¿Cómo fundamenta el Congreso los disensos por la reforma educativa?

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Reiteradamente, los diputados de la LXII Legislatura sostienen que no están en posibilidades de aprobar una reforma educativa estatal porque no existen los consensos necesarios entre las fracciones parlamentarias. Es absurdo que sostengan esa afirmación, cuando al Pleno del Congreso no ha subido una sola discusión sobre las visiones que tienen los legisladores del tema educativo. Así, en la furtividad, quienes terminan ganado son los profesores de la Sección 22 del SNTE.
En efecto, la semana pasada el presidente de la Junta de Coordinación Política del Congreso local, Félix Serrano Toledo, en reunión con la dirigencia de la Sección 22, dijo que “no hay consenso” entre las diversas fuerzas políticas representadas en el Congreso para aprobar la Ley Educativa. “El tema sigue en análisis y discusión en las comisiones respectivas, son siete propuestas que deben ser consensadas y homologar una sola respuesta que llegue al pleno donde 42 diputados y diputadas debemos de emitir un voto, sea a favor o en contra…”, dijo.
Aunque pareciera una excusa razonable, en realidad la afirmación es temeraria porque revela el grado de cinismo que existe en esta democracia simulada. ¿De qué hablamos? De que contrario a lo que afirma el diputado Serrano, al Pleno del Congreso tendrían que haber llegado ya los respectivos dictámenes de las diversas iniciativas que se han presentado, para que ahí, de cara a la ciudadanía, se diera la discusión y se establecieran las razones y argumentos por los que los diputados están a favor o en contra de cada una de las iniciativas. Eso es lo que tendría que haber ocurrido en una democracia real, y no en esta apariencia en la que los acuerdos son discrecionales y a espaldas de la ciudadanía, que sigue esperando saber por qué razón no hay reformas a las disposiciones en materia educativa.
El problema es que los diputados locales están acostumbrados a dialogar sólo en privado, para únicamente llegar al pleno con un guión mal ensayado, a simular que llevan a cabo un trabajo legislativo de conciencia y compromiso. Y si eso es ya de por sí grave, lo es todavía más que en un tema tan importante y relevante para la ciudadanía, y para el ámbito educativo, los legisladores sólo emitan excusas genéricas y no particularicen ni abunden en los supuestos disensos que impiden la aprobación de una nueva ley en materia educativa.
Esta práctica la han llevado al límite, y por eso hoy la ciudadanía sigue sin conocer en qué consisten las distintas iniciativas presentadas en esa materia; tampoco conoce el contenido de las discusiones que se dan al interior de las comisiones legislativas —en el caso de que en realidad sí se lleven a cabo esas sesiones de comisión, y no sean sólo actos simulados en documentos— sobre los tópicos que incluye cada una de las normas, y cuáles son las conclusiones preliminares a las que se van llegando en la elaboración de los dictámenes.
Lo cierto es que nada de eso existe, y que el Congreso únicamente se justifica en los supuestos disensos para atajar los señalamientos sobre su inacción y su incapacidad para conducir un trabajo legislativo serio y comprobable. Lo más patético es que a la par de que sus supuestas discordancias ocurren sólo en privado y a espaldas de la ciudadanía, en lo que sí incluyen a todos los oaxaqueños es en los efectos que tiene su incapacidad de responder a este imperativo de adecuar las normas estatales a la legislación federal, principalmente como símbolo de que el Estado en Oaxaca sí existe.

LOS DIPUTADOS Y LA 22, GANAN;
TODOS LOS CIUDADANOS PERDEMOS
Con sus reiteradas excusas, por lo menos los diputados ganan tiempo. Ganan también porque evitan entrar en una confrontación que haría necesario que el Congreso de verdad hiciera política, y no únicamente siguiera órdenes dictadas desde los espacios políticos —estatales y federales, también furtivos— en donde sí se negocia con la Sección 22; y ganan porque (es nada raro en esta circunstancia) su abominable inacción bien podría responder a cumplimiento de compromisos —económicos, políticos, da lo mismo…— de ellos con los grupos, a los que no les conviene que se apruebe una reforma educativa en estos momentos en Oaxaca.
El problema es que todos pagamos por eso. Los maestros de la Sección 22, por ejemplo, siguen teniendo el control total del Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca, que tiene a un Director (Moisés Robles Cruz) sólo aparente, pero que en realidad sigue siendo gobernado por la misma ralea sindical que ha tenido el control del Instituto desde hace dos décadas; y que es quien —sin que debiera tener ya las facultades para hacerlo, y sólo anclada en el hecho de que las normas estatales (inconstitucionales) los siguen reconociendo— sigue determinando la suerte y el destino de más de 81 mil maestros, que hoy no saben que en buena medida está en sus manos no seguir dependiendo de las extorsiones sindicales que ejerce en su contra la dirigencia de la Sección 22 del SNTE, y que por eso siguen respondiendo disciplinadamente a sus decisiones en contra de los oaxaqueños.
Al final, es evidente que todos estamos sometidos por esa indolencia del Congreso y el gobierno para ofrecer alternativas viables a los reclamos ciudadanos. Esa indolencia se traduce en que, a plena luz del día, el Congreso le da la espalda a la ciudadanía —a la que nunca ha tomado en cuenta en este proceso— para respaldar una postura inadmisible de protección al magisterio, a través de argumentos que serían asimismo insostenibles en una democracia. Y que a su vez el gobierno simplemente se acata a lo que hay, y evita cualquier tipo de molestia al poder fáctico que sigue gobernando de hecho la educación y el orden en nuestro Estado.

EN EL IEEPO, LA 22 MANDA…
Y quien diga lo contrario, que responda entonces por qué a los maestros oaxaqueños no se les ha aplicado una sola de las nuevas normas relacionadas con su estabilidad laobral; por qué a ninguno se le ha descontado un solo día de salario, de los muchos que han faltado a clases sólo en este ciclo escolar; por qué la Sección 22 sigue dando premios a los que tienen una prolífica actividad sindical, y por qué sigue soslayando el desempeño en las aulas. Esa hegemonía total del Sindicato magisterial en el IEEPO, no se puede calificar más que como el verdadero poder en ese instituto. Por eso, el Director del IEEPO es sólo una apariencia.