Crimen de lesa humanidad

Carlos R. Aguilar Jiménez

De extrema gravedad o especial perjuicio, como el exterminio, la esclavitud, la privación de la libertad, tortura o responsabilidad directa por muertes debido a inacción, pasividad o indolencia, son ejemplos de contextos que podrían también considerarse: De Lesa Humanidad, como sucede actualmente con la pandemia por la Covid-19 que en el caso de México nos ha llevado a el cuarto lugar mundial en muertos y quizá al segundo en proporción directa a la población, por esta enfermedad debido al pésimo manejo de contagios, afirmar que le “venía como anillo al dedo” a la 4T, delegar la responsabilidad en un charlatán y utilizar las circunstancias en beneficio de la ideología política del gobierno.

Como Crimen De Lesa Humanidad, puede considerarse también el desmantelamiento del sistema público de salud, el desabasto de medicamentos derivado de la cancelación de contratos a farmacéuticas y distribuidoras, incluidos fármacos contra cáncer, amen de no controlar el ingreso a México en aeropuertos o aduanas del sur donde a diario miles de migrantes entran sin restricción, incluida la manipulación del semáforo epidemiológico que cambia de color en función de intereses oficiales, permitiendo así mismo el acceso a estadios deportivos, realización de conciertos masivos y todo aquello que de oportunidad a concentraciones masivas de acarreados al estilo del PRI de los años 70 y 80, como la realizada en el tercer aniversario del actual gobierno. De Lesa Humanidad es la muerte de miles o cientos de miles, casi medio millón en México, quienes, no obstante, haya sido uno o cien, lo cierto es que miles de estas muertes podrían haberse evitado si desde el principio el presidente no hubiera descalificado el uso de cubrebocas, alabado los abrazos, afirmado que las estampas religiosas o escapularios protegerían a la población o, que si alguien es bueno y moralmente irreprochable no se contagiaría y menos moriría, pero no es así, la realidad es que ninguna creencia, mágica o religiosa sirven para evitar la muerte por Covid-19, de tal forma que en total ineptitud el gobierno es responsable de la muerte de miles, no sabemos cuántos, pero estas muertes podrían haberse evitado, por lo que son muertes consecuencia de crímenes de Lesa Humanidad y, si para mal en los próximos tres años no habrá consecuencias ni condenas al respecto, lo cierto es que a partir de 2025 cuando ya no exista descalificación la prensa y los investigadores o periodistas, publiquen la verdad, se castigue por crímenes de Lesa Humanidad al o a los responsables, porque, no obstante la vacunación masiva, durante los próximos días de fiesta de este año, los contagios aumentaran y, después, como seguiremos sin restricciones, los muertos podrían llegar al millón o más al finalizar este sexenio. Y tal situación al existir forma de evitarla, al no hacer lo que se debe, es un Crimen de Lesa Humanidad, de especial gravedad, si se quiere para que no se oiga tan trágico, pero es lo mismo.

La redignificación del servicio público urge

Carlos Villalobos

La administración pública en México siempre ha sido reducida a una mala caricatura, en donde quienes se encargan de operar programas y atender a la ciudadanía son pintados como vagos y holgazanes, cuando en realidad es todo lo contrario. Dentro de las filas de servidoras y servidores públicos, podemos encontrar a muchas heroínas y héroes que en verdad trabajan por un mejor país con los hechos y no con discursos desde los micrófonos mediáticos.

Antes de continuar, para fines pedagógicos, definamos a los servidores públicos. Partiendo de la definición del artículo 108 de nuestra carta magna, la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, los servidores públicos son los representantes de elección popular, los miembros del poder judicial de la federación, los funcionarios y empleados, y en general toda persona que desempeñe un empleo cargo o comisión en de cualquier naturaleza en la Administración Pública Federal. 

A partir de ello podemos concluir que todo servidor público, independientemente a su orden de actuación, debe tener como objetivo principal atender las necesidades de la ciudadanía, para incrementar la calidad de vida, así como ser el puente de comunicación entre las necesidades de ciudadanas y ciudadanos y las altas esferas en la toma de decisiones.

A pesar de esto, la estela de destrucción que ha dejado la corrupción, históricamente para el caso mexicano, ha hecho que, entre sobornos, nepotismo o simplemente evadir las responsabilidades, las y los funcionarios públicos sean tachados constantemente como personas que no trabajan y que sólo buscan réditos personales.

Durante campañas electorales es común escuchar que la función pública debe de ser voluntaria y que todo el que apunte a ganar bien (o al menos decente) por hacer su trabajo en la administración pública, es un ‘aspiracionista’ o un ‘fifí’ que no piensa en el país.

