La fe en la meritocracia y el daño que nos han hecho


Carlos Villalobos

Cuando escuchamos frases cómo “solo hay que echarle ganas” y “los pobres son pobres porque quieren”, normalmente se está haciendo referencia a la meritocracia, un término, que desde su aparición en 1973, ha provocado esta falsa idea de que los logros se consiguen en función de buenos deseos, ilusiones y no parar de ser productivo.

La meritocracia, desde su concepción, nos plantea un error de enfoque, ya que su premisa inicial es que todos, absolutamente todos los que habitamos este planeta tierra, contamos con oportunidades  similares, si no es que las mismas y por tanto todos podemos aspirar a lo mismo, desafortunadamente, siendo más críticos, una característica principal de nuestro mundo, es la desigualdad y la falta de dichas oportunidades. Quienes cuentan con mayores privilegios, principalmente monetarios, van a tener acceso a un sin fin de opciones con respecto a quienes se encuentran en el fondo de la pirámide social.

La educación, teniendo como punto máximo asistir a una universidad, representa una puerta al conocimiento y a otra manera de ver la vida, sin embargo, hoy en día ya no es indicador de éxito(o de al menos garantizar la subsistencia), debido a que a partir de mi generación y a las que vienen en camino, nos enfrentamos y enfrentaremos a un mercado laboral incierto, quebrado, en el que no se pagan prestaciones (si es que te pagan a tiempo) y donde el acceso a servicios se ha vuelto cada vez más difícil. 

El “éxito”(lo que sea que esto signifique) depende de muchas características, sin embargo quienes son “exitosos” creen que quienes no logran sus mismos resultados se quedan en el camino porque no quieren, cuando en realidad aunque tuviesen mayores y mejores habilidades, muchas veces no tienen acceso a educación, a literatura especializada, a viajes o incluso a vivencias que potencien sus conocimientos y a la postre su actuar.

La meritocracia, forma parte de este gran problema actual llamado polarización, por un lado los ganadores, se encumbran y se idealizan, mientras que los perdedores son señalados y se dejan fuera de la conversación, aun cuando de la derrota se tiende a aprender más.

¿Entonces deberíamos eliminar la meritocracia? Técnicamente no, porque lo que sí nos brinda es el método, es la constancia, es la manera en que deberíamos trabajar para conseguir objetivos, lo que sí se debería de eliminar, es la visión totalizadora del “son pobres, porque quieren” cuando en realidad lo que sucede es una reacción a debilidades institucionales.

La pobreza monetaria no se elimina romantizando el éxito, pero tampoco regalando dinero, con la puesta en marcha de planes en donde todos contemos con similares oportunidades y acceso a servicios, se podría echar a andar a la meritocracia como estilo de vida, mientras tanto, debes contextualizar cada uno de los casos de los que se hablen.

Twitter: @carlosavm_

La desinformación que mata


Carlos Villalobos

El siglo 21 que nos está tocando contemplar dista mucho de la realidad que, diversos autores, expertos y hasta nosotros mismos, planteamos que viviríamos. Imaginamos una sociedad avanzada que sería democrática y que nuestra principal herramienta de desarrollo iba a ser la tecnología como si fuese una especie de espada del augurio. Sin embargo, vaya que la realidad dista mucho de esa utopía.

Hoy en día con todo y la pandemia, con la que hemos tenido que aprender a coexistir, el show tiene que continuar. En la actualidad, pero sobre todo en momentos inciertos como el presente, tenemos que dejar en claro una frase que rige nuestro contexto “la mentira limita la libertad”.

Curiosamente con el avance de las tecnologías de la información y la comunicación, es una realidad que podemos acceder, de acuerdo a nuestras posibilidades, a una gama de información casi infinita y que necesitamos de vidas enteras para poder navegar en al menos el 1% de ellas. Sin embargo, esto genera un mal, la sobreexposición de la información.

