Aurelio Ramos Méndez
Hay de listas a listas. Y entre el medio centenar de columnistas, reporteros, conductores de noticiarios, dueños de diarios digitales y activistas indignados por la mención de sus nombres por la consejera jurídica de la presidencia, Luisa María Alcalde, señalándolos como iniciadores y referentes de críticas injustas, feroces y sistemáticas al gobierno federal, de seguro muchos han sido dichosos al haber aparecido en algunas de ellas.
Infortunadamente para este gremio, no es necesario aparecer en la relación nominal de un gobierno –cualquier gobierno–, como con perversidad algunos propalan pensando más con el deseo y las vísceras que con el cerebro, para estar expuesto al riesgo, al alcance de una mano aviesa interesada en causar daño por cuenta propia o para comprometer a un tercero, la 4T por ejemplo.
Vale esta observación porque entre las lecturas más facilonas de la comentocracia sobre la relación presentada por la funcionaria, sobresale la que –haciendo changuitos para que esto suceda- advierte similitud con “un blanco en la espalda” de esos comunicadores.
Tampoco implica automática acusación de delito o conducta antiética el aparecer en una lista de reales o supuestos recipiendarios de sobornos, elaboradas por titulares de comunicación social, publirrelacionistas, jefes de prensa o enlaces con medios, estiradas de manera deliberada con tal de presumir control mediático y abultar partidas y moches para el que parte y reparte.
Les consta que así es a los veteranos de la lista de marras –López Dóriga, figura ineludible–, quienes en su dilatada trayectoria han entrado y salido de toda suerte de elencos. Desde los tiempos de Luis Echeverría, con Mauro Jiménez Lazcano en la comunicación presidencial; José Carreño Carlón, Carlos Salomón Cámara, Rubén Aguilar, Maximilano Cortázar o Eduardo Sánchez, más un ejército de voceros de dependencias públicas y gobiernos estatales.
También son legión los periodistas honrada y ampliamente reconocidos en su gremio como limpios, insobornables, que alguna vez aparecieron en listados de quienes recibieron –como diría una conductora famosa por su propensión al datismo, esa desagradable repetición continua e innecesaria de vocablos sinónimos– igualas, obvenciones, embutes, mesadas, sobornos, chayotes…
Analistas que bucean un poco más profundo consideran la enumeración de Luisa María indicativa de “desesperación del gobierno”, porque –nótese la imitación de conceptos provenientes no de la ciencia política sino de la cavernícola ultraderecha global– dizque va perdiendo frente a sus adversarios la “batalla cultural” emprendida por el presidente López Obrador.
La práctica totalidad de los comentaristas han equiparado las menciones de la funcionaria a las listas del fascismo, el macartismo, el nazismo, el Khmer Rojo de Pol Pot. Pocos a las listas de Schindler –los salvados del nazismo– y menos aún a la Lista Clinton, de personas, empresas y países a quienes los gringos consideran narcos.
Sin citar las listas de políticos y funcionarios con real o supuestos vínculos con la delincuencia, entregadas por EU al gobierno mexicano, como no se cansan de decir y repetir –ajenos a la diana en la frente que sus “voladas” significan—comentaristas dizque hiperconectados en Washington.
Se quejan de la “lista negra” de Luisa María al tiempo que, aparentemente sin percatarse, van elaborando su propia oprobiosa y peligrosa lista, en la que incluyen a todo aquel que no piensa como ellos y por convicción o conveniencia simpatiza con la 4T.
Enlistan con punible obstinación a Jesús Ramírez Cuevas, Iván Silva y “cercanos, incondicionales, hijos y títeres” de miembros del gobierno, más Rubén Rocha Moya, Américo Villarreal y otros gobernadores, legisladores y dirigentes morenistas.
No se requiere imaginación para ver a muchos de estos comunicadores lanzando cohetes al cielo ahora que el Tío Sam le retiró su visa a Andrés Manuel López Beltrán, al parecer sin otro motivo que la más clara injerencia gringa registrada hasta ahora en nuestro sistema electoral, de cara no al 2027 sino al 2030.
