Aurelio Ramos Méndez
Su rivalidad con la 4T y la desesperación por no conseguir de los ciudadanos perdón ni olvido sobre lo que fue su paso de 36 años por el poder, está llevando a la oposición a dinamitar sus vínculos con el sector empresarial, en particular con quienes por convicción o conveniencia simpatizan y hacen negocios con el actual gobierno. Dígalo si no Jesús Chuy Vizcarra.
Este acaudalado empresario y político sinaloense es sólo uno de muchos con los cuales la oposición se ha distanciado, en el empeño de restarle al morenismo respaldo del sector privado, a base de acoso, amenazas y daño reputacional, usándolos como ejemplos de lo que ella es capaz de hacer aun fuera del poder.
Durante medio siglo el veterinario culiacanense que, según su biografía, a los veinte de edad ya era gerente de la empresa familiar Corrales Vizcarra, había estado vinculado de manera estrecha con el poder público estatal y federal sin que nadie haya perturbado su tranquilidad, pese a copiosas y públicas sospechas de conexión con el narcotráfico.
Peor. Sin que nadie haya objetado su desempeño en importantes puestos de gobierno o de elección popular por el PRI, y hasta una candidatura a gobernador de su estado, que perdió ante otro político igualmente señalado de vínculos con la delincuencia, el tránsfuga priista devenido abanderado de un mejunje PAN-PRD-Convergencia, Mario López Valdez, Malova.
Conforme a versiones de prensa no desmentidas, Vizcarra trabó tempranas relaciones con el narco, en 1976, ¡a los 16!, lo que significa que de ser ciertos los rumores en su contra discurrió con éxito, muy campante, muy Johnnie Walker, los gobiernos de López Portillo, De la Madrid, Salinas, Zedillo, Fox, Calderón, Peña Nieto y López Obrador.
Ganadero, propietario de la empresa SuKarne y de la organización Salud Digna, que provee de servicios médicos al gobierno morenista, el sinaloense –a decir de periodistas autopercibidos independientes pero obcecados militantes del antigobiernismo– ya trabaja con el IMSS y ha sido visitante frecuente del Palacio Nacional en la presente administración.
El pasado miércoles (2) y como resultado de sus conversaciones con la Jefa del Ejecutivo –difunden con vaya uno a saber qué pruebas esos comunicadores—se reunió con todo el gabinete de Salud, ante el cual propuso la creación de clínicas de diagnóstico del Bienestar y un Centro Nacional de Interpretación Radiológica.
“No ha habido respuesta sobre cuáles proyectos le serán adjudicados, pero la instrucción es que lo incorporen como proveedor importante”, aseguró un columnista afanoso por manchar a la Jefa del Estado, de quien se puede anticipar que de abortar las gestiones de Chuy él se arrogará el mérito y dirá –coartada infalible– que el negocio habría abortado gracias a revelaciones suyas.
Siete Presidentes surgidos del PRIAN y uno de Morena no movieron un dedo para actuar en contra del presunto narcoempresario, y hasta lo mimaron y le dieron puestos políticos; pero tan pronto se perfiló a coronar un mega negocio con el claudismo la oposición se le atravesó de patas y manos en el camino.
Las versiones de prensa sobre los actuales trámites de Vizcarra denotan, entre otras cosas, que entre quienes patrocinan a la oposición y en el pasado se agandallaban el pastel de la proveeduría al sector Salud –la parentela de Roberto Madrazo, que posee para ello docena y media de empresa, por ejemplo—no parecen dispuestos a soltar la ubre del Estado.
Y que a esos señores no los mueve la ideología, la democracia, el servicio a la comunidad ni el periodismo libre –de nuevo Madrazo y Latinus, su medio de extorsión, como ejemplos– sino el dinero contante y sonante.
Ya suman decenas los empresarios como Vizcarra espiados por la oposición; algunos rabones y otros colilargos, aunque al parecer el objetivo es amedrentar y escarmentar no sólo a los cercanos del morenismo, sino al mayor número posible de machucones para desalentar coqueteos con la 4T.
El acoso incluye a los beneficiarios del Fobaproa, cuya mayor parte pulula en los predios opositores, a varios de los cuales también los tienen en la mira desde la otra orilla.
Es un error garrafal de los adversarios del régimen el que, llevados por la desesperación y la incapacidad para recuperar la simpatía popular –algo ciertamente difícil dada la magnitud de los agravios en cerca de cuatro décadas—la emprendan en contra de los empresarios para tratar de forzarlos a separarse del gobierno y su partido.
Error, porque parecen ignorar que los hombres del dinero son quienes operan desde la posición de mayor comodidad en la política, encendiéndole una vela a Dios y otra al diablo, y en realidad a cuanto santo lo pida, y ellos en cambio los atacan y exhiben como si nunca más fueran a necesitar de esos adinerados.
Y error, además, porque al señalar a presuntos o verdaderos delincuentes en ese gremio en más de un caso estarán exhibiendo su complicidad o, cuando menos, la hipocresía de delatar a narcos, huachicoleros, secuestradores y extorsionadores, tarde y por conveniencia.
Tan tarde como medio sigo después, tal es el caso de Vizcarra, a quien han puesto bajo los reflectores no por transparencia y asepsia en la proveeduría al Estado, sino porque le comió el mandado al antiguo cartel de proveedores. ¡Embusteros!
