Si Seculta ya liquidó a la OSO, que también clausure el CIMO

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+ Oaxaca sigue sin proyecto cultural, y sin recursos para la gente


Es una triste noticia para Oaxaca, que la Secretaría de las Culturas y Artes de Oaxaca (Seculta) haya decidido prácticamente liquidar a la Orquesta Sinfónica de Oaxaca (OSO), al concluir que no existen recursos económicos disponibles para continuar su operación. Ante tal decisión, y como una forma práctica de reencauzar su presupuesto, la secretaria Ana Vásquez Colmenares debería aprovechar para cerrar el también recién inaugurado Centro de Iniciación Musical de Oaxaca (CIMO). Sin proyecto cultural, y sin un derrotero más o menos claro para los músicos de carrera en Oaxaca, no sirve de nada la inversión pública en la formación de nuevos músicos.

En efecto, una nota del portal cultural Sucedió en Oaxaca daba cuenta ayer del triste final de la Orquesta Sinfónica de Oaxaca. “Sin director, sin gerente, sin concertino, sin programa de trabajo 2017, sin presupuesto y sin 35 de sus principales atrilistas, contratados por honorarios para reforzar cada una de sus secciones, la Sinfónica de Oaxaca se encuentra materialmente desmantelada”, decía la nota firmada por Elisa Ruiz, mientras señalaba que el nuevo subsecretario de Seculta, Ignacio Toscano, se reunió con los integrantes de la Sinfónica para informarles que no había recursos para continuar con los trabajos de la OSO.

“A dicha reunión —dice la nota— asistieron todos los integrantes de la Orquesta, tanto los fijos como los de honorarios. Los primeros para solicitar su homologación de salarios con los de honorarios, y los segundos para revisar el tema de su recontratación, para lo cual, precisó la violinista Martha Moreyra, ellos tienen conocimiento de un fondo remanente para al menos dos meses de trabajo: enero y febrero. En respuesta, “Nacho” Toscano, les comentó que desconocía la existencia de tal fondo, y que luego de una revisión al tema se había concluido que el gasto de la Orquesta Sinfónica era excesivo”.

Según la información, en dicha reunión los músicos resaltaron los buenos resultados de la OSO en los últimos meses. Pues más allá de lo que se cuestione a la administración anterior, y de en ello resalten las deficiencias de Alonso Aguilar como titular de la dependencia, es claro que la Sinfónica tuvo resultados notables, como la reintegración completa del número de músicos que son necesarios para que una orquesta pueda considerarse como Sinfónica, además de haber realizado una temporada completa de conciertos en Oaxaca, un programa anual de trabajo en el país, y la presencia de un número muy importante de músicos invitados.

Evidentemente, la apuesta de Aguilar con la OSO fue por demás arriesgada, a partir de que el sostenimiento de una Orquesta Sinfónica representa una inversión importante de recursos, en una entidad que tiene una riqueza musical inmensa a través de las bandas de música de las comunidades, y de que también requiere inversiones permanentes para acercar la cultura a las regiones del estado.

No obstante, la OSO ha justificado siempre su existencia, a partir del funcionamiento del CIMO. Para cualquier industria cultural, pública o privada, siempre es necesaria la existencia de un centro de formación que la provea y nutra de nuevos talentos, para que a su vez, esa industria cultural tenga la capacidad de estimular la movilidad de sus integrantes. Así, se supone que el CIMO es el semillero de talentos de la Sinfónica y de las bandas de música de la entidad, las cuales tendrían que ser sendos escaparates para que sus integrantes lograran alistarse en orquestas o bandas de mayor envergadura, en México o el extranjero.

CIERREN EL CIMO

Evidentemente, el funcionamiento del CIMO, de la OSO, y de las bandas de música estatales, corresponde a una visión cultural específica, que ni es homogénea, ni tampoco es la única que existe en Oaxaca. Quizá la nueva Secretaria de las Culturas y Artes de Oaxaca tenga un nuevo proyecto cultural, o esté decidida a reformar desde sus cimientos la infraestructura y la visión de cómo se deben fomentar las actividades e industrias culturales en la entidad. El problema es que hasta el momento no ha establecido claramente los qués, y mucho menos ha dado pauta de los cómos.

En ese contexto, la posible desaparición de la Orquesta Sinfónica podría dar alguna pauta, que necesariamente tendría que venir acompañada de otras decisiones difíciles, como el cierre del CIMO. Es duro aceptarlo: pero al eliminar la única posible fuente de empleo y expresión de los niños y jóvenes que ahora se forman en el Centro de Iniciación Musical —y que lo hacen no por hobby, sino para llegar a ser músicos profesionales y para tener en eso una forma digna de vida—, es claro que el Estado tampoco debería realizar esa inversión y mejor canalizar los recursos a otras formas de formación cultural.

El problema es que seguramente lo que está pasando es que están decidiendo a ciegas sobre la Sinfónica, sin siquiera reparar en las implicaciones que tiene esa decisión, y en el enorme contrasentido que tendría para la administración actual, lucirse con un renovado Centro de Iniciación Musical que no sería sino una fuente de fuga de talentos no por circunstancias sino por obligación: si esos músicos no tienen aquí en Oaxaca un derrotero laboral, tendrían irremediablemente que emigrar para cumplir con el objetivo de su formación, que es integrar una orquesta o una banda del nivel para el que fueron formados.

¿Y ENTONCES, QUÉ CULTURA?

Si la visión cultural actual es esa, entonces el impulso tendría que ir hacia la cultura en las comunidades de Oaxaca. ¿Ya sabe entonces la Secretaria de las Culturas cuántas casas de la cultura hay, cuántas casas de pueblo; cuánto se necesita para dignificarlas; y cuál sería el impacto —positivo o negativo— para la cultura en la entidad?