La violencia digital, también cuenta

Carlos Villalobos

Con el avance, en al menos las últimas dos décadas, de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC’s) las relaciones e interacciones sociales se han ido trasladando al ciberespacio. De una forma muy lógica, se ha transformado la forma en que nos relacionamos con la sociedad y con nosotros mismos. 

¿Se han percatado que hoy ya no conocemos el silencio? ¿Cuántas veces nos hemos detenido a observar que no podemos existir sin un podcast, una canción o algún video de fondo para acompañarnos en nuestro día a día? Hoy, la conexión permanente a contenidos audiovisuales en internet es parte de toda nuestra rutina y para muestra la Encuesta del Consumidor Digital 2020, realizada por Nielsen, que arrojó que los mexicanos consumimos hasta 94 horas de internet en promedio a la semana. Ese cambio en el corto plazo impulsado por la aceleración de la digitalización de la vida por la pandemia llegó para quedarse.

A veces, las amistades en internet ya son más cercanas que las amistades que habríamos de construir en “el mundo real”. Hoy amamos, peleamos, ignoramos y demás, gracias a un dispositivo tecnológico y a toda la serotonina que nos produce un like o ver nuestro nombre en algún sitio.

Sin embargo, como todo, no puede ser todo miel sobre hojuelas. Lo que también ha traspasado la frontera de la realidad, ha sido la violencia y los daños que esta causa. La violencia existe (sería muy negligente de mi parte negarla), pero la forma en la que ha mutado en internet es verdaderamente preocupante, sobre todo, por la capacidad de viralización que se tiene en línea ¿Cuántas veces hemos visto que un acto de odio tiene mayor capacidad de réplica que una acción noble? 

En ocasiones la violencia vertida en internet ha sido considerada como un mal que solo se tiende a ignorar, sin embargo, el problema fundamental y que carece de esa lógica, es que muchas veces el no tomar acciones provoca que las líneas, escritas amparadas en el anonimato y un dispositivo móvil, provocan acciones peligrosas en el mundo real. Recordemos, por ejemplo, aquellos grupos organizados a través de redes sociales atacando infraestructura 5G, con el pretexto de que estas “esparcen la COVID-19”.

Exculpar a autoridades frente a casos de cyberbullying o de acoso, así como el intercambio de imágenes íntimas sin consentimiento, y dejar que “las plataformas lo resuelvan” habla de lo poco que estamos preparadas y preparados en México para enfrentarnos a una realidad cada vez más digitalizada. Así como la delincuencia en el plano físico, la violencia digital tiene que partir de la prevención, de la institucionalización de protocolos de seguridad, así como de campañas de concientización acerca de los derechos que contamos como ciudadanos digitales. 

A pesar de que hoy el país cuente con iniciativas que en muchos estados ya son ley, como la Ley Olimpia, son el primer paso; pero como todo en México, lamentablemente se queda como un cúmulo de buenos deseos si no se toman las medidas necesarias.

Y no me malentienda, tampoco es que quiera que se niegue o se cree un estado policial en línea que vigile y censure la libertad de expresión, solo espero que nuestra vida en la red sea más segura, porque de no hacerlo, el panorama pinta cada vez más para que todos esos futuros distópicos, en donde vivir en una red interconectada y fuera de control, cada vez estén más cerca. 

El camino que elegimos es duro, peleamos con un sin fin de contradicciones, pero es tiempo de mirar al frente y combatir por el futuro digital que queremos.

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Herencia maldita

Carlos R. Aguilar Jiménez

De todas las descalificaciones, reclamos y quejas que se pueden hacer a alguien o algo, las perores son las retrospectivas, al condenar o criticar lo que las personas, familias, sociedades, gobiernos o grupos hicieron en el pasado cercano o remoto, siempre es con la ventaja de la perspectiva presente, cuando el proceder, inventos, conocimientos, ética o costumbres se han adecuado conforme a nuestros tiempos, circunstancia que de la misma forma nos pasará respecto de nuestros descendientes, quienes también, retrospectivamente nos condenarán por comportamientos o prácticas que realizamos y hoy nos parecen normales, estereotipadas y hasta buenas, pero que a nuestros hijos o nietos les parecerán quizá obscenas, grotescas, injustas o malignas.

