Rezago económico de México: nadie lo remedia

+ Ejemplo de Brasil: incomodidad que escandaliza

 Una vez que fue aprobado en su totalidad el paquete económico para el próximo año, que el gobierno federal, el Congreso de la Unión, y las entidades federativas hicieron un festín auténtico con el dinero que en 2010 le —nos— arrebatarán a los bienes nacionales y a los contribuyentes, comienza a emerger con fuerza una recriminación real: que México está haciendo sólo lo indispensable por resolver sus problemas de corto plazo, pero sin generar expectativas reales de una mejora económica a futuro.

Dicen que las comparaciones nunca fueron buenas. También dicen que la verdad no peca pero incomoda. Nada le queda mejor a la clase política nacional, que disimula asombro y simula satisfacción, como ninguna otra en el mundo. Lo malo, en este caso, es que México parece estar revelando el enorme tamaño de las fallas que tienen sus estructuras institucionales. Mientras otros países cercanos a México crecen y se desarrollan, aquí parece que continuamos viviendo en los dogmas, en el oscurantismo y en el inmovilismo.

Tres hechos marcaron esta realidad, sólo durante la semana que concluye. En primer término, el Congreso federal aprobó finalmente un paquete económico para el año 2010, en el que todos salieron contentos… menos la sociedad. El segundo hecho relevante, es la fuerte crítica que hizo el premio Nobel de economía 2001, Joseph Stiglitz, al gobierno mexicano, por no haber sabido enfrentar la crisis mundial, y por no haber previsto los mecanismos financieros necesarios para garantizar realmente la competitividad de nuestro país ante la recesión. Un tercer hecho, que pasó prácticamente desapercibido, fue la dura crítica que hizo el ingeniero José Hernández Moreno —astronauta de la NASA de ascendencia mexicana— al gobierno de México por no invertir lo suficiente en tecnología. Vayamos por partes.

El primero de los hechos descritos, fue el más festinado por todos los poderes públicos. Finalmente, los faltantes económicos fueron cubiertos con una nueva sangría a la producción petrolera, y con la imposición de más gravámenes a la población. Lo relativo a Pemex, parte del hecho de que al subir el precio base del petróleo, se despojó a la paraestatal de recursos que le servirían para la modernización que tanto le hace falta, pero que tanto le han aplazado. Lo que concierne a la población está ampliamente dicho. Al final, todos se repartieron el dinero público, sin considerar que ninguna de sus soluciones conlleva planteamientos positivos de largo plazo para el país.

Eso es, en buena medida, lo que criticó el Nobel Stiglitz al gobierno mexicano. Dijo, en declaraciones difundidas por El Universal el pasado jueves, que el desempeño de México en el manejo de la crisis fue uno de los peores en el mundo y, en cambio, países como Australia y Brasil fueron los que mejor la enfrentaron, ya que tuvieron una reacción gubernamental muy fuerte, así como un reglamento bancario que hizo que su sistema financiero soportara las dificultades.

“Las estadísticas de crecimiento han sido muy débiles y pesimistas para este país; la combinación de una recuperación muy débil para Estados Unidos y una política fiscal que no estimule la economía mexicana es preocupante”.

Dijo, en resumen, que los incrementos de impuestos no incentivan el crecimiento de la economía mexicana, y que el anclaje al comercio con Estados Unidos ahora ya no será suficiente para salir de la crisis. Todo un escenario de catástrofe que, sin embargo, fue rechazado por el secretario de Hacienda, Agustín Carstens, bajo el argumento de que Stiglitz conoce poco de la realidad económica de nuestro país.

 DESCONOCIMIENTO, ¿SERÁ?

De acuerdo con lo publicado, Carstens desvirtuó los dichos de Stiglitz en los términos siguientes: “Parece que Stiglitz desconoce que México fue azotado por dos golpes: la desaceleración económica global, incluida la de Estados Unidos, así como la caída de la producción petrolera en 800 mil barriles diarios (…) No teníamos la opción de contratar más deuda. Uno tiene que actuar responsablemente y eso fue lo que hizo y decidió el presidente Felipe Calderón”. Y ya.

¿Es eso suficiente? Como defensa, para el gobierno federal, parece que sí. Para ellos, todo se queda en un mero problema de interpretación y circunstancias particulares. Lo cierto es que la economía se mide y se comprende desde la frialdad de los números. Para quienes han visto el comportamiento de los diversos países ante la crisis, México ha fracasado en sus políticas anticrisis, simplemente porque no ha tenido la capacidad de superar el momento más álgido de la recesión y, al contrario, es el que más padece y continuará enfrentando de las consecuencias de este escollo económico, sin plantear soluciones de fondo.

Como si todo esto fuera poco, el astronauta norteamericano de ascendencia mexicana, que hace apenas unos meses estuvo en el espacio, le puso los puntos sobre las íes a la distancia que están tomando otros países a México. Hernández Moreno puso como principal punto de referencia, en el discurso que ofreció durante la bienvenida que le dio el presidente Calderón en Los Pinos, a Brasil.

A grandes rasgos dijo que aquel país está contribuyendo de modo importante al desarrollo de nuevas tecnologías y que está invirtiendo grandes recursos para desarrollar investigación y proyectos espaciales; todo esto, mientras se lamentaba que en México exista poco interés por canalizar recursos públicos para esos rubros. El mensaje, en el fondo, era un reproche a nuestro país por no encontrar el camino para crecer a un ritmo sostenido, y por haber sido rebasado por otras naciones —como Brasil, aquí en Latinoamérica— que hasta hace pocos años tenían economías mucho menos desarrolladas y sólidas que la nuestra.

Nadie pareció haber acusado recibo de esas fuertes, pero totalmente reales, declaraciones del Astronauta méxico-norteamericano.

 COLOFÓN

A todo esto, Lorenzo Meyer escribía el pasado jueves en Reforma lo siguiente: “Emir Sader, secretario general del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso), dio una entrevista en España donde hizo un resumen de la política del presidente brasileño, Luis Inácio Lula da Silva, que, pese a la crisis económica global, logró disminuir la desigualdad social y reforzar la identidad nacional porque ‘[a]umentó los microcréditos, mantuvo los sueldos por encima de la inflación, fomentó el empleo formal, diversificó el comercio internacional y potenció el interregional’. México, dijo Sader, siguió otro camino y ‘en mi opinión, se ha suicidado’.” Estremecedora realidad.

almargen@tiempoenlinea.com.mx

 

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