Debemos pensar ya en una nueva Constituci贸n

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+ Momento cr铆tico debe cambiar ruta de parches

En M茅xico debemos comenzar a considerar en serio la posibilidad de llamar a un Congreso Constituyente para que redacte una nueva Constituci贸n. Son varias las circunstancias que hacen evidente esta necesidad, aunque ninguna otra es del tama帽o de la crisis que hoy en d铆a vive el Estado gracias a la corrupci贸n, a la impunidad y a la ingobernabilidad que se ha promovido y tolerado desde el propio gobierno. Si el orden debe cambiar desde las bases, entonces es apremiante que dejemos de hacerle parches a la ley y vayamos a una revisi贸n a fondo del texto constitucional.

En efecto, estamos a menos de tres a帽os de que nuestra Constituci贸n federal cumpla 100 a帽os, y es bien sabido que de entonces a la fecha se le han hecho m谩s de 600 modificaciones; que su contenido ha sido modificado sustancialmente en casi todos sus art铆culos; que si bien se han reforzado aspectos como el de los derechos fundamentales, tambi茅n ha habido una carrera permanente porque cada gobierno deje huellas de sus particulares programas o intereses pol铆ticos en la Constituci贸n. Y sobre todo, hoy es claro que la Constituci贸n ha sido constantemente adecuada a la circunstancia, pero que 茅sta no siempre ha sido normada de manera eficaz por el mandato constitucional.

Ese es uno de los grandes problemas que tiene nuestra Constituci贸n: que frente a cada circunstancia se piensa en 鈥渃irug铆as mayores鈥 que terminan siendo mamotretos ante la imposibilidad de discutir de fondo los temas que son fundamentales. Si hacemos un an谩lisis de las reformas por periodo presidencial, f谩cilmente podremos corroborar que cada Presidente ha tratado de salvar su circunstancia pol铆tica, y ha intentado pasar a la historia como un dem贸crata o un reformador, pero a costillas de una Constituci贸n que por tener tantos rostros, parece que est谩 acabando por perderlos todos.

Vayamos a dos ejemplos. Durante su gesti贸n, el presidente Felipe Calder贸n reform贸 110 de los 136 art铆culos que tiene la Constituci贸n. Las modificaciones o adiciones fueron de lo m谩s variado. Cada una de ellas 鈥攁unque no en conjunto鈥 dependieron de la circunstancia o el asunto que deb铆a salvar, y que demag贸gicamente se abordaba partiendo de reformas a la Constituci贸n. Pero esas modificaciones no respondieron a un programa concreto de adecuaci贸n de la Constituci贸n, a partir de una visi贸n de conjunto o de un verdadero proyecto de Estado. Cada reforma ten铆a su propio origen y finalidad, que no necesariamente era concordante con las dem谩s.

Ahora bien, hasta el pasado 7 de julio, el presidente Enrique Pe帽a Nieto hab铆a reformado 66 art铆culos de la Constituci贸n, en cinco paquetes de reformas 鈥攅nerg茅tica, fiscal, de telecomunicaciones, de transparencia y educativa鈥 que hoy en d铆a vemos que tampoco han resuelto los temas que preocupan al ciudadano de a pie, y que de nuevo parecen ser la materializaci贸n del programa pol铆tico de un partido en el gobierno.

驴De qu茅 hablamos? De que ninguna de esas modificaciones 鈥攓ue han implicado modificar casi la mitad de todo el texto constitucional鈥 ha aliviado las preocupaciones ciudadanas. Eran, concretamente, el programa de reformas del gobierno para darle viabilidad a un proyecto pol铆tico que, demag贸gica y deliberadamente, ellos pretenden hacernos creer que es un proyecto de naci贸n.

Pero tan no han resuelto los problemas que preocupan a la gente 鈥攃omo en su momento no lo hicieron las reformas a 110 art铆culos de la Constituci贸n durante la gesti贸n del presidente Calder贸n鈥 que por eso hoy las exigencias son las mismas de antes: combate frontal a la corrupci贸n, a la impunidad, a la violencia, a la ineficacia gubernamental, y a la ingobernabilidad. Esos temas siguen sin ser discutidos, y la autoridad sigue sin ofrecer una respuesta a la ciudadan铆a dentro del 谩mbito de sus atribuciones y de las instituciones existentes. Pero como en M茅xico la Constituci贸n tiene la culpa de todo, entonces la receta que contin煤an aplicando los gobiernos es reformar en lugar de actuar, a ver si con eso se olvida o se lava la responsabilidad por lo que, en el terreno de los hechos, no se quiere o se puede realizar.

RESPUESTA IN脷TIL

Hace dos semanas, el Presidente respondi贸 a la exigencia de justicia, con una nueva promesa de acciones鈥 una vez que se hagan reformas a la Constituci贸n. S铆: que el programa de rescate del Estado de Derecho nuevamente pasa 鈥攕eg煤n el gobierno federal鈥 por la realizaci贸n de una nueva 鈥渃irug铆a mayor鈥 a la Constituci贸n, como si no hubieran sido suficientes las modificaciones que hasta ahora se le han realizado.

La idea es, otra vez, que la Federaci贸n absorba facultades antes depositadas en estados y municipios; y que las que en otros tiempos fueron facultades 鈥渕etaconstitucionales鈥 del Presidente, ahora se institucionalicen para que el Ejecutivo federal ahora sea constitucionalmente m谩s fuerte que los estados y los municipios del pa铆s.

Esto no puede seguir as铆. No, porque los mexicanos parecemos continuar jugando ese amargo juego de evadir la realidad, y tratar de que otros 鈥攍a Constituci贸n鈥 paguen por los deberes que todos nos rehusamos a asumir. Y si se supone que hay temas en los que todos estamos de acuerdo porque son normas fundacionales de nuestra naci贸n (los derechos humanos, la forma de gobierno, la divisi贸n de poderes, el federalismo, y algunos otros鈥 se supone), entonces lo que habr铆a que discutir es la necesidad de hacer una nueva Constituci贸n, en donde se plasmen todas esas aspiraciones y aspectos sustanciales de nuestra organizaci贸n, y se eliminen las tentaciones de seguir elevando a rango constitucional los experimentos o los programas partidistas que se intentan plasmar en el texto fundamental, como si con eso solo se resolvieran m谩gicamente los problemas nacionales.

Vivimos hoy un momento in茅dito en la vida nacional. Debemos pensar, por eso, en escenarios que de verdad sirvan para revitalizar el imperio de la ley. 驴Por qu茅 no buscar el refrendo nacional de una nueva Constituci贸n, que se aleje de las frivolidades y los programas partidistas, y que de verdad refleje el 谩nimo de esos millones de personas que hoy no se sienten respaldados, incluidos y tutelados por ese documento, que se supone que justo para eso fue creado?

RATIFICACIONES

El peor escenario es seguir en la simulaci贸n, como la que constituyen mecanismos in煤tiles como el de la ratificaci贸n de los secretarios del gobierno estatal por el Congreso. Ello engloba todo un mar de contradicciones que perviven con el aval de diputados y gobernantes. Abundaremos.

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