H. Ayuntamiento2019-2021


Carlos R. Aguilar Jiménez.

Con el beneficio de la duda propio de escépticos informados, la ilusión necesaria de creyentes en MORENA, el espejismo de los enojados con el sistema y la incertidumbre de los decepcionados por lo que se ha dado en llamar viejo régimen, el Municipio de Oaxaca de Juárez inicia una Nueva Era, deseando todos que con perspectiva de la Cuarta Transformación, las condiciones, circunstancias y ambientes de la capital mejoren y tengamos una mejor calidad de vida.

El reto para el presiente municipal Oswaldo García Jarquín y Cabildo es complicado, porque la inercia social y política de décadas en el poder de gobiernos que arreglaban todo conflicto o inconformidad repartiendo dinero, licencias o permisos a lideres venales de vendedores ambulantes o grupos de inconformes, constructores, concesionarios y todo aquel que pretendía hacer o conseguir algo ilícito, será difícil de eliminar pretendiendo que únicamente con la aplicación de ordenanzas municipales se realice, no obstante, si el presidente municipal con determinación aplica la ley, con la autoridad que le otorga el alto cargo que ostenta y el apoyo de sus colaboradores y regidores,  seguramente

a la ciudad y sus habitantes nos ira bien, porque todo es cuestión de don de mando y principio de autoridad dado que las leyes existen y únicamente es cuestión de aplicarlas, suprimiendo a los miles de vendedores ambulantes, invirtiendo honestamente el dinero en obras, servicios municipales e infraestructura urbana, ordenando el transporte, seguridad, salud, cultura, vialidad, barrido y muchas otras acciones que competen al H. Ayuntamiento, que si realiza serán excelente  ejemplo de la Cuarta Transformación a la que se ha sumado el Presidente Municipal OGJ, iniciando quizá, con el rescate de los portales del zócalo expropiados para usar como cantina y que si los dueños pueden argumentar tener permiso para ocupar como bar en vía pública, lo cierto es que los obtuvieron por corrupción, contexto que sirve de argumento lógico para para los vendedores ambulantes al argumentar ¿por qué a ellos exigen su retirada de la vía pública y no a los invasores de los portales?, pero, como sea, lo cierto es que inicia una nueva administración municipal que ilusiona a los oaxaqueños porque OJG probablemente cumplir sus promesas al tener apoyo de AMLO y quizá del gobernador, aunque sea del partido en extinción, por lo que quienes votaron a favor de MORENA y OGJ con esperanza que la ciudad Patrimonio Cultural sea digna de esa distinción, cuente también

Uno de los retos más importantes de Morena radicará en moderar a sus sectores más radicales

Mi solidaridad y afecto para mi amigo, Carlos Roberto Aguilar Jiménez,

y familia, ante la irreparable pérdida de su Señor Padre. Respetuosamente.

 

Los mexicanos hemos visto un proceso de transición extremadamente civilizado entre administraciones del gobierno federal, que no habríamos creído posible hace apenas unos meses. Durante las campañas electorales, el gobierno federal y el partido Movimiento de Regeneración Nacional, protagonizaron una de las batallas retóricas más feroces de que se tenga memoria, y en ella salieron a relucir todos los radicalismos existentes en ambos bandos. Hoy, a pesar de que en el ámbito formal hay un proceso cuidadoso de reconstrucción de la concordia, también surgen expresiones radicales que ahora quizá deberían ser atemperadas. Uno de los retos esenciales de Morena como partido gobernante será justamente moderar al interior a quienes no han dudado, no dudan y parecen seguir dispuestos a no hacerlo.

En efecto, a lo largo del proceso electoral vimos cómo las expresiones extremas fueron paulatinamente ganándole la batalla a los argumentos. Por un lado, en el sector moderado, se encontraba el propio candidato presidencial de Morena, Andrés Manuel López Obrador, quien a pesar de no estar en el sector más tirante de su partido y las facciones aliadas, sí envió mensajes cargados de dureza. Así fue como planteó la cancelación de la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de México, la disolución del Estado Mayor Presidencial y el no uso del avión presidencial de reciente adquisición, la descentralización de la Ciudad de México del gobierno federal, o la reducción de salarios para la burocracia federal y la cancelación de la reforma educativa, entre muchos otros temas.

En el sector más radical hubo expresiones de mayor dureza. Entre sus cercanos, por ejemplo, se planteaba la posibilidad de encarcelar a diversos funcionarios federales de la actual administración, e incluso hubo quienes se trazaron vías aún más radicales. Entre ellas, hubo quien proponía una nueva Constitución; quien lanzaba argumentos para desmantelar por completo las estructuras del gobierno federal; o quien hizo planteamientos como los del escritor Paco Ignacio Taibo II sobre fusilar a quienes fueran considerados como traidores a la patria, o de expropiar las empresas y capitales privados que, en un escenario ficticio, pudieran cuestionar al nuevo régimen lopezobradorista.

