Ismael Ortiz Romero Cuevas
Lo que pasó en Juchitán, Oaxaca, no tiene un punto que pueda rescatarse con respecto a lo sucedido con el presidente municipal, Miguel Sánchez Altamirano, su detención, sus vínculos con la delincuencia organizada, el abandono a Juchitán, ni el discurso del gobernador Salomón Jara tratando de dar consuelo a los pobladores de la ciudad istmeña. Esto, parece que destapó una cloaca que va a tener muchas más consecuencias. Como lo mencioné en la entrega pasada, el mensaje que nos envían es que la presidenta Claudia Sheinbaum está deslindándose de las acciones y personas que no congenian con ella ni con el ‘movimiento’ al que pertenecen.
Lo que hay que analizar, es que nuevamente la realidad demuele a la narrativa. Esos discursos que enaltece el oficialismo de que son patriotas, honestos, el de cero impunidades, de que no hay corrupción, de que no se protege a nadie, el de que son diferentes y, sobre todo su máxima de “no robar, no mentir y no traicionar el pueblo”, se convierten en nada cuando estas cosas suceden. La población se siente a la deriva y la prioridad de los poderosos, es ver cómo se protegen antes de garantizar la seguridad y derechos de la población. Y creo, que esto, apenas empieza.


