Anaya es al PAN lo que Madrazo fue al PRI, lo que los Chuchos al PRD, y lo que AMLO al país

Difícil hallar en un solo personaje tantos defectos juntos. Máxime cuando se trata de un ejercicio político de primer nivel y de personajes entre los que se juega el futuro del país. Sin embargo, según los hechos queda claro que Ricardo Anaya Cortés no sólo representa un problema para el PAN, su partido, sino también para el país. Sus defectos políticos encarnan trepidantes historias que ya hemos visto, y que seguimos viendo en otros partidos, pero que no representan ningún orgullo para nadie.

En efecto, el viernes Margarita Zavala presentó su renuncia al PAN. Lo hizo luego de comprobar que Ricardo Anaya, el dirigente nacional, estaba tratando de alargar los tiempos de la definición sobre el método de selección de su candidato presidencial, por un lado para evitar que ella tuviera definiciones respecto a cuál sería el mecanismo dentro de su partido; y por el otro, para que se le venciera el plazo que establece la ley para buscar una candidatura presidencial por la vía independiente.

La presión de Anaya finalmente derivó en la decisión de Zavala de renunciar, en medio de señalamientos de inequidad y segregación al interior del PAN, hacia todos aquellos que no coinciden con sus formas de hacer política, y particularmente con sus intenciones de convertirse, desde la presidencia nacional, en candidato presidencial.

Todo esto ocurre en el contexto. en el que el PAN prácticamente ya logró construir una alianza con el Partido de la Revolución Democrática y Movimiento Ciudadano. Sin embargo, desde el inicio propios y extraños a esos partidos denunciaron que el acuerdo construido entre los dirigentes del PAN y PRD consistía en dividir las candidaturas de acuerdo con sus respectivas posibilidades y con sus ubicaciones en las encuestas.

Por eso, decían, Anaya habría acordado para el PAN la candidatura presidencial, por ser el partido que, de los tres, se encuentra mejor ubicado en los sondeos de opinión; a cambio, le otorgaría al PRD la posibilidad del nombramiento de la candidatura a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México; y Movimiento Ciudadano obtendría candidaturas para cargos legislativos en las dos cámaras federales.

En realidad, el escándalo no radicaba en la forma en cómo se están repartiendo las candidaturas, sino en el hecho de que pareciera que tanto Anaya como la presidenta nacional del PRD, Alejandra Barrales se hicieron sendos trajes a la medida para construir, desde sus respectivas dirigencias nacionales, las candidaturas de las que ellos pretenden ser los abanderados.

Por eso, si bien en el PRD no existe ninguna competencia por quién será su posible candidato presidencial —Miguel Ángel Mancera era su único contendiente posicionado, pero hoy es incierta la posibilidad de que deje el Gobierno de la Ciudad de México luego de los sismos del mes de septiembre pasado, y las tareas de reconstrucción y apoyo a la ciudadanía que él encabeza—, en el PAN sí existe una competencia bien estructurada por la candidatura presidencial.

Ésta tenía como una de sus principales participantes a Margarita Zavala, pero también tiene al propio Ricardo Anaya que, rompiendo todas las reglas de la equidad y repitiendo viejas historias de la política nacional, quiere convertirse en candidato presidencial desde la dirigencia nacional de su partido, a través de métodos excluyentes y poco claros, y a través de una política de contrastes que sólo nos evoca a otros personajes que no corresponden a la supuesta juventud y capacidad política de Ricardo Anaya. Veamos.

ANAYA, COMO LO PEOR

Anaya evoca fielmente a Roberto Madrazo Pintado, que entre 2004 y 2006 se dedicó a golpear a todas las fuerzas internas de su partido, el PRI, para construir su candidatura presidencial desde la dirigencia nacional de su partido. Madrazo, al no haber sido el candidato presidencial del presidente Zedillo, se quedó como el heredero del priismo luego de la derrota del año 2000.

Él se convirtió sin problemas en dirigente nacional, pero conforme se acercaba de nuevo el proceso electoral dejó ver sus intenciones de convertirse en candidato. Como había otros interesados en la candidatura, Madrazo decidió tomar ventaja y desde su cargo de dirigente nacional se dedicó a segregar a todas las fuerzas que se le oponían. Al final, se convirtió en candidato presidencial pero únicamente para dedicarse a cosechar todas las insidias que había generado, y todo el rechazo que había ganado con sus prácticas porriles para ganar la candidatura presidencial.

Por eso, en el umbral de la jornada electoral, la gran mayoría de los gobernadores priistas decidieron orientar el llamado voto útil hacia el candidato panista Felipe Calderón, con tal de evitar que AMLO se convirtiera en Presidente. Lo lograron. Y entonces quedó claro que Madrazo, por sí mismos, había sido repudiado por sus propios compañeros de partido.

Anaya también es un ‘chucho’ dentro del PAN. Lo dijimos en nuestra entrega anterior, y la renuncia de Margarita Zavala al PAN por las presiones de Anaya, lo confirman: que el Líder nacional, igual que los ‘chuchos’ en el PRD, está decidido a todo con tal de cuidar su parcela política, sus intereses y sus candidaturas, y que en ese afán está dispuesto a quedarse incluso con el puro membrete si eso le garantiza no compartir sus decisiones con nadie y tampoco consensar la democracia interna y las decisiones trascendentes, con los demás grupos al interior de su partido.

Y finalmente, Anaya también emula a López Obrador en su intención totalitaria. La salida de Margarita Zavala no hace sino confirmar que la política actual del panismo es del todo o nada, igual que la del tabasqueño en el partido Movimiento de Regeneración Nacional. En su partido, AMLO logró construir esa dirigencia vertical que, además, nadie le cuestiona. Por eso lo califican como un mesías, en el que hay que creer y tener fe, pero no en el que quepa la crítica, el disenso y la pluralidad. Exactamente lo mismo ocurre en el panismo con Anaya, aunque con la diferencia de que el panista es apenas un émulo —un pésimo chiste— de lo que representa Andrés Manuel para el país, con todo y sus muchos defectos.

ANIDAR LO MALO

Por eso los cuestionamientos abundan. No hay forma de pensar en renovación ni en pluralidad cuando las prácticas se acercan a lo peor de la política nacional. ¿Alguien creerá que queda algo de “ciudadano” en estas prácticas?