¿Qué dijo Taibo II que causó tanto revuelo? En el video en cuestión, Paco Ignacio Taibo II recomienda a Andrés Manuel López Obrador que, de llegar a la presidencia de la República, expropie a las empresas que no cooperen o lo quieran chantajear. En el material audiovisual, Taibo II ejemplifica un escenario hipotético: un día después de ganar las elecciones, en Los Pinos, López Obrador recibe a altos hombres de finanzas, entre ellos Carlos Slim.

Parafraseando a los empresarios, complementa su idea ante una decena de asistentes identificados como morenistas: “’No. No. Cuidado, Andrés, porque, si avanzan ustedes en este sentido, nos llevamos las fábricas a Costa Rica’”. “Si ese mismo día, a esa misma hora, no estamos 2 o 3 millones de mexicanos en la calle diciendo: ‘Si te quieren chantajear, Andrés, exprópialos. Chinguen su madre. Exprópialos”.

El escritor añade: “la presión social a la que puede ser sometido un caudillo, por más radical, competente y honesto que sea, es tremenda. Necesita la presencia del movimiento social detrás que impulse hacia el cambio”. En el video, de poco más de dos minutos y del que se desconoce su fecha original de publicación, se observa a Taibo II explicar a los asistentes que se requerirá del apoyo de la sociedad civil, ya que proyecta que tendrán, “con mucha suerte”, una presencia del 35% en el Congreso de la Unión y la mayoría de los gobernadores serán panistas y priistas.

POSICIONES RADICALES

Antes ya habíamos hecho alusión a esto (ver Al Margen 04.05.2018). En aquel entonces, sobre este tema, apuntamos: Esto causó todo tipo de reacciones, a partir de dos cuestiones que bien pueden ser sofismas: la primera, que deliberadamente se tomaron las “recomendaciones” de Taibo II a AMLO como una verdad anticipada, para trasladarlo de ahí a un cuestionamiento en el marco del proceso electoral (como si Taibo y no Andrés Manuel, fuera el candidato). La segunda cuestión, es que además nadie pareció considerar que igual que en todos los partidos, en Morena hay expresiones radicales y moderadas, y que Taibo responde a una de las más comprometidas con los postulados más duros del tabasqueño, sin que eso signifique — incluso— que el propio Andrés Manuel coincida con ellas o que, aún coincidiendo, esté dispuesto a llevarlas a cabo.

Por eso, en el intento de aclaración, Taibo II no sólo no dejó contentos a los mismos que ya estaban más alarmados, sino que pareció echarle más leña al fuego… aunque en realidad lo que intentaba dejar en claro es que, el hecho de que él diga o recomiende algo, no significa que alguien vaya a considerarlo o aplicarlo.

Días después de que surgió esa polémica, el periódico El País publicó una entrevista realizada a Taibo sobre estas afirmaciones. El escritor dijo, para calmar las críticas, lo siguiente: “Es un debate artificioso armado con malicia y mala fe. Unas declaraciones de hace siete meses donde analizaba una hipotética intervención en caso de una victoria de López Obrador y que las empresas amenazaran con irse del país. Yo dije que desde el movimiento social habría que presionar para que se expropiaran. Pero ni Obrador quiere expropiar ni yo lo pienso, salvo condiciones de emergencia, como sucedió con el petróleo en 1938. Se ha creado una polémica artificiosa como parte de la guerra sucia de la que ninguno estaremos a salvo en las próximas semanas.”

Luego le preguntaron sobre la inclusión de Alfonso Romo, Napoleón Gómez Urrutia, el Partido Encuentro Social, o Germán Martínez Cázares a la campaña presidencial morenista, y Taibo II recordó implíctamente la necesidad de que al interior de un partido diverso como Morena, exista la pluralidad.

Sobre eso, afirmó: “Hay cosas que no me gustan de la apertura al centro de López Obrador y no veo razón para callarme. No es normal que alguien diga que no vamos a tocar los contratos petroleros. Yo solo pregunté: ¿En nombre de quién habla? [Alfonso Romo], porque las bases de Morena han dicho otra cosa. Sobre Germán Martínez, a mí no me gusta. Ha dicho cosas insultantes como que Cárdenas era un cadáver que había que enterrar. Si estuviera en mi circunscripción no votaría por él. Cómo llegó a donde está no lo sé ni tengo idea, pero quiero que se sepa quién es…”.

