Aurelio Ramos Méndez
Una foto vale más que mil palabras, dice el proverbio, pero en tiempos de inteligencia artificial, cuando hasta secuencias de imágenes en movimiento falsificadas pasan por genuinas, lo único de verdad incontrovertible es la realidad. Quedó claro en Sinaloa, el jueves pasado, cuando la realidad le puso un esparadrapo en la boca a una comentocracia infatigable y falaz.
Ese día quedó sepultado el cuento chino de que en México y sobre todo en aquella entidad federativa hay total ausencia de estado de derecho, gobierna la delincuencia, colapsa la economía, se enseñorea el autoritarismo y la violencia agobia a la sociedad.
Si alguien supone que tal conclusión presume el hallazgo del del Paraíso terrenal, craso error. Es apenas un reclamo de explicación sobre cómo una empresa estadunidense se atreve a invertir la friolera de tres mil 300 millones de dólares, con potencial de llegar a 8 mil millones, sobre un entorno desastroso.
Ese jueves fue colocada, ciertamente en escenario alterno –Mazatlán en lugar de Topolobampo, debido a una protesta comunitaria bien orquestada– la primera piedra de una nueva planta, Pacífico Mexinol, de la compañía texana Transition Industries, dedicada a la producción de metanol.
No se trató de uno de los acostumbrados anuncios de inversión estratosférica, destinados a atemperar coyunturas políticas o engañar al respetable, a los que el empresariado nos tiene habituados. Anuncios cuya concreción rara vez se reflejan en aumento de las contribuciones a la hacienda pública.
Hablamos de un proyecto ya en marcha, con participación de la Corporación Financiera Internacional, el Banco Mundial y otros inversionistas internacionales, gestionada mientras de manera infame torpederos de la oposición deshilachaban a punta de mentiras la imagen de Sinaloa y de México.
El evento en Mazatlán fue una demostración del pícaro andando y haciendo, en la cual el embajador del Tio Sam, Ronald Johnson, aprovechó el viaje para pontificar sobre la corrupción en que se asfixia todo el mundo, menos –¡obviamente!—EU, si bien en modo alguno reprendió al gobierno mexicano.
O, si intención hubo de recriminar sin querer queriendo, mal le fue al diplomático; la presidenta Sheinbaum lució su mano izquierda para rebatirlo sin provocarlo ni ofenderlo.
“Todos queremos más proyectos así: corren cuando se dan las condiciones”, dijo el embajador, en claro reconocimiento de que en México esas condiciones existen.
Precisó que la edificación de la nueva planta es fruto de la certeza para la inversión, y hasta acuñó una metáfora:
“La inversión es como el agua: fluye cuando existen las condiciones adecuadas y desaparece cuando no las hay. Una cosa es clara: la inversión sigue a la certeza y se aleja de la corrupción”.
Así dijo, pero las palabras de Johnson adquirieron tono distinto en los textos de medios y opinadores anti 4T.
“Reprimeda”, cabeceó El País. “Lee Ron la cartilla”, falseó Reforma. El embajador “pide combate a la corrupción”, interpretó algún otro medio tan mendaz como ansioso de likes. Retahíla de tonterías.
El episodio exhibió acabados ejemplos de cinismo, entre los que reflotó en un mar de babas Javier Lozano Alarcón:
“Ya lo dijo con todas sus letras el Embajador de Estados Unidos en México, Ronald Johnson: sin certidumbre jurídica, seguridad pública y con corrupción, no habrá inversiones (ni empleos ni crecimiento). A ver a qué hora entienden estos narcopolíticos que nos gobiernan”.
Eso, ni más ni menos, escupió el exsecretario del Trabajo, extorsionador y potencial sicario –“coopelas o cuello”—, a juzgar por la experiencia del mafioso de origen chino, Zhenli Ye Gon.
Según Johnson, ninguna empresa comprometería recursos donde las reglas no son claras, no hay transparencia o la rendición de cuentas es opcional. “Si queremos que proyectos como este tengan éxito, la corrupción ni la extorsión deben tener cabida”, dijo.
No tuvo que esforzarse la Jefa del Estado mexicano para acotar las observaciones del embajador.
“Digamos que es lo que estamos haciendo… Ellos allá y nosotros acá. Porque en Estados Unidos, pues también es importante que haya un ambiente para las empresas, para la inversión, libre de corrupción, con certezas jurídicas, y en México también”.
Cualquiera que haya sido la intención de Johnson al hablar en Sinaloa de la perniciosa corrupción, fue una pantomima.
Lo último que al gobierno de EU le interesa es moralizarse y combatir la deshonestidad en mundo.
O, cómo se explica que el presidente gringo es el más vigoroso y decidido valedor del argentino Javier Milei, cuyo gobierno está cayéndose a pedazos a causa de la corrupción, al cabo de ¡15 visitas del estrambótico mandatario a EU en 14 meses de gobierno!
Más de media docena de escándalos de gruesa inmoralidad, involucran de manera directa al gobernante pampeano, de quien ya pocos dudan de su propósito de entregarle la Argentina con todo y Malvinas a Trump y su socio Netanyahu, éste embarcado en leoninos proyectos petroleros en el sur de nuestro continente.
Algunos de tales escándalos tienen a Milei por promotor de archimillonarias estafas con criptomonedas, comisionista con su hermana en la adquisición a precios inflados de medicamentos ¡para discapacitados!, corredor inmobiliario con dinero negro junto con su jefe de gabinete, narco blanqueador de activos vía diputados copartidarios suyos…
A este personaje que exuda corrupción por todos los poros, Trump le lanzó una tabla de salvación electoral en forma de préstamos del FMI, sin la cual ya estaría en los caniles de su casa dialogando con los espíritus de sus perros muertos.
