Para actuar, los movimientos armados buscan coyunturas, no simbolismos

EZLN

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Una premisa básica para entender la relación que se presume entre el movimiento magisterial oaxaqueño y organizaciones armadas como el Ejército Popular Revolucionario, apunta a que, más allá de las especulaciones, los movimientos armados no tienen planteamientos ni estrategias lineales o previsibles. Más bien, los movimientos armados tienen como base de actuación, la organización de largo aliento, y el aprovechamiento de las coyunturas sociales. Actualmente, Oaxaca es un caldo de cultivo perfecto. Y por esa razón no sería rara su presencia en ellos.

En efecto, existen razones palmarias para hablar de la relación entre organismos de lucha social y movimientos armados. En el caso de Oaxaca, la Sección 22 ha encabezado no sólo la insurgencia y el movimiento magisterial desde principios de los años ochentas, sino que la pluralidad de sus corrientes —que van desde las más moderadas y priistas, hasta las más radicales— los ha llevado a generar sinergias con otras organizaciones que, teniendo fines similares, tienen métodos distintos de lucha. El innegable contacto social de unos y otros con los sectores sociales más marginados, hizo hasta natural dicho contacto. ¿De qué hablamos?

De que, por un lado, luego del periodo conocido como la guerra sucia de los años setentas, las organizaciones armadas —el EPR, entre ellos, aunque no es la única que existe en Oaxaca, y en el país— pasaron de ser movimientos rurales a organizaciones urbanas con presencia y base social en sectores marginales de las principales urbes.

Esos sectores marginales son los mismos a los que llegan los maestros, que en estratos como esos es donde también han tenido una presencia y una ascendencia social muy importante. En el fondo, esa relación magisterio-guerrilla parte de la conciencia y el contacto que cada uno de esos grupos, por su lado, tuvo con factores sociales lacerantes como la pobreza o la marginación de esos grupos de población, y de ahí la legitimidad de sus banderas de lucha.

Eso, en sus propias circunstancias, es lo que explica la existencia de históricos maestros-guerrilleros provenientes de sectores rurales, como Lucio Cabañas, o Genaro Vásquez, pero es también lo que actualmente explica la presencia de movimientos armados en zonas urbanas marginales, que son tanto o más pobres y marginados como históricamente lo fueron las poblaciones rurales del país, en las que germinaron los primeros brotes de insurgencia armada en el país, a partir de Rubén Jaramillo como referente de los movimientos armados posteriores a la Revolución Mexicana.

COMBINACIÓN DE FORMAS

En gran medida, esa relación —y ese trabajo de bases— tanto de los maestros, como de algunas organizaciones armadas, entre los estratos más marginados de la población, explica el respaldo espontáneo (al margen de la guerrilla) en las acciones de resistencia. Hay quien no puede entender por qué la gente sale a respaldar a los maestros cuando éstos ofrecen resistencia a la presencia policiaca, e incluso cuando llevan a cabo acciones de protesta que incluyen perturbaciones como el cierre de calle, los plantones, las marcas o, ahora, los cierres carreteros. Aún con esas molestias, hay gente que va a apoyarlos, que los provee de víveres, y hasta quien sale a resistir con ellos. Esa —sin que sea la única— es una causa razonable de ese apoyo aparentemente espontáneo.

Ahora bien, diversos movimientos armados ha manifestado, desde hace por lo menos una década, que ellos no esperan ni planean sobre los periodos históricos. Esto lo dejaron muy claro cuando en el umbral del 2010 hubo cierta expectativa de que esas organizaciones “despertaran” y organizaran una revuelta armada con las que iniciaron en 1810, y exactamente un siglo después. En aquellos momentos, dejaron en claro que para ellos los periodos históricos eran sólo referenciales, pero que ellos más bien trabajaban en la generación de las condiciones para una insurgencia con capacidad de cumplir sus objetivos políticos y militares.

Eso apunta a las coyunturas, y explica lo que ahora mismo podría estar ocurriendo en Oaxaca. En 2006, por ejemplo, hubo una presencia probada de integrantes de los movimientos armados que, en palabras del propio EPR —en un comunicado de junio de 2007, al que hicimos referencia textual en entregas anteriores—, participaron en la revuelta magisterial en su calidad de luchadores sociales. Esa es la muestra concreta de cómo intentan llevar a los hechos un planteamiento reiterado en sus comunicaciones sobre la necesidad de la combinación de todas las formas de lucha, para la defensa del pueblo.

Ese llamado a la unificación y combinación de luchas, al final, significa que buscan actuar en las coyunturas más que con simbolismos, y que están dispuestos a aprovechar todos los momentos en los que pueda haber condiciones adecuadas para la implementación de sus formas de lucha con las que, paralelamente, tienen organizaciones como el magisterio y sus aliados, y las que al mismo tiempo implementa la comunidad cuando hace patente su “mal humor social” frente a ciertas acciones gubernamentales. Por eso, las condiciones actuales que privan en Oaxaca, hacen posible la existencia de este coyunturas como esta.

DE LUTO

Con profunda pena, el autor de este espacio hace patentes sus más sentidas condolencias por el sensible fallecimiento del licenciado Rubén Vasconcelos Beltrán. Oaxaqueño ejemplar, universitario, cronista de la Verde Antequera y, sobre todo, pilar de una familia entrañable en nuestra ciudad. Respetuosamente. Descanse en paz.