Hoy, apenas tres o cuatro meses después, vemos multiplicadas esas expresiones de radicalidad. Entre ellos, está el diputado federal Gerardo Fernández Noroña, que nuevamente ha causado desencuentros incluso al interior de su partido y de su fracción parlamentaria, al calificar incluso de traidores a Porfirio Muñoz Ledo y Marí Batres por acudir, en calidad de representantes del Poder Legislativo, al mensaje del presidente Peña en días pasados. El Presidente Electo ha llamado públicamente a la moderación. Pero quién sabe si haya el suficiente sentido de autoridad entre sus correligionarios, para aceptarlo.

INCÓGNITAS

El problema es que Morena es un partido que en realidad nadie conoce aún. Llegó al poder presidencial y tiene la mayoría legislativa en las cámaras federales y locales, pero en realidad no sabemos cuál será su talante real. Morena es un conjunto de expresiones de derecha, centro e izquierda, que aún no sabemos hacia dónde va a ir como partido, más allá de lo que disponga López Obrador. ¿Logrará el tabasqueño moderar las posiciones radicales? ¿O es que veremos replicada aquella máxima de que “cuando la fiera es brava, hasta a los de la casa muerde?

La ciudadanía debe hoy asumir el papel de dique, frente a la tentadora mayoría de AMLO

Puede ser entendible la euforia de los diputados federales de los partidos aliados en la coalición Juntos Haremos Historia, al asumir como tales en la LXIV Legislatura federal. Esa euforia los llevó a corear airadamente la frase “es un honor estar con Obrador”, y el posible entendimiento surge de la larga lucha política librada por Andrés Manuel López Obrador, por más de 15 años, hasta llegar a la Presidencia. Lo que no debiera ser entendible, y tampoco aceptable, es el riesgo que puede llegar a implicar la militancia incondicional no con un partido o una causa, sino con un hombre, en tiempos en los que debería fortalecerse el imperio de la Constitución, y la división de poderes.

En efecto, el pasado sábado cuando inició el primer periodo ordinario de sesiones de la LXIV Legislatura federal, y en la Cámara de Diputados se llevaba a cabo la sesión de recepción formal del Informe de Gobierno del Titular del Poder Ejecutivo, hubo una expresión particularmente llamativa. La bancada mayoritaria de Morena en el Congreso de la Unión, interrumpió el posicionamiento del PRI en la sesión del Congreso General, en voz de su presidenta nacional, Claudia Ruiz Massieu, para reclamar por la desaparición de los 43 jóvenes normalistas de Ayotzinapa.

Claudia Ruiz Massieu hablaba de que los priistas no son mercenarios de la política que cambian sus lealtades de acuerdo al proyecto en el gobierno en turno, cuando un grito ensordecedor desde las curules de Morena enumeró, uno por uno, a los 43 normalistas desaparecidos y exigieron justicia al final.

Unos minutos después Ruiz Massieu hablaba de los logros del gobierno del presidente, Enrique Peña Nieto y de los costos políticos que le dejó a esta administración las reformas hacendaria y energética, cuando desde las curules de Morena se escuchó el gritó: “¡Es un honor estar con Obrador!”, en varias ocasiones. Ruiz Massieu dijo que el Poder Legislativo es contrapeso y eso incluye a los grupos parlamentarios oficialistas y deben saber decir que “no”. “Seremos una oposición valiente, crítica y constructiva. Ni abyecta (…) no obstruiremos lo que sirva y el PRI es un partido grande”, dijo Ruiz Massieu.

Estas expresiones merecen una consideración en específico. Porque si bien es cierto que la llegada de una bancada mayoritaria de un partido opositor al PRI, resulta una noticia relevante en el contexto político nacional —máxime por la historia particular del obradorismo y de Morena en la arena electoral mexicana—, y que lo es todavía más que esa sea la mayoría legislativa más copiosa e importante que se ha construido en los últimos veinte años de la historia democrática de México, también es cierto que aún con los antecedentes de Morena y del obradorismo, y de este arribo al poder tras un larguísimo trayecto siempre cuesta arriba, lo que debería siempre prevalecer es, por un lado, el principio de la división de poderes, porque eso es lo que va a garantizar siempre la salud del ejercicio del poder en México; y por el otro, la vigilancia permanente de la ciudadanía para impedir la toma de decisiones contrarias a lo que desea, y espera, la mayoría ciudadana del próximo gobierno.

