AL MARGEN || Avilés y los ‘chalanes’ que se cansaron de militar en el PRI

Adrián Ortiz Romero Cuevas 

Ante las recientes renuncias de militantes al Partido Revolucionario Institucional en Oaxaca, el excandidato a la gubernatura Alejandro Avilés Álvarez soltó una frase que dibuja perfectamente una de las razones de fondo de la debacle priista entre sus militantes. En la red social Twitter, Avilés espetó: “El que es chalán es chalán… aquí o allá… sea rojo o sea verde…”. Instalado en la arrogancia y quizá sin querer, el también diputado local dibujó exactamente la razón por la que su partido perdió estrepitosamente no sólo los comicios, sino también gran parte de su base social y su militancia en la entidad. 

En efecto, la semana pasada se realizó una reunión entre militantes y representantes populares emanados del Partido Verde con el gobernador Salomón Jara. Ahí aparecieron dos personajes que hasta entonces se habían considerado priistas, los cuales se sumaron a otros más que también han dejado las filas tricolores en el pasado reciente para integrarse a esa fuerza política aliada a Morena. Las reacciones no se hicieron esperar, desde aquellos que lamentaron la decisión de sus ex compañeros de partido, hasta aquellas que rayaron en el franco insulto. Pero de entre todas ellas resaltó la postura Avilés, quien tildó de “chalanes” a los que se fueron. 

En esto, habría que preguntarse si no en medio de la ira Avilés fue traicionado por sus propias emociones. ¿Por qué llamar “chalán” a alguien? Un chalán, todos los sabemos en México, es un ayudante. En la albañilería, un chalán es el peón, que se encarga de las tareas más pesadas y menos relevantes; en prácticamente todos los demás oficios se les denomina así a las personas que son aprendices o que no poseen ninguna categoría dentro del escalafón técnico. 

En lo político y en lo partidista, igual que en todos los demás trabajos, se supone que esos rangos son de formación y de entrenamiento. Así, si el término chalán se equiparara a lo político entonces estos serían quienes llevarían a cabo las tareas básicas: activismo, propaganda, rutas y promoción del voto. Y, paradójicamente, se supone que esa fue una de las razones de mayor peso por las que fue designado Alejandro Avilés como candidato a la gubernatura: porque al haber sido un militante de base, se supone que había “chalaneado” lo suficiente como para conocer todos los estratos de la estructura electoral y ser aceptado por todos. 

La memoria es muy corta, pero cuando fue anunciada su candidatura, propios y extraños dentro del PRI reconocieron que Avilés era un elemento aglutinador de todas las corrientes internas, por haber sido alguien que recorrió todas las estructuras y todas las responsabilidades dentro del partido. Así lo dijeron prácticamente todos los militantes distinguidos del priismo en la entidad. Y lo expresaron además porque Avilés representaba la contracorriente al sentido cupular y patrimonialista con el que se había manejado el partido en el sexenio que concluía: mientras el gobierno estaba en manos de una sola familia que se sentía con una especie de derecho de sangre para gobernar, él representaba el encumbramiento de las bases a través de su candidatura. 

Avilés no podía sustraerse de la inercia de su partido, y parecía ser el dique de contención a ello: durante la administración de Alejandro Murat, un puñado de familias —sí, de familias— se encumbraron en el poder y establecieron las prioridades del partido: todos debían trabajar para que los integrantes de esas familias siguieran ocupando los cargos relevantes. En algunos casos por la vía de los cargos en la administración pública; otros, por la vía de los procesos electorales, y los más encumbrados a través de la vía plurinominal. 

Todos debían trabajar para que esas familias ocuparan los cargos, como si éstos fueran los tiempos de la España borbónica que distinguía entre criollos y peninsulares como referente esencial para el reparto de las responsabilidades públicas, y como si unos fueran los designados para las tareas públicas a partir del linaje y no del trabajo de campo, y los “chalanes estuvieran exclusivamente destinados a ser los ejecutantes de las tareas esclavizantes para que los elegidos de arriba gozaran de los ya conocidos privilegios.

¿QUE SE VAYAN…?