Si bien es cierto que, hace unos años, las fake news se dispararon haciendo que las elecciones presidenciales de México y Estados Unidos estuvieran manchadas por escándalos, mentiras, teorías de conspiración extremadamente locas y demás sandeces que apelaban a sentimientos polarizantes, también existieron plataformas para la desmitimificaicón de tales mentiras que circulaban en la red. Desafortunadamente tales esfuerzos han sido poco a poco desplazados en la agenda pública, tal y como le está sucediendo a todos los temas de transparencia en México, lo que nos ha enseñado que la importancia de la participación y la necesidad de ciudadanos para colaborar en la arena pública es fundamental, ya que los poderes fácticos (políticos o empresariales) siempre van a buscar un rédito a su favor.

Aunque en el pasado los medios de comunicación tradicionales, normalmente tenían acuerdos comerciales con ciertos actores de poder, había confianza en el método de generación de información, hoy desde cualquier punto del mundo, con acceso a internet y un poco de conocimiento en informática, se pueden destruir carreras profesionales a un click de distancia y el público aceptaría sin más el veredicto, ya que internet se ha vuelto un lugar en donde la información solo se consume y no se produce.

Para el caso méxicano, este problema aumenta, ya que la polarización del debate público en temas pocos relevantes y el encubrimiento de prácticas poco éticas, fomenta las condiciones ideales para que la desinformación cubra más terreno y cree realidades alternas a partir de mentiras.

La mentira en los medios de comunicación no es nueva, esta ha existido desde que existe el hombre, sin embargo, la mentira tiende a ser más transparente hoy, porque es más fácil detectarla, en un escenario ideal, porque en la realidad una vez que una mentira se ha incrustado en el imaginario público está es imposible de refutar, aunque se cuenten con datos o evidencias de que ha sucedido lo contrario.

La información falsa ha cobrado relevancia por la redes sociales, por su facilidad de difusión y porque hoy, gracias a la democratización de los medios, somos difusores.Tan es así que la familia ha sido desplazada como la fuente primigenia de información, hoy acudimos primero al celular, sin consultar fuentes fidedignas y damos por hecho lo que nos dictan nuestros teléfonos inteligentes.

La solución a todos los males expuestos en este texto, pareciera que son  sencillos, pero no lo son, la realidad polarizada, la facilidad con que se difunden noticias falsas, el problema de confianza serio que existe a nivel mundial hacia las instituciones y un sin fin de problemáticas sociales más, a pesar de ello parten de de un punto, la investigación seria, sistematizada y digerible es el arma idónea para combatir, en un primer momento, para  mitigar las noticias que son falseadas y que tanto daño le hacen a nuestra sociedad.

Twitter: @carlosavm_

Que el debate público, sea público


Carlos Villalobos

Aunque pareciera que el título del presente texto es un eufemismo, hoy en día parece necesario recordarlo. Como parte de la polarización extrema (colocar a todos en un espectro donde o eres o no eres algo) de nuestra sociedad, la opinión pública, el quehacer político y la vida en general, pareciera que hoy el país queda relegado a apoyar al gobierno o ser un conservador.

En pleno siglo 21 tendría que ser inaudito este proceso de extremo en el que nos vemos inmersos, por el contrario debería reinar la suficiente participación en temas y actividades que merecen la pena, como el caso de la discusión que se generó en torno al Padrón Nacional de Usuarios de Telefonía Móvil, donde expertos en el tema y sociedad organizada al detectar que se vulnerarían derechos humanos, se movilizaron y agotaron hasta el último recurso para congelar (hasta el momento) tal iniciativa, en contraste con la consulta a juicios a expresidentes que hoy pareciera un “acierto”, pero en realidad es todo lo contrario ya que la ley no se consulta, solo se ejecuta.

Los espacios de participación ciudadana, de un tiempo a la fecha (al menos en el discurso) han quedado relegados a solo ejercer el voto que en un entorno de descalificaciones y guerra sucia donde la gente, pareciera que, solo tiene la opción de votar por la “continuidad del presidente” o votar por quién le pega más fuerte a MORENA.