En esa lógica, pareciera que las expresiones de apoyo son inicialmente producto de la euforia por el arribo al poder. Sin embargo, esa euforia no se debe convertir en una especie de “borrachera de poder” y mucho menos el preámbulo del pliegue incondicional de diputados y senadores de Morena a los designios de su Jefe Político, ahora convertido en presidente de la República.

Hay —se supone— una militancia y una convicción ideológica afín al Presidente Electo. Pero eso no debe significar el regreso de los caudillos ni de “el país de un solo hombre”. Eso fue justamente lo que desacreditó al priismo —los excesos cometidos al amparo de la disciplina partidista—, y en el fondo es contra lo que votaron más de 30 millones de mexicanos el pasado 1 de julio.

EXCESOS

La militancia partidista es parte de la democracia. Las mayorías y minorías también lo son, y de hecho los sistemas políticos y las democracias actuales están construidos de tal forma que se supone que deben soportar lo mismo la existencia de pluralidad de partidos en los órganos legislativos, que mayorías y minorías definidas. Esa es la razón por la que hoy llama la atención que una amplia mayoría, llegada al poder como consecuencia del hartazgo frente a las formas antiguas de hacer la política, ahora asuma actitudes excesivas.

Una crónica publicada ayer en El Universal sobre el desarrollo de la sesión de Congreso general, y los excesos de algunos sectores de Morena en el Poder Legislativo Federal, dejaba ver esos rasgos: luego de relatar los problemas que enfrentaba el Presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, el morenista Porfirio Muñoz Ledo, para conducir la sesión legislativa, el reportero Juan Arvizu daba pautas específicas de la actitud soberbia y excesiva de la misma bancada que dentro de tres meses dejará de ser opositora para asumir un papel que lo mismo puede ser de contrapeso que de apoyo incondicional.

“Renace el desorden. Siempre en la amplia extensión morenista. Uno ofrece su ayuda, desde el flanco del PRD que quedó en la derecha del salón. “Agradezco, pero no lo necesito tanto”, señala el político de miles y miles de batallas [Muñoz Ledo], con una certeza: “La conducción [de la sesión] es exclusiva del presidente del Congreso”. Ha hablado con energía.

“Pone luz en esta encrucijada en la que están sus huestes, a las que pedirá que sean maduras: “Esta es la hora cero de la nueva República”. Pero no oyen. Morena trae una nutrida sección de ruidosos imparables, que recuerdan ese bloque priísta que se afamó con el mote de Bronx. No paran de gritar a los antagónicos y de aplaudir a la mínima mención de Andrés Manuel López Obrador.

Las otras bancadas quedaron reducidas por el resultado electoral. Un morenista tiene la curul de mayor poder. Es Mario Delgado. En el pasillo central son morenos. En la fila uno, hoy se sientan los hombres del poder verdadero: el senador Ricardo Monreal y Olga Sánchez Cordero celebran el discurso y el tono del joven de izquierda. Mientras, la mayoría de Morena se aplasta en el entusiasmo que genera su porra de identidad: “¡Es un honor estar con Obrador!”. Eso dan en la hora cero.” (https://bit.ly/2LUHvcs).

DIVISIÓN DE PODERES

Lo que quisiéramos ver es una división de poderes de avanzada, con un Presidente que goza de una bancada mayoritaria, pero con no el posible cheque en blanco en la mano —que le permitiría hacer y deshacer, a placer— que siempre es nocivo y engañoso para la democracia. ¿Qué queda? Que los ciudadanos, hayamos o no votado por López Obrador o por Morena, asumamos y ejerzamos nuestro papel de ciudadanía crítica, y sometamos de manera permanente a escrutinio el ejercicio del poder. Esa es una de las pocas vías que quedan para limitar y controlar, lo que esas amplias mayorías legislativas parecen no tener muchas ganas de hacer.

La mayoría legislativa de AMLO no debe ser vista como un cheque en blanco frente a la ley

Andrés Manuel López Obrador gozará de una mayoría legislativa sin precedentes durante la primera mitad de su gobierno, pero ello debe constituir una oportunidad y no una amenaza frente a la Constitución y las leyes. Para que sea así, su mayoría legislativa debe ser vista como un elemento a favor para la reestructuración del gobierno y los factores de poder, pero no para el cumplimiento de caprichos o ambiciones no relacionadas con la cuarta transformación que AMLO le prometió a los electores, y por la que más de 30 millones de ellos votaron por él. Para ello, debe haber mayorías y minorías acordes con la democracia en evolución que se supone que queremos.