Quizá no lo pensó demasiado y Avilés lo soltó como una más de las puntadas de creatividad que ha demostrado tener para enviar mensajes en las redes sociales. El problema es que el arrebato venía cargado de una verdad que les está explotando en la cara. Es hoy imposible explicar por qué los únicos espacios con los que cuenta el PRI en Oaxaca —y ni se diga en la anterior administración— son ocupados por los hijos, los hermanos, las esposas y los socios de la cúpula priista, y no por militantes de base. 

Evidentemente, eso es algo que les está haciendo mucho daño. Más allá de si Rafael Vichido fue o no un militante priista relevante, si hizo o no trabajo político para su ex partido —que sí lo hizo— y que si son intereses económicos lo que hoy lo están moviendo a cambiarse de partido, lo cierto es que el diagnóstico va mucho más allá de él. 

Implícitamente, es lo que está demostrando el gobernador Salomón Jara al incluir en la administración pública a toda una pléyade de personajes que nunca habían tenido un espacio más allá del chalaneo de los partidos: silenciosamente, está haciendo la reivindicación con sus aliados de abajo, que el PRI nunca supo hacer. Ahí pesaron siempre más los apellidos, los linajes y el ius sanguinis, que la militancia real que se forma en la fila para acceder algún día a las responsabilidades públicas. Por eso el gobierno de Alejandro Murat fue como fue —lleno de frivolidades—, y terminó como terminó —en la derrota.

Quizá en este punto el PRI debía de ser más modesto en la autocrítica y reconocer los errores, no de la dirigencia actual, sino de sus manejadores del pasado. Hoy Avilés, Javier Villacaña y demás están recogiendo un desastre que ellos no provocaron, pero del que sí están conociendo las consecuencias. Debían preguntarse con seriedad cuál sería su postura si a ellos les llamaran ligeramente “chalanes” cuando han entregado su vida y sus convicciones políticas a una causa que ha encumbrado inmerecidamente a muchos, pero que al mismo tiempo ha despreciado reiteradamente a mujeres y hombres que han dado todo para ver ganar a su partido, aunque al final los dejen en las mismas. 

Este tendría que ser el punto de abandonar la soberbia y reconocer que ellos son lo que son, y están donde están, gracias al trabajo de los chalanes y de todos los militantes y simpatizantes de su partido. A ellos no habría que despreciarlos sino reconocerlos, máxime hoy que enfrentan un acelerado proceso de desmantelamiento orquestado desde el poder. Asumir la postura fácil de “no te necesito” y apartarse de cualquier forma de autocrítica, simplemente revela el estupor que silenciosamente les provoca no que los abandonen sus militantes distinguidos, sino los elementos a los que incluso en la devastación continúan menospreciando. 

Avilés no debía olvidar su origen. Es justo lo que lo hace ser ese personaje querido y aceptado por sus propios militantes. Chalanear no es indigno. Lo indigno es servirse del trabajo de los demás y ni siquiera tener pudor para reconocerlo. En fin… 

EPITAFIO 

Más allá de los arranques y las poses políticamente correctas, tanto en la Fiscalía General como en el Poder Judicial deberían establecer con precisión cuáles fueron las razones por las que le cambiaron la medida cautelar a Juan Vera Carrizal y, sobre todo, qué están haciendo para garantizar que no se sustraiga de la justicia. El derecho penal no se aplica por mayoría de razón. No bastan posturas ni indignaciones, sino acciones para dar certidumbre de que el juicio continuará hasta resolver las cuestiones de fondo.

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Ratifica Gobernador del Estado, la alianza legislativa y municipal con el Partido Verde en Oaxaca

El gobernador Salomón Jara Cruz encabezó este día un encuentro de trabajo con legisladores federales y locales, así como con autoridades municipales del Partido Verde Ecologista de México en Oaxaca. Ahí, el Ejecutivo estatal refrendó su compromiso de trabajar codo a codo con las y los representantes populares emanados de este partido, para hacer realidad en Oaxaca los principios y metas de la Cuarta Transformación y del proyecto de gobierno que impulsa el Presidente Andrés Manuel López Obrador.

Encabezados por el Senador Raúl Bolaños Cacho Cué y por el Diputado Federal José Antonio Estefan Gillessen, las y los diputados locales integrantes de la Fracción Parlamentaria del Partido Verde en la LXV Legislatura del Congreso del Estado de Oaxaca manifestaron su respaldo a las iniciativas y propuestas presentadas por el Titular del Ejecutivo ante el Congreso, ya que éstas representan la ruta política y legislativa por la que el pueblo de Oaxaca votó en los comicios del año pasado.

