Aurelio Ramos Méndez
Pecan de candor y pierden el tiempo, o de modo intencional y antipatriótico favorecen los intereses de Estados Unidos quienes al cabo de hondas cavilaciones formulan flojos análisis y recomendaciones acerca de qué debe hacer –o qué debió haber hecho hace rato– el gobierno mexicano para amansar a Donald Trump, con la esperanza de escapar a sus atropellos.
Lo sabe, a estas alturas, hasta el observador menos avezado: nada hay efectivo, ni la diplomacia, el derecho internacional, las buenas maneras o las palabras del Papa, frente a un desquiciado que para mayor espanto tienen en sus manos el poderío militar y económico más grande del mundo.
Lo prueba el artero ataque no sólo al gobierno federal y la 4T sino a nuestra soberanía nacional, con el gobernador Rubén Rocha Moya como víctima propiciatoria, cuyo objetivo, entre otras cosas, se orienta a impedir la participación de México en la consolidación de un bloque global –o al menos iberoamericano– de gobiernos de izquierda, al lado de España, Brasil, Colombia y otros países.
Y apunta, además, a intervenir sin embozo –como en Chile 1973—con miras a demoler la 4T y frenar su continuidad más allá del 2030.
Sin pruebas creíbles, lo que en modo alguno significa inexistencia de éstas, y salvo las falacias de las agencias de desestabilización gringas, el Departamento de Justicia de EU acusó de vinculación con el narcotráfico al mandatario de Sinaloa y otros nueve funcionarios, cuya entrega inmediata a EU exigió con insolencia.
Imposible, con un mínimo de rigor jurídico y honestidad intelectual, discernir en el texto estadunidense enviado a la cancillería mexicana si Rocha Moya es narco. Hay razones para dudar de parte y parte.
Una historia de más de medio siglo de injerencias –territoriales en los casos Álvarez Machain y el Mayo Zambada– a base de mendacidad, agresiones a nuestra soberanía, hostilidad diplomática, acoso político, presiones económicas y agravios de toda índole, aconseja descartar por poco fiables los dichos del Tío Sam.
Menos fiables si, como en el presente caso, evidencian que EU se ha tragado enteros, sin masticar, los cuentos de parte de la prensa mexicana empeñada en buscar el retorno al poder de sus antiguos tripulantes y engordadores, así sea vía el apátrida colaboracionismo con un gobierno extranjero.
Sobresale entre tal prensa aquella cebada en oro por Carlos Salinas –incluidos medios fundados con dinero público desviado del erario, productos de la corrupción, o directamente de la delincuencia–, la cual desde 2018 ha buscado en Miami, Colombia, España, Sinaloa, y hasta debajo de las piedras, cuanto indicio pueda servirle para “demostrar” que la 4T es un narcocártel y el expresidente López Obrador el jefe de jefes.
Desde 1988 para el salinato ha sido necesidad vital enlodar a los líderes de la izquierda, de Cuauhtémoc Cárdenas a López Obrador, Claudia Sheinbaum y algunos más, bajando la vara al nivel del desagüe para hacerse a la idea de que a uno y otros los iguala el rango ético.
En semejante afán, los amanuenses de Salinas han difundido machaconamente la especie de que Rocha Moya llegó al poder en 2021 con apoyo del narco, cuyos miembros habrían secuestrado a funcionarios de casilla, representantes partidistas y dirigentes sociales del PRI y el PAN, con objeto de que Morena cometiera fraude confiado en que sin testigo no hay ladrón.
Deberíamos darles gracias a todos los santos porque estos sagaces periodistas dicen tener documentada la existencia de unos 200 de aquellos secuestrados, cuyos testimonios ahora servirán para probar, con todas las de la ley, sin lugar a dudas, que “el narco” fue decisivo en el triunfo electoral del ahora mandatario estatal con licencia…
Al frente de los periodistas-salinistas marcha quien fue vocero oficial de Salinas y ha seguido siéndolo de modo oficioso por más de tres décadas, José Carreño Carlón, periodista de inductil consistencia ideológica, forjado en la escuela del priista Enrique Maromas y Maromas.
El pasado jueves Carreño tuvo la audacia de dar cátedra sobre un tema que, dada su papel en el salinato, conoce a fondo: “política y delito”.
Se preguntó desde el título de una columna “¿El Estado en manos de un (narco) partido?”. Y opinó que el trasiego de cargos entre Morena y los tres poderes públicos, más las acusaciones en contra de Rocha, muestran no un partido de Estado sino “un narcopartido apoderado del Estado mexicano”.
Y en un alarde de patriotismo, dijo también que “le llegó la hora a la presidenta (Sheinbaum) de decidir entre encabezar, ella, el saneamiento del régimen o dejarle el mérito a la fiscalía y al sistema judicial de Estados Unidos”.
Luego observó con filo y celebró que el golpe al sinaloense cayó, cierto, en vísperas del Consejo Nacional de Morena.
También vale señalar, sin embargo, que impactó a sólo días de que la Presidenta Sheinbaum se reunió en España con gobernantes de izquierda en la IV Cubre en Defensa de la Democracia, donde propuso a México como sede del siguiente encuentro dentro de un año.