En efecto, López Obrador ha planteado una serie de cambios relacionados con su proyecto de nación. Aunque éste no ha sido más que esbozado, el Presidente Electo ha hecho diversos anuncios que, para ser cumplidos, tendrían necesariamente que pasar por reformas legales e incluso a la Constitución. Cuenta con la valiosísima herramienta de la holgada mayoría legislativa que los electores le dieron en las urnas el 1 de julio. Y no sólo eso: contará también con el control de más de 17 legislaturas estatales, que son las necesarias para complementar el proceso dificultado de reformas a la Constitución federal, previsto en su artículo 135.

Frente a ello vale la pena preguntarse no sólo qué papel jugarán las fuerzas opositoras a partir del 15 de septiembre —fecha en que se renueva la integración de las dos cámaras del Congreso de la Unión—, sino también qué papel jugará la amplia mayoría de Morena, y quienes puedan ser sus aliados. Lo natural y lo lineal será pensar, en primer término, que como partido, el Movimiento de Regeneración Nacional se plegará a las necesidades de nuevas leyes y reformas que pueda plantear el nuevo Presidente, y que las respaldaría incluso inopinadamente.

En esa misma lógica, podría también plantearse una cuestión concomitante: qué papel jugará la oposición, que si bien será minúscula frente al poder que la voluntad popular le dio al partido del nuevo Presidente, sí será el espacio que podría llegar a representar a las minorías que no votaron por Andrés Manuel ni por Morena, y que ahora parece que se encuentran en una especie de situación de orfandad frente al poder avasallante de los ganadores.

En la búsqueda de equilibrios entre ganadores y perdedores existe —o debería existir— una gama enorme de matices, para que ni los ganadores terminen siendo la oficialía de partes legislativa de los cambios y necesidades del Presidente, ni los opositores terminen siendo un grupúsculo arrinconado que decide colaborar con la mayoría a cambio de algunos favores, o para evitar la pérdida de algunos de los privilegios que le pudieran ofrecer desde el sector público.

¿Qué se necesita? Se necesita, en este nuevo contexto, una oposición que sea firme y congruente, independientemente de su número y posición; y también se necesitaría un oficialismo capaz de no ser un satélite del nuevo Hombre Fuerte del país, sino un contrapeso interno frente a las decisiones que pueden ser parte de un proyecto de país, pero que también pueden ser el dintel para las tentaciones no democráticas. En la definición de mayorías y minorías deberá quedar definido mucho del rumbo que necesita México no sólo para sostener este cambio de rumbo, sino sobre todo para fortalecer su democracia.

MAYORÍAS Y MINORÍAS

México no había tenido mayorías legislativas desde los tiempos del régimen de partido hegemónico. La última mayoría absoluta del PRI fue desmantelada en la elección federal intermedia de 1997, y desde entonces la pluralidad ha sido el signo distintivo del ejercicio legislativo, y de su relación con los presidentes de entonces a la fecha.

Ernesto Zedillo no sólo fue quien perdió la mayoría legislativa del PRI, sino que también entregó la Presidencia al PAN. Vicente Fox no logró nunca la mayoría y, de hecho, Felipe Calderón fue un Presidente que ejerció los seis años de su mandato con minoría en las cámaras legislativas federales. Enrique Peña Nieto cambió las coordenadas, al construir una mayoría artificial a través del Pacto por México.

Muchos de los que ahora militan y nutren la fuerza de Morena, fueron los mismos que señalaron y criticaron tanto el hecho de que el Pacto era producto de un acuerdo político entre cúpulas, y no de la voluntad popular para reformar la Constitución; y que las características del Pacto, y las condiciones bajo las que establecieron el catálogo de reformas, desconsideraban a la ciudadanía y degradaban al Poder Legislativo al haberlo convertido en una especie de oficialía de partes de los proyectos reformistas que se habían discutido y acordado en otras arenas que no eran las del debate legislativo.

Hoy, esas personas y grupos que en aquel entonces denunciaron las arbitrariedades y la desconsideración del Pacto respecto a la voluntad popular, ¿serán capaces de establecer sus propias coordenadas frente a las necesidades y los dictados de Andrés Manuel, o serán la versión renovada de aquella “oficialía de partes legislativa” que tanto denunciaron, cuando el acuerdo cupular constituyó una mayoría artificial a través del Pacto por México entre el PRI, el PAN y el PRD?

Evidentemente, lo sano y lo democráticamente coherente, sería que Morena fuera una mayoría aliada con el Presidente, pero no una mayoría acrítica. Lo primero tendría que significar la posibilidad de que las bancadas de Morena tanto en las dos cámaras legislativas federales, como en los Congresos estatales —todo ello es necesario para llevar a cabo una reforma constitucional— tuvieran sus propias consideraciones respecto a los proyectos reformistas del nuevo Presidente. El problema es que tanto Morena como Andrés Manuel no se han caracterizado, hasta ahora, por ser afines y tolerantes a los disensos y a las alternativas frente a los planteamientos establecidos desde la verticalidad del poder.