Por su parte, el Mandatario estatal hizo patente el compromiso de trabajar con las y los concejales oaxaqueños emanados del Partido Verde, ya que dijo que sólo con una ruta conjunta de trabajo y esfuerzos podrá cambiarse el panorama desde las propias comunidades. Recalcó la importancia de mantener un diálogo permanente con las autoridades municipales pues dijo que ese es un factor esencial en la construcción de una auténtica gobernabilidad y desarrollo para las comunidades oaxaqueñas.

En el encuentro el Gobernador Jara Cruz reconoció la importancia y solidez de la alianza política con el Partido Verde, y celebró el marco de unidad y acuerdos en el que las autoridades municipales y representantes populares del PVEM trabajan día a día a favor de Oaxaca. Esto garantiza, dijo, un trabajo conjunto perdurable y consistente para lograr la transformación que tanto anhela el pueblo de Oaxaca.

Al Margen || La pulverización partidista en Oaxaca: una circunstancia calculada

Adrian Ortiz Romero Cuevas

Una de las circunstancias que determinará la elección de junio próximo en Oaxaca, es el contraste entre la pulverización actual de algunas fuerzas políticas, y la fortaleza y buena salud que denotan las otras. Aunque pareciera que la atomización de fuerzas y estructuras electorales es un hecho fortuito, en realidad todo responde a una concepción —política y administrativa— perfectamente calculada.

En efecto, hoy los triunfos y las derrotas electorales no se explican de forma distinta a como se hacía en antaño: como bien dicen quienes conocen y entienden de estructuras electorales, al final cada elección bien puede explicarse como un asunto de números. Esto se traduce en quién logra generar una estructura electoral suficiente, para garantizar cierta cantidad de votación en una jornada electoral. Quien lo hace, tiene posibilidad de ganar y —aunque pareciera una verdad de Perogrullo— quien no lo hace, simplemente no tiene forma de ganar.

Esa estructura no se hace en un día, y tampoco al inicio de las campañas proselitistas. Los andamiajes electorales se crean —lamentable, pero ciertamente— desde el propio diseño y concepción de la administración pública, y desde las aspiraciones del propio gobernante. 

Si éste no tiene interés y vocación por la cuestión política y electoral, no concebirá su gobierno a partir de la necesidad de crear estructuras encaminadas a cultivar el voto popular. Al contrario: cuando sí tiene interés, desde el propio gobierno estimula la creación de esas estructuras, y las alimenta con insumos que van desde recursos económicos hasta programas sociales.

La realidad en Oaxaca es contrastante: mientras la actual administración federal está concebida desde la médula para servir fundamentalmente como una maquinaria con fines electorales, en el caso del gobierno estatal la actual administración nunca se concibió como un mecanismo traducible en votación para el partido gobernante. Y en esas condiciones, es un espejismo, y una mentira flagrante, si quiera suponer que hoy, a estas alturas, alguien tiene capacidad de crear cualquier viso de estructura electoral, porque éstas se crean con voluntad y recursos desde mucho tiempo antes de los procesos electorales, no con saliva y al cuarto para las doce.

Ese es el verdadero contraste entre los caminos que siguen Morena y el PRI en la elección de Gobernador en Oaxaca. Independientemente de las reyertas internas entre morenistas —que sí existen, y que son abiertas dada la horizontalidad natural del movimiento lopezobradorista—, es evidentemente que en ese sector político no adolecen del problema de la pulverización, y menos de la falta de estructuras electorales. 

Al margen de quién sea el candidato, cómo sea la campaña, y cuántos recursos tengan para desahogar lo que falta del proceso electoral, es claro que como fuerza política gozan de cabal salud porque tienen una maquinaria electoral que funciona a la perfección, y que todos los días es alimentada estructuralmente. El gobierno federal cotidianamente alimenta a su clientela masiva, a través de mecanismos de estimulación, que pasan por el suministro de todos los programas sociales que entregan dinero en efectivo directamente a cada persona. A la par de ello, administran temas como la vacunación y diversos elementos clientelares que garantizan el número de votos que están proyectando —más de un millón en Oaxaca. 