Por otro lado, también los espacios ciudadanos han quedado relegados a “expertos y líderes de opinión” que abusan del lenguaje rimbombante y complicado para apantallar y dejar sin oportunidad de entendimiento a todas y todos aquellos interesados en colaborar en beneficio de nuestras comunidades. Ese tipo de lenguaje rebuscado, y a veces fuera de lugar, es lo que provoca principalmente el desinterés de quienes tienen que salir todos los días a trabajar y generan la apatía de quienes en plena pandemia debemos de sobrellevar nuestra rutina diaria.

Es cierto, el trabajo de analistas y de academia son fundamentales, pero hoy hace falta que se relaje el lenguaje, en donde se debe provocar que la información pública se libere de manera entendible y digerible, sin llegar a extremos donde con frases extremadamente coloquiales se desvirtúe la información. Crear puentes para educar de una manera más asertiva a nuevas generaciones para que, a través de mecanismos institucionales, puedan mejorar las condiciones respondiendo a las necesidades propias que se palpan a ras de suelo y poner los pies en la tierra, desde Ciudad de México, o de las principales capitales.


Bajemos dos rayitas, impulsemos la participación en temas prioritarios, invitemos, pero sobre todo pongamos contexto suficiente para que quienes están fuera del entorno de la arena pública puedan tener herramientas suficientes para participar y de esta forma lograr avances en función de lo que sucede en nuestras distintas realidades, ya que la centralización en la toma de decisiones que vivimos hoy está desarmando a comunidades, a cadenas productivas y a esfuerzos ciudadanos, dejándolos completamente a su suerte y cortando de tajo los resultados (muchos o pocos) que están, han obtenido y muy probablemente obtendrían.

Representantes, estén listos, porque mientras el sistema lo permita, existiremos muchas y muchos quienes seguiremos promoviendo desde cada una de nuestras trincheras la apertura de la agenda pública a temas de relevancia central para las y los mexicanos.

Es tiempo de las y los ciudadanos, es tiempo de ti que me lees y de mí, quién escribe esta columna justo antes de empezar la semana. Es nuestro tiempo.

Twitter: @carlosavm_

Lo dijo Protagoras


Carlos r. Aguilar Jiménez.

Desde que se inventaron las religiones con dioses machos vengativos, la humanidad ha tenido que vivir, porque así educa la familia religiosa, creyendo en mundos sobrenaturales, el Más Allá, la Santa Gloria, Nirvana, Mictlán o Valhala, lugares a  donde irían después de muertos si comportan según exigían los sacerdotes o, se irían al infierno si no pagaban diezmo y sometían a lo que establecía el clero de la religión en turno, hasta los tiempos de Enrique VIII y Lutero que se revelaron contra la religión católica en tiempos del Renacimiento cuando la humanidad comenzó a pensar en si misma, en la vida actual de carne y sangre, no en incierta vida en ultratumba, sino en sus propias e intuimos creencias, su propia fe, reivindicando la importancia de la humanidad por encima de religiones y políticas que exigían sufrimiento y pobreza (austeridad) para acceder al habitáculo de Dios y todos sus elegidos y, en caso de problemas o dudas, pagando generosas indulgencias.