Fumar en cualquier lugar incluso en hospitales, aviones o el cine, antes era normal; que las mujeres no votaran era correcto, discriminar por color de piel o preferencia sexual era aceptable. Costumbres arcaicas que para nosotros hoy son indeseables, inmorales o políticamente incorrectas y, seguramente, muchas de las cosas que actualmente hacemos y consideramos aptas y optimas, pronto serán siniestras para las próximas generaciones, de tal forma que, no tenemos ningún derecho ni justificación alguna para criticar o condenar a nuestros padres, abuelos o antepasados con nuestra óptica contemporánea; ellos hicieron lo que en su tempo era correcto y nada más, de tal forma que, si bien podemos tomar este contexto como aprendizaje o lección, lo que debemos hacer es no anclarnos en el pasado y nunca jamás considerar que lo que hayan hecho quien sea antes de nosotros es una herencia maldita, sino enfocarnos en el presente o en lo que viene, porque de nada sirve ver para atrás, mirar siempre el espejo retrovisor es peligroso para avanzar, es una rémora al porvenir o freno al futuro, porque como dice una canción: “Ya lo pasado, pasado, no me interesa” y así debiera ser el gobierno, dejar de condenar al pasado y evitar decir que es una herencia maldita, porque lo mismo que le ocurre a la sociedad y sus costumbres le pasa también a los gobernantes, quienes mientras están en el poder, al creerse omnímodos, todopoderosos, populares y afirmar estar arriba en encuestas, deben entender que todo es transitorio, y así, cuando este gobierno acabe también dejará una herencia que será cuestionada por el gobierno siguiente, que igual que todos descalificará como ya lo hizo el actual al aeropuerto que se construía, las instituciones educativas, incluída la UNAM, la clase media, energía alternativa o ecológica, además de los cubre bocas, defendiendo a incondicionales, narcotraficantes con quienes establece política de abrazos y no balazos, que si para mal ahora muchos aplauden, la herencia se descubrirá y será el legado de este sexenio, como lo fue en Oaxaca la 4T municipal, porque todos dejamos herencias, malditas o benditas, dependiendo del punto de vista de la siguiente generación o del gobierno en turno, que se dedique a condenar al pasado y no a mirar al futuro, futuro que rápidamente se convierte en pasado, dejando su herencia.  

Ciclovías: pueblo bicicletero

Carlos R. Aguilar Jiménez

Al estilo de Ámsterdam donde parte de la movilidad urbana se realiza a bordo de bicicletas, la Secretaría de Movilidad (Semovi) en Oaxaca copiando lo que hacen ciudades de primer mundo, pretende hacer de la ciudad de Oaxaca, un pueblo bicicletero, estableciendo ciclovías en vialidades de alta movilidad estorbando, el de por si, lento desplazamiento de vehículos de motor al estrechar calles o eliminar carriles de circulación para dar espacio a dos o tres ciclistas y, si bien la intención podría ser ventajosa, la realidad es otra porque Oaxaca no es una ciudad plana como Ámsterdam, Berlín, Madrid o la CDMX, porque es de subida-bajada de norte a sur con incontables elevaciones, colinas y cerros donde las bicicletas se desplazan fácilmente de bajada. Subirlas es una pesadilla.

