PVEM vs Fepade: que la escoria de unos no disculpe la de los otros

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+ El fiscal cuestionado debe irse; también deben sancionar los excesos


Hace dos semanas la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales (Fepade), dependiente de la PGR, presentó ante un juez conclusiones acusatorias sobre la comisión de delitos por parte de Arturo Escobar y Vega, durante el pasado proceso electoral federal, por su actuación como responsable de la comunicación social del Partido Verde Ecologista de México durante ese periodo. Días después, un diario de la capital del país reveló que el titular de la Fepade había sido asesor de la fracción perredista en el Senado. Es cierto que esto puso en entredicho la actuación del fiscal de delitos electorales; ¿pero ello debe terminar disculpando a Escobar y al Partido Verde de sus tropelías durante las campañas?

En efecto, a Escobar y Vega —que al darse a conocer que la Fepade había solicitado una orden de aprehensión en su contra, se separó el cargo de Subsecretario de Prevención del Delito y Participación Ciudadana de la Secretaría de Gobernación— se le imputó el delito previsto en el artículo 15 de la Ley General en Materia de Delitos Electorales, que castiga a quien destine o reciba aportaciones de dinero o en especie a favor de algún precandidato, candidato o partido cuando exista una prohibición legal para ello. Escobar, en aquel momento, se dijo inocente frente a tal acusación. Y ayer se dio a conocer que el juzgado federal al que la Fepade le había solicitado el obsequio de la orden de aprehensión, negó la posibilidad de librar dicho mandato judicial.

¿Qué significa esto? Que ahora mismo está ocurriendo una doble estrategia para disculpar al Verde de los excesos cometidos durante la reciente campaña electoral federal, y provocar una clarísima cortina de humo para que todas las arbitrariedades cometidas queden impunemente en el olvido. ¿De qué se compone dicha estrategia? Por un lado, de exaltar el error —evidente e imperdonable— cometido por el titular de la Fepade, Santiago Nieto Castillo, de omitir el trabajo jurídico que había realizado con partidos políticos al presentar su intención de convertirse en titular de dicha fiscalía; y por el otro, del claro contraataque del Verde para victimizarse no por las acusaciones formuladas por la Fepade, sino a partir de la afrenta que ahora tienen con Nieto Casillo.

En un escenario como éste es indispensable no perder de vista los hilos conductores de los dos problemas, que son paralelos pero no similares: por un lado está la situación del Verde durante el periodo de campañas. Si hubo un partido político que quebrantó de forma vil y grosera toda la nueva legislación federal en materia electoral, éste fue el PVEM, que lo mismo utilizó información disfrazada en medios de comunicación, que contrató a personas influyentes en redes sociales (deportistas, artistas, “twitstars” y demás) para que hicieran campañas —positivas y negativas— según los intereses del verde.

Al Partido Verde se le sancionó con multas que llegaron a rebasar incluso su presupuesto anual por las claras contravenciones a la ley electoral; pero esto parecía poco importante frente a la clara intención de dicho partido de convertirse en el complemento impresentable del PRI para la composición de la LXIII Legislatura federal.

El Verde, de hecho, nunca se arredró con las multas y tampoco limitó sus estrategias de campaña, a pesar de que se le documentó el uso indebido de recursos públicos, la compra disfrazada de espacios en medios de comunicación, los llamados “cineminutos” en algunas cadenas de cines, la utilización indiscriminada de redes sociales y el uso de dádivas directas y abiertas al público para que votaran por ese partido.

Incluso, luego del proceso electoral se solicitó al Consejo General del Instituto Nacional Electoral que contemplara la posibilidad del registro por sus violaciones abiertas y sistemáticas a la ley electoral. El INE no lo consideró, permitiendo que fuera el Verde quien le hiciera la campaña sucia al PRI para mantener, juntos, la mayoría en la cámara baja en la segunda legislatura del gobierno del presidente Enrique Peña Nieto.

LAS PIFIAS DE NIETO

El pasado 4 de diciembre, el periódico El Universal reveló que Santiago Nieto Castillo laboró por más de un año como asesor del grupo parlamentario del PRD en el Senado, información que omitió declarar dentro del currículum que por ley tenía que entregar para ser nombrado titular de la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales.

De inmediato, la dirigencia del Partido Verde —que ya lo había acusado de actuar por consigna, sin reconocer sus excesos— de inmediato se le abalanzó para acusarlo de conflicto de interés y, en resumen, exigir su renuncia a la titularidad de la fiscalía. Apenas cinco días después parece estar resultado que el Partido Verde y Arturo Escobar fueron “blancas palomas”, y que el verdadero malo de esta trama es el fiscal Nieto Castillo.

Básicamente, parece que la intención es la siguiente: que Santiago Nieto se quede con todo el precio del desprestigio por esta última situación, para que así el Verde pueda pasar de acusado a acusador, y pueda colocar en el banquillo de los acusados a aquellos que intentaron llevarlos ante la justicia. Evidentemente, el fiscal Nieto Castillo es responsable de no haber declarado la totalidad de sus empleos y referencias laborales anteriores, para demostrar que no tenía los vínculos que le impidieran ser el revisor de la actuación de partidos y candidatos durante el proceso electoral. Pero si esto no resultó así, y Nieto sí incurrió en conflicto de interés, nada nos debiera llevar a suponer que ello en automático disculpa al Partido Verde de sus excesos.

La intención es tal. El Verde busca ahora, apenas dos semanas después de ser acusado de incurrir en delitos electorales, en víctima de las consignas de otros partidos, para así dejar escondida —al menos para quienes tienen memoria corta— la realidad de que ellos han sido los mayores infractores de las normas electorales, y los que más se han burlado del sistema electoral sólo para hacerle el trabajo sucio al PRI, que silenciosamente abona al sostenimiento de esa impunidad.

UN MITO URBANO

Por cierto, ¿alguien sabe de la existencia del Partido Verde en Oaxaca, y su supuesta fuerza electoral? ¿Hay alguien que pueda afirmar que está en condiciones de decir que vio a ese partido en nuestro estado, o que al menos sabe de su paradero?