Por acumulación de fuerzas rumbo a 2018, S-22 podría no ir a paro de labores

 

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+ Movilizaciones tienen un sentido político estratégico; peticiones, intrascendentes


A pesar de lo incierto del panorama actual en Oaxaca, y de la actitud oficial por momentos inconsistente y tímida frente a la Sección 22 del SNTE, sí hay posibilidades de que en este 2017 no haya paro indefinido de labores. Ello se explicaría a partir de la idea —que cada día permea más al interior del magisterio—, de que deben acumular fuerzas rumbo al definitorio año 2018 y de que todo lo que pretenden negociar en su pliego petitorio actual es verdaderamente intrascendente para sus intereses de fondo. Salvo eventos extraordinarios, ello explicaría su aparente moderación actual.

En efecto, ayer en el marco del Día del Maestro, y de las movilizaciones tradicionales de la Sección 22 del SNTE, el director General del IEEPO, Germán Cervantes Ayala descartó enfático la posibilidad de que estalle el paro por parte de la Sección 22 en esta entidad. El funcionario dijo que sólo ayer lunes no se laboró por ser día feriado a partir de la celebración del Día del Maestro, pero que hoy martes todos los profesores oaxaqueños regresarán a las aulas.

De acuerdo con información difundida ayer, el Titular del Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca explicó que hasta el momento se ha atendido las demandas de los maestros, y que hay un diálogo contante con la dirigencia para trabajar a favor de los niños y niñas de Oaxaca y no se estalle el paro. Dijo que si los maestros no acuden a las aulas este martes, el IEEPO sancionará como lo marca la ley, aunque confió que los profesores asistan de manera normal a clases.

Así, en apariencia el IEEPO y el Gobierno del Estado parecen tener la certidumbre de que no habrá paro indefinido de labores en las semanas próximas, a partir de las negociaciones que llevan a cabo y los avances que tienen en las mesas de trabajo que instalaron desde el mes de diciembre para la regularización del personal que tenía problemas relacionados con su plaza de trabajo, así como con el proceso de contratación de los normalistas ya fuera con plazas de profesor, o con becas temporales en lo que se preparan para lograr cumplir con los exámenes y requisitos establecidos en la Ley General del Servicio Profesional Docente.

Ante ese escenario que, en apariencia resulta hasta demasiado bueno para ser cierto, vale la pena preguntarse: ¿En realidad esa es la única razón por la que el IEEPO y el Gobierno del Estado están convencidos de que no habrá paro de labores en este 2017, porque están entablando una relación constructiva en la que se privilegia el diálogo y la concertación? Evidentemente, esas razones esgrimidas por el sector gubernamental —algunas de las cuales a estas alturas suenan más a lugares comunes que a argumentos de fondo— no alcanzan a explicar por qué el magisterio oaxaqueño podría no irse al paro de labores durante el presente año y por qué, además, ello no representa ninguna garantía de que las hostilidades magisteriales no se desaten el año próximo.

PENSAR EN 2018

Ante la interrogante, hay que considerar algunos factores: el primero de ellos, es que la forma que históricamente ha tenido de participar en los momentos políticos y en los procesos electorales —recordemos que ellos han sido siempre, además de un gremio, un movimiento social y de abiertas motivaciones políticas— es a través de la movilización. Es una falacia pensar que los maestros sólo se movilizan como estructura electoral en las jornadas de votación, o que su apoyo a tal o cual candidato o partido se hace presente a través del activismo.

Ellos, pensando todo lo anterior en sentido contrario, participan en los momentos políticos a través de la movilización de sus bases —paros, marchas, plantones, y todas sus formas tradicionales de manifestación—, y también definen su rumbo político no a través de discursos o de posturas retóricas, sino a través de la materialización del voto de castigo y el apoyo silencioso a la fuerza política o al candidato que previamente dejaron fuera de su censura como gremio. Eso es lo que ellos han hecho en todos y cada uno de los procesos electorales en los que han participado, y es una de sus formas de manifestación más conocidas.

Otro factor que, en esa misma lógica se debe considerar, es que la Sección 22 necesita permanentemente, procesos intermitentes de acumulación y expresión de fuerzas. En los últimos años mantuvieron intensas movilizaciones relacionadas con la reforma educativa, con los procesos de evaluación, con la expropiación que el gobierno de Gabino Cué les realizó de la estructura orgánica del IEEPO, y por la regularización de sus agremiados que tenían problemas en el cobro de sus salarios. Es decir, que en los últimos cuatro o cinco años, la 22 ha desgastado intensamente a sus bases y ahora necesita pasar por un proceso natural de acumulación de fuerzas, y de establecimiento de sus prioridades reales de movilización y de protesta.

En ese marco, ¿qué pudiera ser tan importante en 2017 —que no es año electoral, que nada relevante se define en Oaxaca, y que cuenta además con un interlocutor que ofrece apertura y atención a sus demandas coyunturales— como para movilizar y desgastar a sus bases? Aún mejor: ¿qué pudiera ser tan importante como para preferir el 2017 por encima del 2018, que es un año en el que ocurrirán las mayores definiciones políticas de las últimas décadas en México, por la elección presidencial y su empalme con los procesos electorales locales, como los que ocurrirán en Oaxaca para renovar la integración del Congreso del Estado y los poderes municipales?

La cuestión no es menor: en este año, podría ocurrir que la Sección 22 opte por no generar movilizaciones de gran desgaste. Ello lo reflejaron en el contenido de su pliego petitorio, que en realidad no contiene ninguna exigencia irrealizable —más allá de sus demandas políticas, de abrogación de leyes, o algunas otras que de antemano ellos mismos saben que no lograrán— y que más bien está limitado a temas de coyuntura, como regularizaciones y dotación de infraestructura y algunos insumos que, quizá a través de un esfuerzo, el gobierno estatal sí podría darles.

En esa misma lógica, el propio gobierno de Oaxaca tendrá que asumir que una negociación relativamente cómoda y civilizada durante el presente año —si es que no resulta vetada por el radicalismo de la Asamblea Estatal, que suele imponerse en los momentos menos previsibles a favor de medidas duras— no es indicio de una nueva relación con la Sección 22. Ellos lo harían así según su propia agenda y para generar una correcta acumulación de fuerzas rumbo al 2018, en el que se volcarán abiertamente a apoyar al candidato y el partido que definan, y en el que ni la más poderosa negociación política, al más alto nivel, podrá evitar. Eso es de antemano un hecho. A pesar de lo benigno que pudiera finalmente parecer el saldo de la negociación en 2017.

BARBARISMO

Nadie parece capaz de hacer que entren en cordura quienes insisten en seguir disputando sus asuntos a balazos y con violencia. A estas alturas, los enfrentamientos entre los transportistas del Sindicato Libertad y los de la CTM ya parece una estadística más, incluso por encima de los terribles hechos de violencia en los que reiteradamente ha habido muertos y heridos. ¿Esa es la forma en la que los aliados del régimen —la CTM es un sector adherente al PRI— le ayudan a generar un mejor escenario? Más bien, es una forma abominable de demostrar lo decididos que están a imponer siempre sus respectivos intereses, y su voluntad.