La partidocracia en pleno va contra las candidaturas independientes

 

+ Golpes vs el Bronco, son claros intentos por mantener su monopolio

 

Para Mónica, que es la luz en mi vida.

A regañadientes, por mera pose, y sobre todo por una presión internacional, los partidos decidieron abrir finalmente el monopolio del acceso al poder público, a las llamadas candidaturas independientes. Lo hicieron sin ganas de consolidarlo. Y por eso hoy que existe ya un candidato sin partido, que es contendiente real por la gubernatura de un estado, la partidocracia en pleno lucha para frenarlo, exhibiendo ante la ciudadanía presuntos actos de corrupción que no resultan ser sino los mismos que cometen los candidatos de los partidos políticos. Este sin sentido tiene explicación no en un ánimo democrático, sino en la desesperación común por no perder la llave exclusiva del acceso al poder público.

En efecto, Jaime Rodríguez Calderón alias “El Bronco”, es un fenómeno como candidato independiente al gobierno de Nuevo León. Desde los primeros días de campaña demostró tener una conexión particular con la ciudadanía, y en las encuestas es un candidato que no ha dejado de crecer, a grado tal de que hoy le disputa la posibilidad de la victoria a los candidatos del PAN y PRI, que son dos de los más fuertes en la lucha sucesoria, aunque no los únicos.

El Bronco fue un fenómeno en sí mismo. Viniendo del PRI logró posicionarse hasta el punto de ser un contendiente serio. Entró a la lucha por la gubernatura de Nuevo León a través de la figura de candidato independiente. Y aunque no parece tener el suficiente peso para ganar la gubernatura sí ha sido un factor de división del voto, que tiene preocupados a todos los partidos políticos, que necesitan esa franja de votantes que él tiene, para ganar.

El problema de la partidocracia es doble no sólo porque les salió un contendiente fuera de su oligarquía, sino porque éste les ha venido arrebatando los votos que ellos necesitan, y que podrían emigrar definitivamente de las preferencias hacia un partido en específico. Quizá sólo por eso podría entenderse que hoy en día haya un ánimo consensado entre todas las fuerzas políticas por impedir que Jaime Rodríguez Calderón continúe creciendo como candidato.

Y es que curiosamente, El Bronco no tenía la estatura para que los medios de comunicación de la capital del país le dedicaran amplios espacios, hasta hace muy pocos días. Sorpresivamente, la semana pasada todos los noticieros estelares de Televisa revelaron —como si fuera sólo un asunto de interés público, y no un tema inducido por una fuerza política para desgastar a otra— información relacionada con el hecho de que Rodríguez Calderón había adquirido parcelas para él, su esposa e hijas, durante el tiempo que fungía como funcionario del gobierno de Nuevo León, y que no las incluyó en declaración patrimonial que presentó como candidato.

Ante esa revelación, Rodríguez señaló al PRI como el responsable no sólo de filtrar los datos, sino de “gestionar” que esa información fuera difundida en medios de comunicación de la Ciudad de México como si ese asunto fuera de interés general. Y resulta que hoy en día, el candidato del PRD a la gubernatura de Nuevo León, Humberto González Sesna, denunció ante medios de comunicación que “El Bronco” utiliza un avión privado para trasladarse hacia otros municipios con el fin de continuar su campaña rumbo a la gubernatura de Nuevo León.

Según informaba el martes la edición electrónica del periódico Excélsior —otro medio de la capital del país que también parece tener mucho interés en un tema local— Jaime Rodríguez fue captado en el Aeropuerto Mariano Escobedo abordando una aeronave LearJet matrícula XA-JKM cuyo costo por viaje privado asciende a los 4 mil dólares por hora. Incluso dice que la nota que luego de darse a conocer este hecho, surgieron molestias por parte de ciudadanos a través de las redes sociales pues “El Bronco” se promueve bajo el lema “hay que servir a la gente, no servirnos de la gente”.

 

PARTIDOCRACIA ESCANDALIZADA

De acuerdo con la información, Jaime Rodríguez Calderón ha declarado varias veces haber rechazado el dinero que por ley le otorga la Comisión Estatal Electoral de Nuevo León para financiar su campaña y ha realizado colectas con sus seguidores a través de una plataforma online de donaciones e incluso durante actos en vivo se le ha captado recibiendo apoyos en efectivo por parte de ciudadanos que acuden a sus eventos de campaña.

Dice incluso que anteriormente El Bronco ya había sido cuestionado sobre la procedencia de sus recursos de campaña e incluso la CEE ordenó al candidato independiente transparentar sus recursos, mismos que aún no han sido aclarados por el ex priísta.

De ese conjunto de aseveraciones salen varias cuestiones que vale la pena subrayar. Primero, ¿cómo mantener a flote la idea del interés periodístico cuando hay un clarísimo afán de ventilar un tema local como asunto nacional, en medios informativos que tienen alcance en todo el país? ¿Cómo se justificaría incluso tal nivel de escandalización por los supuestos excesos que comete un candidato independiente —tener bienes no declarados, o utilizar una aeronave— cuando ese tipo de cuestiones son verdaderamente cosa cotidiana en todos, o la gran mayoría de los políticos con partido, y que incluso de ahí nace buena parte de su mala fama como políticos?

Además de ello, ¿por qué habría que escandalizarse de que un candidato reciba donaciones o apoyos públicamente, cuando todo el mundo se queja de que la democracia mexicana es muy cara justamente porque la idea que se tiene es que todo el proselitismo electoral lo pague el Estado con recursos públicos, dizque para evitar que se inmiscuyan intereses posiblemente oscuros en las campañas electorales?

La cuestión de fondo es que PAN, PRD y PRI están haciendo todo por bajar al único candidato independiente importante que existe en México. No parece haber otro afán ni algún tipo de motivación o convicción ideológica, política, compromiso con la democracia e incluso congruencia con la verdad o alguna cuestión por el estilo.

 

AVENIDA FUERZA AÉREA

No coincidimos con la subcultura de la colocación de topes en las vialidades. Incluso la rechazamos. Porque cada tope, o cada boya, revela nuestra incapacidad para conducirnos, y conducir, civilizadamente en la vía pública. Pero algo deben hacer las autoridades municipales en la recién renombrada Avenida Fuerza Aérea Mexicana, en la colonia Reforma, para frenar esa altísima recurrencia de accidentes de tránsito. El último fue de consecuencias fatales. Y lamentablemente no fue el primero.