junto a él, como responsable directo, hay otros que han actuado por omisión frente a una situación que finalmente involucra a todo el poder público, independientemente de los ámbitos de gobierno o de las facultades específicas. ¿De qué hablamos?
De que, en esto, la Federación tiene tanta responsabilidad en haber dejado crecer este problema, como la tienen los Poderes del Estado en Oaxaca. La tiene porque las entidades federativas no son entes aislados ni ajenos a la Federación, y porque la propia Constitución señala de forma expresa los momentos en los que el gobierno de la República debe ir en auxilio de las entidades federativas; y porque finalmente es una responsabilidad constitucional implícita de los tres órdenes de gobierno, y de los tres poderes del Estado, velar porque las leyes se cumplan y porque la legalidad prevalezca.
Frente a todo esto, es claro que la Federación ha sido un simple espectador, que hoy parece reírse de la debilidad institucional que tiene el Estado en Oaxaca, sin reparar en el hecho de que esa debilidad no es de Gabino Cué o de la Legislatura, sino de los Poderes del Estado; y que, en su silencio, la federación saluda esa debilidad, la alimenta, y la promueve.
Hoy, con seriedad, la federación debía responder por qué sigue dejando sola a Oaxaca. Por qué, en todo el proceso de negociación con el magisterio, no ha asumido la parte de responsabilidad que le corresponde, o que cuando menos buscara equilibrar la situación estableciendo los parámetros de negociación entre los poderes en pugna. La Federación guarda silencio y sólo buscará dar el manotazo. Sin embargo eso no arregla nada, porque aún desmantelando a la Sección 22, las acciones y omisiones federales terminarán provocando que otro poder fáctico emerja para ocupar el lugar —el trono— que hoy tienen los profesores democráticos por encima del Estado oaxaqueño.

TIEMPO, 13 AÑOS
Este día, TIEMPO de Oaxaca cumple trece años de informar a la ciudadanía, con responsabilidad y compromiso. Sirvan estas líneas para reconocer la tenacidad y perseverancia de todos nuestros compañeros que, con talento y gran esfuerzo, hacen este diario, y para enviar un abrazo respetuoso al personal del diario, y a nuestro editor y director, Wenceslao Añorve, por estos primeros trece años de éxito. ¡Felicidades!