Establecer ciclovías es más tendencia política que hará quedar bien en discursos al gobierno estatal respecto de su supuesta preocupación por el ambiente, calentamiento global o la Covid-19, pero que en la realidad no sirve, porque quienes utilizan bicicletas son apenas el dos por ciento de quienes se transportan en la ciudad, y lo hacen jóvenes con todo el vigor y enjundia, no así personas mayores sin la misma vitalidad, temple muscular o pobreza económica, para subirse al frágil vehículo de dos ruedas impulsado por músculos, en lugar de una motocicleta o automóvil, sin considerar que además la bicicleta sirve únicamente si no se transporta alguna carga extra pesado o voluminosa, si a donde uno se dirige no importa llegar sudado, apestoso, excitado y cansado. Las bicicletas, si bien son uno de los mejores inventos para desplazarse sin utilizar combustible, resultan vehículos que transportan únicamente al tripulante, no puede haber pasajeros y además, como señala el periodista Alfredo Martínez. de Aguilar: “Hay un rechazo general y ácidas críticas a la insensibilidad y opacidad de Arturo López Sorroza, titular de Semovi al tenerse la percepción popular que se trata de la imposición de una ocurrencia” porque es obvio que al estrechar calles en la colonia Reforma, Camino Nacional, Centro Histórico y las que sigan, la de por sí difícil circulación de vehículos en la ciudad será cada vez peor, porque la mayoría de personas que tiene que desplazarse por la ciudad lo hacemos en automóvil, autobús o motocicleta, incluso en el nefasto moto taxi manejado por algún póngido, siendo apenas el dos por ciento quienes utilizan bicicleta y, la mayoría, excepto quienes los hacen por necesidad: albañiles u obreros, los defensores de la bicicleta son hípster, alivianados, fundamentalistas verdes y lo hacen por diversión, ejercicio, deporte o regodeo, no para transportarse a su trabajo o donde tengan que ir; a esos lugares van en su moto Harley, su Audi o BMW, pero no en bicicleta. Las bicicletas son para deporte o entretenimiento Las ciclovías del programa “BiciRutaOaxaca” de un programa nacional de la Secretaría de Desarrollo Territorial y Urbano (Sedatu), son ocurrencia desafortunada para la movilidad de vehículos en Oaxaca, mas útil sería eliminar el estacionamiento del periférico o Carretera Internacional.        

El torbellino y la basura

Gibrán Ramírez Reyes

Toda revolución supone la destrucción de las formas de dominación existentes para iniciar la construcción de un orden nuevo aparentemente mejor. Sin embargo, el proceso de demolición es como un torbellino que, según Enrique Flores Magón, levanta la basura: políticos aduladores sin convicciones revolucionarias que sólo se mueven al impulso del remolino transformador con tal de mantenerse en lo alto.

Flores Magón escribía sobre el torbellino y la basura en 1925, mientras veía que los políticos repetían las máximas revolucionarias al mismo tiempo que traficaban con el bienestar de los demás para satisfacer el propio. Bajo el discurso de la transformación, ofrecían todo sin cumplir nada, sin remediar los males de la gente que seguían en aumento: pobreza, violencia, inestabilidad. Con pesar, Flores Magón veía que del ideal “los pobres son la fuerza” –expresado por su hermano Ricardo– quedaba realmente poco, pues, aunque desde el poder se “hablaba radicalmente y se expedían decretos anodinos, dizque para mejorar la condición de los de abajo” seguían las cenas de amigos con los grandes empresarios y se solapaba, a cambio de reverencias, a las “sanguijuelas públicas que chupaban la sangre del pueblo” y que en el fondo querían vivir en el poder como “en los buenos tiempos porfiristas”. Con tristeza, anotaba que mientras muchos de los compañeros revolucionarios habían muerto sin ver concretados sus ideales, otros se habían encanallado y postrado ante la basura al parecer triunfante. 

