Casa Blanca de #AngelicaRivera: necesario, centrar discusión

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+ Que hablen pruebas y hechos, de conflicto de interés

La difusión de la mansión de la esposa del presidente Enrique Peña Nieto no tenía como fin revelar la opulencia con la que vive la familia del Mandatario mexicano, sino llevar este asunto al terreno de las conjeturas y las sospechas, en donde la razón es deliberadamente relevada por la indignación y la descalificación. Sin embargo, es necesario hallar los puntos clave de este asunto que no debe quedar en el olvido, pero que tampoco debe ser ocasión para la descalificación personal cuando este es un asunto de interés público.
En efecto, frente al ruido y las sospechas sobre el origen de la casa y la fortuna personal de la actriz y esposa del Presidente, Angélica Rivera, vale la pena revisar algunos puntos que son fundamentales alrededor de este asunto, que pareciera que hasta el momento no han sido considerados en la forma y dimensión debida:
1. Hoy en día, el tema verdaderamente importante de la explicación que dio Rivera sobre el origen de la llamada Casa Blanca, ya no se encuentra en el hecho de si es posible creerle o no a la actriz, sino de si es o no coherente no tanto la explicación, sino el conjunto de pruebas ofrecidas a la opinión pública. En el fondo, este no es un asunto de fe ni de militancias partidistas, y tampoco de simpatías. Es una cuestión en la que el conjunto de documentos y explicaciones deben permitir la posibilidad de formar un criterio a favor o en contra de lo dicho, pero basado en lo que existe y se exhibe, y no en suposiciones.
2. Contrario a lo que afirma, Rivera sí tiene el deber de ofrecer una explicación, pues ese deber no es legal sino moral. En el video de YouTube donde se refiere a los antecedentes y detalles de su mansión, la esposa del Presidente dice en varias ocasiones que ofrece esa explicación a pesar de no tener la necesidad de hacerlo. Al asumir esa postura, Rivera intenta colocarse en un espacio en el que ella pareciera estar concediendo algo que no tendría por qué dar. No toma en cuenta que no es la mansión en sí, sino el posible conflicto de interés, el punto de partida de la explicación que estaba moralmente obligada a dar, e incluso de la investigación a la que tendría que someterse, para deslindar responsabilidades.
3. Al margen del conflicto de interés, sí hay un cuestionamiento moral por la desproporción de la forma en que vive la familia del Presidente, frente a la realidad de millones de personas. Atendiendo al principio de prudencia y solidaridad con la mitad de la población del país, que directamente enfrenta algún tipo de pobreza o marginación en su persona o familia, no puede ser aceptable que el Presidente o su familia tengan tal nivel de ostentación, ni siquiera cuando el origen de sus lujos pudieran ser lícitos. Este, de nuevo, es un tema moral y de comportamiento que hasta ahora parecían no considerar los integrantes de la familia del Presidente, y que lejos de hacerlos parecer cercanos a la gente, dan la idea de vivir —y de haber vivido siempre—, aislados de la realidad mexicana en un mundo elitista, al que es ajeno la mayoría… pero que no podría ser el de ellos, porque son parte de la familia del Presidente que, se supone, fue electo justamente por esa mayoría a la que ellos parecen ignorar.
4. Nadie le pide, ni le pedirá a un Presidente en México que imite al mandatario paraguayo José Mujica, que por voluntad vive en una austeridad que casi raya en la precariedad. Pero así como la sociedad mexicana no quiere ni le pediría eso al Presidente, tampoco podría aceptar —sin inmutarse— la opulencia con la que vive su familia.

TEMAS PÚBLICOS
5. Ahora bien, así como es inaceptable la opulencia desproporcionada con la que vive la familia del Presidente, también lo es que el origen de la mansión de la esposa de Peña Nieto sirva como pretexto para los ataques a la dignidad humana de Angélica Rivera. Pues este asunto de su casa y su fortuna ha caído intencionalmente en la descalificación ad hominem de la esposa del Presidente, tratando de tacharla moralmente de actividades o antecedentes que son, en esencia, intrascendentes para esta discusión pública. En muchos de los casos, por el hecho de ser —o haber sido— actriz, se le ha tratado de calificar como puta, como prostituta o como hacedora de “favores sexuales” para obtener su fortuna. Eso, lo afirmamos con todo denuedo, es inaceptable, a partir de que esta es una discusión pública, en la que importan las irregularidades, los conflictos de interés o la comisión de delitos, pero no los asuntos o actividades de la vida privada, incluyendo todo por lo que se le intenta tachar, sin ningún otro sustento que la mojigatería y la insensatez de muchas personas.
6. Lo que sí importa, y mucho, es que sí existe un conflicto de interés que debe ser aclarado. Ello parte de este deber primario de todo servidor público: Excusarse de intervenir en cualquier forma en la atención, tramitación o resolución de asuntos en los que tenga interés personal, familiar o de negocios, incluyendo aquéllos de los que pueda resultar algún beneficio para él, su cónyuge o parientes consanguíneos hasta el cuarto grado, por afinidad o civiles, o para terceros con los que tenga relaciones profesionales, laborales o de negocios, o para socios o sociedades de las que el servidor público o las personas antes referidas formen o hayan formado parte (art. 47, fracción XIII, Ley de Responsabilidades de los Servidores Públicos). Así, si no hubo conflicto de interés en la construcción de la llamada Casa Blanca, sí lo hubo en la licitación federal del tren bala que ganó la misma constructora, y en todos los concursos en los que ha participado esa empresa durante la presente administración federal. Eso es lo que hay que revisar, para deslindar responsabilidades y sobre todo para que se corrobore, lo más ampliamente posible, que la investigación llegue a fondo y se determine fehacientemente que no hay relación o beneficio entre la mansión de Rivera y los contratos federales de obra asignados al constructor de la misma.

¿VENDER LA MANSIÓN?
7. Finalmente, Angélica Rivera dijo que venderá los derechos de propiedad del contrato de compraventa de la Casa Blanca. Eso no arregla ni sirve de nada. Pues como no anunció el destino que le dará a lo que obtenga por esa operación —y creemos que no tendría por qué donar o utilizar ese dinero para un fin caritativo, porque dice que es producto de su trabajo como actriz—, bien podrá guardar su dinero o comprar otra casa igual. ¿Qué arregla eso? Nada. Entonces no habría razón para venderla.

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