¿Qué me puede malir sal?

Mariano Estrada Martínez

Esa mañana, el rector de la principal universidad de la ciudad se levantó temprano y de buen humor. Se preparaba para sus últimos eventos como decano, precedido de una fama de no aferrarse a controversias ytener rumbos claros. Había hecho de su carrera una suma de no fáciles conquistas, pero ya daba avisos de cansancio,  que si bien no le quitaban méritos, lo dejaban ver más como un tecito  de manzanilla: sin tantas fuerzas ni bondades, pero les caía bien a todos.

  • Hoy será un gran día.
  • Siempre dices lo mismo corazón. 
  • Es la inauguración de la cafetería escolar ¿Qué podría salir mal? 
  • ¿Llevas tu discurso?
  • ¿Un speech? No, para nada, los chavos de la facultad de letras ya no los toleran, algo improvisaré. 

Había conocido a su esposa treinta y siete años atrás en la facultad de filosofía y letras, él era catedrático de literatura latinoamericana y ella era la encargada de etimologías y creación literaria. 

La nueva cafetería lucía reluciente, ceñida con un gran listón rojo y flanqueada por unos perfectos pendones con el nombre de la cafetería universitaria: 

“LOS AMOROSOS, CAFÉ, SABINES Y MAS”

Acompañado de su esposa, algunos directores, maestros y un ciento de estudiantes de facultades como Filosofía, Psicología y Antropología entre otras. Se dio paso al evento protocolario:

  • Buenas tardes a todos, todas y (haciendo una pequeña pausa, levantando un poco los hombros y mirando por arriba de sus anteojos terminó saludando: Y a todes. 

Risas de algunos, caras de admiración de otros. Sin quererlo se empezó a mover en arenas movedizas y agitadas. 

  • Lo cierto es que hoy me congratulo en inaugurar esta bella cafetería universitaria que alberga una gran área de comedores y otra área provista de revisteros, libros, conexiones y área de wifi y ojalá que libre de tabaco. 

Mas risas y aplausos. 

Su esposa entonces le extendió las tijeras para cortar el listón sin embargo el prosiguió con su pequeño discurso:

  • ¿Saben? Me gusta el nombre de la cafetería, que da título a uno de los poemas mas conocidos del poeta chiapaneco Jaime Sabines, los amorosos, o amorosas si gustan, no lo sabemos, finalmente el amor va vagabundeando sin una orientación personalizada, ni pendiente de una moda, pero el amor es un compromiso engrandecido y lleno de…
  • O amoroses, un chico entre el gentío interrumpió y explotaron las risas. 

Levantando la mano de entre los jóvenes alguien se acercó hasta el estrado y con voz enfadada pidió la palabra.

  • Rector, no creo que sea de risa lo que aquí se está estableciendo con comentarios vulgares y soeces de fáciles dividendos para hacer reír, creo que el principio básico de la universidad es la diversidad, así que pido respeto para todes. (Levantando un puño en alto otras personas la secundaron).

Un chavo de lentes redondos y cabello encrespado alzó la voz sin pedir la palabra: 

  • Compañera, o compañere o como sea, yo pienso que… 
  • ¡Por supuesto que como sea no! Aquí hay trans, neithers, neutrois, gays, no binarios y la gran comunidad de lgtbyg y mas, así que tu “como sea” nunca más y ¡a ningunearnos a otra parte!

Un maestro de la facultad de filosofía trató de tranquilizar la situación:

  • Está bien, creo que es motor de la facultad el libre pensamiento y la libertad de expresión, eso es lo que más deseamos y por lo que se nos reconoce, no veo en las palabras del rector ofensa alguna mas que la manifestación del amor en cualquiera de sus maneras. 
  • Eso cree usted – increpó alguien en segunda fila– Para nosotros los no conformes con los géneros convencionales deseamos más, mucho más que palabras irónicas del patriarcado mentiroso y añoso manifestado en las ideas arcaicas del rector y de todos ustedes como autoridades…
  • ¿Patriarcado mentiroso? – Riñó rápidamente la esposa del rector. – Jovencito, déjeme decirle que…
  • ¡Jovenciti por favor! Interrumpió otro joven mas muerto de risa que sin ánimo de argumentar nada. 
  • Ríete imbécil, ríete perro, órale, ríete desde tu racismo disfrazado de chiste. ¡Échenle brillantina compañeras!
  • Atrévete, órale atrévanse, siempre con su lógica de que sólo a ustedes se les debe escuchar y los demás no decir nada porque sino se ofenden. ¿Qué van a hacerme, pintarrajearme?

Y estalló la batalla. 

Detrás de las sutiles palabras inclusivas del rector se escudaron de lo que no quisieron entender y se lincharon con lo que cada quien pretendió escuchar. 