Flores Magón era, sin embargo, optimista: veía que en medio de la polvareda las ideas avanzaban, pues ante el engaño y la injusticia surgía la rebeldía de aquellos que anhelan la libertad y realmente mejorar las condiciones de vida de los desheredados. Abajo engrosaban las filas revolucionarias y se extendían los valores del cambio y la convicción de que la transformación debía concretarse de una manera u otra. A la revolución le inyectaban vitalidad todos aquellos convencidos de que para caminar por la vida no se necesita de un “arriero como los asnos, que les curta el cuero a palos”, sino autenticidad y firmeza en los valores revolucionarios. Por todo el país había gente amante de la libertad que, más tarde que temprano, corregiría el rumbo de la nación y llevaría el cambio a buen puerto. Entonces, viejos y nuevos revolucionarios caminarían juntos “con la esperanza halagadora de poder seguir siendo útiles en algo a la causa común”. 

La libertad fue, por excelencia, el principio magonista: libertad para pensar, para opinar, para organizarse, para vivir bien –sin la opresión de la pobreza– y para ser felices. Libre sería el porvenir. A final de cuentas, decía Flores Magón, con el pasar del tiempo, la polvareda se calma, todo cae y la naturaleza vuelve a sonreír a sus hijos.

Tiene razón el presidente. En tiempos de transformación hay que tener firmes las convicciones y ser magonistas, al menos para verse al espejo.

Nuevo ayuntamiento

Carlos R. Aguilar Jiménez

Como cada tres años al iniciar un nuevo ciclo del Ayuntamiento en Oaxaca de Juárez, las expectativas e ilusiones de los habitantes del municipio de la capital son elevadas, principalmente ahora, cuando, como en la fallida administración anterior se espera lo máximo de las autoridades o por lo menos cumplan con lo prometido, resultando siempre más de lo mismo o peor, en el último trienio porque si bien son pocos quienes entienden la conducta de políticos y todavía les creen, los escépticos informados, siempre dudan porque su técnica es: mentir para ser populares, no obstante, con el beneficio de la duda se espera de cada nueva administración municipal lo mejor.

Terminó el primer trienio de la autodenominada 4T, que si bien para los devotos seguidores del presidente de la República, su ideología sería la misma en todos los cargos de elección popular como en el municipio de Oaxaca, la realidad, como se ha demostrado, es diferente porque si obtuvieron el triunfo electoral, no se debió a méritos, trayectoria política, pundonor o promesas de campaña, sino a la inercia del aura mística de AMLO, que mientras esté en el poder su avasalladora popularidad hará ganar a todos los candidatos de su partido, como era el PRI antes, así que al asumir el cargo las autoridades municipales este inicio de año tienen la responsabilidad de reivindicar a su partido con quienes los eligieron, demostrando capacidad, conocimiento de causa, inteligencia y especialmente hábil manejo político para resolver conflictos, evitando la torpeza, improvisación e indolencia del Ayuntamiento saliente, que nunca se ganó la “H” de honorable, quienes no cumplieron con lo prometido, sino que además, como nunca había sucedió en los últimos 50 años, por primera veza dejaron de pagar salarios y aguinaldos a trabajadores, quienes tuvieron que bloquear la ciudad para conseguir su sueldo, sin considerar problemas con basura, seguridad, bacheo, semáforos, cultura o ciencia y tecnología donde se nombró para vergüenza de Oaxaca, ocupara el cargo a quienes ni idea tienen de conceptos básicos de ciencia, como una ex subdirectora de Ciencia y Tecnología de cuyo nombre afortunadamente no me acuerdo, quien solicitó al Observatorio Astronómico observar con un grupo al planeta rojo, astro que para todos es Marte, enterándose después que no, porque para la ex subdirectora, se trataba de un planeta de una constelación mística, de otra dimensión o de un universo paralelo, que astronómica y científicamente no existe, no aparece en ningún catálogo estelar ni mapa celeste, demostrándose así el paupérrimo conocimiento científico y supersticiones de quien debía ser alguien con conocimiento básico de ciencia, tecnología o filosofía científica, de tal manera que, la expectativa de cambio y reivindicación, no únicamente en ciencia, sino en seguridad, servicios, salud, turismo, cultura deben ser superiores en este Ayuntamiento a las de la tristemente célebre alcaldía saliente hasta ahora en plena impunidad y desprestigio total para los oaxaqueños y la 4T fracasada.     