A la luz de esta medida, menos hostil que francamente intervencionista, ya no hay duda de que EU meterá su cuchara en forma descarada en nuestros procesos electorales democráticos.
Peor: metido ya está. Las preguntas ahora son hasta donde está dispuesto a llegar, qué misión le encomendará a la cincuentena del catálogo de la consejera jurídica, quién será su candidato, y si el grueso de los mexicanos consentirá los desafueros de Trump y sus contlapaches.
No sorprende que los mencionados en Derecho de Réplica se muestren alharaquientos, a despecho de la expertis y el duro cuero que a estas alturas deben haber desarrollado. Hasta hace no mucho en las fuentes de información gubernamental regían listas para todo…
Para la integración de grupos –pools— de coberturas dentro y fuera de nuestro país, para ingresar por turnos a eventos en espacios estrechos, para entrevistar celebridades o jefe de Estado, y hasta listas inmutables de cronistas consentidos por complacientes, acarreados en helicóptero para reseñar campañas electorales, como la de Salinas.
La más conocida, sin embargo, era la talis, como solía denominarse de modo alrevesado –como en el lunfardo, la germanía y otros lenguajes de los bajos fondos—, aludiendo en tono juguetón y cargado de promesas a la lista más prosaica, la de quienes recibían del poder dinero contante y sonante.
Sapos de otro pozo, aunque también enlistados, eran los columnistas y opinadores, cuyas “atenciones” estaban varios ceros arriba de las de reporteros rasos.
Y ni hablar de los dueños, concesionarios y directivos de medios, a quienes el poder apapachaba con contratos, créditos a fondo perdido, exenciones fiscales, dispensas de cotizaciones al IMSS, el Infonavit u otras instituciones…
No hay pues, por donde se mire, razón alguna para el escándalo. Ni menos temor por haber aparecido en una lista de virtuales operadores políticos y tiralínea ideológica.
Desempeños estos, por lo demás, en los cuales se ha especializado la mayoría de los enlistados por la consejera presidencial.
BRASAS
Es cierto. Se trata del publicista Carlos Alazraki, a quien nadie confundiría con un comunicador serio y cuya credibilidad está a nivel del drenaje; pero el empresario Alejandro Vargas Guajardo, uno de los mandamases de MVS, no debería mantenerse imperturbable y fingiendo sordera ante las cubetadas de lodo y aparentes mentiras con que lo ha cubierto el deslenguado capo de Atypical TV.
La atmósfera está saturada de versiones según las cuales MVS ha despedido en ocho meses a por lo menos dos conductores de noticiarios, Manuel López San Martín y Luis Cárdenas, debido a presiones del gobierno federal.
Ambos periodistas son no sólo francos, sino obcecados opositores del gobierno federal, aunque ninguno ha tenido el valor profesional de precisar, sin lugar a dudas, las circunstancias de su salida de aquella empresa.
No sólo eso. Uno –Cárdenas– con más énfasis que el otro, ha dicho urbi et orbi que de la empresa de la familia Vargas no salió por amenazas y nadie pidió su cabeza, además de que durante dieciséis años sólo tuvo apoyo y respeto a su trabajo, y por lo mismo les guarda a sus expatrones gratitud y lealtad eternas.
En entrevistas en radio y tv, sin embargo, este comunicador ha jugado al sí pero no. Afirma que en el país rige la censura y los periodistas a diario se juegan la vida, pero que él ha gozado de irrestricta libertad de expresión. ¡Felicidades!
López San Martín, en cambio, ha dicho en cuanto micrófono ha tenido a la mano –entre otros el de Alazraki–, que “a mi me corrieron de MVS por criticar al régimen, al gobierno de Morena”.
Más específicamente, “por señalar los abusos, excesos, atropellos, ilegalidades y saña” del gobierno en contra de Ricardo Salinas Pliego… ¡Pssst! Respeto. Cada quien es libre de abrazar las causas que le resulten caras…
Este comunicador no ha dicho con la claridad que el periodismo riguroso reclama quién desde el gobierno –nombre y apellidos– pidió que lo corrieran, y ¿quién dentro de MVS –generales al canto– recibió la real o supuesta petición?
