El gobierno federal olvida, y repudia, a la IP oaxaqueña

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+ Ninguna estrategia: economía local agoniza desde 2006


Es patética la posición del gobierno federal, que optando por el camino fácil asume que con el solo hecho de que se haya realizado la fiesta de los Lunes del Cerro en Oaxaca, y de que se hayan —medio— reabierto algunas de las vías de acceso a la capital oaxaqueña durante estas semanas. El problema de fondo no radica ahí, sino en que la economía local enfrenta una crisis que se arrastra desde hace una década, y que se acentuó por la imagen de ingobernabilidad y caos que, en gran medida gracias al gobierno federal, Oaxaca le ofrece al mundo.

En efecto, al iniciar la semana, el Consejo Coordinador Empresarial hizo un llamado a recuperar la paz, el respeto y la legalidad ante las protestas de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), y demandó la actuación de todas las instituciones del Estado mexicano en la solución del conflicto. En voz de su presidente, Juan Pablo Castañón, el CCE consideró que se ha llegado a un punto inaceptable la disrupción en varias zonas del país de la legalidad, el orden y la paz pública por parte de la CNTE y otros grupos afines, y que en muchos casos persiguen intereses particulares.

Ya basta —señaló el CCE: los derechos y la seguridad física y patrimonial de ciudadanos y empresas no pueden ser moneda de cambio de ningún proceso de diálogo o negociación entre un grupo en particular y las instituciones del Estado (…)Nadie pide que se reprima la protesta, sino que se respeten los derechos de todos por igual y se proteja a la población”, subrayó el dirigente empresarial.

En su publicación La voz del CCE expresó que el diálogo debe prevalecer, pero no a costa de la ley, el orden y la tranquilidad pública, y menos aún si quien paga los costos y las pérdidas es la sociedad, son los ciudadanos. Y refirió que además de frenar cambios para que las nuevas generaciones tengan acceso a una mejor educación, en especial en algunas de las zonas más pobres, el conflicto genera afectaciones muy serias y cuantificables en diversas actividades y en el mismo ánimo de la población.

NEGACIÓN Y REPUDIO

¿Cuál fue la respuesta del gobierno federal, y sus aliados? Por un lado, la negación; y por el otro, el repudio. En el primero de los aspectos, el propio Miguel Ángel Osorio Chong señaló que “ha venido atendiendo las quejas presentadas por el sector empresarial”. He estado observando en estos últimos días —dijo en una entrevista radiofónica— el planteamiento del sector empresarial, con el que hemos venido platicando y con el que hemos venido avanzando.

Referente a los mensajes difundidos por los sectores productivos, el titular de Gobernación precisó que cuando se reunió con ellos y abordó el caso específico de Oaxaca… Les aseguré que estarían las condiciones para llevar a cabo la Guelaguetza, les aseguré que íbamos abrir los caminos y se cumplió, que íbamos a resolver el tema de los trenes, también se resolvió. La mayoría por diálogo y algunas, porque veo la exigencia como si no se estuviera haciendo, del uso de la fuerza pública para poder despejar caminos, carreteras o trenes”.

Así, no conforme con esto, el líder de los diputados federales del PRI, el mexiquense César Camacho Quiroz, dijo que la posición del sector privado, más que un planteamiento jurídico, se trata de una estrategia política.

En consecuencia, subrayó el legislador, le tocará a un juez resolver sobre este asunto, que es más bien deducir un planteamiento político, formular un planteamiento político, aprovechando una vía jurídica que pronto se resolverá. “Las reacciones que el sector empresarial tiene frente a acontecimientos concretos, no son asuntos sencillos de resolver, pero están avocadas las autoridades a que esto ocurra no solo en el marco de la ley, sino con el respeto de los derechos del resto de las personas que se ven afectados en su derecho al libre tránsito, en su derecho a dedicarse a la actividad comercial que más le convenga”, afirmó.

De verdad, los funcionarios federales y la gente del PRI —que acaban de ganar el gobierno de Oaxaca— siguen sin entender lo que ocurre en la entidad. Aquí, la crisis no se generó el 19 de junio cuando fue el enfrentamiento en Nochixtlán: de hecho, ese fue el mero pretexto que desató la furia y la podredumbre que estaba escondida desde hace una década. A partir de ese día, los comercios y empresas locales volvieron a sufrir, porque vienen arrastrando no sólo una crisis que tuvo su origen en el conflicto magisterial de 2006, sino también profundos daños económicos por los que hoy no han podido resistir ni un mes sin una actividad económica constante.

Pues resulta que cualquier empresa medianamente seria tiene ciertos activos para resistir las temporadas bajas. Para la gran mayoría de esos comerciantes, ese soporte quedó devastado en 2006, y nadie los resarció por las pérdidas sufridas en aquel entonces. De hace una década a la actualidad, no han vuelto a haber la misma ocupación hotelera, apenas si se lograron recuperar los asientos de avión ocupados —y ahora se volvieron a perder, quién sabe hasta cuándo—; la economía local ha crecido marginalmente. Y finalmente, en esta enfermedad crónica de la economía local, sólo hacía falta un cambio brusco de temperatura para que esa neumonía volviera.

¿EXAGERACIÓN?

Por eso es una protesta razonable la del sector privado en contra de un gobierno dispuesto a dejar que Oaxaca se pudra. No se trata de la carretera abierta o de los Lunes del Cerro: se trata de que Oaxaca se recupere de fondo de esta crisis que lleva una década.

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