La reyerta se posicionó en todos los frentes: maestros contra alumnos, alumnos contra la esposa del rector, los de atrás contra los de adelante.  Se soltaron algunos golpes, alguien arrojó un irritante gas morado que inundó la contienda. Arriba en el corredor de los salones dos estudiantes fumaban marihuana mientas veían los jaloneos:

  • Sabes Bro, creo que yo pertenezco no a otro genero, mas bien a otra raza, a otra galaxia de dónde que ni con un poco de humo logro evadirme.
  • Somos humanos Bro, cada idea, cada palabra es un eco de alguien mas, un plagio, una mezcla. – (Y seguían fumando ajenos a las batallas en el campus)

De entre el caos alguien jaló uno de los grandes pendones soltando una pequeña viga que lo sostenía cayendo accidentalmente sobre la humanidad del rector quien cayó sin remedio al piso, provocando un repentino silencio que dejó de pronto que cada uno dejase de aferrarse a sus victorias.

El corazón les dio un vuelco a ver al veterano rector desmayado en el piso. La esposa armándose de coraje, sin dejar de avergonzarse y manifestar la intimidad de su corazón adolorido lloraba con ese dolor que aprisionaba en el pecho de cualquiera que la mirase. 

El silencio se prolongó hasta que el rector se empezó a incorporar con la ayuda del director de psicología. El Rector le pidió un pequeño favor al oído.

  • Ruego a todo un momento de silencio, –Dijo el director de Psicología a la concurrencia – el Rector quiere terminar su discurso, sólo pide unos minutos de atención, una disculpa anticipada a cada uno, pero les ruego y les suplico que dejen un segundo las llamadas mas intimas que le vienen de su mundo mas hondo y dejen de responder un instante a esos llamados a fin de que seamos parte de este reino infinitamente rico y fascinante que somos los seres humanos y que conformamos la gran universidad. Le dejo la palabra al rector:

Con un pequeño hilo de sangre de la frente, el moño de su traje fuera de lugar, sin anteojos, tomado del lado derecho de su esposa, y del lado izquierdo apoyado del hombro del director de psicología continuó:

  • Bernard Shaw dijo, hace mucho, que todos somos reyes, con la desgracia de que vivimos fuera de nuestro reino, y sea quizás por eso que nos cuesta entendernos. En estos apasionados  minutos llegué a contar mas de veinte formas de ser,  mas de los que en la vida había escuchado. 
  • ¿Y los veganos Rector? – Interrumpió un maestro ya con el afán de distensionar el ambiente, el rector comprendió el chascarrillo y estalló en prolongada,  adolorida pero contagiosa hilaridad. 
  • Los veganos estimado profesor, y las y los maestros y nosotros los viejos todos somos importantes. Acepto la moción de los veganos, nada que ver y al mismo tiempo todo que ver, porque nosotros somos mucho mas de las etiquetas y lentejuelas que esta sociedad nos reviste. Sin duda hay muchas batallas por pelear y muchas mas voces escondidas que descubrir. 

Terminó su discurso que intentó erróneamente iniciar en terrenos escabrosos: 

  • Decía Sabines: Los amorosos juegan a coger el agua, a tatuar el humo, a no irse. Juegan el largo, el triste juego del amor. Nadie ha de resignarse. Dicen que nadie ha de resignarse. Los amorosos se avergüenzan de toda conformación. Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla, la muerte les fermenta detrás de los ojos, y ellos caminan, lloran hasta la madrugada en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.”

Una última pausa, poniendo en orden sus ultimas palabras, escogiéndolas con filigrana. La audiencia callaba. El humo morado se disipaba a la par que contemplaban las lágrimas rimelosas de la esposa del rector cubierta de diamantina. 

  • Sabines lo sabía muy bien, fuimos hechos y existimos, no para aprisionar ni para dictar sobre otros corazones, sino para liberar el nuestro, la más trágica de las pobrezas y la más lamentable de las desgracias es  no amar. No importa del color que seas: Tú no puedes exigir a nadie que te quiera eso no depende de ti,  pero en cuanto no seas grosero y ruidoso podrás reconocer cuántas personas te quieren así como eres, y comenzarás a tatuar el humo a coger el agua…. Amar aunque estés en la orilla opuesta de lo que dicta la razón, amar, no arrancar. Vencer el miedo, se que no es fácil, se que quizás habrá que hacer violencias necesarias a fin de ser los amorosos que se pongan  a cantar entre labios una canción no aprendida, y se vayan llorando, llorando, la hermosa vida.

Después del discurso, que desmontado palabra a palabra no tenía un ápice de etiquetar  nadie. Su esposa le vuelve a pasar las tijeras, el rector sin anteojos logra cortar el listón, camina muy lentamente un par de pasos y muere. 

Twitter:

@PROFEMARIANO1

Un comentario en «¿Qué me puede malir sal?»

  1. Exelente reflexión Mariano, muchas gracias por compartirla; «la más trágica de las pobrezas y la más lamentable de las desgracias es no amar» a los demás y no amarse a uno mismo.

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