En el Renacimiento nació el concepto que el hombre debe ser el centro de las preocupaciones humanas, como Protágoras dijo: “El hombre es la medida de todas las cosas”, pues una vez que el hombre renunciaba al poyo que le otorgaba o prestaba el clero, Rey o gobierno y se dedicaba a trabajar y producir riqueza para si mismo y su familia, comenzaba a tener éxito al conseguir un capital, obteniendo así, con dinero o bienes, confianza y seguridad debido a los valores que conseguía, lo que ahora se entiende como economía capitalista, sistema económico en que las riqueza del individuo, familiar, social o nacional la hacen quienes trabajan y producen, no y nunca los gobiernos, (que administran o roban) porque son los campesinos, agricultores, herreros, artesanos, carniceros, hoteleros, restauranteros, empresarios, industriales, comerciantes, científicos, inventores y todos los que cada día se levantan para trabajar produciendo, quienes generan dinero, cañital, y lo hacen circular, no es el gobierno y menos los políticos, que si bien pertenecen a la burguesía extrema al vivir en opulencia y boato, incluso en el Palacio Nacional, con sueldos todos que exceden los 150 mil pesos mensuales, lo cierto es que creer o decir que los adinerados o las clases medias son perversas y nefastas es un desatino. Son los capitalistas, desde el que tiene un puesto de tacos al bolero o industrial automotriz quienes generan la riqueza del país, los políticos únicamente se lo roban o reparten lo que no es de ellos a quienes les conviene para que voten por su partido.

El hombre es la medida de todas las cosas, incluyendo obvio, la mujer, y de su trabajo, su capital, sus bienes y lo que hacen para tener más y mejor, depende la estabilidad y futuro de las naciones. Los pueblos que no trabajan y los sectores sociales que se acostumbran a vivir de dádivas son los que se arruinan, porque así como se perdieron miles de cerebros pensantes durante las guerras religiosas, ahora sucederá lo mismo al no reprobarse a ningún alumno en la escuela, no apoyar la ciencia o cultura y despreciar a quienes triunfan en el capitalismo, desde la clase media a la alta, excepto los burgueses políticos que ganan millones de pesos al año y viven en palacio nacional.  

Deficiencias en construcción de L-12


Carlos R. Aguilar Jiménez.

“Hay se va, como sea, Me vale, luego lo arreglo, Mañana se lo entregó, En un ratito está, Ya Dios Dirá, A mí me ordenaron hacerlo”: son algunas de las variopintas expresiones y evasivas más acostumbradas en el comportamiento de la mayoría de mexicanos a la hora de realizar un trabajo o cumplir con una obligación pactada e incluso contratada, porque la desidia, indolencia y falta de compromiso es una conducta que se tolera abiertamente, en lugar de condenarse, comenzando con la impuntualidad de la inmensa mayoría que jamás nunca llega a las citas o fiestas a la hora acordada, sino a la hora que a cada quien se le antoja, por lo que hablar de responsabilidad, puntualidad y compromiso entre mexicanos es casi imposible y, menos entre gobiernos y  políticos (acostumbrados siempre a mentir) quienes sabiendo que su puesto es efímero, tratan con imposturas, simulaciones y fingimientos todo lo que hacen, lamentablemente también en obras e infraestructuras de alto riesgo, ocurriendo en algunos casos tragedias como la de la Línea 12 del Metro donde hubo muertos.

Luego de análisis estructurales realizados por expertos noruegos de la empresa DMV encargados por gobierno de CDMX, se revelan según el peritaje, deficiencias estructurales en la construcción de la Línea 12 del Metro que determinó el colapso de un tramo de la línea elevada fue provocado por una falla estructural asociada al menos a seis deficiencias en el proceso de construcción de la obra, lo que significa que el hoy canciller Marcelo Ebrard cuando construyó la línea, independientemente de otras fallas que dilataron su inauguración, lo que más le urgía era concluirá y ponerla en servicio como fuera para quedar bien política y socialmente en ese momento, apresurando procedimientos, alterando fórmulas, manipulando sistemas y utilizando malos materiales o menos de lo que determinaban los planos y esquemas, desde luego, no él directamente, pero sí por sus órdenes y urgencia, tal y como se ha demostrado hoy, por ejemplo, en el número de remaches y pernos de trabes y estructuras, lo que significa que, si en ese tramo existen esas deficiencias, lógicamente, deben estar en toda la línea, porque al hoy canciller Marcelo le urgía que la obra se concluyera e inaugurara cuando ordenaba para abonar su reputación y carrera política, hasta que la línea se derrumbó, lo que no exime tampoco de responsabilidad y culpa a los siguientes gobernantes de CDMX hasta la actual Claudia, por omisión y desdén, dado que es un hecho que el Metro es un desastre, es inhumano, inseguro y maloliente, un transporte pésimo que ahora sabemos es peligroso en toda la línea 12, dado que aunque vuelvan a ponerlo en servicio, las deficiencias no se ven y podría volver a ocurrir otra tragedia mortal,  pero ahí se va, no hay responsabilidad ni culpa de nadie, son cosas de la vida, Ya Dios o AMLO Dirá, Al ratito lo compongo, dele una chaineada maistro, Como sea, Me vale, al fin que no es una tragedia, fue simplemente un Incidente.  

