Argeo, Xoxo y PRI: nadie debería sorprenderse

+ Corrupción: la constante de un gobierno opaco

Desde hace varias semanas, un nutrido grupo de habitantes del vecino municipio de Santa Cruz Xoxocotlán, encabezan diversas protestas en contra del edil, Argeo Aquino Santiago. Aparentemente sorprendidos, los habitantes de esa demarcación, denuncian innumerables actos de corrupción, nepotismo, manejo discrecional de recursos y complicidades con legisladores, funcionarios estatales y particulares, a través de los cuales están saqueando las arcas municipales. Todos estos, sin embargo, eran escándalos anunciados.

En realidad, la historia política reciente de Santa Cruz Xoxocotlán no apunta más que a la disputa permanente por un cuantioso y prolífico botín económico, que se esconde detrás de un ejercicio gubernamental largamente castigado por la inestabilidad. Como todo “buen” territorio conurbado a una ciudad capital, ese municipio bien podría entenderse como una suerte de “válvula de escape” de todo lo que —también aparentemente— no puede o debe ocurrir en una demarcación como Oaxaca de Juárez.

¿A qué nos referimos? A que Santa Cruz ha sido el espacio de todas las masificaciones, tolerancias y evidencias claras de corrupción, que muchos quisieran, pero que no pueden ocurrir en el municipio citadino aledaño. Xoxo —como prácticamente todos los 18 municipios conurbados a la capital oaxaqueña— es hoy un espacio ideal lo mismo para la edificación de nuevos fraccionamientos, que la instalación de bares, prostíbulos y zonas de tolerancia. Es cierto, nada de eso es privativo de Santa Cruz; sin embargo, éste parece ser el territorio auténtico de las disputas porque territorialmente es el más grande (tiene una extensión más o menos similar a Oaxaca de Juárez); es el más poblado, y es en el que se han concentrado la mayor politización y las luchas por el poder público.

Volteemos al pasado y corroboremos lo antes dicho. Al hacerlo, podremos corroborar que ninguno de los últimos cinco presidentes municipales de esa demarcación, han tenido gestiones legitimadas, aceptables y con resultados dignos de presumir. En realidad, ha sido todo lo contrario: en el periodo señalado, todos los ediles —independientemente de la fuerza política de la que emanaron— se han enfrentado a feroces luchas por el poder, a los intentos de desestabilización de grupos contrarios, y a escandalosas acusaciones sobre malversación de fondos, corrupción en la licitación y asignación de obras, desviación de recursos públicos, contratación discrecional de trabajadores, y muchos otros cargos.

Así, en un repaso somero, podremos ver que Erasmo Medina no fue distinto, por ejemplo, que Gilberto Ramírez Leyva y el edil —José Julio Antonio Aquino— que hubo entre las respectivas gestiones de uno y otro. Ambos enfrentaron duros cuestionamientos durante sus administraciones que, sin embargo, terminaron en el olvido. Esas características también envolvieron a Roberto Molina Hernández y Sandra Eugenia Ramírez Flores. Éstos últimos, tuvieron como principal capital político para acceder al gobierno de ese municipio, el fracaso y la mala fama que entonces se había ganado la administración priista. Al final, las acusaciones que ellos vertieron sobre Ramírez se volvieron nada ante las evidencias de que ellos podrían haber sido responsables de malversaciones del mismo tipo, y mucho más.

Así, en 2007 los priistas nuevamente arrebataron el poder a los perredistas, y Argeo Aquino Santiago se convirtió en Edil. Sólo que entonces nadie reparaba en que la probidad de este individuo no era precisamente la mejor de sus características, ni mucho menos un artículo de lujo para el priismo. Nadie debería hacerse el sorprendido. Porque aunque, en efecto, él pudiera ser responsable de los actos de corrupción galopante de los que se le acusa, al final todos fueron víctimas del brutal refranero, que apunta que “no tiene la culpa el indio, sino quien lo hace compadre”.

MALA FAMA

Argeo Aquino Santiago no ha sido ni el mejor priista ni el mejor dirigente de colonos ni el mejor líder social, ni mucho menos el más avezado de quienes se encargan de velar y proteger por los mercaderes. De hecho, su militancia tiene cuestionamientos al haber sido uno de los más memorables traidores a la causa inicial del Partido Convergencia, para brincar a las filas del priismo. Sus credenciales como líder social o de trabajadores, igualmente, no son las mejores: “tradicionalmente” ha sido el encargado de proteger lo mismo a “fayuqueros” que a vendedores ambulantes y grupos de mototaxistas. Todas, actividades lo mismo comprensibles que enmarcadas por la ilegalidad. Ese es el talante moral y político de un hombre como Aquino Santiago.

Sin embargo, tal parece que fue todo eso —y no una reputación más presumible— lo que le valió la postulación a la Alcaldía de Santa Cruz Xoxocotlán por el Revolucionario Institucional. Sólo que su candidatura necesariamente desplazó a otros grupos del tricolor que pretendían regresar al gobierno municipal. Y esa afrenta ahora se combinó con el rumbo natural que tendría que tomar el gobierno de un individuo nacido, crecido y consolidado en rubros harto cuestionables, y que nada tienen que ver con la correcta administración de una entidad pública.

Nadie se dijo sorprendido cuando fue impulsado al gobierno municipal. Nadie se dijo sorprendido ni escandalizado por su ascendencia y fama pública. Todos en el PRI creyeron que era una buena opción, porque podía ganar los comicios. Y así fue. Sólo que en el ejercicio cotidiano del poder, ha resultado ser un fiasco. Para bien o para mal, igual que sus antecesores.

Ciertas o falsas, las mismas acusaciones han pesado sobre todos. La realidad deja ver que la disputa por el poder, por el dinero obtenido por medios inconfesables, y por el manejo discrecional del presupuesto, es lo que tiene a Xoxo como un reflejo del país: un municipio amplio que podría ser próspero, pero que está sepultado por la acción negativa recurrente de quienes lo han administrado.

NO HAY MIEDO…

Ayer, el diputado local por Convergencia, Benjamín Robles Montoya, pretendió exponer en la tribuna del Congreso del Estado, un proyecto de Ley de Pensiones para los Trabajadores del Gobierno del Estado. Así lo pidió el legislador. Y así fue incluida su petición en el orden del día. Sólo que el salón de plenos se llenó de trabajadores sindicalizados estatales, interesados por el tema. Y entonces Robles retrocedió. Quizá vio que el tema no era rentable electoralmente hablando. El sistema de pensiones, claro, puede esperar.

almargen@tiempoenlinea.com.mx

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