Regresar o no regresar, no es la cuestión

Mariano Estrada Martínez

Tres temas tabúes de los cuales nadie quiere hablar: ¿Cuánto nos atrasamos en lo educativo por la pausa pandémica? El otro tópico que ahuyenta el análisis y el debate en las tribunas legislativas ¿Y la verdadera reforma educativa/académica/pedagógica? Y el tercero y singularmente polémico: ¿Es realmente irrelevante la evaluación docente?  En este sentido, la evaluación de la práctica es un factor importante e indispensable para la capacitación del docente lamentablemente, casi siempre evaluamos a la persona y no su práctica: evaluarse para capacitarse si, para castigar, no.  La «cuestión docente” debería ser la cuestión por excelencia hoy en día, asunto que no parece encajar en ninguna agenda, ni presupuesto, ni plan gubernamental cercano, parece que van toneladas de dinero a tantos proyectos y se nos está yendo de las manos un recurso fundamental de nuestra sociedad: el maestro.

En relación a los docentes (no a la docencia) van unas realidades crudas y contundentes:

a)       Pauperización de los profesores.

b)      Nivel educativo precario de amplios sectores del magisterio en servicio. (Plazas heredadas, maestros sin perfiles normalistas, creciente incorporación de maestros empíricos; pérdida de identidad y legitimidad social del oficio docente).

c)       Bajas expectativas y motivación de los aspirantes al magisterio (Las Normales requieren una seria reestructuración).

d)      Ser profesor o profesora como último recurso. (Ausentismo marcado; abandono de la profesión; falta de vocación).

e)      Falta de oportunidades de avance y superación personal de los maestros de escuelas particulares.

f)        Y la Universidad con huelgas y paros cada vez más frecuentes y prolongados; los maestros son percibidos como problema antes que como condición y recurso valioso.  

g)       Distracción de los multimillonarios recursos presupuestales en la abultada estructura burocrática del IEEPO que no permite bajar los recursos a las escuelas y docentes.

h)      La ordeña voraz del gobierno a la escuela privada, no les da y encima les quita indiscriminadamente.  

Podría llegar de la A a la Z de ida y de regreso, me piden artículos cortos y a fuerza de ser breves quiero enfatizar  solamente en la “cuestión docente” ya que el apelativo de profesor/profesora – maestro/maestra – educadora,- tiene valor y dignidad por sí mismo, y no necesita de apodos ni de disfraces modernos como coach, facilitador, monitor, organizador del aprendizaje  ni mucho menos la peligrosa y despectiva referencia que se hace a los “maestros de Oaxaca” de manera genérica como parte de un problema. Sin duda hay y habrá intereses mezquinos en sindicatos, secretarías, escuelas y gobiernos esos personajes arropados en esas trincheras les hacen mucho daño a los verdaderos docentes de salón y pizarra quienes, si bien participan en manifestaciones y protestas a través de sus sindicatos, pero a pesar de ello, muchos de ellos siguen entregándose con humildad y amor a sus alumnos.

Paulo Freire en “Cartas a quien pretende enseñar” dice al respecto:

Es preciso que luchemos para que estos derechos sean, más que reconocidos, respetados y encarnados. A veces es preciso que luchemos junto al sindicato y a veces contra él si su dirigencia es sectaria de derecha o de izquierda. Pero a veces también es preciso que luchemos como contra las rabias endemoniadas de los retrógrados, de los tradicionalistas y de los neoliberales, para quienes la historia terminó en ellos.

En resumen:  Hay que restituir el intrínseco valor a la docencia desde una adecuada formación normalista y un cuidado académico, económico y meritocrático de los maestros de aula de escuelas oficiales y particulares de cualquier nivel. 

Twitter:

@PROFEMARIANO1