Por eso hoy a Morena le tiene sin cuidado que las clases medias y altas —que traducidas en voto son menos abultadas de lo que consideramos— se inconformen y protesten por sus excesos y burdas maniobras administrativas con fines electorales. Saben que en la base de la población —la que vive en pobreza, y que cada día crece—, tienen garantizada una votación que les permitirá llegar tranquilamente al día de la jornada electoral, sabiendo que pase lo que pase van a ganar.

EL CONTRASTE 

El gobierno en Oaxaca tiene mucho tiempo sin concebirse como una estructura capaz de suministrar votos. El modelo no es reciente, sino que ha subsistido en por lo menos las últimas dos administraciones. ¿Qué pasa? Que, por un lado, la estructura gubernamental no ha tenido como objetivo mantener afianzadas a sus clientelas electorales y, por el otro, ha tenido líderes políticos que no han tenido como prioridad afianzar un trabajo partidista verdaderamente de bases.

¿A qué nos referimos? A que las instancias gubernamentales estatales que pudieron haber servido para la estimulación del voto, o están presupuestalmente vacías, o fueron destinadas a otras funciones que no son las que valen para los ánimos electorales. Hoy en día no existe en la administración estatal un mecanismo que dote de aditivos a las estructuras partidistas. Por eso en cada proceso electoral —de diputados, de autoridades municipales, etcétera— cada uno de los candidatos es responsable de crear, sobre las rodillas y con recursos salidos de quién sabe dónde, su propia estructura electoral, que casi siempre es insuficiente para hacerle frente a la bien aceitada maquinaria con la que estructuralmente sí cuentan los candidatos de Morena.

Eso es lo que explica tantas derrotas en la última década para los partidos de donde emanaron las sucesivas administraciones estatales. El gabinismo, con todo y la ola de respaldo ciudadano con la que contó en 2010, perdió los comicios de Gobernador seis años después. Y la actual administración, vista desde la perspectiva partidista, tampoco tiene un futuro halagüeño. En la suma y resta de votos, y en la revisión de si verdaderamente cuentan o no con estructuras suficientes para tener al menos una posibilidad de ganar la elección, queda claro que salen reprobados, independientemente de quién sea el candidato.

Por eso hoy, cualquier posibilidad de hacer un papel al menos decoroso en los comicios, tendría que pasar por el consenso de una candidatura que sumara a varias fuerzas políticas. El priismo, el panismo, el perredismo y demás, están pulverizados —y varios de ellos enfrentados internamente, pero ocultos en su verticalidad con la que aparentan una unidad que sólo es de dientes para afuera— en cuanto a sus respectivas votaciones, y se enfrentan a una fuerza política avasallante (Morena) que sí tiene pleitos internos, pero en la que su unidad no es decisiva para el resultado electoral. 

EPITAFIO 

El gobierno federal trabaja día y noche alimentando una estructura que, más allá de la euforia y los falsos liderazgos que hoy intentan venderse y regodearse en todos los frentes, generará un resultado favorable para Morena. Todo lo demás, es demagogia.

@ortizromeroc

@columnaalmargen

AL MARGEN || Entre los recién ungidos candidatos en Oaxaca, persiste un prolongado ayuno de ideas

  • Morena y PRI, guardan ominoso silencio sobre el proyecto -si es que existe- que tienen para Oaxaca

Adrián Ortiz Romero Cuevas

En teoría, están definidos los nombres de los dos candidatos emocionalmente más importantes, que aparecerán en la boleta electoral por la gubernatura de Oaxaca el primer domingo de junio. El problema es que, el hecho de que ya estén políticamente fijados Salomón Jara Cruz y Alejandro Avilés como abanderados de Morena y el PRI, en nada cambia la compleja realidad oaxaqueña en la que se vocifera mucho, pero en la que paradójicamente nadie dice nada sobre un proyecto de gobierno, o sobre una visión concreta de Estado para la entidad.

En efecto, a finales de diciembre Morena definió a Jara Cruz como su candidato para la gubernatura. Lo hizo en medio de un proceso interno en el que las decisiones fueron totalmente verticales, y en el que los mecanismos electivos fueron cupulares, opacos y avasallantes para todos los demás aspirantes, que en algún punto supusieron que sí se realizaría un proceso basado en reglas y procedimientos sostenibles y democráticos. 