Sin embargo, quienes han trabajado en puestos operativos en el sector público, saben que no todo es miel sobre hojuelas, entre decisiones que “vienen desde arriba”, hasta malas decisiones o extrema burocracia, la labor que por contrato (en el mejor de los casos) tienen que llevar a cabo, muchas veces van más allá de las ocho horas y los cinco días de la semana. Y este es un problema estructural que, si no hay disposición, no se podrá mejorar nunca.

Si bien es cierto que sería lo mejor que todos los que encabecen y traten directamente con la ciudadanía cuenten con altos grados de estudio, hoy lo que se me hace fundamental, es el sentido común y entender el valor de la eficiencia y la eficacia, el tequio y sudar la camiseta deben quedar en el olvido, hoy el profesionalismo tiene que reinar.

Urge que se redignifique el servicio público, pero también que se magnifique la importancia de este a quienes llegan a las filas de la administración pública, especialmente a través de la sensibilización del entorno y la importancia que tienen las y los ciudadanos.

Las y los mexicanos, nos merecemos instituciones que solucionen los problemas cotidianos, o que al menos coadyuven en estas, pero esto no se logrará si no se fortalecen las capacidades, herramientas y la profesionalización de la administración pública desde el municipio más humilde del país hasta San Pedro Garza García.

Desde un maestro rural, hasta el presidente de la república, todo aquel individuo que atienda a ciudadanos busca un mejor futuro, eso me consta ¿Nuestras instituciones lo están?

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La importancia de la letra cursiva

Mariano Estrada Martínez

-¿Hola kc´s?

-¿Xq?

-Te vi en el cine vdd?

-NTP, fui al baño 

-jajaja 

La situación no parece preocupar a muchos. El error es la norma. Como todo en la vida las cosas van evolucionando, pero en la medida que el internet y todos los dispositivos van creciendo en potencia y “beneficios” hay otros aspectos que los seres humanos vamos perdiendo. La era y los nativos digitales, así como la virtualidad a la que nos sometió la pandemia han obligado a algunas mutaciones del lenguaje por practicidad, ignorancia o rapidez. El método irreflexivo de escritura, el corrector y textos predictivos de la inteligencia artificial de los dispositivos y programas de texto nos dan aportes al momento de escribir, pero nos van restando elementos de articulación a de nuestro propio discurso. 

Mas allá de las redes sociales, hay que reflexionar hasta que punto estamos aceptando como comunidad educativa el cúmulo de errores gramaticales y ortográficos sin hacer nada en esta cascada carente de articulación discursiva. 

Propuesta:  Está claro que el aprendizaje de la letra cursiva es una herramienta crucial para el desarrollo cognitivo para entrenar el cerebro a un rendimiento óptimo. Con la escritura en cursiva, el cerebro desarrolla una especialización por áreas que integra la sensación, el control del movimiento y el razonamiento. 

Es evidente que para escribir con una letra cursiva legible se necesita un cierto nivel de control de motricidad fina sobre los dedos lo que ayuda a otras áreas como arte, organización, paciencia y   los alumnos deben prestar atención y pensar qué están haciendo y cómo lo están haciendo, lo que ayuda a ambos hemisferios del cerebro. 

Brevemente expongo algunos beneficios del regreso de la letra cursiva a las aulas:

  • Estudios con tomografías cerebrales revelan que la cursiva activa áreas del cerebro que no están involucradas cuando se escribe en el teclado.
  • El circuito de la lectura es fluido por la ilación de las palabras. 
  • El niño distingue cada trazo con respecto a otros, lo cual es sumamente importante para entender a quienes escriben cursiva. 
  • A diferencia del teclado y la letra script compuesta de círculos y rectas sin ligazón entre ellas en cursva hay que aprender y memorizar el tamaño adecuado, oblicuidad de la forma global y la característica detallada de los rasgos de cada letra.
  • Desarrolla habilidades de categorización. 
  • La letra cursiva podría ser más atractiva para los estudiantes ya que les da un mayor sentido de estilo personal y pertenencia.
  • Favorece que se perciba visualmente cada palabra como un todo y mejora la lectura de estas. 
  • Favorece la velocidad de la escritura por el hecho que el ligado favorece la fluidez y el dinamismo de los trazos.
  • Favorece la memoria, dado que constituye una respuesta motora continua, mientras que la “script” o el teclado es discontinuo.
  • Mayor rapidez pues no se levanta el lápiz a cada letra. 
  • Unidad de significación:  al escribirse las letras unidas, la captación del sentido es más sencilla que si fuera escritura no ligada.

Nadie niega que las redes sociales, como medio de comunicación, modelan el lenguaje y casi obligan al idioma a actualizarse. Ni los emoticones ni los «jajaja» son una amenaza contra el lenguaje, pero la situación puede ser preocupante si dentro de unos años desaparece la ortografía y la mayoría de las personas tanto jóvenes como adultas terminan adaptándose a los errores del idioma. 