DISYUNTIVA

En realidad, una de las cuestiones que resultan más relevantes en este sentido, es la relativa a que el poder público y las mayorías no terminen siendo la herramienta propia del autoritarismo. La voluntad popular en México volvió a otorgar una mayoría 21 años después, quizá con la consideración de que el estado de madurez de nuestra democracia permitirá que, aún así, existan modificaciones equilibradas y que la mayoría sea sinónimo y muestra de civilidad, y no el preámbulo de las tentaciones que han ahogado a otras naciones frente a líderes absolutos. En el fondo, mucha de esa responsabilidad está depositada no en las minorías, sino justamente en la mayoría legislativa que debe ahora hacer su trabajo para bien de México, y no para poner en entredicho el delicado avance democrático de las últimas dos décadas.

La renuncia de Martínez Neri al PRD, es un acto de repudio por la colonización ulisista a ese Partido

A prácticamente nadie tomó por sorpresa la renuncia del diputado federal Francisco Martínez Neri a su militancia en el Partido de la Revolución Democrática. El oaxaqueño ostentaba además el cargo de coordinador de su grupo parlamentario en la cámara baja federal. La razón de que esto no haya sido una sorpresa se entiende en dos sentidos: por un lado, la razón práctica relacionada con el desmoronamiento perredista y la consolidación de Morena como opción electoral; y en el otro extremo, por el hecho de que el ulisismo terminó asaltando las filas perredistas en la entidad, lo que además de ser un contrasentido político, es un duro recordatorio de congruencia por los episodios dolorosos de 2006, entre otros.

En efecto, Francisco Martínez Neri, quien durante la LXIII Legislatura fue coordinador de los diputados del PRD, renunció el pasado 11 de mayo a su militancia partidista. En una misiva, el político que dos días después acompañó al Candidato Presidencial de Morena, Andrés Manuel López Obrador a un mitin político, agradeció la oportunidad que le brindó el perredismo.

Reitero el aprecio y gratitud por el esfuerzo compartido durante las tareas parlamentarias que hoy han quedado atendidas, así como la certeza de que el bienestar del pueblo y la lucha por la democracia nos convocarán a nuevas etapas, en las que seguro coincidiremos”, indicó. Martínez Neri enfatizó que siempre cumplió con las labores encomendadas desde el PRD, aunque “estoy seguro que he concluido un ciclo de trabajo partidista por lo que solicité licencia para separarme del cargo de legislador”.

La renuncia de Martínez Neri a su militancia política no se explica necesariamente por la ambición de un cargo público de cualquier índole. De hecho, desde que se estaba tratando de definir la candidatura a la alcaldía de la capital oaxaqueña, se mencionó su nombre como una de las principales posibilidades tanto del PRD como de Morena, partido con el que ya había mostrado ciertas afinidades desde hace tiempo. El tránsito en el PRD fue imposible gracias a la alianza nacional que trabaron con el PAN, mediante la cual éste último partido reclamó para sí la candidatura a la presidencia municipal de la capital, e impulsó al ex priista Samuel Gurrión como su prospecto para la candidatura.

Esta situación le cerró la puerta a Martínez Neri, quien ya ni siquiera intentó competir por la candidatura del Frente PAN-PRD-MC; su nombre se mantuvo vigente en Morena, aunque finalmente todo se definió a favor del ex candidato Oswaldo García Jarquín, en medio de una tolvanera provocada por la insistencia del Partido Encuentro Social, de que la postulación del candidato a la alcaldía citadina por el Frente Juntos Haremos Historia les correspondía a ellos. En aquellos tiempos, Martínez Neri se mantuvo expectante pero sin mayores movimientos, dado que seguía siendo coordinador del grupo parlamentario del PRD en San Lázaro, y un militante perredista en activo.

Antes que él, otros perredistas (como la también diputada federal Karina Barón Ortiz, o el diputado local Jesús Romero López, entre varios otros) ya habían dejado el partido del Sol Azteca y se habían pronunciado a favor de Morena y de López Obrador. Martínez Neri lo hizo aparentemente en un momento tardío, cuando ya estaban repartidas todas las candidaturas y postulaciones a cargos por los que habría podido competir. Parece, pues, que hay más razones aparte de las estrictamente electorales, que explicarían su renuncia al perredismo.