En la contraparte, en el PRI, la semana pasada se hizo el anuncio político en la Ciudad de México —porque la formalización de la unción según ocurrirá en el transcurso de la presente semana— de que el candidato a Gobernador por ese partido será el diputado local Avilés Álvarez. De nuevo, el Revolucionario Institucional definió su candidatura en medio de un proceso interno en el que, igual que en Morena, las decisiones fueron totalmente verticales, y en el que los mecanismos electivos fueron cupulares, opacos y avasallantes para todos los demás aspirantes, que en algún punto supusieron que sí se realizaría un proceso basado en reglas y procedimientos sostenibles y democráticos. 

Luego de sendos anuncios, ocurrió en cada partido aquel viejo fenómeno conocido como “la cargada”. Propios y extraños abandonaron sus posiciones previas —coincidentes o discordantes con la definición cupular— para volcarse en manifestaciones de felicitación y apoyo a los candidatos recién ungidos. En la apariencia, y en ambos partidos, pareció momentáneamente quedar atrás cualquier viso de recelo, de divisionismo y de encono, para ondear la bandera de la unidad en torno al recién elegido abanderado —en ambos casos, definido por quién sabe quién—, y manifestar con euforia que esa será —cualquiera de las dos— la candidatura triunfadora en la jornada electoral.

En ese contexto, resulta alarmante la incapacidad autocrítica en uno y otro partido. ¿Por qué? Porque es claro, y preocupante, que hasta el momento nada se ha dicho sobre la visión de mediano y largo plazo que cualquiera de los dos candidatos tiene para Oaxaca. En ese contexto, el ciudadano razonable —porque sí los hay— que está esperando la definición de su voto, con base en argumentos o planteamientos de gobierno, e incluso en promesas o palabras melodiosas dichas por cualquiera de los aspirantes.

El problema es que pareciera que Oaxaca y los planteamientos serios son lo menos importante. Es verdaderamente abominable que hoy se diga con tanta ligereza que tal o cual partido eligió al más tunante de sus militantes como candidato, justo para poder enfrentar al más marrullero de los integrantes de la fuerza política contraria, ahora ungido como su abanderado. ¿De verdad ese es el nivel de rapacidad al que ha llegado el ejercicio político en Oaxaca, como para aceptar y normalizar —sean válidos o no— esos argumentos y esa visión sobre el futuro que le espera a Oaxaca? 

Pareciera que hoy que la honorabilidad, la decencia o la congruencia son factores que le juegan formalmente en contra a cualquiera que desee figurar en política —incluso es hasta objeto de burla—, pero no así lo que en una sociedad sana tendrían que ser defectos indeseables de un político que hoy, aquí, se celebran, se aplauden y hasta se adulan.

¿Y OAXACA? 

Uno y otro son personajes ampliamente conocidos en Oaxaca. No uno más que otro porque esos, y todos los demás casos, han sido parte de esa casta que pervive de forma crónica de las actividades relacionadas con el gobierno y la política, y que incluso se siente con el derecho de sangre, o de ralea, para controlar la actividad gubernamental y las decisiones que inciden en la vida de todos los oaxaqueños, como si tuvieran alguna virtud superior a la de cualquier otro oaxaqueño con similares derechos políticos.

Hoy frente a ello, se mantiene con validez la pregunta: ¿Qué pretenden, no para sus intereses o para su visión respecto al control del poder, sino para Oaxaca? El problema es que, sobre eso, nadie dice nada. No sorprende, porque sería exactamente lo mismo frente a la pregunta de por qué militan en sus respectivos partidos: esgrimirían respuestas retóricas, pero vacías de cualquier tipo de contenido ideológico, político o incluso de experiencia en la actividad de gobierno para el bien de la ciudadanía. Es así porque al calor de la disputa electoral por el poder, vociferan su priismo o morenismo hasta la médula —para el caso, da lo mismo—; pero en el fondo desconocen —y tampoco les importa— si su aparente militancia tiene algún sustento, o incluso si están interna y honestamente convencidos con ella.