La escritura en letra cursiva trae consigo muchos más beneficios, es gratis, se aprende casi a cualquier edad y es hermosa. 

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PRI ¿Más vivo que nunca?

Carlos R. Aguilar Jiménez

En el universo, la naturaleza, sociedad, humanidad y política todo tiene ciclos o periodos y nada es para siempre, todo lo que comienza tiene un primer momento, su lapso de mayor esplendor y después su caída o extinción, tal y como en sociedad y política ocurrió con las eras de aldeas, polis, estados, imperios, repúblicas, feudos y después naciones o países, donde en cada unos de los interregnos se han gobernado de diferentes formas, incursionando en los últimos siglos entre democracias, dictaduras, capitalismo, socialismo, plutocracia, neoliberalismo o como en México ahora: Populismo o autocracia.

Los habitantes prehispánicos de lo que ahora es México vivieron su periodo de caseríos, aldeas, villas, localidades, pueblos y ciudades, gobernados por caciques, tlatoanis, reyes, amos, emperadores y ahora, presidentes electos democráticamente, habiendo transcurrido periodos en que presidentes como Porfirio Díaz o Juárez, se reeligieron, siendo de estos dos presidentes el más odiado por la masa, Díaz y, el venerado, Juárez, el primero considerado un dictador hasta que lo derrocó la Revolución, más o menos, aunque sin revolución armada, como fue derrocado el PRI y después el PAN al ganar las elecciones el actual presidente, poniendo fin a un periodo de casi un siglo en que el México rural se transformó en país emergente del Tercer Mundo, terminando para siempre, de la misma forma como concluyó el ‘porfiriato’, el priismo, aunque no totalmente porque siempre quedan secuelas, porque aún hay estados, como Oaxaca, gobernados por el PRI, pero no por mucho tiempo, y aunque Germán Espinoza, afirma que: “el PRI está más vivo que nunca e indica que, aunque muchos han sentenciado la desaparición del PRI, de su XXIII Asamblea Nacional Ordinaria saldrá muy fortalecido”, y si bien tal situación es posible, lo es entre los militantes y simpatizantes que aún quedan y aunque sean los mismos de antes de Peña Nieto o más, lo cierto es que frente a la inmensa mayoría de simpatizantes de López Obrador, no de Morena, que son decenas de millones, durante los próximos tres años ningún partido y menos el PRI, tienen alguna posibilidad de ganar, porque aunque todos los políticos mienten para ser populares, los populistas son los campeones en la impostura, evasivas y engaños, diciéndole siempre al pueblo llano y carente de escepticismo, lo que quieren escuchar, lo que suene bien a sus anhelos, nunca la verdad, lo real y autentico, porque de lo que se trata es ganar y así se puede prometer que se acabara la corrupción, bajara el precio de combustibles, la inseguridad será exterminada y México tendrá una economía como la alemana o sueca.

El PRI esta en agonía y, si acaso pretende sobrevivir, debería hacer lo que hizo el PRD antes Partido Comunista, después PSUM, esto es, cambiarse de nombre, disfrazarse, realizar camuflaje para que parezca otro, pues solo así podría tener posibilidades. Todo tiene un ciclo y fin.     

Inicia cuenta regresiva

Carlos R. Aguilar Jiménez

En el universo existen eras, en la naturaleza ciclos, en la vida nacimiento y muerte y en todo existen periodos, etapas, fases, de la misma forma que en sociedad y política, donde se miden los periodos por trienios o sexenios, teniendo cada uno de estos interregnos su principio, medio y final, de tal forma que la primera mitad es tiempo de iniciar, sumar o consolidar, porque la segunda mitad es de restar y comenzar la cuenta regresiva rumbo al final, tal como ha iniciado el principio del fin del actual sexenio presidencial, en el que si cronológicamente faltan tres años, en realidad faltan dos porque cuando los mandatarios ya se van, pierden su poder, se alejan incondicionales y acaban alabanzas y prerrogativas, sabiéndose que en meses perderán todo el poder para convertirse en ciudadanos comunes, aunque millonarios. 