CONTRA EL ULISISMO

Desde los primeros meses del año corrió el rumor de que la coalición Por México al Frente postularía al ex priista Teófilo Manuel García Corpus como candidato al Senado de la República, y a la ex secretaria de Turismo durante el gobierno de Ulises Ruiz, Beatriz Rodríguez Casasnovas, como candidata a una diputación federal. Además de ellos, ya se veía la posibilidad de que Samuel Gurrión figurara también entre los priistas lanzados por el PRD.

Esas postulaciones parecían aparentemente inexplicables, dado que tanto el PAN como el PRD contaban con figuras locales de cierto renombre como para ocupar sus postulaciones con militantes, y no sólo con quienes eran externos, sino además militantes de otro partido político, e integrantes de un gobierno cuestionado por represión y corrupción, como el de Ulises Ruiz Ortiz. La dirigencia del PRD en Oaxaca denunció incluso que había mediado una transacción económica entre el ex gobernante y la dirigencia nacional del PRD para cederle tales candidaturas, versión que fue negada por el perredismo nacional pero alimentada por el ulisismo, que con eso intentaba socavar y enrarecer los procesos internos del PRI oaxaqueño.

Finalmente, la candidatura de primera fórmula al Senado por la coalición PAN-PRD no fue para García Corpus, pero sí se quedó en las manos de otro ulisista: Héctor Pablo Ramírez Puga Leyva. En ese contexto, Martínez Neri reconoció en una entrevista radiofónica que ante las últimas decisiones de su partido —relacionadas con la postulación de dichos personajes extraídos del ulisismo priista de Oaxaca— estaba valorando su permanencia como militante del PRD.

Dijo, concretamente, que él no concebía la posibilidad de militar en el mismo partido con quienes fueron los responsables de la represión relacionada con el conflicto magisterial de 2006 en Oaxaca, del que él fue uno de los protagonistas indirectos en su calidad de rector de la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca. Desde esa posición universitaria, Martínez Neri no sólo apoyó, sino que directamente cobijó al movimiento popular en las instalaciones de Ciudad Universitaria, la cual fue el primero, principal y último bastión de la Asamblea Popular del Pueblo de Oaxaca durante todos los meses de la resistencia popular durante el año 2006.

CONGRUENCIA

En el fondo, parece que también hay razones de congruencia para haber dejado el PRD. Parece que esa ya no es una virtud común entre los políticos, y sin embargo este sí parece un acto claro de congruencia combinado con el pragmatismo propio de un momento como el que vivimos en México. Por eso, aunque no llegue a incidir directamente en la suma y resta de votos a favor o en contra del PRD, este sí es un descalabro moral para la campaña panista-perredista en Oaxaca, que de por sí ya no parece tan consistente como al inicio de esta temporada de proselitismo político.

Algunas coordenadas esenciales sobre la carrera al Senado en Oaxaca

En el juego de las percepciones, en el que algunas encuestas sirven más como herramienta emocional que como guía sobre un proceso electoral, la carrera rumbo al Senado parece en Oaxaca un escenario resuelto. Vale la pena considerar que aún con la inercia de la campaña presidencial, hoy las condiciones que definirán el triunfo o la derrota de los aspirantes a un escaño, son muy distintas a las de todas las elecciones previas. Como referente, vale la pena considerar algunas coordenadas básicas sobre dicho proceso.

En efecto, hoy muchas personas asumen como algo irremediable dos cuestiones que, en realidad, deberían ser puestas en duda. La primera, es que el triunfo de los candidatos del partido Movimiento de Regeneración Nacional es irremediable, y que por esa razón no hay mucho que hacer en cuanto a proselitismo o convencimiento de electores. La segunda, son las referencias que han dado algunas encuestas, respecto a quién tiene mayores posibilidades de ganar, a pesar de que faltan más de cincuenta días para la jornada electoral, y de que aún hacen falta por definir diversas circunstancias relacionadas con el equilibrio entre los poderes y los partidos.

Respecto a lo primero, ¿es irremediable el triunfo de los candidatos de Morena? En un escenario lineal, pudiera parecer que sí, aunque en realidad es menester considerar dos cuestiones de inicio —al menos en Oaxaca—: primera, que hace seis años la izquierda aún venía consolidada en un solo frente electoral, en el que estaban todos los que hoy integran Morena, además del PRD, PT y otras fuerzas como Movimiento Ciudadano. La segunda, radica en que hoy, no sólo Morena es una fuerza importante escindida en buena medida de las filas del PRD, sino que éste mismo tiene hoy conformada una alianza con el PAN.

