¿Qué características debe reunir una encuesta seria?

IEEPCO

+ ¿El IEEPCO está regulando quién publica encuestas?


Es grave la incertidumbre que priva en el escenario político estatal por la difusión inopinada de encuestas de opinión sobre los candidatos a la gubernatura. Es grave porque, como ciudadanos, estamos más supeditados a la incertidumbre que a la responsabilidad de quienes difunden estudios de opinión. Esta se ha convertido en una práctica más de propagandismo electoral, que de seriedad respecto a los resultados que se difunden. Por eso vale la pena conocer y considerar algunos elementos que debieran ser fundamentales para dar crédito o no a las encuestas que recurrentemente se difunden, a la par de preguntarnos qué papel está jugando la autoridad electoral en todo este asunto.

En efecto, en las últimas semanas hemos visto cómo arreció la práctica de la difusión espontánea de encuestas por parte de algunos candidatos y, aparentemente, de algunos medios de comunicación. La intención clara de esas publicaciones ha sido la de generar la percepción de que tal o cual candidato a la gubernatura es quien lidera las preferencias electorales, independientemente de que eso sea cierto o no. Eso, de entrada, ya marca un problema grave porque se supone que las encuestas sirven para conocer qué tendencia lleva la opinión ciudadana sobre un tema, pero no para ser un elemento de propaganda electoral.

Lo grave es que eso es justamente lo que ha ocurrido cada vez con mayor recurrencia: los candidatos o partidos se han dedicado a pagar la realización y difusión de encuestas como un elemento más de propaganda electoral. De cara a todo eso, vale la pena retomar algunos puntos fundamentales señalados por el director de la casa encuestadora ARCOP, Rafael Giménez, quien en una entrevista que le concedió a Quadratin Oaxaca, señala qué distingue a las encuestas serias de las propagandísticas, y qué consideraciones debemos tener los ciudadanos para darle crédito a esas encuestas.

De entrada, dice Giménez, que en 2010 comenzaron a fallar fuertemente las encuestas, porque los estrategas electorales comenzaron a ver la necesidad de difundir encuestas no reales, sino a favor de un candidato en específico. Esta fue la génesis de las encuestas a modo, que buscan un efecto propagandístico y no el reflejo de un escenario electoral.

Asimismo, Giménez asegura que una encuesta tiene un costo promedio de unos 250 pesos por cuestionario. Esto significa, dice, que será una encuesta levantada, con supervisión y que cuente con todos los elementos que generan certeza sobre la opinión ciudadana recabada, además de dejar una ganancia a la casa encuestadora.

El problema, dice, es que hoy existen agencias que cobran entre 380 y 500 pesos por cuestionario, porque de antemano saben que el resultado de la encuesta ya no será una herramienta para conocer la opinión de la ciudadanía, sino que más bien lo están vendiendo como un mecanismo publicitario a favor de algún partido o candidato. Todo esto, los partidos y candidatos lo saben, y aún así van y contratan a esos encuestadores que tienen como fondo servir como herramienta de campaña.

ENCUESTAS ¿SERIAS?

Por eso, una pregunta que hoy se hace la ciudadanía es cómo leer e interpretar correctamente una encuesta, considerando que hoy no son mecanismos concretos de medición sobre un escenario electoral, sino que pueden ser una herramienta propagandística de algún partido.

Al respecto, dice Rafael Giménez que una de las peores prácticas de las encuestadoras en México, es que casi nunca dejan en claro quién paga la encuesta. Es decir, si quien financió la medición es un partido, un medio de comunicación, un candidato, etcétera. Como no hay información al respecto, lo único que queda, dice, es inferir que el financiador de la encuesta es quien aparece a la cabeza de los resultados, y eso no genera certidumbre: al contrario. Genera más duda porque no hay certeza sobre el origen y la intención de dicha encuesta.

Una de las prácticas que tampoco queda muy clara es cuántos medios de comunicación —locales o de la capital del país— tienen la capacidad de llevar a cabo y financiar sus propias encuestas. Giménez asegura que dentro de los pocos medios de información que sí tiene prestigio en sus mediciones es Reforma.

Todos los demás medios sólo difunden encuestas que otros realizan, casi siempre mediando entre ello un pago por parte del sujeto interesado en la difusión de la encuesta de opinión. Por eso, dice, hay que tener particular atención en la forma en cómo se asumen los resultados difundidos por los encuestadores y por los medios que reflejan esos números, y que a veces dan como propia la intención de la encuesta, cuando generalmente no tienen capacidad financiera y de infraestructura para llevar a cabo ese tipo de mediciones.

En Oaxaca hay cierta idea de quién puede ir a la cabeza en las encuestas, a partir de cuántos de los encuestadores más serios han difundido resultados más o menos parecidos. El resultado global de esa práctica se verá, en un primer momento, a la luz del resultado de la elección; y en un segundo momento, será también revelador el cruce de resultados y predicciones con el saldo final de los comicios del mes próximo.

¿Y EL IEEPCO?

Luego de todo esto, una pregunta esencial es dónde está el IEEPCO respecto a todas esas encuestas de las que no sabemos bien a bien su origen, metodología, intención de propagandismo electoral, y fuente de financiamiento. Queda claro que la autoridad electoral nuevamente se queda corta y revela su incapacidad para cumplir con las funciones que le fueron encomendadas.

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