En el curso de una entrevista a Cárdenas, Alazraki contó –en su tono habitual de chisme y con lenguaje prostibulario– que le preguntó a López San Martín quién lo despidió y la respuesta fue Alejandro Vargas, quien le habría así el asunto:
“Bueno, te voy a decir, a mí me acaban de amenazar… Que me quitan el total del presupuesto publicitario si sigues tú. Lo mismo con Luis Cárdenas”.
Y, ¿quién hizo la amenaza desde el gobierno? Enigma. O mentira.
Corresponde pues a Vargas despejar las dudas o permitir que el cabezal MVS y su propia reputación naufraguen en el estercolero de Atypical.
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Mal anda la oposición si para vigorizarse en lo electoral ha tenido que recurrir a EU y Vicente Fox, cuyas escasas luces congénitas resienten los estragos de 84 años.
El Presidente 2000-2006, que malogró la alternancia en el poder, buscó ser rehabilitado en lo político vía una entrevista al diario El País, en la cual hizo trasnochado diagnóstico de “esta nueva ola” de gobiernos de izquierda en América Latina; o sea, la ola que arrancó hace tres décadas.
Centró su mirada en el ascenso al poder de Morena e hizo un mea culpa y una tácita petición de perdón, con obvia intención de intentar recuperar la confianza de los ciudadanos.
“¿Por qué entró esta nueva ola?”, se preguntó, veintisiete años después de que esa cresta empezó a elevarse, con la llegada al poder de Hugo Chávez en Venezuela, en 1999, un año antes de Fox.
“¡Por decepción!”, repuso. Y ensayó su autocrítica:
Señaló que López Obrador “tomó la buena medida –alguien lo iluminó ese día, a la mera hora vino un angelito del cielo y le dijo: ‘sube los salarios, sube el salario mínimo…’.
“Yo tuve la oportunidad (de hacerlo)”, expresó, y recordó sus juntas mensuales con la cúpula empresarial, en las cuales “cuando yo mencionaba el tema del salario, de subirlo más aprisa, que pagaran mejor los empresarios, la respuesta era negativa y rotundamente en contra”.
Decían –continuó—que el país perdería competitividad, no podríamos exportar y la nación no tendría éxito económico. “¡Y yo me tragué el anzuelo! Esa fue una de las cosas que yo pude haber hecho”, expresó, con tono de adolescente chamaqueado.
“Por eso digo que hay cosas que no hicimos a tiempo”, agregó Fox, justificando la imperdonable demora de 18 años –hasta la gestión de Amlo– para el resarcimiento del poder adquisitivo de los trabajadores.
Refirió otra omisión, con la cual emuló a la proverbial vaca suiza, aquella que suele dar hasta veinte litros de leche pero, al final… la riega.
“Revolucionar a toda velocidad el sistema educativo, porque es la manera de darle a una gente no dinero… ¡para qué le das dinero si no está preparada y no sabe administrar ese dinero! (…) Dale hambre por ser empresario o emprender actividades económicas, artísticas, o lo que sea.
“No darle dinero pa que esté de huevón. En esto es donde no sirven los programas sociales”.
¡Clarísimo el concepto en que el mariscal de campo de la oposición tiene a quienes reciben apoyos del Estado!
Entendido y anotado.
RESCOLDOS
La lumbre por fin empieza a llegarle a los aparejos a Alejandro Alito Moreno Cárdenas. Que bueno. Ya despide penetrante olor a carne de presidio. Soltado de la mano por sus compinches del PAN, los zombis del difundo PRD y sus amigazos de Somos México, sólo cabe esperar que no logre amnistía vendiéndole a Morena su muy exiguo capital político. Ya se sabe que la política hace extraños compañeros de cama, pero todo tiene límite…
aurelio.contrafuego@gmail.com
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