Bici vs. urbano vs. comercios

Mariano Estrada Martínez

Con todo y sus fisuras, muerte de negocios, mal diseño, daños ecológicos, años de construcción, tufo a corrupción, opacidad gubernamental y horrible aspecto, el distribuidor vial de Cinco Señores costó 208 millones de pesos. Una más o menos aceptable red de ciclo vías en Oaxaca no pasaría ni de 10 millones. La pregunta es ¿por qué no? Y es que andar en bici en Oaxaca es una mezcla de acrobacia, valentía, intrepidez y suicidio.

Si fueras universitario y quisieras irte a la Uni en bici te tengo una buena y una mala: La buena noticia es que frente a la Uni ¡Si hay una ciclo vía!, la mala noticia es que ya llegaste. No existen conexiones previas para llegar en bici hasta la UBJ. Si vives por el norte (Volcanes, Dolores, San Luis Beltrán, etc. (San Felipe no, desde allá bajas en un Minie Cooper), deberás bajar por el boulevard Eduardo Vasconcelos sorteando a una jauría de taxis foráneos que ya sea que vienen entretenidos con unas interesantes charlas de teología mística y filosofía por sus radios de banda ancha, o dando terapias al estilo gestalt via whatsap con su cel entre sus piernas para que no los vea la ley, o con su finísima música banda a todo volumen, porque ellos saben que a todos, pero a todos y todas, dijera el erudito Fox, nos encanta la banda y sobre todo, a las damitas que se suben a sus unidades aprovechando que sus choferes son mas lindos y refinados que los de UBER, hasta parecen cadetes militares, y como la música banda es el vals propicio para el amor y la carretera. Me imagino a las chicas dándole propina extra al chofer al escuchar las refinadas piezas musicales: 

  • “Compa me está confundiendo yo no ando con esa morra 

yo ando con pura princesa quédese con esa zorra 

no se olvide que hay niveles.. y yo no tomo de gorra…”

O esta otra: 

  • “Te estoy engañando con otra no me vayas a colgar

quiero que escuches los gritos que la morra va a pegar, 

así soy de sinvergüenza no te vayas a enojar…”

Con razón pasan tantos accidentes, si van extasiados, y así no ven a los ciclistas. A estas alturas de mi vida, tengo que confesar que ya conozco a esos foráneos hasta por abajo, en cierta ocasión tuvimos que sacar a un amigo debajo de un taxi. 

Y sin ánimo de exagerar, los urbanos son, como decirlo… ¿fatales? Los inevitables megacamiones para las microcalles de Oaxaca se distinguen por su tamaño: tienen entre 40 y 50 metros de eslora, todas sus instalaciones son de alta gradación, con amplios espacios y una tripulación profesional a bordo que entre que van manejando, cobrando, echando a la gente para atrás hay lugares, hablando por radio y escuchando: – “… ¡¿Qué diablos quieres, que parte de no no entiendes?! Tremendo camionazo tienen más lados ciegos que un topo. Para el ciclista promedio como yo, no nos da las piernas para rebasarlo, hay que ir atrás respirando el bien afinado y verificado motor que lanza chorros de tizne negro. Para el ciclista profesional rebasarlo por la derecha o por la izquierda es terrible, la versatilidad de sus choferes le dan un recorrido tan aleatorio como zigzagueante que es imposible trazar una ruta oportuna o correcta para poder pasar delante de la limusina en forma de autobús urbano. 

Definitivamente no recomiendo el periférico para llegar a la UNI, no falta el que abra la puerta sin espejear, o el que espejeando la abra porque sólo viene un ciclista. Y aunque es una ruta directa, lo es igual peligrosa, asfixiante y enervante, se supone que la bici te relaja, pues ahí en el periférico terminas más estresado que expresidente sin pensión.

Lo malo, lo confieso públicamente, que ya soy un adicto: ¡Qué droga y vicio más bueno, la bicicleta… mientras más hago más quiero!

John F. Kennedy, ex presidente de los Estados Unidos de América y amante de las bicicletas decía: “Nada se compara con el simple placer de andar en bicicleta”. 

Invito cordialmente, sin afán de herir susceptibilidades, a mis queridas autoridades a escribir en letras de oro sus nombres en hermosas placas a la orilla de muchas nuevas vías para las bicicletas pero bien pensadas y bien hechas, que no nos dividan más, que sean prácticas, programadas, sensatas… y no de un lado y otro de la misma calle como en frente del centro de convenciones… pues a ‘onde se va a estacionar la gente. Ahora que si les sobra pintura verde, la pueden ocupar en el lugares donde ya hay espacios que deberían acondicionar para las bicis y no sólo pintar por pintar. Las bicis son lo máximo y se agradece sus buenas intenciones. 

Twitter: 

@PROFEMARIANO1

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