¿Por qué se descompone gobernabilidad del país?

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+ Guerrero y Oaxaca: cruciales para la insurgencia

En unas cuantas semanas el país entró en una singular espiral de violencia, que debe ser tomada en consideración desde todos los estratos de la sociedad y el gobierno. Entre septiembre y octubre, han venido ocurriendo una serie de hechos que bien podrían encender la chispa de una revuelta regional, en la que podrían estar presentes los profesores de la CNTE de Guerrero y Oaxaca, estudiantes universitarios de la capital del país que se manifiestan por inconformidades, y otros grupos que están esperando el momento para reactivar su lucha.
En efecto, es necesario analizar este conjunto de hechos aparentemente aislados, porque en realidad parece que varios temas aparentemente desconectados sí tienen relación; pero sobre todo porque al haber habido ya intentos de insurrecciones populares en los últimos años, no puede descartarse la posibilidad de que ésta sea otra tentativa de levantamiento masivo, a partir de la conjunción de luchas particulares, en una masa general.
Y es que no deja de llamar la atención la forma en cómo se está desenvolviendo el manejo político que se le está dando al tema de la educación en los estados de Guerrero y Oaxaca. Para entender esto en un contexto más amplio, vale la pena recordar que, apenas el año pasado era la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación de Guerrero (CETEG) quien encabezaba la insurgencia en contra de la reforma educativa que impulsó el presidente Enrique Peña Nieto.
De hecho, en 2013 fue Guerrero y no Oaxaca quien estalló la beligerancia en la capital del país; pero con el paso del tiempo, el magisterio oaxaqueño tomó el control del movimiento y de facto asumió el liderazgo nacional de la CNTE, a partir de la decisión de la Coordinadora guerrerense de volver a su estado, y aún bajo la circunstancia de que durante todo el ciclo escolar 2012-2013, la Coordinadora en Oaxaca no paró un solo día de clases por actividades sindicales. Nunca pareció quedar del todo claro por qué la CNTE guerrerense decidió apartarse de la lucha nacional en contra de la reforma educativa, y reducir sus posiciones a su eterna lucha local contra el gobierno estatal en turno.
Considerando todo esto, ahora vale la pena repasar el contexto oaxaqueño. Pues durante varios meses la CNTE, integrada mayoritariamente por el magisterio de nuestra entidad, mantuvo un plantón representativo en la capital del país, en protesta por la aprobación de la legislación secundaria federal en materia educativa. A finales de 2013, el magisterio oaxaqueño decidió también volver a la entidad para librar una última batalla ahora en contra del gobierno estatal y el proceso de armonización de la legislación local al nuevo contenido de las normas federales.
Así, aunque intensa, la lucha magisterial que pudo haber sido verdaderamente nacional, se redujo a dos polos aislados que han sido fácilmente manejables por la federación, cada uno en su propio contexto. En Guerrero, por ejemplo, el gobierno federal se dedicó a minar todas las acciones de protesta a partir del tratamiento que comenzó a darle, por un lado, al gobierno de Ángel Heladio Aguirre Rivero, y por el otro, al abordar la circunstancia de la delincuencia, que siendo un factor paralelo a lo político, comenzó a repercutir en la gobernabilidad de aquella entidad. Estos dos factores relegaron al magisterio a un segundo plano, que hoy intenta recuperar su posición protagónica.
En el caso de Oaxaca la estrategia ha sido más o menos la misma. Hoy, por ejemplo, el gobierno federal continúa aplicando la vieja estrategia de la pudrición del conflicto magisterial local, simplemente evitando abordarlo. Los esfuerzos realizados por la Secretaría de Gobernación han sido aislados y pausados. Y más bien lo que parecen estar esperando es que el magisterio genere su propio desgaste, y eso lo obligue a ceder en sus posiciones. Parece que, hasta ahora, estaba logrando el objetivo de aislar esas luchas y desactivarlas a través del olvido. Pero algo parece que se salió de control.

DÍAS EXTRAÑOS
Los alumnos del Instituto Politécnico Nacional emprendieron una lucha para frenar no sólo los intentos de reforma a su reglamentación interna, sino también para oponerse a la soberbia con la que sus autoridades menospreciaron a la comunidad universitaria y pretendían modificar sus leyes internas sin considerarlos. Esa lucha es genuina y en poco tiempo ha recibido un respaldo sin precedentes, que pasa no sólo por la verdadera comunidad universitaria de la capital del país, sino también por grupos radicales que estando incrustados en las universidades, tienen también intenciones más allá de los temas que hoy en día están manejando.
Hoy mismo Gobernación intenta frenar el crecimiento de esas protestas, que en cualquier momento podrían rebasar el pliego petitorio original de los alumnos del Politécnico para abordar otros temas, ya no de la vida universitaria, sino de la vida pública del país.
En paralelo, los hechos de los últimos días en Guerrero en contra de los normalistas y los simpatizantes de la CNTE apuntan claramente a generar una situación de inestabilidad que derive en un levantamiento popular. En el fondo, parece que la intención es el de generar condiciones para una crisis en la que vuelvan a hermanarse las secciones magisteriales simpatizantes de la Coordinadora en varios estados, y hagan un solo frente de lucha en contra de la violencia, de las reformas, de la homogenización legal, y de todos los temas en los que históricamente han intervenido los profesores democráticos.
Al final, la pregunta que debe quedar, y a la que todos debemos acudir, es la de qué intereses son los que en el fondo están tratando de generar estas condiciones de insurrección. Los grupos subversivos afirmaron en su momento (en el año 2010) que ese no era un año crucial para ellos, pero reiteradamente advirtieron que esperarían pacientemente a la construcción de las condiciones para un levantamiento masivo.

¿A QUIÉN LE CONVIENE LA CRISIS?
Lo grave es que estos pueden ser también intentos de otros grupos (la delincuencia organizada, quizá) que en el fondo estén aprovechando ciertas condiciones de hartazgo ciudadano, para generar conflictos aprovechándose de la ira popular. Todo esto lo debemos considerar. Desde hace varios años, la gobernabilidad en México pende de hilos, y no se necesitan grandes condiciones para romper el soporte que aún sujeta la paz social.

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