CONTRAFUEGO || Ahí viene el mudo

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Aurelio Ramos Méndez

El expresidente Ernesto Zedillo vino, vio y calló. Ni una palabra dijo en su visita de entrada por salida a nuestro país acerca del haz de asuntos que marcaron con tache su administración: Fobaproa, pensiones, ferrocarriles, salarios de hambre, Poder Judicial. Mutismo con el cual le dio a la 4T el más vigoroso respaldo que ésta haya recibido de sus antagonistas. 

No está claro si fue la suya una actitud medrosa o deliberada y de filigrana política; pero, al no haber dicho ni mu sobre temas paradigmáticos de su gobierno y el periodo neoliberal, le asestó a la vez al Frente Amplio opositor un golpe del cual difícilmente podrá levantarse.

El silencio del expresidente exhibió la incapacidad no sólo suya y de quienes fueron sus colaboradores, sino de la clase neoliberal toda, de defender sus acciones más polémicas. Lo que en tiempos electorales equivale a una rendición.

La sola presencia del exmandatario en el foro Actinver causó desilusión en quienes esperaban demostrar el talante autoritario del Presidente López Obrador, que supuestamente intervino para atajarlo y coartar su libertad de expresión.

Irresponsables y presurosos, diversos medios aseguraron que el anuncio sobre la participación del titular del Ejecutivo 94-2000 en dicho evento había “desaparecido”, tras una serie de sencillas preguntas formuladas por el Jefe del Estado.

Saturaron el ambiente suposiciones de que el sátrapa de Macuspana había bloqueado a Zedillo, tal como –según esos medios—le hizo a Azucena Uresti y numerosos otros periodistas, a cuyos indefensos patrones les ha exigido remociones, despidos y silencios. 

¡Papelazo el de los defensores de oficio de la libertad de expresión de un exgobernante que, a juzgar por su hermetismo, no tiene voluntad –ni argumentos— para ejercer el derecho de expresarse sobre los aspectos más controversiales de su gestión!

El expresidente, no obstante, se plantó ante su audiencia y habló de los riesgos de la democracia, el nefasto populismo, su condición de liberal clásico, el neoliberalismo como arma arrojadiza, y bla, bla, bla…

No tuvo recató al referirse a los contrapesos institucionales y la propensión populista a controlarlos… ¡Él, que desmanteló el Poder Judicial y a 26 ministros los echó a escobazos en el rabo!

Al conocerse la reaparición en México de quien fue secretario de Educación de Carlos Salinas –y, en honor a la verdad, se negó a ser su títere– Amlo formuló las siguientes preguntas:

¿Por qué Zedillo convirtió las deudas de unos pocos archimillonarios en deudas que aún les cuestan a todos los mexicanos –y seguirán costándoles lo que resta del siglo– 50 mil millones de pesos cada año?

¿Por qué modificó el régimen pensionario, con lo cual los trabajadores ahora pasan a retiro con menos de la mitad de su último sueldo?

¿Por qué extinguió el sistema ferroviario estatal de pasajeros y se lo regaló a una empresa que, en el colmo del descaro y la humillación, lo contrató luego a él como su empleado?

¿Por qué deprimió casi hasta la extinción el salario mínimo, con la falacia de que elevarlo sería inflacionario?

Al rudo tabasqueño sólo le faltó anunciar algo que podría no ser una mala idea: el establecimiento de un impuesto especial –que de seguro la totalidad de los mexicanos pagarían gustosos—destinado a cubrir los intereses de ese eterno dogal que es el Fobaproa… 

Con relación a estos temas y otras muchas acciones contrarias a los intereses populares, consumadas en las últimas cuatro décadas, no ha habido político o exfuncionario capaz de darles a los mexicanos explicaciones convincentes. 

Zedillo se apersonó en Actinver al ritmo de “esos periodistas, ¡hey!, ahí viene el mudo”. Pero sólo meses antes quien escondió la cabeza en la arena fue su canciller y secretario de Hacienda, el actual ideólogo del Frente Amplio, José Ángel Gurría.

¿Cuál fue la verdadera razón por la que Zedillo le sacó el cuerpo a los puntuales interrogantes del Presidente? Enigma. 

Las conjeturas van de la incompetencia técnica para justificar la idoneidad de los cambios estructurales ejecutados por gobiernos con nula legitimidad, a la real imposibilidad de defenderlos a la luz de los resultados.

No faltan sin embargo quienes intuyen que el silencio mineral del expresidente es intencional y está inspirado en el arrepentimiento.

Se trataría, según estas sospechas, de una sutil forma de apoyo a la corrección del rumbo de la nación emprendida por la 4T.

Tiene asidero esta suposición en la triste condición de paria de este economista egresado del cardenista IPN, despreciado desde los cuatro puntos cardinales, sobre todo por el convulso salinato.

Hasta las piedras saben que Zedillo se granjeó el odio de Carlos Salinas cuando encarceló al narco y traficante de influencias Raúl Salinas, y a cuya hermana Adriana la exhibió develando por teléfono trapacerías de toda su dinastía.

El sucesor de Colosio en la candidatura presidencial, además, demostró que el error de diciembre –acuñación de Salinas y sus propagandistas– fue detonado por la herencia envenenada del salinato, cuyos indicadores económicos estaban pegados con babas.

A tal herencia aludió el visitante en su ponencia. “Las fallas de algunas políticas del pasado han provocado la apertura de espacios para que el populismo haya renacido en algunos de nuestros países”, dijo.

El presidente 1988-1994 hizo del descrédito a su sucesor una causa de vida. Y en este empeño se inscribe la ruindad de atribuirle haber sido “aliado”, “protector” y “responsable del crecimiento político” de Amlo.

No es descabellado por todo ello suponer que la mudez de Zedillo fue –para mayor cólera de la oposición– un leve, pero electoralmente valioso guiño a la 4T.

RESCOLDOS

La sentencia podría inscribirse en la redacción de El Financiero o bajo el cabezal de Eje Central, medios en los cuales su autor decodifica la política nacional: “La verdad es irrelevante”. La escribió, en clave de confesión, el periodista Raymundo Riva Palacio. Fervoroso cultor del proverbio “calumnia, que algo queda”, convencido de que “la mentira, cuando no mancha, tizna”, lo traicionó el subconsciente. Es claro, tiene por recomendación –y la observa a cabalidad– la que es una ironía del genial Mark Twain: “La mentira puede recorrer medio mundo mientras la verdad se está poniendo los zapatos”. 

De manos de Marko Cortés –las mismas que firmaron el mafioso acuerdo electoral PRI-PAN en Coahuila– recibió Xóchitl Gálvez la constancia que la acredita candidata panista a la Presidencia. “Sí, me encabroné”, dijo la hidalguense al enterarse del mita y mita en que Cortés y Alito se repartieron hasta los baños públicos de aquella entidad. Al igual que a otros placeres adquiridos, la candidata –los hechos hablan– ya le tomó el gusto a la repartija del botín…

aurelio.contrafuego@gmail.com

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