No tiene el ataque visos de haber sido asestado, como sostiene la oposición, porque el gobierno mexicano se abstuvo de actuar en contra de políticos oficialistas vinculados con el narcotráfico.
Tampoco que la Presidenta debe actuar, ¡ya!, ahora que Trump, atrevido, está chasqueándole los dedos.
Salvo para nuestros nuevos polkos, es claro que con apego al derecho internacional o por sus pistolas, con razón o sin ella y más allá de Trump, históricamente el gobierno de EU ha hecho, y hace y hará lo que le venga en gana, apoyado en su poder militar. Ni siquiera tiene que esforzarse en urdir pretextos.
De ahí que pierden el tiempo quienes tratan de hallar las causas del lance en Sinaloa, el cual conjuga múltiples factores –uno más la encuerada a la CIA en Chihuahua–, y creen tener el brebaje para desbravar y domar al gringo descocado.
Es falso –conviene reiterarlo– que el magnate de la pelambrera anaranjada busca combatir la corrupción y el narcotráfico.
¿Puede alguien creerle, si indultó al meganarco hondureño Juan Orlando Hernández y apuntala al corruptísimo argentino Javier Milei? ¿Puede ser deglutida su cruzada antidrogas, al cabo de medio siglo de fallida guerra antinarco?
La presidenta Sheinbaum dijo con toda sensatez y claridad –excepto para el gringaje vernáculo– que su gobierno a nadie encubre, pero que se requieren pruebas convincentes para proceder a la extradición de presuntos delincuentes. Tiene razón por donde se mire.
No es mucho pedir que, si Rocha es culpable, acabe sus días en un reclusorio; pero si es inocente, se le deje trabajar en paz en el puesto para el cual fue elegido por sus coterráneos.
Imposible no relacionar el golpe traidor e infidente con el encuentro de políticos progresistas en Barcelona.
Con mayor razón si se repara en que las acusaciones sin pruebas fueron hechas el mismo día que llegó a la Ciudad de México el canciller español José Manuel Albarez, con el propósito de iniciar los preparativos de la V Cumbre en Defensa de la Democracia.
No parece dispuesto el deschavetado mandamás norteamericano a permitir la intervención de México en un bloque latinoamericano de izquierda.
Trump debe pensar que él no es el “blandito” Ronald Reagan (presidente de 1981 a 1989), aquel ultraderechista que junto con Margaret Thatcher y Juan Pablo II propició el derrumbe del Muro de Berlín y la reconfiguración del mundo.
Debe pensar también que al pobre Regan América Latina le vio la cara, pues bovinamente éste consintió la formación sin EU de los grupos Contadora y De Río, abocados a mediar en los conflictos armados de Centroamérica e impulsar la paz, la democracia y la cooperación regional.
Y que George W. Bush, el angelito que invadió Irak en 2003, andaba en las nebulosas y por eso no se percató del surgimiento, en 1991, de las Cumbres Iberoamericanas, foros de los cuales su país fue olímpicamente marginado…
Si Trump está furioso contra México debido a su incipiente activismo internacional, más debe estarlo ante la perspectiva de un tercer sexenio cuatroteísta.
Esto explica otro flanco de ataque a la 4T: la anunciada visita a México, a partir del 3 de mayo, de la presidenta de la Comunidad de Madrid, la furibunda ultraderechista Isabel Díaz Ayuso, quien para regocijo de la derecha autóctona pretende agitar el cotarro durante diez días.
La madrileña intenta homenajear a Hernán Cortés y reunirse con sus simpatizantes en templos –la mismísima Catedral de la CDMX–, escuelas, clubes empresariales y hasta balnearios, en Aguascalientes, Monterrey, Xcaret y la capital del país. Desafiante intromisión en política por una extranjera, prohibida por el 33 constitucional.
Habrá que ver si Díaz Ayuso no trae entre sus alforjas los pergaminos para reactivar el título nobiliario de Marqués del Valle de Oaxaca, ¡vivo aún a estas alturas de la historia, en la persona de marqués XV, Alvaro de Llanza y Figueroa! Cuidado.
RESCOLDOS
Rocha Mora podrá ser o no un meganarco, pruebas genuinas dirán la última palabra; pero tuvo arrestos para pedir licencia de su cargo y facilitar las investigaciones en su contra. ¿Y Maru Campos, cuando? ¿Es más grave ser presunto traficante de drogas a EU que traidor a la Patria?
Reapareció el fantasmal Alito Moreno. Lo hizo para embestir a sus compinches del PAN y MC. Les recriminó que en la votación legislativa para sustituir a Rocha Moya los emecistas se ausentaron y los panistas se abstuvieron. Lo enfureció que el mandatario operó bien su salida, cuya tersura exhibe el respaldo que éste tiene entre las fuerzas de su estado.
aurelio.contrafuego@gmail.com
————————————————
Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivamente responsabilidad del autor y no reflejan necesariamente la postura o el pensamiento de “Al Margen”. La empresa periodística se deslinda de cualquier comentario o punto de vista emitido en este texto, ya que estos corresponden al criterio personal del articulista.