En todo esto, ¿tendrían que convencernos, o al menos tranquilizarnos, las decisiones tomadas por los dos mencionados partidos? Si tenemos algún interés directo con respecto a alguno de ellos, probablemente sí. Pero de lo contrario, tendríamos que estar sumamente preocupados, porque tanto la definición de Morena como del PRI están basadas en aspirantes que jamás han dicho qué pretenden, o qué pueden y quieren hacer a favor de Oaxaca, más allá del solo hecho de ganar la elección y llegar a la gubernatura.

¿Les importa la lacerante realidad social de pobreza, marginación y discriminación que priva en Oaxaca? ¿Qué plan tienen para combatir esos flagelos? ¿Tienen algún interés en atender —en la Constitución, y en las acciones de gobierno— las ancestrales demandas de los más de 400 municipios oaxaqueños que se rigen por sus propios sistemas normativos internos, y que son pueblos indígenas con una cosmovisión, lenguaje y formas propias de organización? ¿Tienen algún plan alterno a la frivolidad que ha privado en las últimas administraciones, en las que se cree que con oropel, ocurrencias, caprichos y acciones cosméticas se resuelven los perennes problemas que enfrenta la entidad? ¿Qué perspectiva tienen para la entidad, más allá de ver ganar al PRI o a Morena? ¿Qué idea y visión tienen de sus respectivos partidos, ideologías y programas de gobierno? ¿De verdad tienen alguna noción?

Lo grave es que Oaxaca y sus problemas siguen ahí, y sobre ellos —no respecto a la política partidista— prevalece un prolongado ayuno de ideas. Un preocupante silencio, y una cada vez más clara apatía, respecto a lo que debería ser el tema central no de la elección, sino de la discusión política hoy, ayer, mañana, hace cinco años y en los próximos seis, veinte y cien: el profundo atraso en que se encuentra Oaxaca, y la postergación constante de las discusiones de fondo, para siempre privilegiar los intereses, la politiquería y las sumas y restas entre grupos. Todo, siempre, en detrimento de Oaxaca.

EPITAFIO 

Todos muy contentos. Todos muy alegres. Viva el nuevo candidato. Viva la unidad. Viva el partido… Pero ni el nuevo ungido, ni sus eufóricos aduladores, ni los hijos pródigos de su partido —que ahora abundarán—, ni nadie, cambia la terca realidad. ¿Sí lo ven? 

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H. Ayuntamiento2019-2021


Carlos R. Aguilar Jiménez.

Con el beneficio de la duda propio de escépticos informados, la ilusión necesaria de creyentes en MORENA, el espejismo de los enojados con el sistema y la incertidumbre de los decepcionados por lo que se ha dado en llamar viejo régimen, el Municipio de Oaxaca de Juárez inicia una Nueva Era, deseando todos que con perspectiva de la Cuarta Transformación, las condiciones, circunstancias y ambientes de la capital mejoren y tengamos una mejor calidad de vida.

El reto para el presiente municipal Oswaldo García Jarquín y Cabildo es complicado, porque la inercia social y política de décadas en el poder de gobiernos que arreglaban todo conflicto o inconformidad repartiendo dinero, licencias o permisos a lideres venales de vendedores ambulantes o grupos de inconformes, constructores, concesionarios y todo aquel que pretendía hacer o conseguir algo ilícito, será difícil de eliminar pretendiendo que únicamente con la aplicación de ordenanzas municipales se realice, no obstante, si el presidente municipal con determinación aplica la ley, con la autoridad que le otorga el alto cargo que ostenta y el apoyo de sus colaboradores y regidores,  seguramente

a la ciudad y sus habitantes nos ira bien, porque todo es cuestión de don de mando y principio de autoridad dado que las leyes existen y únicamente es cuestión de aplicarlas, suprimiendo a los miles de vendedores ambulantes, invirtiendo honestamente el dinero en obras, servicios municipales e infraestructura urbana, ordenando el transporte, seguridad, salud, cultura, vialidad, barrido y muchas otras acciones que competen al H. Ayuntamiento, que si realiza serán excelente  ejemplo de la Cuarta Transformación a la que se ha sumado el Presidente Municipal OGJ, iniciando quizá, con el rescate de los portales del zócalo expropiados para usar como cantina y que si los dueños pueden argumentar tener permiso para ocupar como bar en vía pública, lo cierto es que los obtuvieron por corrupción, contexto que sirve de argumento lógico para para los vendedores ambulantes al argumentar ¿por qué a ellos exigen su retirada de la vía pública y no a los invasores de los portales?, pero, como sea, lo cierto es que inicia una nueva administración municipal que ilusiona a los oaxaqueños porque OJG probablemente cumplir sus promesas al tener apoyo de AMLO y quizá del gobernador, aunque sea del partido en extinción, por lo que quienes votaron a favor de MORENA y OGJ con esperanza que la ciudad Patrimonio Cultural sea digna de esa distinción, cuente también