Clase media aspiracional


Carlos R. Aguilar Jiménez.

Las clases o estratos sociales siempre han existido, y lo sabemos porque desde nuestro nacimiento estamos supeditados a un nivel ya que nuestra familia y su poder adquisitivo determina nuestra posición en la sociedad, porque nos guste o no, todo en el universo, la naturaleza y el mundo se tiene que catalogar y clasificar para reconocer; hay clases en los perros, gatos, caballos, insectos, planetas, estrellas, microbios, muebles, relojes o coches, las hay en todo, de tal forma que aunque lo ideal sea la inclusión, equidad e igualdad, los seres humanos somos aspiracioncitas, inconformes, progresistas y exigentes, porque no somos parte del paisaje y en consecuencia buscamos siempre mejorar nuestros recursos y calidad de vida, ya sea por medio del estudio, trabajo o cualquier actividad, que nos permita superarnos y destacar ante los demás, como lo hace especialmente la clase media, estrato social que por no pertenecer a la clase pobre al tener información, estudios, libros, comercios o pequeños negocios, buscan siempre mejorar y, si puede, cambiar de la clase media, a la alta, aspiración legítima, honrada y evolutiva que molesta al presidente, quien dijo: “Hay un sector de la clase media que siempre ha sido así, muy individualista, aspiracioncita, que lo que quiere es ser como los de arriba, sin escrúpulos”, indicando también que la clase alta es de gente sin miramientos y que únicamente los pobres, los que votan por su partido y reciben su limosna; son buenos y honestos.

Nacer pobre, de clase media o adinerado es asunto de azar social. Nacer en Milán, Paris o en Uganda o El Salvador, es cuestión de lotería geográfica y, excepto si se viene al mundo en un país de castas o raleas insuperables, lo cierto es que en casi en cualquier lugar se puede mejorar o progresar. Aspirar o progresar es un Derecho Humano. Todos conocemos gente humilde, estudiantes pobres, como Juárez, que luego de estudiar y sacrificarse, llegaron a cambiar de clase social y ser presidentes, como también algunos funcionarios de la presidencia actual. que nacieron pobres y estudiaron en escuelas y universidades públicas, viajaron en autobuses de pasajeros y como “estudihambres” no tenían dinero para una torta y que, gracias a sus aspiraciones, lograron acceder a estudios de posgrado, algunos en excelentes universidades del extranjero, obteniendo así una mejor calidad de vida, cambiando de clase social, de la baja a media y ahora a la burguesía, porque nadie puede refutar que desde el más simple regidor hasta el presidente, con los sueldos, dietas, viáticos y bonos que reciben, son burgueses. Ser burgués, pudiente y acomodado, es vivir en un palacio nacional y vivir del presupuesto a discreción, así que no existe nadie que quiera quedarse igual, en la clase social en la que nació, y todos aquellos que aspiramos a vivir mejor, ganar, saber más, somos los que hacemos las aspiraciones individuales, familiares y de México, los demás, que viven del presupuesto, los políticos, tienen recelo de la aspiración buscando, como anillo al dedo, pueblos pobres e ignorantes, sin aspiraciones.