Ello explica la situación actual del Senado, pero también las modificaciones en los resultados que podría implicar el solo cambio de las estructuras partidistas. ¿De qué hablamos? De que, en 2012, esa fue la razón por la que Benjamín Robles Montoya —entonces candidato del PRD al Senado— triunfó con holgura en los comicios federales, a pesar de que Andrés Manuel López Obrador no alcanzó la presidencia. ¿Qué pasó ahí? Que toda la estructura de la izquierda respondió eficazmente, y que al ser una sola en aquel entonces, pudo operar con comodidad arrasando no sólo al PRI, sino sobre todo a Acción Nacional.

En aquellos comicios, Robles ganó venciendo a los candidatos del PRI y del PAN, que parecían lo suficientemente fuertes como para ser competitivos. ¿Qué pasó? Que al no haber gobierno priista en Oaxaca en aquel entonces, el partido tricolor no tuvo estructura electoral y por eso el arrastre que tuvo Eviel Pérez fue la combinación del capital electoral que le quedaba luego de los comicios a gobernador de 2010, y de la fuerza que generó el PRI con Enrique Peña Nieto como candidato presidencial.

El caso del PAN fue aún más dramático: el grupo que entonces gobernaba la entidad, tenía la firme intención de perfilar a uno de sus líderes morales, Diódoro Carrasco Altamirano, como Senador. Lo empujaron por la vía del PAN, partido por el que ya había sido diputado federal plurinominal y al que, de hecho, se habría ya afiliado como militante activo.

¿Qué ocurrió? Que aun teniendo la venia, y el respaldo institucional y económico del entonces Gobernador Gabino Cué, Carrasco Altamirano nunca pudo figurar sosteniblemente como un posible triunfador en la carrera al Senado, a pesar de que durante toda la campaña se mantuvo en un juego de percepciones y encuestas, con los que preveía que sería el absoluto ganador en la contienda rumbo a la Cámara alta. No ocurrió porque, en una situación aún más complicada que la del PRI, el PAN en Oaxaca carece de todo tipo de estructura y capacidades de movilización para tener resultados electorales competitivos. Ello demostró la dimensión del espejismo que es el panismo oaxaqueño, el cual debiera también ser considerado en este proceso.

JUEGO DE PERCEPCIONES

El PRD y el PAN impulsan a Héctor Pablo Ramírez Puga Leyva, y éste ha asumido una postura resuelta como inminente ganador. La realidad indica que para que esa actitud estuviese respaldada por la realidad, el ex Director de Liconsa debería tener, además de una estructura de campaña, una red importante de militantes dispuestos a apoyarlo. Y ahí es donde está el problema.

Ya que por un lado, el PRD es un partido disminuido no sólo en Oaxaca, sino en el país, gracias al importante éxodo de militantes y simpatizantes perredistas hacia la causa de Morena. Y el PAN ha sido —como se expresó en líneas anteriores— un partido que ha tenido, en Oaxaca, serios problemas para demostrar que tiene una militancia activa y pujante que es capaz de lograr triunfos en presidencias municipales, diputaciones locales, federales y la Senaduría. El caso de Diódoro Carrasco como candidato panista al Senado en 2012, es prueba fehaciente de ello.

En el caso del PRI, hay más elementos que considerar que los antecedentes inmediatos. Hasta ahora, es todavía poco lo que se ha visto respecto a la intervención del grupo gobernante en el proceso electoral. Éste será natural y quizá también obligado, porque independientemente del resultado electoral nacional, en la entidad se jugarán también condiciones complejas para la gobernabilidad. El grupo priista oaxaqueño no puede desconsiderar la posibilidad de no tener sendas bancadas robustas en los congresos local y federal, porque ello significaría la circunstancia de quedarse sin los elementos de gobernabilidad que son necesarios para todo gobierno a través de sus legisladores.

Por eso, finalmente la contienda final apunta a que ésta sería entre los candidatos al Senado por Morena y el PRI. De hecho, la diferencia entre unos y otros, ha radicado en la intensidad del trabajo que han realizado hasta el momento, y del nivel de organización que pudieran tener respecto a la campaña y al día de la jornada electoral. Susana Harp es una figura relativamente conocida, pero ajena a los procesos políticos y electorales, y anclada únicamente al destino que siga la candidatura presidencial del partido que la postula y a la apuesta del voto no diferenciado en Oaxaca.

PREVISIÓN AL CIERRE

Raúl Bolaños, finalmente, ha caminado con intensidad porque sabe que su posición electoral es cuesta arriba, no respecto a la coalición PAN-PRD, sino a Morena. Por esa razón, en el cierre de la campaña, es previsible que la batalla final ocurra entre estas dos fuerzas políticas por los dos escaños de mayoría relativa, y por el de primera minoría.