BRASAS
Si Televisa, en voz de Enrique Acevedo, o alguno de sus reporteros, dijo que la senadora con licencia Julieta Ramírez “suscribió un acuerdo” para darles a fiscales gringos información sobre presuntos delitos de mexicanos, pero en el documento exhibido como prueba No aparece la firma de la legisladora, la televisora y sus periodistas mintieron.
De modo voluntario o involuntario, por error o a causa de un engaño, mintieron.
El asunto sobre la real o supuesta colaboración de la legisladora morenista con EU escaló por la lectura que –con todo derecho– el comunicador ha hecho de una imprudente declaración del senador Luis Fernando Salazar en apoyo a su copartidaria, negado tal suscripción.
A juzgar por las hojas que Acevedo mostró en la tele, por ningún lado se ve la firma de la bajaliforniana. Hay fundamento entonces para considerar que la razón le asiste a ella y que a los emisores de la nota no les queda más que reconocer su error. O su infame maniobra.
El marcador va uno-cero a favor de Ramírez, lo que no excluye la posibilidad de que, al final, EU haga lo que le dé la gana; para eso el suyo es el gobierno más abusivo del orbe.
El conductor ya se retractó a medias. Señaló que nunca dijo que Julieta “firmó” un acuerdo. Y es cierto. Pero en la nota se dijo que suscribió un Proffer Agreement.
Se defendió, además, mediante un editorial en el que se mostró desasosegado por lo que él entendió de esta frase de Salazar: “Vamos a ir tras de ti por vulgar mentiroso”.
Ni con la mayor animadversión puede interpretarse que la advertencia rezuma letalidad, pero es imposible negar que él y sólo él (Acevedo), está en el legítimo derecho de calcular el alcance del irritante enunciado.
Si el conductor y sus colaboradores fueron engañados, la ética más elemental los obliga a develar la identidad de quien abusó de su confianza, ingenuidad, descuido o lo que haya sido.
Su función social es cubrir hechos noticiosos, no encubrirlos. No obliguen al respetable a presumir que se trató de un ataque institucional de Televisa.
Y los ciudadanos del común estamos hasta la coronilla de filtraciones mentirosas sin consecuencias y de periodistas que hacen fama, dinero, reputación y respetabilidad a base de patrañas.
Alarma que el asunto haya escalado hasta niveles de una real o supuesta grave amenaza, debido a que opinadores de toda laya –de Lily Téllez a Azucena Uresti, pasando por Loret, Adela, Alazraki y demás yerbas— se acercaron al tema con bidones de gasolina entre las manos.
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Que Trump está loco de remate, es algo claro para todo el mundo. Pero, así como no hay loco que coma lumbre, él en sus ratos de lucidez llega a tener cabal conciencia de que la era de los combustibles fósiles aún va para muy largo.
Eso explica por qué se está robando el petróleo de Venezuela, quiere el de Irán –aunque todo indica que se quedará como la zorra de la fábula, que nunca alcanzó las uvas–, y ambiciona el de México.
Esta larga transición energética es algo que muchos analistas no comprenden –o fingen no comprender, con tal de servir intereses gringos—y por lo mismo combaten los esfuerzos de la administración federal para reflotar Pemex, que el prianato intentó chatarrizar.
En su afán de trabajar para EU, esos periodistas consideran que “hay que estar completamente loco” para haberle inyectado a la petrolera 130 mil millones de dólares en los siete años de Morena en el poder, “para que pierda dinero”, y que “el gobierno le va a inyectar otros 85 mil millones de pesos” en 2027.
Los mexicanos “estamos ciegos y nos guían unos locos”, pregonan, añorando la reforma energética que daba a particulares la facultad de sacar petróleo y pagarle “una gratificación al Estado mexicano”.
Según esos comentaristas, antes del reversazo de Amlo “había fila de inversionistas con alrededor de 200 mil millones de dólares para invertir”. Cuentos. Sólo ellos y la elite gobernante vieron las filas y el dinero; y nadie vio ni una gota de petróleo.
RESCOLDOS
¿Qué dirán los integrantes de la oposición mexicana, admiradores hasta la adoración de Donald Trump, ahora que éste ya anunció con descaro la compra de votos para las elecciones de noviembre próximo? ¿Persistirán en su feroz arremetida en contra de los programas sociales de nuestro gobierno, destinados a paliar la pobreza? Porque hay un trecho largo entre ayudar a los pobres y ofrecer –como hizo Trump– la entrega generalizada a los adultos de cinco mil dólares, si el partido Republicano –el del magnate– logra conservar el control del Congreso en esas votaciones. Los momios apuntan a que nuestros curiosos demócratas aplaudirán el cínico anuncio. Lo veremos…
Quienes alharaquean por la falta de libertad de expresión en el actual autoritario gobierno de la 4T, deberían escuchar las sandeces que sobre presuntas adicciones de la presidenta Sheinbaum propala sin pudor ni pruebas la ejemplar periodista Anabel Hernández. ¿Dónde están las organizaciones defensoras del derecho a la información, la libertad de prensa, los derechos humanos y de las mujeres? ¿Se vale degradar el oficio periodístico y ponerlo al nivel del drenaje con semejantes voladas?
aurelio.contrafuego@gmail.com
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