Muerte digna


Carlos R. Aguilar Jiménez.

Avala Senado la muerte digna, para mejorar condiciones de vida y evitar sufrimiento a las personas que padecen enfermedades terminales y a quienes se mantienen subsistiendo con base al funcionamiento de aparatos y dispositivos que suplantan órganos que no funcionan, al ser sustituidos por maquinas, garantizan que el cuerpo siga funcionando relativamente, no obstante, esté postrado para siempre en cama, sufriendo recíprocamente el paciente terminal y familiares.

Con la decisión del Senado respecto de permitir y quizá proporcionar paliativos, los pacientes sobrevivirán mejor, sin dolor, no obstante, respecto de lo que se debe legislar siguiendo esta línea, es la eutanasia, la posibilidad de que cada quien, sabiendo que la calidad de vida es ínfima o inexistente, y no existe desde que un paciente no puede ir al baño solo, o transcurrirá lo que reste de su existencia en cama, decida si deja de existir ya sea por suicidio o por decisión de familiares, como sucede con enfermos que establecen en caso de sufrir y perder la conciencia irreversiblemente, sean desconectados o no sean conectados a aparatos para así morir dignamente y descansar en paz, sin embargo, al existir la creencia en un mundo sobrenatural, el más allá, a donde se van las almas de los muertos y la condena religiosa respecto de que quienes se suicidan y quitan por voluntad propia la vida que Dios les dio, se van al infierno, porque la vida no era de ellos sino de Dios y en consecuencia no tienen derecho a quitársela, el miedo a las consecuencias en ultratumba evita o limita a creyentes a recurrir a la muerte asistida o eutanasia, buena muerte, teniendo que prolongar su agonía con dolor y perdurar en la existencia con todo tipo de sufrimientos, dolencias y daños, no únicamente para el enfermo sino para familiares que tienen que solventar gastos extremos y desgastes físicos y psicológicos indecibles al tener que conservar a un ser querido que sufre todos los días, ya sea consciente o instintivo pero medio vivo. Suiza y Holanda como ejemplo de países más desarrollados, el primer mundo del primer mundo, incluyentes y respetuosos de la vida, su Parlamento o Senado ha legislado al respecto y permite el aborto y muerte asistida, eutanasia, mejorando la calidad de vida de familiares y los servicios hospitalarios y médicos, porque tienen el entendimiento biológico, científico, no religioso, que la vida es un proceso bioquímico resultado de la evolución que nos correlaciona con los seres vivos de este planeta y, cuando alguien muere, igual que muere un caballo, gato o el animal que sea, se muere y ya, excepto para los religiosos que creen que el ser humano no muere, porque tiene alma y esta sigue “viva”, se va al Cielo o Infierno, según dicen los anacrónicos y obsoletos dogmas cristianos que condenan la muerte digna y eutanasia.