No nos sorprendamos: el populismo primero llegó aquí y luego a EEUU

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+ Radicales buscan devolverle al pueblo lo que, según, les fue arrebatado


El populismo del que tanto nos sorprendemos por los desplantes del candidato republicano, Donald Trump, ha hecho tanta mella entre los norteamericanos, como también lo ha hecho en México y en todas las naciones de América Latina que, en el hartazgo, terminaron dominadas por la demagogia. A la distancia parece que el fenómeno es más o menos el mismo: el fracaso de la moderación abre el camino a las expresiones radicales. Y por eso, al otro lado de la frontera norte tienen a Trump, pero aquí tenemos también nuestras versiones particulares.

En efecto, hace pocos días Trump fue ungido como candidato del Partido Republicano al gobierno de los Estados Unidos, y eso ocurrió en medio de una enorme crispación por los planteamientos lanzados por el empresario: según su visión, a los Estados Unidos debe regresar el gobierno de la mano dura contra las amenazas no sólo exteriores, sino de las minorías; se debe proteger el establishment que, según su visión, rompieron sectores poblacionales como los afroamericanos, los latinos y, particularmente, los mexicanos al demandar del Estado norteamericano derechos sociales y protección que no les corresponde porque no tienen la calidad de ciudadanos. Trump impulsa una fuerte visión proteccionista que en gran medida busca regresar al pasado.

No sólo México, sino el mundo, están sorprendidos por el fenómeno Trump porque éste representa no sólo valores retrógradas que comienzan por el desprecio a las minorías raciales y sociales (los afroamericanos, los latinos, los homosexuales, las mujeres, etcétera) pero que alcanzan su verdadera dimensión al plantear su visión de país. Esa sorpresa tiene como fondo el hecho de que hasta ahora Estados Unidos ha sido uno de los polos de la vanguardia social, y ha impulsado fuertemente valores de inclusión, tanto que por eso ya ocurrió lo impensable en otros tiempos: que hubiera un presidente de ascendencia afroamericana.

¿Dónde radica el éxito de Trump? En que, en gran medida, le está diciendo lo que la gente quiere escuchar. No a todos los sectores de la población, pero sí al más importante: al estadounidense promedio que trabajó, que se siente merecedor de los derechos de protección que le debe otorgar el Estado, y que se siente también amenazado y despojado por esas minorías que hoy también exigen protección social y que han provocado una disminución en la calidad de vida de ese sector mayoritario, al que podría ubicarse como el de “los blancos”.

Aunado a eso, hoy Estados Unidos vive las consecuencias de sus catástrofes económicas, en gran medida generadas por los gobiernos moderados que han intentado componer las cosas sin despojar a nadie, sino más bien generando un nuevo reparto. Por eso ese discurso golpeador busca regresar al pasado. Y por eso hay mucha gente que aunque públicamente no manifiesta su apoyo a Trump, en realidad sí estaría dispuesta a votar por él. Esta es una especie de voto de hartazgo y de enojo que, en gran medida, es similar al que permea hoy en países como el nuestro.

NUESTRO POPULISMO

Al final, políticos como Andrés Manuel López Obrador, en su propia circunstancia, también capitaliza políticamente el hartazgo de las personas. Hasta ahora, en México los gobiernos del PRI, PAN y de nuevo el PRI, han generado la situación actual: millones de pobres, un Estado en permanente crisis, la seguridad en vilo, y una incapacidad sobrada para entender, desde el Estado, cuáles son los problemas que la ciudadanía quisiera ver resueltos.

Aquí, nuestra propia versión del populismo se ha dedicado a reprochar todos esos fracasos, y ha buscado también aprovechar el desánimo de la ciudadanía sobre esos gobiernos (que, evidentemente no han logrado el cometido de bienestar que, según, se propusieron desde el inicio) que no generaron las respuestas suficientes; aunque en realidad lo hacen con un grado alto de incertidumbre respecto a si ellos habrían podido cambiar la situación si hubieran llegado al poder.

En el fondo esta situación lo que busca es capitalizar el fracaso sin generar de verdad una expectativa de una respuesta mejor a los fracasos vistos. En América Latina eso es lo que le abrió la puerta a gobiernos como el de Lula en Brasil, Chávez en Venezuela, Morales en Bolivia y varios otros que tienen un corte muy similar y que llegaron al poder no porque tuvieran una verdadera respuesta a sus problemas nacionales, sino simplemente porque le llegaron correctamente al discurso que la gente podría escuchar.

Al final, lo que parece es que Estados Unidos se está alineando a lo mismo que aquí vivimos desde hace tiempo: una realidad muy adversa, que no es totalmente responsabilidad del Estado, pero de la que sí paga el costo el gobernante en turno. Por eso, en su condición, el populismo en Estados Unidos habla de volver a segregar a las minorías, y en los países latinos habla de hacerle justicia a los pobres. Dos caras de una misma moneda.

OTRO GOLPE

El alza a los combustibles anunciado ayer por el gobierno federal es otra demostración de la compleja realidad, a la que debemos acostumbrarnos partiendo de una premisa: la renta petrolera se acabó, no existe y no volverá en mucho tiempo. Por eso los mexicanos tenemos que enfrentar situaciones como ésta. Preparémonos, además, para que en el mediano plazo se vuelva a plantear el establecimiento de IVA a alimentos y medicinas, y otras medidas que fracasaron en el pasado pero que no murieron. Es sólo cuestión de tiempo.