Uno de los retos más importantes de Morena radicará en moderar a sus sectores más radicales

Mi solidaridad y afecto para mi amigo, Carlos Roberto Aguilar Jiménez,

y familia, ante la irreparable pérdida de su Señor Padre. Respetuosamente.

 

Los mexicanos hemos visto un proceso de transición extremadamente civilizado entre administraciones del gobierno federal, que no habríamos creído posible hace apenas unos meses. Durante las campañas electorales, el gobierno federal y el partido Movimiento de Regeneración Nacional, protagonizaron una de las batallas retóricas más feroces de que se tenga memoria, y en ella salieron a relucir todos los radicalismos existentes en ambos bandos. Hoy, a pesar de que en el ámbito formal hay un proceso cuidadoso de reconstrucción de la concordia, también surgen expresiones radicales que ahora quizá deberían ser atemperadas. Uno de los retos esenciales de Morena como partido gobernante será justamente moderar al interior a quienes no han dudado, no dudan y parecen seguir dispuestos a no hacerlo.

En efecto, a lo largo del proceso electoral vimos cómo las expresiones extremas fueron paulatinamente ganándole la batalla a los argumentos. Por un lado, en el sector moderado, se encontraba el propio candidato presidencial de Morena, Andrés Manuel López Obrador, quien a pesar de no estar en el sector más tirante de su partido y las facciones aliadas, sí envió mensajes cargados de dureza. Así fue como planteó la cancelación de la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de México, la disolución del Estado Mayor Presidencial y el no uso del avión presidencial de reciente adquisición, la descentralización de la Ciudad de México del gobierno federal, o la reducción de salarios para la burocracia federal y la cancelación de la reforma educativa, entre muchos otros temas.

En el sector más radical hubo expresiones de mayor dureza. Entre sus cercanos, por ejemplo, se planteaba la posibilidad de encarcelar a diversos funcionarios federales de la actual administración, e incluso hubo quienes se trazaron vías aún más radicales. Entre ellas, hubo quien proponía una nueva Constitución; quien lanzaba argumentos para desmantelar por completo las estructuras del gobierno federal; o quien hizo planteamientos como los del escritor Paco Ignacio Taibo II sobre fusilar a quienes fueran considerados como traidores a la patria, o de expropiar las empresas y capitales privados que, en un escenario ficticio, pudieran cuestionar al nuevo régimen lopezobradorista.

¿Qué dijo Taibo II que causó tanto revuelo? En el video en cuestión, Paco Ignacio Taibo II recomienda a Andrés Manuel López Obrador que, de llegar a la presidencia de la República, expropie a las empresas que no cooperen o lo quieran chantajear. En el material audiovisual, Taibo II ejemplifica un escenario hipotético: un día después de ganar las elecciones, en Los Pinos, López Obrador recibe a altos hombres de finanzas, entre ellos Carlos Slim.

Parafraseando a los empresarios, complementa su idea ante una decena de asistentes identificados como morenistas: “’No. No. Cuidado, Andrés, porque, si avanzan ustedes en este sentido, nos llevamos las fábricas a Costa Rica’”. “Si ese mismo día, a esa misma hora, no estamos 2 o 3 millones de mexicanos en la calle diciendo: ‘Si te quieren chantajear, Andrés, exprópialos. Chinguen su madre. Exprópialos”.

El escritor añade: “la presión social a la que puede ser sometido un caudillo, por más radical, competente y honesto que sea, es tremenda. Necesita la presencia del movimiento social detrás que impulse hacia el cambio”. En el video, de poco más de dos minutos y del que se desconoce su fecha original de publicación, se observa a Taibo II explicar a los asistentes que se requerirá del apoyo de la sociedad civil, ya que proyecta que tendrán, “con mucha suerte”, una presencia del 35% en el Congreso de la Unión y la mayoría de los gobernadores serán panistas y priistas.