¿Quién, entonces, puede creerles a Trump y Ron Johnson sus censuras a la corrupción en Sinaloa, México, Venezuela, Cuba o cualesquiera otras partes del mundo?
BRASAS
Conturba, por cierto, la hipersensibilidad selectiva de la vocera de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, quien demandó de la presidenta Sheinbaum “un poco de empatía” por “las dos vidas estadunidenses que se perdieron” en el accidente carretero de agentes de la CIA, en Chihuahua, el domingo pasado.
Causa perplejidad porque, hasta donde se sabe, la emotividad de la funcionaria no la ha llevado a mostrar ni la más tenue empatía con los millares de víctimas de los bombardeos de EU a Irán o Venezuela, o del genocida Netanyahu en Palestina.
Entre esas víctimas se cuentan centenares de niños, cuyo pecado fue hallarse estudiando en su salón de clases, o jugando en las calles de Gaza. ¿Le sonará algo de estas tragedias a la vocera trumpista?
El gobierno estadunidense sabe –existen acuerdos suscritos al respecto—que el manejo de la seguridad nacional y las relaciones bilaterales compete de manera exclusiva a la Federación.
Los dos agentes muertos en accidente estaban a sus anchas en suelo mexicano, sólo con permiso estudual; en condiciones de práctica ilegalidad y sin un terrorífico ICE que los acosara.
Es este un episodio no de simpatía o antipatía sino de inadmisible intromisión y violación de la Carta Magna y la soberanía. Con indulgencia, de abusiva incursión territorial de una potencia acostumbrada a hacer lo que se le da la gana.
Vale preguntar, de manera tangencial, qué intereses sirven ciertos medios y periodistas aquende el Bravo, que de modo aberrante difundieron alborozados lo dicho por Leavitt, con patente enfoque empático con la potencia vecina.
Dichosos interpretaron que la vocera insolente “reprochó” –uy, nanita– a nuestra Jefa del Estado y consideró insuficiente la cooperación de nuestro gobierno, además de que Trump ya diagnosticó: “México está perdido y la única esperanza que tiene es EU”.
En su reclamo de empatía la señora Leavitt se parapetó “en todo lo que Estados Unidos está haciendo por México”, lo cual francamente mueve a risa.
Procede decirles a Trump y Leavitt que no se esfuercen más. Que gracias, ya hicieron bastante. Y que si llegamos a necesitarlos los llamaremos.
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Se necesita ser caradura, estar enteramente perdido no sólo para la decencia sino incluso la democracia, para ver rasgos autoritarios en el presente gobierno y no haberlos visto en el salinato, si uno fue apologista, consejero, propagandista, amanuense, y costoso beneficiario de aquella administración.
Encaja que ni mandado a hacer en este retrato el gris historiador, portentoso escritor, ideólogo de la derecha y columnista aquejado de presbicia u “ojo viejo”, Héctor Aguilar Camín.
Famoso por su apetito crematístico, este intelectual le bebía los alientos a Carlos Salinas de Gortari, pero de tan cercano jamás se percató del talante autoritario –¡ni los veo ni los oigo!– de ese mandatario.
No se enteró de que su jefe de facto quitaba y ponía gobernadores a placer y hasta le regalaba gubernaturas al osteófago PAN vía las “concertacesiones”.
Tampoco supo que CSG intentó cambiarle al PRI su nombre y ponerle Solidaridad, con el finde sacarle raja al programa bandera –Solidaridad—de aquel sexenio.
Menos aún conoció que Salinas le metía mano al erario para darle suculentos “apapachos” lambisconamente solicitados –hay carta testimonial– por a autor de Morir en el Golfo.
Y le pasó de noche que Salinas sacó a Colosio de la Sedesol y lo ungió para cosechar votos de Solidaridad, hasta que fue asesinado en un episodio –uno de varios– azas oscuro en el sexenio 1988-94.
Comparado con las prácticas salinistas, autoritarismo en el actual gobierno no se ve por ninguna parte.
Menos se ve, si a diferencia del autor de Día con día uno no ha sido cortesano, vocero oficioso, ayudante y chupamedias del dictadorcillo de hace cuatro décadas.
Juzguen, en última instancia, los ciudadanos del común. A final de cuentas, el accionar gubernamental está a la vista de todo el mundo. Y bajo el escrutinio de una prensa capaz de oliscar una alfombra y documentar peculado por alojamiento de un hijo de canciller.
RESCOLDOS
Debe ser investigado a fondo y sancionado con máximo rigor el colaboracionismo de la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, con el gobierno de Estados Unidos. Encaja en la traición a la Patria. Consentir su conducta sería la invitación más franca a que cunda, en menoscabo de la integridad misma de la nación…
Trump ya acumula cuatro atentados en su contra. El que sufrió este sábado ocurrió en un evento con el periodismo, uno de los gremios con que –aparte sus guerras por el mundo– está más abiertamente confrontado. Raro. Quizá veremos mayores restricciones a la prensa gringa. Y quizá el presunto tirador sea la primera víctima del pelotón de fusilamiento, la electrocución o la asfixia con gas, el menú de opciones recién propuesto por el mandatario para condenados por delitos graves.
aurelio.contrafuego@gmail.com
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