Ismael Ortiz Romero Cuevas
El pasado viernes 11 de septiembre, llegó la presidenta Claudia Sheinbaum a Oaxaca, para rendir su informe regional que la lleva a recorrer las entidades y donde se ha expuesto, incluso, a que le griten. Y que lo haga no es un acto condenable en absoluto, sin embargo, sí lo es que sea cuando la carrera electoral ya comenzó, sumándole los nada alentadores resultados de la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE), que en nada concuerda con las cifras oficiales, además, de la reprobadota en la prueba PISA 2026 y añadiendo varios estrépitos de sus cofrades, a quienes ha protegido con especial vehemencia.
En el emblemático Auditorio Guelaguetza del Cerro del Fortín, se dieron cita organizaciones afines a Morena y simpatizantes, pero también, toda la estructura del Gobierno Estatal. Además de diputados, llegaron empleados de confianza, mandos medios y superiores (y algunos otros que su contratación no les deja de otra más que obedecer sin chistar), que, entre otras pintorescas situaciones, nos regalaron escenas memorables de personajes protagonizando pleitos y ridículos bailes. No les importó dejar sin servicio sus dependencias y a la ciudadanía a la deriva, pues no había alguien con la jerarquía para la toma de decisiones a cargo, notándose incluso en el tránsito vehicular, que desde temprana hora ya estaba al grado del colapso en toda la ciudad. Sí, su responsabilidad nada importa cuando se hace el llamado partidista. Entonces, está primero la doctrina, el dogma, la zalamería y mostrar su “fuerza política” con la cantidad de gente que mueven, antes que cumplir con las responsabilidades para las que sí fueron contratados. Sin más, se hace patente el 90% de obediencia y el 10% de conocimiento.


