Xoxocotlán, ejemplo de una disputa entre los malos y los peores

 

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+ Jarquín, igual de cuestionado que su antecesor en Ayuntamiento

Es muy particular la disputa en la que se enfrascaron las autoridades actuales del Ayuntamiento de Santa Cruz Xoxocotlán, con sus antecesoras. Lo es porque pareciera que cuando se trata de hablar de corrupción, los conversos se sienten puros, y viceversa. Es cierto: en los últimos lustros, Xoxocotlán ha sido un territorio permanentemente lastimado por las disputas políticas y por los excesos de sus autoridades. Sin embargo, queda claro que en ese microcosmos, hoy menos que nunca unos pueden convertirse en verdugos de los demás, cuando todos son parte del mismo problema.

En efecto, en las últimas semanas edil actual de ese municipio conurbado a la capital oaxaqueña, Emanuel Alejandro López Jarquín, ha estimulado las denuncias —públicas y mediáticas, aunque no queda claro si también en la vía jurídica— en contra de Héctor Santiago Aragón, acusándolo de cualquier cantidad de desvíos y actos de corrupción.

Ha facilitado, mediante gacetillas (con el viejo método del “ahí publícalo como si fuera tuyo”), documentos e información para exhibir a Santiago Aragón que, vale decirlo, durante su gestión fue ejemplo de todo tipo de frivolidades y excesos que, por las solas apariencias, hoy le dan la razón a quienes lo acusan. No obstante, en ese cruce de acusaciones no debieran quedar extraviadas las coordenadas de fondo que determinan tanto al acusador como al acusado. ¿De qué hablamos?

De que por un lado, en Oaxaca hay pocos ejemplos tan acabados de personajes cuestionados de principio a fin al frente de ayuntamientos importantes, como lo pueden ser hoy Héctor Santiago Aragón, y Galdino Huerta Escudero, en Xoxocotlán y en Santa Lucía del Camino. El llamado Lobo Mayor, fue cuestionado desde antes de ser electo como candidato del PRI al Ayuntamiento de Xoxocotlán por haber aprovechado su fama populachera de locutor cumbiero, junto con los favores económicos y políticos que intercambió con el entonces dirigente priista, y hoy secretario General de Gobierno, Alejandro Avilés Álvarez para convertirse en abanderado priista para ese ayuntamiento.

Sin explicación ni argumentos sostenibles, el PRI lo lanzó a la alcaldía y ganó la elección pero no por su fortaleza en campaña, sino por el favor que le hizo el PRD postulando en la diputación que incluye a ese municipio, al ex también edil de Xoxocotlán, José Julio Antonio Aquino, y a un endeble Juan Carlos Ignacio Esteva, que terminó siendo arrollado por el repudio y el ‘fuego amigo’ lanzado en contra de José Julio. Eso, quizá sintió Santiago Aragón, habría sido como sacarse la lotería.

¿Por qué? Porque durante su gestión hubo todo tipo de excesos. Xoxocotlán padeció los signos del abandono y la simulación de obras y acciones de gobierno. De hecho, hoy lo acusan de haberse ido sin comprobar alrededor de 500 millones de pesos, y de acrecentar pública e inexplicablemente su patrimonio durante ese periodo. Ello revela que Santiago Aragón no sólo no tuvo interés en generar certidumbre sobre su gestión, sino que además cometió los pecados propios de la imprudencia y de la ostentación, que directamente lo hicieron parecer responsable —independientemente de si se logra acreditar, o no, que desvió recursos públicos, y si los usó para su beneficio personal— de todo lo que se le acusa.

PARADOJAS

Así, Héctor Santiago Aragón enfrenta ya no sólo las responsabilidades jurídicas —administrativas y penales— que puedan derivar de su gestión como edil, sino también el repudio popular por su frivolidad y soberbia. No obstante, lo que no hay que perder de vista es que quien lo acusa, y para mal de Xoxocotlán, tendría también mucho que explicar sobre su desempeño como diputado y como titular de la Secretaría de Desarrollo Social y Humano, en el gobierno del —también repudiado— gobernador Gabino Cué Monteagudo.

¿De qué hablamos? De que como no tenemos memoria, pareciera que muchos de nosotros ya olvidamos que, por ejemplo, Alejandro López Jarquín fue el cuestionado presidente de la Junta de Coordinación Política durante el último año de la LXII Legislatura, cuando se dieron a conocer millonarios desvíos de recursos del Poder Legislativo que quedaron en cuentas bancarias de particulares.

De él, particularmente, se exhibieron estados de cuenta bancarios en los que se reflejaba el importante y acelerado crecimiento de sus ahorros e inversiones, las cuales no eran proporcionales a lo que se decía que ganaba un legislador local. A pesar de todo eso, López Jarquín fue uno de los que bloqueó cualquier posibilidad de que se auditaran los recursos del Congreso, y luego fue protegido por el Gobernador a través de la Sedesoh.

En esa dependencia aún hace falta por aclarar cuál fue la razón por la que persisten los claroscuros respecto a programas sociales como el de las ayudas económicas a adultos mayores, a estudiantes, de útiles escolares y de dotación de uniformes. López Jarquín fue titular de esa dependencia justo hasta el momento en que se anunció su candidatura a la alcaldía de Xoxocotlán. Se fue, pero los cuestionamientos —que ya existían en su periodo como servidor público— sobre las irregularidades en la gestión de los programas sociales de esa dependencia continuaron hasta el último día del gobierno de Cué Monteagudo.

POBRE XOXOCOTLÁN

Así, queda claro que son iguales tanto el pinto como el colorado. Acusador y acusado padecen exactamente del mismo mal. Aunque el problema es que, como siempre, a la inmensa mayoría nos falla la memoria. Qué injusto destino para ese importante municipio, porque a través de esas disputas palaciegas siguen evadiendo los temas verdaderamente dolorosos para la ciudadanía, como la inseguridad, los giros negros y otros que están perfectamente identificados pero de los que coincidentemente no habla la autoridad. Ni la actual, ni la que se fue.