POSICIONES RADICALES

Antes ya habíamos hecho alusión a esto (ver Al Margen 04.05.2018). En aquel entonces, sobre este tema, apuntamos: Esto causó todo tipo de reacciones, a partir de dos cuestiones que bien pueden ser sofismas: la primera, que deliberadamente se tomaron las “recomendaciones” de Taibo II a AMLO como una verdad anticipada, para trasladarlo de ahí a un cuestionamiento en el marco del proceso electoral (como si Taibo y no Andrés Manuel, fuera el candidato). La segunda cuestión, es que además nadie pareció considerar que igual que en todos los partidos, en Morena hay expresiones radicales y moderadas, y que Taibo responde a una de las más comprometidas con los postulados más duros del tabasqueño, sin que eso signifique — incluso— que el propio Andrés Manuel coincida con ellas o que, aún coincidiendo, esté dispuesto a llevarlas a cabo.

Por eso, en el intento de aclaración, Taibo II no sólo no dejó contentos a los mismos que ya estaban más alarmados, sino que pareció echarle más leña al fuego… aunque en realidad lo que intentaba dejar en claro es que, el hecho de que él diga o recomiende algo, no significa que alguien vaya a considerarlo o aplicarlo.

Días después de que surgió esa polémica, el periódico El País publicó una entrevista realizada a Taibo sobre estas afirmaciones. El escritor dijo, para calmar las críticas, lo siguiente: “Es un debate artificioso armado con malicia y mala fe. Unas declaraciones de hace siete meses donde analizaba una hipotética intervención en caso de una victoria de López Obrador y que las empresas amenazaran con irse del país. Yo dije que desde el movimiento social habría que presionar para que se expropiaran. Pero ni Obrador quiere expropiar ni yo lo pienso, salvo condiciones de emergencia, como sucedió con el petróleo en 1938. Se ha creado una polémica artificiosa como parte de la guerra sucia de la que ninguno estaremos a salvo en las próximas semanas.”

Luego le preguntaron sobre la inclusión de Alfonso Romo, Napoleón Gómez Urrutia, el Partido Encuentro Social, o Germán Martínez Cázares a la campaña presidencial morenista, y Taibo II recordó implíctamente la necesidad de que al interior de un partido diverso como Morena, exista la pluralidad.

Sobre eso, afirmó: “Hay cosas que no me gustan de la apertura al centro de López Obrador y no veo razón para callarme. No es normal que alguien diga que no vamos a tocar los contratos petroleros. Yo solo pregunté: ¿En nombre de quién habla? [Alfonso Romo], porque las bases de Morena han dicho otra cosa. Sobre Germán Martínez, a mí no me gusta. Ha dicho cosas insultantes como que Cárdenas era un cadáver que había que enterrar. Si estuviera en mi circunscripción no votaría por él. Cómo llegó a donde está no lo sé ni tengo idea, pero quiero que se sepa quién es…”.

Hoy, apenas tres o cuatro meses después, vemos multiplicadas esas expresiones de radicalidad. Entre ellos, está el diputado federal Gerardo Fernández Noroña, que nuevamente ha causado desencuentros incluso al interior de su partido y de su fracción parlamentaria, al calificar incluso de traidores a Porfirio Muñoz Ledo y Marí Batres por acudir, en calidad de representantes del Poder Legislativo, al mensaje del presidente Peña en días pasados. El Presidente Electo ha llamado públicamente a la moderación. Pero quién sabe si haya el suficiente sentido de autoridad entre sus correligionarios, para aceptarlo.

INCÓGNITAS

El problema es que Morena es un partido que en realidad nadie conoce aún. Llegó al poder presidencial y tiene la mayoría legislativa en las cámaras federales y locales, pero en realidad no sabemos cuál será su talante real. Morena es un conjunto de expresiones de derecha, centro e izquierda, que aún no sabemos hacia dónde va a ir como partido, más allá de lo que disponga López Obrador. ¿Logrará el tabasqueño moderar las posiciones radicales? ¿O es que veremos replicada aquella máxima de que “cuando la fiera es brava, hasta a los de la casa muerde?