En funciones como presidentes, comandantes supremos, omnímodos, omniscientes, todopoderosos, caudillos, guías morales o lo que dicen ser, en los primeros tres años son populares en su desempeño, funcionando bien ante la perspectiva del tiempo, no obstante, cuando se llega a la mitad e inicia la cuenta regresiva, lo que más vale es el tiempo, porque la infraestructura, promesas de cambio, reivindicaciones sociales, logros económicos o garantías de seguridad, salud, educación y bienestar que no se comiencen a percibir, no se harán, no podrán cumplirse, porque una cosa son los planes y otra distinta, la realidad, debido a múltiples imponderables, variables o contingencias, de tal forma que luego de tres años de este gobierno, más allá de sus propios datos y fe, que tienen sus seguidores, lo cierto es que la inseguridad y violencia siguen igual que antes, los feminicidios peor, la falta de medicamentos en aumento, precios de gasolina y gas cada vez más caros, al tiempo de un incremento en la inflación que devalúa el aumento al salario mínimo, de tal forma que lo que no se hizo y terminó en tres años, será muy difícil o imposible concluir en los próximo dos o tres en cuenta regresiva, con excepciones de algunas obras que sí se podrán terminar, pero no los aspectos sociales y oficiales respecto de la corrupción, porque ésta, forma parte de la idiosincrasia de la mayoría de mexicanos, quienes ante enfadosos trámites burocráticos, indolencia de ministerios públicos, bajos salarios de policías y en general de la mayoría de funcionarios y la población, un alto porcentaje busca agilizar con sobornos, componendas, cohechos o pagos ilegales, lo que por ley debería ser expedito y accesible, así que una vez iniciada la cuenta regresiva, lo más probable es que al final México siga como antes, o peor por la desilusión derivada y, eso sin contar los más de medio millón de muertos por la Covid-19, de los que se podrían haber salvado la mitad por lo menos con políticas públicas bien organizadas y no basadas en ocurrencias e intenciones electorales. 3…2…1…0.  

¡Buen fin! una fiesta de ofertas ¿para todos?

Carlos Villalobos

En México desde el 2011, el Buen Fin se ha convertido en un evento anual que en cada ocasión que se realiza, promete rebajas y ofertas qué, teóricamente, fuera de noviembre, mes en que se realiza, no encontraríamos.

A pesar de que este es un evento que se empezó a impulsar desde el Gobierno de México, el sector privado ha encontrado en esta iniciativa una excelente plataforma, no solo para poder deshacerse del inventario rezagado, con el que cuentan en sus almacenes, si no una manera para impulsar el consumo en sus tiendas, todo esto con el objetivo de la tan anhelada reactivación económica de cara a las fiestas decembrinas.

El Buen Fin, poco a poco ha elevado su notoriedad ya que en aquella primera edición en 2011 tan solo se registraron 18 millones de pesos en ventas, mientras que, en 2020, a pesar de la pandemia por COVID-19, se reportaron ventas por 238 mil 900 millones de pesos. Para la edición 2021, a pesar del inquietante aumento de la inflación en el país se esperan que los buenos resultados continúen y hasta diciembre tendremos certeza de ello.

Evidentemente, una iniciativa como esta siempre estará inmersa en dudas de las y los compradores, sobre todo porque en México los consumidores y sus derechos, la gran mayoría de las veces, están a la deriva y sin la más mínima protección.

Las principales críticas hacia el buen fin se enfocan en el aumento de los precios semanas antes del evento, para que cuando llegué la fecha escogida los “descuentos realizados” no sean más que un espejismo. Por otra parte, las políticas de devolución o no recibir los productos promocionados encabezan esta lista de quejas regulares, que uno puede encontrar al hacer una revisión poco exhaustiva en notas y publicaciones en redes sociales al respecto.

Hoy el buen fin ha pasado a ser uno de los puntos fuertes en el mercado mexicano, con mayor acogida que iniciativas como el Black Friday (que prácticamente no ha permeado en el país) o el hot sale (que aunque todavía no ha crecido como se esperaba, va en ascenso empujado principalmente por la pandemia).

Algo que hay que dejar claro, es que el Buen Fin, regularmente solo aplica al comercio establecido y en productos seleccionados. Las empresas que se suman a esta activación no están obligadas a hacer descuentos generalizados a los precios de todos sus productos, en cambio, a lo que sí están obligados es a respetar los precios y a no hacer espejismos inflando precios o generando ofertas artificiales.

En mi experiencia, he logrado conseguir ofertas bastante atractivas, como por ejemplo el computador desde donde escribo hoy esta columna, una computadora china de una marca muy poco conocida, que combinando varias ofertas y rastreando el precio a través del tiempo logré tener un equipo competitivo a un precio atractivo y a meses sin interés.

El Buen Fin llegó para quedarse, eso es un hecho, sin embargo, algo que no se ha impulsado desde el gobierno, son políticas de protección al cliente, no se han realizado campañas de concientización para que las y los ciudadanos mexicanos conozcamos a fondo nuestros derechos como consumidores, así como los procedimientos en caso de caer en algún tipo de problema.

Queda mucho trecho por caminar y con un panorama en donde nos estamos enfrentando al aumento de la inflación más agresivo en los últimos 20 años, sin duda el Buen Fin fue un respiro para el mercado mexicano, así como clientes que nos vimos satisfechos por nuestras compras.

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